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196. Pancho Villa fue un “Z”

Los Derechos en serio
Pancho Villa fue un “Z”
Rogelio López Sánchez
Agradezco de nueva cuenta a “Cultura de Paz y No Violencia Monterrey” por el espacio otorgado para compartir algunos pensamientos con la población cibernauta, seguidora de este Blog. En esta ocasión, seguramente tocaré algunas fibras sensibles de muchos de lectores, dado que el tema que el día de hoy traigo a debate (como ya se habrán dado cuenta en el título que seleccioné deliberadamente) es algo sugestivo y provocador, y seguramente suscitará entre los lectores bastantes interrogantes sobre mi posición “insana” de la historia oficial mexicana, o más bien, de las interpretaciones que ha recibido por los regímenes políticos que han gobernado este país. Pero téngase en cuenta que mi intención a lo largo de estas líneas no es provocar la ira del ciudadano “patriótico”, sino realizar un ejercicio discursivo en torno a cómo uno de los personajes más emblemáticos de la Revolución Mexicana logró ser precisamente un héroe nacional, a pesar de todo su pasado de “ilegalidad”, cualidad o virtud que aún sigue valorándose y exaltándose como ejemplo de valentía, coraje y ejemplo cívico entre la niñez y la juventud mexicana.
En esta contribución no trato de demostrar si el héroe mitológico Pancho Villa fue “bueno” o “malo”, debido a varios motivos que expondré a continuación. En primer lugar, no creo que la categoría de “bueno” o “malo” deba utilizarse en el análisis de la historia como se hace comúnmente; por otra parte, considero que esta clasificación totalizadora en este tipo de adjetivaciones de la realidad histórica, además de resultar bastante peligrosa, es propia en los regímenes autocráticos, que elaboran la verdad oficial a partir de creaciones irreales de personajes místicos o “héroes”, que se convierten en quimeras institucionales, legitimadores del régimen político en turno, que siguen preservando los ideales de aquellas figuras de antaño.
Además, considero que la mitificación de los “héroes” nacionales en deidades, no ayuda en nada a formar una ciudadanía responsable, sino lo contrario, fomenta el reverencialismo a figuras carismáticas, convirtiendo la historia en algo peor que una novela de ciencia ficción, en donde los vencedores viven una especie de alucinación permanente y crean sus propias realidades, alejándose de los hechos que se aproximan a la verdad, y repitiendo casi de manera cíclica, los mismos errores del pasado. Finalmente, y creo que es el peor error de todos, se aguarda constantemente con devoción, el regreso reencarnado de esos héroes míticos que algún día nos alejaron del “mal” en personajes del presente, fomentando el caudillismo y la salvación de las naciones, la concentración del poder y la pérdida progresiva de nuestra propia autonomía al dejar en manos de aquellos salvadores, nuestro propio porvenir.
Por análisis históricos contemporáneos, sabemos los hechos que envolvieron a Pancho Villa en un mártir del sistema de procuración y de justicia corrompido del régimen de Porfirio Díaz, sobre el asesinato a un rico y acaudalado hacendado por la violación sexual de su hermana, comenzando así su carrera de bandolero y prófugo de la justicia. Por análisis históricos, también se le atribuyen distintos saqueos (robos violentos) a haciendas durante su época de bandido. Tiempo después, cuando decide unirse a la Revolución Mexicana, por convencimiento de Madero, se le atribuyen varios fusilamientos sin sentido, y asesinatos despiadados a sangre fría, incluso en contra de colaboradores suyos por simples arrebatos de pasión o por meras “intuiciones” (Véase la magnífica biografía escrita por Friedrich Katz). Es atractiva la unión de esa figura despiadada y bondad en un personaje que ayuda a los “pobres” de aquel entonces, que llegó incluso hasta conjugarse en una especie de romanticismo irónico, donde lo que más se veneraba era el paternalismo que tenía Villa hacia aquel pueblo abandonado por los gobernantes.
Las interrogantes que creo, debemos plantearnos, son las siguientes: ¿Cómo llegamos a darle el título de Héroe nacional a quien se reconoce que era un bandolero, asesino y prófugo? ¿Es legítimo inculcar estos valores en los jóvenes mexicanos? ¿El valor de la justicia? ¿Qué tipo de justicia, social a caso? ¿Valores como la violencia (legítima e ilegítima), la muerte y el robo? Creo que las ideas románticas sobre este héroe mítico únicamente han ayudado a alimentar a generaciones de un pueblo adormecido, acostumbrado a no hacer las cosas por sí mismos, el paternalismo en su más estado puro, proyectando la imagen desconfiada e incluso paranoica del mexicano hacia otro, la desconfianza y el recelo de un posible o mínimo consenso entre las personas que habitan esta misma nación.
Efectivamente, Pancho Villa, el “héroe”, algún día fue un bandolero, un “pistolero”, un “desadaptado social”, “un asesino”, “un prófugo de la justicia”, un “Robin Hood”, un “cholo”, un “justiciero social”, un “salvador”, y también, un “revolucionario”, producto de nuestros errores y de nuestro olvido, de nuestro egoísmo y nuestra ceguera para no ver más allá de nosotros mismos. Pero, ¿por qué nos seguimos alimentando de la historia simplona, la del “bandolero mexicano de grandes hazañas”? la respuesta es compleja, pero trataré de comenzar con el principio: quizá porque aún seguimos buscando lo mismo que antes. El hastío hacia un sistema de procuración y justicia corrompido es apenas uno de los ejes vertebrales de la putrefacción del sistema, en donde, por ejemplo, la eficacia terminal en la persecución de delitos es de menos del 1%, donde demostrado está que la pobreza es la que se condena, como sucedió con el gran Pancho Villa. En la Encuesta Cultura de la Constitución en México realizada por la UNAM, se preguntó a los ciudadanos si era conveniente desobedecer la ley, más del 40% de las personas respondió que sí, en cuanto a las razones, la respuesta unánime fue: “la existencia de una ley injusta”. Este culto a la ilegalidad se ha vuelto propio no solamente de un sector de la administración pública, sino de gran parte de la sociedad civil, que acepta a diario la violación de la ley como una especie de costumbre social generalizada, donde el que sobrevive es el que infringe la ley, y aún peor, quien logra salirse con la suya es el más venerado, es decir, se convierte en un personaje ejemplar a seguir por el populacho que ve en esta persona, una especie de “chingón” mexicano.
Ahora bien, se preguntarán del por qué el paralelismo entre los denominados “Z” y el “héroe” Pancho Villa. Permítaseme explicar. Creo que el calificar de manera simplona y absolutizadora a este personaje de la historia mexicana como héroe, me da la posibilidad de calificarlo de igual forma como un “Z”, pues la interpretación de los hechos históricos, tales como su culto a la ilegalidad en sus inicios y su conversión revolucionaria que lo “redimen” como un personaje carismático y digno de veneración, no lo exentan de haber promovido la misma ilegalidad desde su inicio como bandolero. Cuando llamamos a cualquier pistolero contemporáneo, o a cualquiera que busca riquezas materiales para subsistir y quizá para ayudar a su comunidad, en muchas ocasiones nos hemos acostumbrado a nombrarlo como “Z”, el propósito original de este grupo ha cambiado drásticamente (desde sus inicios como grupo militar destinado al combate de la guerrilla mexicana), o por lo menos, la construcción social o el imaginario colectivo así lo ha hecho y lo ha reconocido, se puede hablar de un “Z” que comete las peores atrocidades en contra de la persona humana, de quien asesina, hasta quien comete un simple crimen. Pero hasta el momento, no existen suficientes análisis antropológicos, sociológicos, criminológicos que nos ayuden a reflexionar exhaustivamente sobre este fenómeno de manera seria, solamente los sentimientos rabiosos de nuestro ser y desprecio por aquellos seres que ni siquiera conocemos, pero que denominamos “Z”. En el presente, al construir nuestra historia, ¿sería posible que en un futuro no muy remoto se alcancen a convertir estos grupos en beligerantes o alcancen a reconocer su propia realidad y buscar objetivos políticos de justicia social? Algunos grupos de facto, ya lo han hecho, se habla de protección a la comunidad a través de un exterminio masivo de los “Z” de parte de otros grupos “delictivos”. La realidad es dinámica, cambiante, no podemos analizar a través de categorías totalizadoras la historia ni los fenómenos contemporáneos, adjetivizar de manera simplona es peligroso, tan peligroso como comenzar a depreciar el valor de la vida humana, justificándonos bajo el argumento de: “ellos han dejado de ser humanos”, y aquí subyace el problema más complejo de todos: “ellos” forman parte de nuestra realidad, y son el producto de nuestra propia cultura y de nuestros errores. Los nazis pensaban que los judíos habían dejado de ser humanos, sé que fue por razones distintas a las que lo hacemos nosotros, pero al fin y al cabo es el desconocimiento del “otro” como ser humano. Y es que, ¿importan aquí las razones? De serlo, ¿seríamos nosotros moralmente mejores que los nazis porque hemos encontrado “buenas” razones para desconocer al “otro”? y nótese que con esto no trato de avalar los crímenes que a diario se cometen en contra de la población civil ya sea estén dirigidos a la clase alta, media o baja (extorsiones, “derecho de piso”, “levantones”, secuestros) únicamente pido que realicemos un examen introspectivo acerca de cómo hemos cimentado a lo largo de la historia nuestro código de valores como mexicanos, y que no nos asombremos que al día de hoy nos encontremos con que el culto a la ilegalidad es lo que más se siga venerando en nuestro país como contravalor fundamental para la subsistencia. Pues, ¿Cómo pudiéramos llamar a lo que hacía Pancho Villa cuando entraba y saqueaba Haciendas enteras? ¿Por qué lo justificamos incluso en nuestros libros de texto? ¿Por qué mitificamos este tipo de acciones? Porque seguimos pensando que el camino correcto para acabar con la ilegalidad es la misma ilegalidad, la que nosotros mismos creamos y alimentamos día a día con nuestras acciones. Si hemos llegado hasta aquí no es por azares del destino o porque seamos una nación condenada al fracaso eterno, sino porque esto es producto de nuestras acciones y omisiones. “Todos los siglos son este presente”, decía el nobel de literatura mexicano, creo que no se equivocaba, pero si queremos un mejor porvenir, comencemos por entender los hechos históricos y este presente tal y como ha sido, observando todos sus elementos de manera holística, sin el impulso de las pasiones desenfrenadas que tratan de solucionarlo todo con la fuerza de la ilegalidad y de la violencia ilegítima. Pues recordemos lo que decía un brillante filósofo español hace casi un siglo: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
Rogelio López Sánchez. Profesor de Derechos Fundamentales en la Facultad de Derecho y Criminología. Investigador-colaborador del Área de Filosofía del Derecho del Centro de Investigación de Tecnología Jurídica y Criminológica de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente es Estudiante del Doctorado en Derecho Constitucional y Gobernabilidad por la misma institución y becario del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT); asimismo, ha sido becario de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dentro del Programa “Los caminos de la justicia en México 1810-1910-2010”. Secretario Académico de la Revista Isotimia (Revista Internacional de Teoría Política y Jurídica). Cuenta con distintas publicaciones en materia de derechos fundamentales en Revistas y compilaciones en México y el extranjero. Entre sus últimas publicaciones se encuentran: Garantías Individuales: modelo agotado (SCJN-México, 2011). Coordinador del sitio “Aula Virtual de Derechos Fundamentales” http://aulavirtualdf.blogspot.com/ rogelio.lopez.sanchez@gmail.com

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