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1241. México en el Informe Anual 2014/15 de Amnistía Internacional

Estados Unidos Mexicanos
Jefe del Estado y del gobierno: Enrique Peña Nieto
Se recibieron nuevas denuncias de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y torturas en el contexto de la delincuencia violenta y la falta de rendición de cuentas de la policía y el ejército. La impunidad por violaciones de derechos humanos y delitos comunes seguía siendo la norma. Según datos oficiales, más de 22.000 personas permanecían secuestradas, sometidas a desaparición forzada o en paradero desconocido, entre ellas 43 estudiantes del estado de Guerrero. Las iniciativas de búsqueda de las personas desaparecidas resultaban por lo general infructuosas. Se siguieron recibiendo noticias de numerosos casos de tortura y otros malos tratos, así como información que indicaba que los agentes federales y estatales del ministerio público no investigaban adecuadamente las denuncias. La Suprema Corte de Justicia de la Nación reforzó las obligaciones jurídicas para excluir las pruebas obtenidas mediante tortura. Se seguían atribuyendo muchas violaciones de derechos humanos a soldados y miembros de la Marina, que continuaban siendo desplegados en gran número en operaciones de mantenimiento del orden, incluida la lucha contra la delincuencia organizada. Tras décadas de campañas por parte de organizaciones de víctimas y de la sociedad civil, se abolió el fuero militar para los casos de violaciones de derechos humanos cometidas por personal militar contra civiles. Los periodistas y los defensores y defensoras de los derechos humanos sufrieron hostigamiento, amenazas y homicidio. Algunos enfrentaban cargos penales por motivos políticos. Los migrantes irregulares en tránsito seguían viviendo bajo la amenaza de asesinato, secuestro, extorsión, violencia sexual y trata de seres humanos; los responsables rara vez comparecían ante la justicia. A pesar de la existencia de leyes para combatir la violencia contra las mujeres, la violencia de género era habitual en muchos estados. Los proyectos de desarrollo y explotación de recursos que afectaban a comunidades indígenas en diversas partes del país provocaron protestas y demandas de un proceso adecuado de consulta y consentimiento.
Información general
El gobierno continuó con su programa de reformas legislativas, que afectaban a los sectores de la energía, la educación, las telecomunicaciones y la organización política. Pese a la publicación del Programa Nacional de Derechos Humanos, hubo escasas muestras de que se hubieran adoptado medidas sustanciales para abordar la situación de los derechos humanos.
Varios estados, entre ellos, Puebla, Quintana Roo, Chiapas y el Distrito Federal, adoptaron o intentaron adoptar leyes sobre el uso de la fuerza por parte de los funcionarios encargados de mantener el orden durante las manifestaciones. Tales cambios no se ajustaban a las normas internacionales de derechos humanos y suponían una amenaza para la libertad de expresión y asociación. En el estado de Puebla, que había aprobado recientemente una ley de ese tipo, se estaba investigando al finalizar el año a unos agentes de policía por la muerte de un muchacho de 13 años, ocurrida en el contexto de una manifestación, posiblemente como resultado del uso excesivo de la fuerza. Tras el incidente, se procedió a revisar dicha reforma legislativa.
El Senado designó en noviembre al nuevo presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para el periodo 2014-2019. Las organizaciones de derechos humanos solicitaron una consulta y una transparencia plenas, de conformidad con las normas internacionales. Sin embargo, los senadores sólo accedieron a reunirse con la sociedad civil en una ocasión, en la que un número limitado de organizaciones debía exponer brevemente sus puntos de vista, sin un debate posterior. Los defensores de los derechos humanos reiteraron sus inquietudes por la ineficacia de la CNDH a la hora de abordar la grave situación de los derechos humanos e instaron a la Comisión a cumplir con su papel fundamental en la protección de dichos derechos y en la lucha contra la impunidad.
En respuesta a las manifestaciones multitudinarias que exigían justicia en el caso de 43 estudiantes víctimas de desaparición forzada, el presidente Peña Nieto anunció el 27 de noviembre una serie de medidas políticas y legislativas, entre ellas un cambio constitucional que otorgaría a los estados control sobre la policía local. Las medidas se iban a implementar de manera escalonada, empezando por los estados de Guerrero, Jalisco, Michoacán y Tamaulipas. El presidente propuso también la creación de un número nacional de emergencia, el 911, así como la implantación de zonas económicas especiales en el empobrecido sur del país.
Policía y fuerzas de seguridad
A pesar de que la versión oficial sostenía que la violencia relacionada con la delincuencia organizada había disminuido, la situación seguía siendo grave. La cifra total de homicidios en los nueve primeros meses del año fue de 24.746, frente a los 26.001 del mismo periodo de 2013. En septiembre, un estudio oficial de ámbito nacional estimó que en 2013 se habían producido 131.946 secuestros, frente a los 105.682 de 2012. En muchos estados, el ejército y la Marina continuaban desempeñando labores policiales, a menudo sin una rendición de cuentas efectiva, lo que se traducía en denuncias de detenciones arbitrarias, torturas y otros malos tratos y ejecuciones extrajudiciales.
En respuesta a los altos niveles de violencia de la delincuencia organizada, a menudo con la connivencia de las autoridades locales, en el estado de Michoacán emergieron varios grupos de autodefensa conformados por civiles armados. Como consecuencia de ello, el gobierno federal desplegó un gran número de efectivos de las fuerzas armadas y la policía federal y estableció un nuevo comisionado federal para supervisar la política de seguridad en ese estado. Las negociaciones con varios grupos de autodefensa dieron lugar a su incorporación, en calidad de policía rural, a las fuerzas de seguridad pública.
Las comunidades indígenas del estado de Guerrero denunciaron la detención y el procesamiento de algunos de sus miembros y dirigentes. Con anterioridad, dichas comunidades habían alcanzado acuerdos con el gobierno sobre sus propias actividades para hacer cumplir la ley en sus áreas, en un contexto de prolongada desatención y aumento de la delincuencia. Los procesamientos parecían obedecer a motivos políticos.
En julio, unos soldados mataron a 22 personas que presuntamente pertenecían a una banda armada en Tlatlaya, estado de México, en lo que las autoridades militares describieron como un tiroteo contra hombres armados. El fiscal federal no siguió investigando a pesar de que las pruebas apuntaban a que algunas de las víctimas habían muerto por disparos a quemarropa. En septiembre, los medios de comunicación revelaron pruebas testificales que indicaban que, tras un breve intercambio de disparos, muchas de las personas fallecidas habían sido ejecutadas extrajudicialmente después de entregarse. Siete militares fueron arrestados el 8 de noviembre y continuaban sometidos a investigación por las ejecuciones, pero seguía sin aclararse si los mandos que habían intentado encubrir el incidente también serían procesados por el sistema de justicia civil.
Tras varios retrasos, la nueva Gendarmería Nacional, una división de la Policía Federal, comenzó a operar en agosto con 5.000 agentes. Contaba con muchos menos efectivos de los que se había propuesto en un principio. Su labor y prácticas operativas seguían sin especificarse. El gobierno no incorporó las recomendaciones relativas a garantizar la existencia de mecanismos sólidos de rendición de cuentas, protocolos de funcionamiento y una supervisión efectiva para prevenir las violaciones de derechos humanos. Esta fuerza fue desplegada temporalmente en los estados de México y Guerrero para desempeñar funciones policiales.
Desapariciones forzadas
Los secuestros y las desapariciones forzadas seguían siendo abundantes. El paradero de la mayoría de las víctimas seguía sin revelarse. Durante el año, varias autoridades federales realizaron una serie de declaraciones contradictorias sobre la cifra de denuncias de personas desaparecidas cuyo paradero continuaba sin ser desvelado. En agosto, el gobierno reconoció que había 22.611 personas desaparecidas, de las que 9.790 habían desaparecido durante el actual gobierno, y 12.821 durante el gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2012). El gobierno no hizo pública la metodología empleada para obtener esas cifras. La impunidad seguía siendo la norma en los casos de desaparición forzada. En abril, el gobierno declaró que, a nivel federal, sólo se habían dictado siete condenas por el delito de desaparición forzada, todas ellas entre 2005 y 2010.
En septiembre, la policía municipal de la ciudad de Iguala, en connivencia con delincuentes organizados, fue responsable de la desaparición forzada de 43 estudiantes de magisterio de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, estado de Guerrero. Las investigaciones revelaron la existencia de varias fosas comunes y un vertedero que contenía restos humanos. En noviembre, el procurador general de la República anunció que la principal línea de investigación, basada en los testimonios de tres miembros de la banda delictiva aparentemente implicados en el caso, indicaba que los estudiantes habían sido asesinados, quemados y arrojados a un río. Su anuncio no abordaba los niveles generales de impunidad, corrupción y casos de desapariciones sin resolver en México. Más de 70 funcionarios públicos locales y miembros de la banda delictiva fueron arrestados y procesados en relación con este caso. No se proporcionó información relativa a la posible responsabilidad, por acción u omisión, de funcionarios públicos estatales o federales. El 7 de diciembre, la Procuraduría General de la República anunció que expertos forenses independientes habían identificado los restos de uno de los estudiantes. Al terminar el año, seguía sin conocerse el paradero de los otros 42.
Tortura y otros malos tratos
Las detenciones arbitrarias y la tortura y otros malos tratos a manos de miembros de las fuerzas armadas y de la policía federal, estatal y municipal seguían siendo generalizados en todo el país. Estas prácticas se utilizaban a menudo para arrancar “confesiones” y otro tipo de información a fin de realizar investigaciones penales, o con otros propósitos como, por ejemplo, la extorsión. Pese a que se registraron decenas de denuncias a nivel federal y estatal, fueron pocos los procesamientos, y prácticamente no se dictaron condenas contra los funcionarios responsables.
Como en años anteriores, el dictamen médico/psicológico especializado de la Procuraduría General de la República para supuestos de posible tortura no se aplicó en la mayoría de los casos. En las contadas ocasiones en las que se realizó, los resultados fueron normalmente desfavorables al denunciante. En general, los funcionarios no aplicaban el procedimiento dispuesto en los principios del Protocolo de Estambul, que incluyen la celeridad y la obligación de ofrecer resultados completos a las víctimas. En dos casos excepcionales, la Procuraduría General de la República retiró los cargos contra las víctimas de tortura tras aceptar finalmente pruebas que demostraban que se las había torturado para que se autoinculparan falsamente. Las víctimas habían pasado entre tres y cinco años en prisión preventiva. Los exámenes médicos independientes, que fueron realizados siguiendo las directrices del Protocolo de Estambul, resultaron fundamentales para demostrar que esas personas habían sido torturadas.
En mayo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación publicó su sentencia de 2013 en el caso de Israel Arzate, arrestado arbitrariamente y torturado por miembros del ejército para acusarlo de estar involucrado en la masacre de Villas de Salvárcar, perpetrada en 2010. La sentencia enunciaba importantes criterios sobre la inadmisibilidad de las pruebas obtenidas mediante detenciones ilegales y sobre la obligación de investigar las denuncias de tortura. Sin embargo, no sentó un precedente vinculante para otros tribunales.
Sistema de justicia
La impunidad y la desconfianza en el sistema judicial se vieron reforzadas por el hecho de que los funcionarios de seguridad pública y de justicia penal con frecuencia hacían caso omiso de las violaciones de derechos humanos y seguían siendo ineficaces a la hora de investigar y enjuiciar tanto a los responsables de dichas violaciones como a los autores de delitos comunes. En marzo, como parte de una reforma gradual, el nuevo Código Nacional de Procedimientos Penales entró en vigor en las 33 jurisdicciones federales y estatales de justicia penal. El gobierno afirmaba que la aplicación de ese código mejoraría la protección de los derechos humanos al declarar inadmisibles las pruebas obtenidas mediante violaciones de los derechos humanos tales como las detenciones ilegítimas y la tortura. No obstante, el Código todavía no se había aplicado ni se habían definido pormenorizadamente los criterios para excluir pruebas.
En enero se estableció la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas con arreglo a la Ley General de Víctimas para proporcionar a las víctimas de delitos y de violaciones de los derechos humanos un mejor acceso a la justicia y la reparación. Sustituía a la Procuraduría Social de Atención a Víctimas de Delitos, pero seguía sin estar claro si contaría con suficientes recursos y facultades para cubrir las necesidades de las víctimas. El reglamento de la Ley General de Víctimas no se aprobó, lo que limitaba la aplicación de la Ley.
En junio entraron en vigor las reformas del Código de Justicia Militar. Dichas reformas, fruto de años de campañas de asociaciones de víctimas y organizaciones de derechos humanos, excluían del sistema de justicia militar los delitos cometidos por miembros de las fuerzas armadas contra civiles. No excluían de la jurisdicción militar las violaciones de derechos humanos cometidas contra miembros de las fuerzas armadas. Con todo, suponían un gran avance para poner fin a la impunidad por abusos perpetrados por miembros del ejército. Al concluir el año, cuatro militares permanecían detenidos por el sistema de justicia civil, acusados de participar en 2002 en la violación de dos mujeres indígenas, Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú.
Periodistas y defensores y defensoras de los derechos humanos
Numerosos defensores de los derechos humanos y periodistas sufrieron ataques, amenazas o fueron víctima de homicidio como represalia por desempeñar su legítima tarea. No se tuvo noticia de que se identificara o llevara ante la justicia a ninguno de los responsables. Ello se debía en gran medida a las deficiencias en las investigaciones, que a su vez eran a menudo consecuencia de la falta de interés de las autoridades, especialmente las estatales. La impunidad generalizada alimentó el clima de inseguridad en el que desarrollaban su labor tanto los defensores de los derechos humanos como los periodistas.
El Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de los Derechos Humanos y Periodistas anunció en noviembre que había recibido 72 casos en los primeros nueve meses del año. En general, siguió sin brindar una protección oportuna y eficaz. Las medidas de protección convenidas a menudo dependían del respaldo de las autoridades locales, incluso en los casos en los que se sospechaba que esas mismas autoridades estaban involucradas en los ataques. Algunos de los beneficiarios de las medidas cautelares se veían forzados a abandonar sus comunidades temporalmente por motivos de seguridad. Otros defensores de los derechos humanos y periodistas seguían a la espera de que el mecanismo examinara sus casos.
Varios defensores de los derechos humanos y activistas comunitarios se enfrentaban a procesos judiciales por cargos penales que parecían obedecer a motivos políticos en represalia por desempeñar sus actividades legítimas, como participar en manifestaciones. Muchos hacían frente a dilatadas batallas legales en procedimientos judiciales injustos para probar su inocencia.
Violencia contra mujeres y niñas
La violencia contra mujeres y niñas, con actos como violaciones, secuestros y feminicidios, seguía siendo endémica en todo el país. Buena parte de las autoridades seguía sin aplicar medidas legales y administrativas para mejorar la prevención, la protección y la investigación de la violencia de género. El Sistema Nacional para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres rechazó poner en marcha el mecanismo de “Alerta de Género”, diseñado para movilizar a las autoridades en la lucha contra la extendida violencia de género y proporcionar una respuesta oficial eficaz frente a los casos de violencia.
En enero, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó la puesta en libertad de Adriana Manzanares Cayetano, una mujer indígena que había cumplido seis de los 22 años de prisión a los que había sido condenada por matar a su bebé recién nacido. Se hizo caso omiso de las pruebas que apuntaban a que el bebé había nacido muerto, y la vulneración del derecho de Adriana Manzanares a una defensa efectiva y a la presunción de inocencia dio lugar a una condena injusta.
Derechos de las personas refugiadas y migrantes
La inseguridad y la privación social en sus países de origen empujaron a un número creciente de migrantes centroamericanos, sobre todo menores de edad no acompañados, a cruzar México para llegar a Estados Unidos. Las bandas delictivas continuaron matando, secuestrando y extorsionando a estos migrantes, a menudo con la connivencia de funcionarios públicos. Las mujeres y los niños y niñas estaban especialmente expuestos a sufrir violencia sexual y ser objeto de trata. Siguieron conociéndose casos de malos tratos por parte de la policía y de los funcionarios de inmigración que realizaban detenciones. Los migrantes irregulares continuaron siendo recluidos en detención administrativa en espera de expulsión.
Los defensores de los derechos de las personas migrantes, que ofrecían refugio a estas personas y denunciaban los abusos que padecían, continuaban haciendo frente a amenazas y actos de intimidación. Algunos recibieron medidas de protección, pero en algunos casos estas medidas no se aplicaban ni evitaban que se produjeran nuevas amenazas. Los responsables de las amenazas no fueron puestos a disposición de la justicia.
Derechos de los pueblos indígenas
Las comunidades indígenas continuaban siendo discriminadas en el sistema de justicia penal y tenían un acceso limitado a los servicios básicos, como el agua, la vivienda y la asistencia médica. No se consultó de forma efectiva a las comunidades indígenas para obtener su consentimiento libre, previo e informado acerca de los proyectos de desarrollo económico que afectaban a sus tierras y a su modo de vida tradicional, lo que desembocó en protestas y conflictos. Éstos, a su vez, dieron lugar a amenazas y ataques contra líderes comunitarios y, en algunos casos, a procesamientos penales de activistas, al parecer basados en cargos de motivación política.
Escrutinio internacional
En marzo, México aceptó 166 de las 176 recomendaciones formuladas por el examen periódico universal del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En mayo, el relator especial de la ONU sobre la tortura visitó México y presentó conclusiones preliminares que señalaban que la práctica de la tortura y otros malos tratos seguía siendo generalizada. En junio, el relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales publicó el informe sobre su misión a México de principios de 2013, que ponía de relieve los elevados niveles de homicidios e impunidad. En agosto, el relator sobre los derechos de los migrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos presentó el informe sobre su visita a México. En él ofrecía información detallada sobre la violencia generalizada contra las personas migrantes, la negación del proceso debido y las protecciones judiciales, y otros abusos contra los derechos humanos.
Libertad de expresión
Un proyecto de ley sobre telecomunicaciones amenazaba con establecer poderes ejecutivos potencialmente arbitrarios sobre Internet, además de un insuficiente control judicial sobre la interceptación de comunicaciones electrónicas.
Amnesty.org. 25/02/15

1240. Informe Anual 2014/15 de Amnistía Internacional: El estado de los Derechos Humanos en el mundo

"Como se refleja en nuestro informe anual, 2014 ha sido un año demoledor para quienes intentaron defender los derechos humanos y quienes quedaron atrapados en el sufrimiento de las zonas en guerra"
-Salil Shetty
Secretario general de Amnistía Internacional

A los gobiernos se les llena la boca hablando de la importancia de proteger a la población civil. Y, sin embargo, los políticos del mundo han fracasado lamentablemente a la hora de proteger a las personas que más lo necesitan. Amnistía Internacional considera que se puede y se debe cambiar esto de una vez por todas.
El derecho internacional humanitario, que regula la conducta de las partes en los conflictos armados, no puede ser más claro al respecto. Los ataques no deben dirigirse nunca contra civiles. El principio de distinción entre civiles y combatientes es una salvaguardia fundamental para las personas atrapadas en los horrores de la guerra.
Sin embargo, una vez más, la población civil volvió a llevarse la peor parte del conflicto. En el año en que se conmemora el vigésimo aniversario del genocidio de Ruanda, los políticos pisotearon reiteradamente las normas que protegen a los civiles o miraron hacia otro lado ante quienes infringían estas normas con consecuencias letales.
Inacción de la communidad internacional
El Consejo de Seguridad de la ONU había eludido reiteradamente abordar la crisis de Siria en años anteriores, cuando aún se podrían haber salvado innumerables vidas. Esa inacción continuó en 2014. Durante los últimos cuatro años han muerto más de 200.000 personas, en su gran mayoría civiles, principalmente en ataques de las fuerzas gubernamentales. Alrededor de 4 millones de personas procedentes de Siria son ahora refugiados en otros países, y más de 7,6 millones se encuentran desplazadas dentro de Siria.
La crisis de Siria está muy ligada a la de su vecino Irak. El grupo armado autodenominado Estado Islámico (anteriormente Estado Islámico de Irak y el Levante), responsable de crímenes de guerra en Siria, ha llevado a cabo secuestros, homicidios a modo de ejecuciones y una limpieza étnica a gran escala en el norte de Irak. En paralelo, las milicias chiíes de Irak han perpetrado decenas de secuestros y homicidios de civiles suníes con el apoyo tácito del gobierno iraquí.
El ataque contra Gaza perpetrado en julio por las fuerzas israelíes se cobró la vida de 2.000 palestinos. Y, de nuevo, la mayoría –al menos 1.500– eran civiles. Tal como Amnistía Internacional expuso en un análisis detallado, se aplicó una política marcada por una cruel indiferencia y que implicó crímenes de guerra. Hamás también cometió crímenes de guerra, disparando cohetes indiscriminadamente contra Israel en acciones que causaron seis muertos.
Los horrores de la guerra
En Nigeria, el conflicto del norte entre las fuerzas gubernamentales y el grupo armado Boko Haram saltó a las portadas de la prensa mundial con uno de los innumerables crímenes cometidos por el grupo: el secuestro de 276 niñas en una escuela de la ciudad de Chibok. Más desapercibidos pasaron los crímenes espantosos —algunos grabados en vídeo— perpetrados por las fuerzas de seguridad nigerianas y sus colaboradores contra presuntos miembros o partidarios de Boko Haram y que Amnistía Internacional reveló en agosto. Los cadáveres de las personas asesinadas fueron arrojados a una fosa común.
En la República Centroafricana, más de 5.000 personas murieron a causa de la violencia sectaria, pese a la presencia de las fuerzas internacionales. La tortura, las violaciones y los asesinatos en masa apenas aparecieron en las portadas de la prensa mundial. Aunque, de nuevo, la mayoría de las víctimas mortales eran civiles.
Y en Sudán del Sur, el Estado más joven del mundo, decenas de miles de civiles fueron víctimas de homicidio, y dos millones huyeron de sus hogares durante el conflicto armado entre las fuerzas gubernamentales y las de oposición. Ambas partes cometieron crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
VETO DE LA ONU
La lista precedente, como muestra claramente este último informe anual sobre la situación de los derechos humanos en 160 países, apenas constituye una aproximación superficial. Habrá quienes sostengan que no se puede hacer nada, que las guerras siempre se han librado a expensas de la población civil, y que nada puede cambiar nunca.
Se equivocan. Es esencial abordar las violaciones de derechos humanos cometidas contra la población civil y llevar a sus responsables ante la justicia. Hay una medida obvia y práctica en espera de adopción: Amnistía Internacional ha acogido con satisfacción la propuesta —respaldada ya por unos 40 gobiernos— de que el Consejo de Seguridad de la ONU adopte un código de conducta en el que se acuerde la abstención voluntaria de utilizar el veto cuando ello bloquee la actuación del Consejo de Seguridad en situaciones de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Sería un primer paso importante, y podría salvar muchas vidas.
No obstante, no sólo no se evitó que se cometieran atrocidades en gran escala. También se negó ayuda directa a los millones de personas que huyeron de la violencia que asolaba sus pueblos y ciudades.
Más que palabras
Los gobiernos que con más insistencia han alzado la voz para denunciar la inacción de otros gobiernos se han mostrado después reticentes a dar un paso adelante y proporcionar la ayuda esencial que esos refugiados requieren, tanto en términos de ayuda económica como en lo que se refiere a su reasentamiento. Al concluir 2014, menos del dos por ciento de las personas refugiadas sirias habían sido reasentadas, una cifra que como mínimo debe triplicarse en 2015.
Entre tanto, un gran número de personas refugiadas y migrantes están perdiendo la vida en el Mediterráneo, tratando desesperadamente de alcanzar las costas europeas. La falta de apoyo de algunos Estados miembros de la Unión Europea a las operaciones de búsqueda y salvamento ha contribuido al alarmante número de víctimas mortales.
Una medida que se podría tomar para proteger a la población civil durante los conflictos sería restringir más el uso de armas explosivas en las zonas pobladas. Esto habría salvado muchas vidas en Ucrania, donde tanto los separatistas respaldados por Rusia (pese a los poco convincentes desmentidos de Moscú sobre su participación) como las fuerzas favorables a Kiev efectuaron ataques selectivos contra barrios civiles.
La importancia de las normas sobre protección de la población civil estriba en garantizar que, en caso de que esas normas se incumplan, la rendición de cuentas y la justicia sean reales. En este contexto, Amnistía Internacional acoge con satisfacción la decisión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, de iniciar una investigación internacional sobre las denuncias de violaciones y abusos contra los derechos humanos perpetrados durante el conflicto de Sri Lanka, donde en los últimos meses de 2009 decenas de miles de civiles fueron víctimas de homicidio. Amnistía Internacional lleva cinco años haciendo campaña en favor de esa investigación. Sin una rendición de cuentas así, no podemos avanzar.
Agredir al mensajero
En otros ámbitos de los derechos humanos siguió haciendo falta mejorar. En México, la desaparición forzada de 43 estudiantes en septiembre vino a incrementar trágicamente la cifra de más de 22.000 personas que se encuentran desaparecidas o en paradero desconocido en el país desde 2006. Se cree que la mayoría han sido secuestradas por bandas delictivas, pero, según informes, muchas han sido sometidas a desaparición forzada por la policía y el ejército, que a veces actúan en connivencia con esas bandas. Las pocas víctimas cuyos restos se han hallado mostraban señales de haber sufrido tortura y otros malos tratos. Las autoridades federales y estatales no han llevado a cabo investigaciones sobre esos delitos para establecer la posible participación en ellos de agentes estatales y garantizar recurso judicial efectivo a las víctimas y sus familias. Además de esta falta de respuesta, el gobierno ha intentado encubrir la crisis de derechos humanos, y los índices de impunidad, corrupción y militarización han aumentado.
En 2014, gobiernos de muchas partes del mundo continuaron reprimiendo a las ONG y la sociedad civil, lo que en cierto modo suponía un perverso cumplido a la importancia de su papel. La Federación Rusa aumentó su poder represor con la escalofriante “ley de agentes extranjeros”, en la que resuenan ecos de la Guerra Fría. Las ONG fueron víctimas de una dura campaña de represión en Egipto, donde se usó la Ley de Asociaciones de la era Mubarak para transmitir enérgicamente el mensaje de que el gobierno no toleraría ningún tipo de disidencia. Organizaciones de derechos humanos destacadas tuvieron que retirarse del examen periódico universal del historial de derechos humanos de Egipto en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por miedo a sufrir represalias.
VALENTÍA
Como en numerosas ocasiones anteriores, las personas que acudieron a protestas y manifestaciones hicieron gala de valentía pese a las amenazas y la violencia dirigidas contra ellas. En Hong Kong, decenas de miles desafiaron las amenazas oficiales y se enfrentaron al uso excesivo y arbitrario de la fuerza por parte de la policía en lo que dio en llamarse la “revolución de los paraguas”, ejerciendo sus derechos básicos a la libertad de expresión y reunión.
A las organizaciones de derechos humanos se nos acusa a veces de ser demasiado ambiciosas en nuestros sueños de generar cambio. Pero debemos recordar que es posible lograr cosas extraordinarias. El 24 de diciembre entró en vigor el Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas, tras haber cruzado, tres meses antes, el umbral de las 50 ratificaciones.
Amnistía Internacional y otras organizaciones habían hecho campaña en favor de este tratado durante 20 años. Una y otra vez se nos dijo que un tratado así era inalcanzable. Ahora el tratado existe, y prohibirá la venta de armas a quienes pudieran usarlas para cometer atrocidades. Por tanto, puede desempeñar un papel fundamental en los años venideros, en los que su aplicación será una cuestión fundamental.
Hay esperanza
En 2014 se cumplieron 30 años de la adopción de la Convención de la ONU contra la Tortura, otra convención en favor de la cual Amnistía Internacional hizo campaña durante muchos años, y uno de los motivos por los que en 1977 la organización recibió el premio Nobel de la Paz.
Este aniversario fue, por un lado, algo que celebrar, pero fue también una ocasión para señalar que la tortura sigue estando muy extendida en todo el mundo, motivo por el cual Amnistía Internacional lanzó este año su campaña mundial Stop Tortura.
Este mensaje contra la tortura adquirió especial resonancia tras la publicación en diciembre de un informe del Senado de Estados Unidos que demostraba que, durante los años posteriores a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el país, existió una disposición a justificar la tortura. Asombrosamente, algunas de las personas responsables de los actos criminales de tortura aún parecían seguir creyendo que no tenían nada de qué avergonzarse.
Desde Washington a Damasco y desde Abuja a Colombo, los líderes gubernamentales han justificado terribles violaciones de derechos humanos arguyendo la necesidad de mantener la "seguridad" en el país. En realidad, ocurre lo contrario. Esas violaciones de derechos humanos son un motivo importante por el que hoy en día vivimos en un mundo tan peligroso. Sin derechos humanos no puede haber seguridad.
Hemos visto una y otra vez que, aun en épocas que parecen funestas para los derechos humanos —y quizá especialmente en esas épocas—, es posible generar un cambio extraordinario.
Debemos esperar que, cuando en años venideros miremos hacia 2014, lo que hemos vivido este año se considere un nadir —el punto más bajo alcanzable— a partir del cual nos hayamos alzado y creado un futuro mejor.
2014: Un año de conflictos, terror y esperanza
19 de enero - La policía respondió con brutalidad a los miles de manifestantes que salieron a la calle en Kiev, Ucrania. Las manifestaciones se volvieron violentas cuando el gobierno aprobó de forma apresurada nuevas leyes que criminalizaban las protestas y limitaban gravemente la libertad de reunión, de asociación y de expresión.
7 de febrero – Mientras Rusia inauguraba los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, las autoridades seguían hostigando a personas críticas y disidentes y encarcelando a algunos de los activistas de la sociedad civil más notorios.
12 de febrero– Investigadores de Amnistía Internacional en la República Centroafricana encontraron indicios de limpieza étnica contra civiles musulmanes en la zona occidental del país. Miles de personas perdieron la vida en el conflicto de 2014.
24 de marzo – Egipto condenó a muerte a 529 partidarios del ex presidente Mohamed Morsi por su presunta intervención en la violencia que siguió al derrocamiento del mandatario en julio de 2013.
14 de marzo – Más de 640 personas, en su mayoría detenidos capturados de nuevo, fueron ejecutadas extrajudicialmente cuando el ejército nigeriano recuperó el control del cuartel militar de Giwa, en Maiduguri. Los detenidos se habían fugado tras un ataque de Boko Haram al cuartel, que permitió la fuga de algunos reclusos.
14 de abril – El grupo armado Boko Haram secuestró a 276 niñas de un internado de gestión estatal en Chibok, Nigeria. Al menos 219 continúan en paradero desaparecido. Al parecer, las fuerzas de seguridad nigerianas fueron avisadas del ataque contra Chibok con más de cuatro horas de antelación pero, según informes, no hicieron nada.
8 de mayo – Amnistía Internacional y la ONU publican informes que sacan a la luz horrendas atrocidades en el marco del conflicto de Sudán del Sur, y piden que rindan cuentas todos los responsables de crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y otras violaciones graves de derechos humanos.
22 de mayo – Después de un golpe de Estado del ejército tailandés, que fue precedido de manifestaciones masivas, cientos de personas fueron recluidas arbitrariamente en virtud de la ley marcial, que incluía severas restricciones a la libertad de reunión pacífica y de expresión; y se entablaron juicios de civiles en tribunales militares sin derecho de apelación.
Junio - Decenas de manifestantes pacíficos fueron detenidos arbitrariamente y maltratados por la policía mientras Brasil se disponía a albergar la Copa Mundial de Fútbol.
8 de Junio– Decenas de solicitantes de asilo que viajaban en un barco abarrotado fueron rescatados y trasladados a bordo de un buque de la marina italiana. Al menos 3.400 personas perdieron la vida en la travesía del Mediterráneo en 2014. Muchas huían de conflictos y persecución en países como Siria, Afganistán y Eritrea.
Julio - Decenas de hombres, mujeres, niños y niñas de minorías étnicas de Irak fueron secuestrados por el Estado Islámico. Desde entonces, muchas mujeres y niñas yazidíes han sido violadas, obligadas a casarse, “vendidas” o entregadas como “obsequios” a combatientes del Estado Islámico o sus simpatizantes.
Julio - Decenas de hombres, mujeres, niños y niñas de minorías étnicas de Irak fueron secuestrados por el Estado Islámico. Desde entonces, muchas mujeres y niñas yazidíes han sido violadas, obligadas a casarse, “vendidas” o entregadas como “obsequios” a combatientes del Estado Islámico o sus simpatizantes.
9 de agosto – Michael Brown, afroamericano desarmado de 18 años, murió por disparos de un agente de policía, Darren Wilson, en Ferguson, Misuri, Estados Unidos, lo que dio lugar a manifestaciones masivas. El 25 de noviembre, un jurado acusatorio decidió no incoar procesamiento contra Wilson.
26 de septiembre – En México, autoridades que se cree actuaban en connivencia con redes delictivas organizadas, atacaron e hicieron desaparecer a 43 estudiantes de Magisterio en la ciudad de Iguala, estado de Guerrero. El 7 de diciembre se identificaron los restos de uno de los estudiantes. Los otros 42 continúan desaparecidos.
28 de septiembre – La policía de Hong Kong usó gas lacrimógeno y pulverizadores de pimienta en un intento de dispersar a miles de manifestantes pacíficos que reclamaban el sufragio universal. Los manifestantes ocuparon tres lugares en la ciudad hasta que la policía los dispersó a mediados de diciembre. Durante esos tres meses, la policía de Hong Kong detuvo a 955 personas en relación con las protestas “Ocupa Central”.
15 de octubre – El máximo experto de la ONU en lucha contra el terrorismo y derechos humanos hizo público un informe que afirmaba que la vigilancia electrónica masiva vulnera el derecho a la intimidad garantizado en tratados y convenios internacionales. “[La] vigilancia a gran escala realmente suprime por completo el derecho a la privacidad de las comunicaciones en Internet", decía el informe.
13 de noviembre – El ACNUR advirtió de un déficit de financiación de 58,45 millones de dólares en su presupuesto para prestar asistencia a personas refugiadas e internamente desplazadas que huían de los conflictos de Siria e Irak. Al terminar el año, unos 4 millones de personas habían huido del conflicto de Siria. Estados Unidos y Europa siguen sin proporcionar reasentamiento a la gran mayoría.
9 de deciembre – El Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos hizo público un documento que detallaba cómo la Agencia Central de Inteligencia recurrió a la tortura –entre otros métodos, el “waterboarding” o simulacro de ahogamiento, el simulacro de ejecución y las amenazas sexuales– durante los programas de entregas y detención secreta que siguieron a los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.
Cinco historias de éxito de 2014
1. El Parlamento de Marruecos aprobó por unanimidad, el 23 de enero, una enmienda de la ley que impedía el enjuiciamiento y castigo de todo aquel que, acusado de la violación de una menor, se casara con la víctima.
2. Hakamada Iwao, de 78 años, fue excarcelado en marzo en Japón después de pasar la mayor parte de su vida en el corredor de la muerte en espera de ejecución. Fue declarado culpable de asesinato en 1968. El tribunal puso en duda las pruebas utilizadas contra Hakamada, revocó su condena a muerte y ordenó la celebración de un nuevo juicio.
3. En junio, el presidente de Paraguay, Horacio Cartes, promulgó una ley que restituía a la comunidad indígena Sawhoyamaxa más de 14.000 hectáreas de sus tierras ancestrales después de 20 años de lucha de la comunidad.
4. Meriam Ibrahim, mujer cristiana condenada a muerte en Sudán, fue excarcelada finalmente en junio. Meriam había sido acusada de “apostasía” por decir que era cristiana siendo su padre musulmán, y de “adulterio”, tras casarse con un hombre cristiano.
5. El 24 de diciembre, y tras más de dos decenios de incansable campaña, entró en vigor el Tratado sobre el Comercio de Armas. El Tratado crea un marco que aspira a impedir el flujo de armas a gobiernos que puedan usarlas para cometer atrocidades.
Amnesty.org. 25/02/15

Los Derechos Humanos: cifras básicas 2014
En 2014, Amnistía Internacional registró e investigó abusos contra los derechos humanos en 160 países y territorios del mundo.
Aunque ha habido avances en determinadas áreas, la situación de muchas personas en lo que respecta a sus derechos humanos ha empeorado.
-En al menos 18 países se cometieron crímenes de guerra u otras violaciones de las "leyes de la guerra".
-1 de cada 5: Hubo grupos armados que cometieron abusos en al menos 35 países, más de un 20 % de los países investigados por Amnistía Internacional.
-Las personas refugiadas y migrantes corrieron especial peligro en 2014. Se calcula que más de 3.400 personas murieron ahogadas en el mar Mediterráneo intentando llegar a Europa. De los 4 millones de refugiados que huyeron del conflicto en Siria, el 95 % lo hicieron a países vecinos.
-LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, RESTRINGIDA: Casi 3 de cada 4 gobiernos (119 de 160) restringió la libertad de expresión de manera arbitraria. Hubo restricciones a la libertad de prensa en muchos países, que fueron testigo de clausuras de periódicos y amenazas a periodistas.
-Más de un tercio de los gobiernos (62 de 160) encarcelaron a presos de conciencia, personas que simplemente ejercían sus derechos y libertades.
-El 58 % de los países (93 de 160) sometieron a personas a juicios injustos. Cuando a una persona se la somete a un juicio injusto, no se imparte justicia ni al acusado, ni a la víctima, ni a la sociedad.
-El 82 % de los países (131 de 160) sometieron a personas a tortura u otros malos tratos.
-28 países en todo el mundo tienen leyes que prohíben por completo el aborto, aun en casos en que la vida o la salud de la mujer corre peligro y en casos de violación.
-Según la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexo, 78 países tienen leyes en vigor que se utilizan para criminalizar las relaciones sexuales con consentimiento mutuo entre adultos del mismo sexo.

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