TE GUSTARÍA COLABORAR EN EL BLOG DE CULTURA DE PAZ COMO VOLUNTARIO?

TE GUSTARÍA COLABORAR EN EL BLOG DE CULTURA DE PAZ COMO VOLUNTARIO?
Correo electrónico de Cultura de Paz Monterrey: drjosebenitoperezsauceda@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Henry David Thoreau. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Henry David Thoreau. Mostrar todas las entradas

698. Martin Luther King Jr: 45 años de su muerte

«Yo tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por su carácter».
- Martin Luther King Jr., en Washington D.C. (28.08.1963)
 
El Mesías Negro
Madrid, España. El distrito de Sweet Auburn, en Atlanta (Georgia, EEUU) es hoy Lugar Histórico Nacional. Miles de visitantes pasean cada año por el barrio que vio nacer y crecer a Martin Luther King Jr., en torno al 501 de la Avenida Auburn, casa natal del reverendo baptista que lideró la lucha por los derechos civiles en EEUU, consciente de estar librando una batalla mundial por los Derechos Humanos. Los niños que, como King, vivían, jugaban y trasteaban por estas calles no imaginaron nunca que su país tendría un día un presidente negro. La segregación racial y la supremacía blanca avivaban el sueño de un mundo más justo, pero en sus mentes infantiles, la flamante residencia de Washington sólo tenía un color.
En 1964 el premio Nobel de la Paz ensalzaba la figura de Martin Luther King Jr. como «la primera persona del mundo occidental que ha demostrado que una batalla puede ser ganada sin violencia, la primera en haber hecho de su mensaje de amor fraternal una realidad a lo largo de esa lucha, y la que ha llevado ese mensaje a todos los hombres, a todas las naciones y a todas las razas». Su lucha le costó la cárcel. Y la vida..
El cine, el arte y la literatura han parido numerosas obras sobre el racismo, el apartheid, la injusticia racial, el sinsentido y la crueldad del Ku Klux Klan... Fueron años convulsos cargados de capítulos dramáticos, épicos, históricos, en Arkansas, Carolina del Norte, Tennessee, Georgia, Mississippi, Alabama... Como el asesinato del adolescente Emmett Till en Mississippi por silbar a una chica blanca; la valentía de Rosa Parks negándose a ceder su sito a un blanco en el autobús; el boicot a las compañías de autocares de Montgomery o Tallahassee; los insultos y agresiones a los primeros estudiantes negros en Little Rock o la entrada de James Meredith, escoltado por el Ejército, al campus de Mississippi; los asesinatos impunes, las sentadas pacíficas, las cargas policiales, las detenciones de manifestantes o la gran marcha sobre Washington por el empleo y la libertad. Quienes creyeron que la desobediencia civil y la no violencia eran el camino para combatir la discriminación racial, encontraron en el reverendo de Atlanta el pastor a seguir.
La Proclamación de Emancipación de Abraham Lincoln, en 1863, fue el punto de partida de un proceso que ha durado más de un siglo. Hubo que esperar al 17 de mayo de 1954 para que la Corte Suprema de EEUU declarara inconstitucional la segregación racial en las escuelas, y tuvieron que pasar casi 10 años más para que la Ley de Derechos Civiles fuera una realidad. Luther King lideró el movimiento social que demandaba la igualdad real de todos los ciudadanos establecida en la Constitución. Y si hoy el racismo sigue siendo una lacra social, nada tiene que ver con las desigualdades e injusticias que inspiraron su lucha, inmortalizada en su 'Carta desde una cárcel de Birmingham' o en el histórico discurso 'Yo tengo un sueño', un siglo después de la Emancipación:
«Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra».
Cuenta Taylor Branch en 'Martin Luther King y su tiempo' que la autopsia que le hicieron al reverendo de Atlanta tras su asesinato reveló el corazón de un hombre anciano en un cuerpo que aún no había cumplido los 40 años, interpretado como la evidencia del coste físico y personal de las mil y una batallas que libró. Sus restos descansan hoy junto a los de Coretta en el Centro King de Atlanta, muy cerca de la casita de la Avenida Auburn que le vio nacer.
Cronología
1863. Proclamación de Emancipación de Abraham Lincoln. 1865. Termina la Guerra de Secesión. Nace en Tennessee el Ku Klux Klan. La decimotercera enmienda deroga oficialmente la esclavitud. La decimoquinta enmienda prohíbe la discriminación al voto por motivos de raza.
15.01.1929. Martin Luther King Jr. Nace en Atlanta (Georgia, EEUU). En 1963 se casa con Coretta Scott.
1954. El Supremo declara inconstitucional la segregación racial en las escuelas de todo el país.
1955. Boicot contra la compañía de autobuses en Montgomery, tras el incidente de Rosa Parks.
20.12.1956. El Supremo declara ilegal la segregación racial en los autobuses.
1957. King viaja a La India, donde se acerca a la filosofía de Gandhi de la no violencia. La Guardia Nacional impide la entrada de 9 alumnos negros en la escuela de secundaria de Little Rock (Arkansas).
1960. 'Los 4 de Greensboro' (Carolina del Norte) se rebelan contra la segregación sentándose en la barra de una cafetería, reservada para blancos. La sentada se extiende como forma de protesta.
1963. King es arrestado durante una protesta pacífica y escribe su 'Carta desde una cárcel de Birmingham'. Acuerdo de Birmingham contra la segregación en escuelas, restaurantes y tiendas. Gran marcha sobre Washington: ante más de 250.000 personas, pronuncia su discurso 'Tengo un sueño'.
02.07.1964.
Asiste a la Casa Blanca a la firma de la Ley de Derechos Civiles. Ese mismo año obtiene el Premio Nobel de la Paz y es nombrado 'Hombre del Año' por la revista 'Time'.
1965. La Ley de Derechos Electorales acaba con las prácticas de coacción e intimidación para votar.
04.04.1968.
Martin Luther King Jr. es asesinado en Memphis (Tennessee, EEUU).
1983. Se establece el Día de Martin Luther King, cada año el tercer lunes de enero.
Octubre 2005. Obama da las gracias a Rosa Parks al ser elegido el tercer senador en la Historia de EEUU.
04.11.2008. Obama, primer presidente negro elegido en EEUU. Reelegido en 2012.
Sonia Aparicio. El Mundo.es.
 
La Ebullición de los 60´s: Eran tiempos de soñar.
Madrid, España. Eran los años del fracaso de EEUU en Vietnam, de la consolidación de la clase media, d ela contracultura y los movimientos estudiantiles; la experimientación y la Guerra Fría. Máxima ebullición. La lucha por los Derechos Civiles de Martin Luther King se enmarcó en un contexto apasionante. Todo estaba cambiando. Todo se cuestionaba. Del "I have a Dream" al "Sous les pavés, la plage". Y el hombre pisó la Luna. Eran tiempos de soñar. La supremacía económica de EEUU dominaba el mundo. La Segunda Guerra Mundial había dejado una Europa arrasada y los países del Este e incluso Japón aún trataban de reconstruirse. La industria norteamericana fue la única que salió fortalecida —su producto nacional bruto (PNB) aumentó de unos 200.000 millones de dólares en 1940 a más de 500.000 millones en 1960— y desplazó de su liderazgo a Francia, Inglaterra y Alemania. El capitalismo y su libre mercado se consolidaban en Norteamérica pero, al mismo tiempo, empezaban a definirse movimientos sociales que reclamaban otra forma de vivir, una nueva escala de valores. El hippismo, el feminismo, los ecologistas, la burguesía universitaria... Todos tenían algo que aportar.
El movimiento hippie tomó fuerza en San Francisco —acogió el Verano del Amor en 1967— con su mantra de la no violencia. Y se sumó a la lucha contra la segregación racial lideraba por Martin Luther King y a las protestas contra la intervención de Estados Unidos en Vietnam o contra la injerencia política en los 'países del Sur'. Al mismo tiempo, se empezó a tomar conciencia sobre la pobreza. En 1959, el Gobierno de EEUU comenzó a calcular las cifras y registró a un 22,4% de la población que vivía por debajo del umbral mínimo. Los suburbios de las ciudades se expandían y las campañas de asistencia social empezaron a tomar fuerza. El presidente Johnson —en el poder de 1963 a 1969—hizo de la 'Guerra contra la Pobreza' el elemento central de su programa y creó la Oficina de Oportunidades Económicas, que impartió formación a los más desfavorecidos y desarrolló agencias de vivienda, salud y educación. En 1965, la tasa había bajado hasta el 15,1%.
Los hippies no fueron los únicos que se asentaron en la contracultura. En los campus universitarios, movimientos juveniles abogaban por una convivencia pacifista y anticonsumista. Juntos dejaron decenas de símbolos. Como Woodstock, que en 1969 reunió a casi medio millón de personas en una granja del estado de Nueva York en un concierto programado para unas 40.000. Todo se desbordó bajo la música de Janis Joplin, Jimi Hendrix o Joan Baez. Un año antes, el gran símbolo fue París, con su Mayo del 68, que la joven burguesía propagó por ciudades como Praga o México D.F. La calle cuestionaba jerarquías y se miraba en movimientos revolucionarios como los de Latinoamérica, con su propio ídolo, el Che, asesinado en Bolivia en 1967.
Se vio también en Washington el 28 agosto de 1963, en la Marcha en la que sonó el mítico 'I have a Dream' ante más de 200.000 personas. Dos años después, los afroamericanos conseguían en la práctica el derecho al voto. Y es que junto a los defensores del idealismo, reclamaban su espacio grupos hasta entonces sometidos por las elites masculinas y blancas: los afroamericanos, los indios, los latinos, las mujeres —se incorporaban al mercado laboral pero, según datos oficiales, en 1963 su salario medio era sólo el 63% del de los varones—. Movimientos como la Conferencia del Liderazgo Cristiano del Sur, formado por sacerdotes afroestadounidenses, o el Comité Estudiantil de Coordinación de la No Violencia lideraban la lucha por la igualdad de forma pacífica. Tuvieron enfrente a extremistas como los que asesinaron a Malcom X en 1965 y a Luther King en el 68.
En el terreno político, otro asesinato, el del presidente Kennedy en noviembre de 1963, marcó uno de los momentos clave. Había sido elegido presidente en 1960 y se le veía como un símbolo de esperanza. Tras él, el vicepresidente Lyndon B. Johnson, fue elegido para la Casa Blanca y Richard Nixon le sustituyó en 1969. A todos les pesó Vietnam. La intervención norteamericana estalló en 1964 con 4.000 soldados. En 1967 ya eran casi 500.000 y un año después ya quedaba claro que no iban a salir bien parados de allí. Los bombardeos masivos, el uso de armas químicas y la violencia sobre la población civil se vieron por primera vez en los medios de comunicación, que retransmitieron la guerra. Y al final, la derrota, en 1975, con 58.000 americanos muertos y 300.000 heridos frente a cerca de un millón y medio de soldados vietnamitas y dos millones de civiles fallecidos.
Eran años en los que la tensa calma de la Guerra Fría sobrevolaba las cabezas, con EEUU liderando el enfrentamiento contra un bloque soviético que empezaba a mostrar fisuras. La tensión tocó techo en crisis como la de los misiles cubanos en octubre de 1962, cuando la URSS quiso instalar su armamento en la isla. Un año antes, en abril de 1961, la CIA había fracasado en un intento de invasión de Cuba en la Bahía de Cochinos. El miedo a una crisis nuclear atenazaba el ambiente. La persecución al comunista se había materializado ya en los 50 en EEUU en otro símbolo, la caza de brujas a la que el senador McCarthy sometió a los intelectuales de izquierdas desde el Comité de Actividades Antiamericanas.
Y mientras, la clase media se consolidaba y la explosión demográfica era imparable. Y Sartre y Marcuse construían teorías. Y sonaba The Beatles... El mundo crecía.
Raquel Quílez. El Mundo.es.
 
Su Herencia
El mayor logro de la era moderna
Madrid, España. Una de las canciones que siempre suena en los conciertos de la banda irlandesa U2 habla de un hombre que vino en el nombre del amor, un hombre del que nunca hubo uno igual y que fue finalmente libre cuando, un 4 de abril, resonó un disparo en el cielo de Memphis. El tema es 'Pride (In the name of love)' y el hombre es Martin Luther King. El reverendo bautista cuyo legado quiso hacer propio el primer presidente negro de EEUU en el juramento de su segundo mandato al frente de la Casa Blanca. En la misma capital, Washington, en la que el líder de los derechos civiles dijo en 1963 que había tenido un sueño.
Barack Hussein Obama, hijo de blanca y de negro, cuando los parejas interraciales no sólo eran tabú sino que en muchos lugares estaban prohibidas, juraba su cargo sobre la biblia de Luther King y la de Lincoln, y se proclamaba heredero de los principios de «quienes dejaron sus huellas en este parque para escuchar a un pastor decir que no podemos caminar solos, y para a oír a aquel King proclamar que nuestra libertad individual está unida a la libertad de cada alma sobre la Tierra». Era, lleno de simbolismo buscados, en el día de la fiesta nacional de Luther King.
Aunque, según un estudio publicado en 2010, en EEUU las familias blancas siguen siendo cinco veces más ricas que las negras, lo cierto es que en aquel discurso histórico de King no pudo haber ni el menor atisbo de que, un día, el hombre más poderoso de la Tierra sería de la misma raza que aquel que fue asesinado, ese 4 de abril. Aquel tiro ponía fin a una vida de lucha que le valió el Nobel de la Paz cuando sólo tenía 36 años, pero no pudo terminar con los avances que, finalmente, igualaron a blancos y negros.
El congresista John Lewis, uno de los colaboradores más estrechos de King, lo dijo en ese día de enero de 2013: «Si no hubiese habido un Martin Luther King Jr., no habría un Barack Obama como presidente». De la misma opinión es el profesor de la Universidad de Stanford Clayborne Carson, director del Instituto para la Investigación y la Educación Martin Luther King, y el hombre al que Coretta King, viuda del pastor, encargó poner en orden los papeles de su marido. «Entre los líderes actuales a los que ha inspirado King está el Dalai Lama, Aung San Suu Kyi y Barack Obama».
Carson, que lleva documentando la vida de Luther King durante los últimos 30 años, asistió cuando sólo tenía 19 a la marcha de Washington y fue un activista durante toda su etapa universitaria en UCLA, en Los Ángeles. Fue entonces cuando se percató de que la lucha de los negros iba más allá de conseguir una reforma que les reconociera los mismos derechos civiles que los blancos. Se dio cuenta de que su empeño y el de los suyos era parte de una batalla mayor para conseguir la justicia social, así como el respeto de los derechos humanos.
«King fue uno de los líderes que apreció las dimensiones globales de la lucha por la libertad», afirma este profesor, que opina que Rosa Parks, la mujer que se negó a levantarse del asiento del autobús, le marcó bien el camino. «Durante los últimos 250 años, la mayoría de la Humanidad ha superado sistemas enormes de opresión basados en la clase, la raza o el género. La transformación de un mundo de campesinos y sus descendientes en ciudadanos ha sido el mayor logro de la era moderna», asevera.
Junto a Mandela o Gandhi, Carson cree que King es uno de los grandes símbolos del siglo XX: «Aunque fue un líder de los derechos civiles, su visión fue mucho más allá de conseguir determinada legislación en EEUU. Como dijo en su discurso de Memphis, algo estaba pasando. Había masas de gente en Johanesburgo, Nairobi, Atlanta o Nueva York con el mismo grito: 'Queremos ser libres'». Luther King amplió sus exigencias cuando se fueron alcanzando logros: protestó por la guerra de Vietnam o apoyó la huelga de basureros de Memphis, lo que le llevó a la ciudad en la que finalmente perdió la vida.
En los últimos tiempos, según su propia familia, su postura se radicalizó, ya no era el mismo que dulcificó posturas por consejo de JFK y se ganó la enemistad de Malcolm X por ello. Mientras estaba en la habitación número 306 del motel Lorraine, preparaba un discurso que llevaba por título 'Por qué América podría ir al infierno'. Su viuda y sus hijos, que no creyeron que James Earl Ray fuese el asesino, apuntaron más arriba. King se proponía formar una coalición interracial para terminar con la guerra de Vietnam y obligar a que hubiera reformas económicas para luchar contra la pobreza. Parece que había un pacto con Robert Fitzgerald Kennedy (el hermano del presidente asesinado en 1963, muerto a tiros sólo dos meses después que King) para que fuese su vicepresidente si resultaba elegido en las urnas. «Quienes lo vigilaban lo sabían», dijo Dexter, su tercer hijo, a la revista 'Newsweek'. «Tenemos días difíciles por delante», aseguró King la noche previa a su muerte. Antes de que resonara un disparo en el cielo de Memphis.
Viriginia Hermandez. El Mundo.es.
 
Películas

MLK, una historia de cine imposible

Madrid, España. ¿Qué hace tan difícil que el predicador de Atlanta tenga su sitio en Hollywood? Quizá una vida 'demasiado' perfecta
La pregunta hasta duele. Por obvia. ¿Por qué no existe a fecha de hoy una película de referencia sobre Martin Luther King? Al fin y al cabo, y sobre el papel, pocas historias pueden presumir de tenerlo absolutamente todo (drama, sangre y épica) como la aventura existencial, y hasta equinoccial, de uno de los mejores y más efectivos oradores que ha dado el siglo, cualquiera de ellos. Y como todas las preguntas aparentemente fáciles caben dos posibles respuestas: la sencilla y la otra, siempre algo más imaginativa.
Fue en mayo de 2009 cuando el mundo recibió la buena nueva de que los tres celosísimos hijos del predicador cedían ante el poder de convencimiento del dinero (mucho) y, por fin, autorizaban a que su padre tuviera su lugar en Hollywood. El hombre elegido no era otro que, en efecto, Steven Spielberg. Poco se supo de los detalles del acuerdo que llevó a los herederos a permitir el uso y explotación de todos los escritos, discursos e imágenes de MLK. Lo único que alcanzó a saberse es cómo se sentía el más que probable director, entonces hasta arriba de deudas como consecuencia de la separación de su empresa Dreamworks de la casa madre Universal. Según el comunicado oficial, el cineasta se mostraba esperanzado en que «el poder creativo de la película y el impacto de la vida del Dr. King puedan traer al presente una historia de un incuestionable poder del que nos sintamos todos orgullosos». Bien, pero ¿cuánto? Lo que sigue es la respuesta fácil y habla de dinero.
Hasta la firma del acuerdo, se sabía que Bernice, Dexter y Martin Jr. habían conseguido que tanto el periódico 'USA Today' como la televisión CBS pagaran por emitir sin el debido permiso el célebre discurso 'I have a Dream'. No contentos con ello, y para escándalo de las mentes piadosas, se conoció que también habían cobrado (más de medio millón de dólares) por la utilización de la imagen de su padre en (atentos) el memorial de (efectivamente) su padre. Y lo más llamativo es que no actuaban de mutuo acuerdo. Fueron públicos su rifirrafes a cuenta del libro de memorias de Coretta, la madre. De otro modo, la memoria, como tantas otras cosas, puede ser insaciable.
Pues bien, han pasado cuatro años desde entonces, y a Spielberg le hemos visto embarcarse en dos guerras mundiales (en 'Pacific' como productor y en 'Caballo de batalla' en calidad de director), una aventura animada ('Tintín') y hasta relatar de forma pautada y brillante la vida del mayor de los iconos americanos con un innegable aire de familia con Luther King. Nos referimos a 'Lincoln'. ¿Alguien sabe qué ha pasado?
Quizá la respuesta (ahora viene la no obvia) se encuentre en las propias palabras del director cuando atendía al carácter del extraño 'biopic' de Abraham Lincoln. De repente, la figura absolutamente inmaculada del padre de la patria aparecía en la pantalla como un 'trilero' que no dudó en acudir al soborno por conseguir sus objetivos. «Tiempos desesperados exigen medidas desesperadas», decía el realizador comprensivo. «Lo que hizo Lincoln no fue en ningún caso ilegal. Si se quiere turbio, pero a la vez fue noble y grande. Intentar el retrato de un hombre de una moralidad intachable que sostiene sus principios inquebrantables por encima de todo, sinceramente, no me interesa. No hay drama en ello». Hemos llegado.
¿Cómo conseguir el drama que reclama Spielberg en la biografía perfecta de un hombre que hasta perdonó a la mujer negra que el 20 de septiembre de 1958 le apuñaló acusándole de comunista? La víctima llegó a decir incluso que la culpable de su herida (el filo pasó muy cerca de la aorta) era la sociedad de forma genérica y la violencia que reside en ella de manera delegada. Y, claro, pensarán algunos, así no hay drama.
De hecho, y por no moverse del sitio de los derechos civiles (pues de eso se trata), las mejores películas sobre el asunto siempre han jugado en las sombras, en la doble moral, en la necesidad de hacer saltar por los aires las normas de la buena educación. En 'Arde Mississippi', el rudo y siempre efectista (además de efectivo) Alan Parker dejaba que el foco de la cámara se desplazara hacia los modales hoscos, quizá brutales, de Gene Hackman. Y era ahí donde surgía la identificación con el patio de butacas, en el hombre que para conseguir sus objetivos (por muy buenos y santos que sean) obedece a los siempre bajos instintos del espectador.
Lo mismo sucede con el ejemplo más cercano a la futura, o futurible, película de MLK que hasta hoy ha dado Hollywood. 'Malcolm X', de Spike Lee, no es tanto una hagiografía como una llamada a las armas; es simplemente el reconocimiento de que la lucha de antaño aún es necesaria, y de que eso que suena tan mal como 'el mal necesario' todavía es perfectamente aplicable. O eso cree Lee. El director, lo dijo varias veces, nunca habría contado la historia de Luther King. Aunque hubiera podido. Por el drama, claro.
Desde su más tierna infancia, las películas que se han ocupado de una forma u otra de algo tan primariamente injusto como el racismo han introducido en sus argumentos algo tan dramáticamente elemental como la simple venganza. Eso o algo parecido. Eso o la piedad disfrazada de, otra vez, 'mal necesario'. Virgil Tibbs (Sidney Poitier) puede ser implacable cuando las cosas se ponen feas en 'En el calor de la noche', de Norman Jewison, de la misma manera que Atticus Finch, el mejor de todos, puede hacer trampa y presentar como un accidente lo que fue, quizá, homicidio. Todo sea por no 'Matar a un ruiseñor'. Cuando recientemente vimos 'Criadas y señoras', sólo el placer de ver comer a la odiosa y blanquísima señora de la casa una tarta de mierda (literal) compensó tanto drama rutinario. De nuevo, la venganza como la más resolutiva de las armas dramáticas. Y así hasta llegar a Shaft, el vengador por definición, el primer y único héroe perfectamente negro. Y sin remordimientos.
Las miniseries de televisión como 'King' (una hagiografía setentera protagonizada por Paul Winfiled) o 'Boycott' (a vueltas con el caso Rosa Parks de 1955) son de los pocos y contados ejemplos que se han acercado directamente al personaje, a MLK, y lo han hecho con una bondad y esmero que terminaron por resultar 'dramáticamente' (en la acepción de Spielberg) insulsas. Y lo mismo vale para, por ejemplo, la meritoria 'The Rosa Parks Story'. En definitiva, a la bondad, como al optimismo, les falta el suficiente brillo intelectual para resultar siquiera de buen gusto. Carecen de drama. Fue Gramsci, comunista e italiano, el que dijo que el pesimismo es asunto de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Pues eso. Hasta Spielberg, después de pagar lo suyo a los herederos del tótem, parece ser consciente de ello. 'Lincoln' salió adelante merced a un guión capaz de caminar entre las grietas de la mayor de las estatuas de Estados Unidos. ¿Cómo contar la historia del más perfecto de los hombres? Descartado Oliver Stone para la misión (lástima) toca seguir esperando.
Luis Martínez. El Mundo.es.
 
La fuerza de la desobediencia civil
Madrid, España. Si una ley es injusta, es lícito no acatarla. El principio de desobediencia civil de Thoreau ha llevado a numerosos líderes a rebelarse contra gobiernos que violaban Derechos Humanos. Y muchos han cambiado la Historia con sus campañas.
Henry David Thoreau
Este filósofo estadounidense (1817-1862) dotó de contenido al concepto de desobediencia civil en su obra 'On Civil Disobedience', publicada en 1849. Se oponía a pagar un impuesto que el gobierno destinaba a financiar una guerra entre Texas y México y, a partir de su negación, desarrolló una idea clave para todos los que siguieron su filosofía: que el gobierno no debe tener más poder que el que los ciudadanos estén dispuestos a concederle. Y a él, la guerra le parecía injusta, y también que su gobierno avalase la esclavitud. Así que se negó a cooperar con él y pasó una noche en prisión por su gesto. El texto influyó a figuras tan dispares como Tolstói, Gandhi o el propio Luther King, que lo describió así: «Fascinado por la idea de rechazar el cooperar con un sistema maléfico, releí el libro varias veces. He llegado a convencerme de que la no cooperación con el mal es tan obligación moral como la cooperación con el bien». Thoreau llegó a proponer la abolición de todos los gobiernos.
Otro intelectual que influyó en Luther King fue Howard Thurman (1899-1981), un teólogo que había coincidido con Ghandi en La India gracias a su trabajo como misionero. Era compañero de clase de su padre y se convirtió en su mentor.

Mahatma Gandhi

Es el rostro de la no violencia. Mahatma Gandhi (1869-1948) demostró que la resistencia pacífica es un instrumento válido para alcanzar objetivos políticos. Objetivos tan inmensos como la independencia de una nación, La India, en 1947. Ghandi abogó por el pacifismo en un contexto enmarcado en el periodo de entreguerras. Educado en Gran Bretaña, comenzó su carrera política en Sudáfrica, donde luchó, con éxito, contra la discriminación que sufría la comunidad india. Al regresar a su país, prosiguió la batalla, llamó a boicotear al gobierno colonial inglés violando su autoridad y fue encarcelado por ello. Movió masas y dejó símbolos como la 'Marcha de la Sal', una protesta pacífica por la independencia que encabezó en 1930. «La violencia es el miedo a los ideales de los demás», dijo.
Austero y enemigo de privilegios, cuestionó la sociedad de castas india poniéndose del lado de los 'intocables'. Recurrió al ayuno y a la espiritualidad como protesta y propugnó que la desobediencia civil era el arma más efectiva contra las leyes injustas. Sabía que los ingleses aplastarían cualquier intento de lucha armada. En 1948, a los 78 años, fue asesinado en Nueva Delhi por Nathuram Godse, un radical hindú. Y se convirtió en símbolo; en referente para los movimientos pacifistas futuros. El propio Luther King lo reconoció: «De mi formación cristiana he obtenido mis ideales y de Gandhi, la técnica de la acción». En una visita a La India en 1959, King pudo profundizar en su filosofía.
Bayard Rustin
La espiral de la no violencia se retroalimenta: en 1948, un entusiasta Bayard Rustin (Pennsylvania, 1910-Nueva York, 1987) viajaba a La India para aprender directamente de los principios de Gandhi. Rustin era un experimentado activista por los derechos civiles: un año antes había organizado en Carolina del Norte las primeras protestas contra la segregación en los autobuses, por las que fue arrestado y pasó varias semanas en prisión —no fueron las únicas; le detuvieron decenas de veces en toda su vida—. Entre 1947 y 1952 formó un comité de apoyo a la resistencia en Sudáfrica junto a líderes de Ghana y Nigeria y trabajó intensamente en el Movimiento por los Derechos Civiles de los años 60 en EEUU. Él fue el principal organizador de la Marcha sobre Washington de 1963 y quien asesoró a Martin Luther King sobre las técnicas de la resistencia no violenta para incumplir las leyes de segregación.
Pero la racial no fue su única lucha: Rustin era abiertamente homosexual —fue arrestado y atacado públicamente por ello. Incluso se afirmó que mantenía una relación con Luther King— y abogó por los derechos de gays y lesbianas hasta el final de su carrera.
Nelson Mandela
Nelson Mandela (Qunu, Sudáfrica, 1918) asumió la desobediencia civil como 'arma' para neutralizar el Apartheid. Y pasó 27 años en prisión por ello. En 1948, el Partido Nacional había ganado unas elecciones en las que sólo podían votar los blancos y había instalado un sistema de segregación racial. Enfrente tenía al Congreso Nacional Africano, formado en 1912 para luchar por los derechos de los negros y al que Mandela se unió en 1942. Se rebeló contra su destino en el clan familiar y se metió en política para combatir las prácticas xenófobas del régimen sudafricano promoviendo la desobediencia. Hasta que fue arrestado y acusado de alta traición. Como peaje, pasó casi tres décadas en una celda. En 1990 dio resultado la campaña internacional por su liberación y, ya en la calle, abogó por una solución política que no menoscabase los derechos de nadie. Tomó las riendas de la transición y se convirtió en presidente en las primeras elecciones democráticas. Siempre defendió la reconciliación.
Otro partidario de la no violencia en la lucha por los derechos de todos los sudafricanos fue Albert Luthuli (1898-1967), profesor y político galardonado con el Nobel de la Paz en 1960 por su oposición al Apartheid y su trabajo en favor de la integración. Luthuli pidió públicamente la desobediencia pacífica a las leyes decretadas desde el gobierno racista al considerar que atentaban contra la dignidad del hombre.
Jesse Jackson
Hasta que apareció Barack Obama, Jesse Jackson (Carolina del Sur, 1941) fue el gran líder negro del Partido Demócrata de EEUU. El reverendo, discípulo de Luther King, ha dedicado su vida a la lucha por los derechos civiles. Nació en un barrio pobre de Carolina del Sur, de madre soltera, estudió teología en Chicago y se ordenó pastor baptista en los sesenta, cuando aprendía de la lucha civil al lado de Luther King, al que acompañaba en el momento de su asesinato. Tras su muerte y la de Malcolm X, se convirtió en el principal cabecilla negro del país.
Preocupado por la integración real de los negros en la vida estadounidense, fundó organizaciones de vecinos en Chicago que impulsaran la educación y la actividad cultural y social de este colectivo al margen de guetos. Y en dos ocasiones —1984 y 1988— compitió sin éxito por convertirse en el candidato a la presidencia de EEUU por su partido, del que representaba el ala más a la izquierda. No lo consiguió, pero el simple hecho de que entrase en liza evidenciaba un paso adelante en el apoyo a una persona de su raza. Además, trabajó durante años como asesor en conflictos internacionales como el de Sudáfrica, Cuba u Oriente Próximo y fundó la asociación Rainbow/PUSH.
Dalai Lama
Estaba llamado a perpetuar el régimen feudal del Tíbet hasta que la China de Mao se cruzó en su camino. Cuando tenía sólo dos años, Tenzin Gyatso (Tíbet, 1935) fue identificado como la reencarnación del Dalai Lama y comenzó a prepararse para asumir su destino. Pero la Historia se precipitó: en 1950, la China comunista invadió el Tíbet y él tuvo que tomar las riendas: recibió el poder a los 16 años, dos antes de lo previsto, pidió ayuda a Naciones Unidas, que le ignoró, y se refugió en el sur del país mientras Mao imponía sus condiciones y los tibetanos eran sometidos. Hasta que, en 1959, la población de la capital, Lhasa, se sublevó en una insurrección fallida que terminó con el líder religioso huyendo a La India seguido de unas 150.000 personas. Se registraron cerca de 10.000 muertos.
Desde entonces, el Dalai Lama ha liderado una campaña de resistencia pacífica desde el exterior, en la ciudad de Dharamsala, cedida por La India al pie del Himalaya. Ha viajado por todo el mundo defendiendo la recuperación del territorio y no ha cesado de hacer pública la represión sangrienta y el «genocidio cultural» emprendido por los chinos, con los que, sin embargo, ha mantenido un espíritu negociador. Siempre ha apostado por la no violencia y los derechos humanos y su campaña le valió el Nobel de la Paz en 1989. En 2011 anunció que renunciaba a todos sus cargos políticos para quedar sólo como líder espiritual y religioso. Algo que ocurría por primera vez en tres siglos para un Dalai Lama.
Raquel Quílez. El Mundo.es.
http://www.elmundo.es/especiales/2013/internacional/martin-luther-king/otros-lideres.html

341. La inspiración de Mahatma Gandhi como referente para el mundo actual


Saltillo, Coahuila. Mahatma Gandhi tuvo la inspiración que ahora necesita el mundo. La no violencia fue el abecedario de este iluminado ser humano, dispuesto a ser tan humilde como el polvo para poder descubrir la verdad. Fue un corazón grande, es un alma grande, será por siempre un referente de paz. La no violencia fue su primer artículo de fe y el último artículo de su credo. La no violencia y el destierro del ojo por ojo le cautivaron y lo cultivó como pocos. Dijo no importarle sufrir todas las humillaciones, todas las torturas, el ostracismo absoluto y hasta la muerte, todo lo daba por bien empleado para impedir la violencia. Obró como un hombre de lenguaje conciliador y apaciguador, de verbo profundo y de acción clarividente, no en vano sostuvo que cualquier persona que se precie de no ser violento, tiene que considerar al mundo, a todo el mundo, como parte de su familia.
Hay que volver a Gandhi que siempre estuvo comprometido con la verdad, y con la no violencia. Es un referente para el mundo de hoy. Tiene que serlo. Su legado es un legado armónico que neutraliza las luchas actuales. La no violencia de Gandhi es un camino de acogida y de recogimiento, donde cada uno aporta lo mejor de uno mismo, y así es como se alcanza el horizonte soñado, bajo un cielo de amistad global y globalizada. Que vuelva Gandhi al mundo, por favor. Que vuelva con sus plegarias a esta tribuna planetaria de injusticias y miserias humanas. Que vuelva y que nos devuelva la esperanza del cese de tantas batallas innecesarias, de tantas guerras inútiles, fomentadas por los ricos con la factura de los pobres.
El 2 de octubre se celebra el día de la no violencia, o sea el día de Gandhi, una jornada cuando menos para meditarla. Se dice que la paz empieza por cada ser humano, y es cierto, brota del corazón de cada persona. Hay que volver a sentir los latidos del alma para rectificar. El mundo anda crecido por miles de contiendas, nos desbordan las sociedades crispadas en lugar de las sociedades pacíficas y justas. Nos sobrepasan los odios y nos sobrepesan las venganzas. Urge retornar a las fuentes del alma y de la vida, a la verdadera vivencia y convivencia de efectivos guías como Gandhi.
Lo que se logra con violencia solamente puede subsistir con violencia. Violencia llama violencia. Tan sólo por la educación, me refiero a la enseñanza que se asienta en obtener lo mejor de la persona, se puede atrapar la no violencia. El amor que pongamos en esa formación es más fuerte que la violencia. Gandhi inventó la receta para calmar todos los dolores, lo primero es que no dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores y, lo segundo, es contar con un apoyo, el saber que cuando todos te abandonan, Dios siempre se queda contigo.
Víctor Corcoba Herrero. Vanguardia.com.mx. 28/9/2011

Mahatma Gandhi y la resistencia pacífica
Recordado por su aspecto físico, su Fe y su sed de justicia, Mohandas Karamchand Gandhi ayudó al pueblo de la India a conseguir su independencia del gobierno colonial inglés a través del principio de la no violencia o resistencia pacífica.
Nació el 2 de Octubre de 1869 en Porbandar (actual estado de Gujarat), en el seno de una familia de comerciantes y agricultores, pertenecientes a una de las mejores castas de la India, lo que le permitió llevar una vida con comodidades. Más tarde, a la edad de 13 años se casó con Kasturba, una niña de su misma edad, el matrimonio fue arreglado por sus padres.
A los 18 años Gandhi se traslada a Londres para estudiar la carrera de leyes en el University College. Fue en este lugar donde comenzó a sentir con gran intensidad los rigores del prejuicio social, al cual, no respondió con odio sino con la certeza de afrontar cualquier injusticia en su persona y en los hombres de su raza.
En 1893 es contratado para trabajar en Sudáfrica, como asesor legal de una firma india con intereses en ese país, sin embargo, al darse cuenta que la legislación era sumamente severa, se dispuso a combatir en favor de sus compatriotas. Propuso aumentos en los salarios y la revisión en las leyes de los inmigrantes indios. Empeñado en su lucha puso por primera vez en práctica los principios de la no violencia y la resistencia pasiva. Parte de la inspiración de esta política se encuentra en León Tolstói (cuya influencia en Gandhi fue profunda). También reconoció la deuda que tenía con el escritor estadounidense Henry David Thoreau, especialmente por su ensayo Desobediencia civil (1849). Gandhi, no obstante, consideró los términos 'resistencia pasiva' y 'desobediencia civil' inadecuados para sus objetivos y acuñó otro término, satyagraha (en sánscrito, 'abrazo de la verdad').
Gandhi se quedó en Sudáfrica 20 años luchando por los derechos del pueblo hindú. Durante su estancia en esa región Mohandas junto con su esposa y sus 4 hijos creó una escuela para enseñar y practicar la ideología que fuera eje de su existencia. Decidido a ganar la lucha hace voto de castidad, se somete a rigurosos ayunos y renuncia a las ropas europeas, tejiendo un manto con sus propias manos, atuendo que más tarde lo llevaría a ser reconocido y admirado en cualquier parte del mundo.
Luego de obtener resultados satisfactorios con el gobierno sudafricano, en 1915, Gandhi regresa a la India para realizar trabajos en defensa de las clases humildes y la búsqueda de independencia del país. Basado en el principio de la no cooperación y desobediencia civil, en 1919 se inicia la campaña de la Satyagraha "fuerza de la verdad", contra el gobierno inglés, dicho movimiento le valió el título de Mahatma "grande alma".
Asimismo consiguió unir a los rebeldes indios del Sur con los musulmanes del Norte para juntos declarar el boicot al gobierno, los niños fueron retirados de las escuelas oficiales, se rechazaron los productos extranjeros, se adoptó la rueca para hilar y se instó a la población a confeccionar sus propias ropas.
"El Padre de la Nación India" fue arrestado muchas veces por los británicos debido a sus actividades en Sudáfrica y la India, creía que era honorable ir a la cárcel por una causa justa. En conjunto pasó siete años en prisión y ayunó durante largos periodos en diversas ocasiones.
En septiembre de 1932, mientras estaba en la cárcel, llevó a cabo un “ayuno hasta la muerte” para mejorar la situación de la casta de los intocables. Los británicos, al permitir que los intocables fueran excluidos del electorado indio, estaban, según Gandhi, cometiendo una injusticia. Aunque él mismo era miembro de la casta vaisya (mercaderes), Gandhi se consideraba el gran líder del movimiento indio que tenía como finalidad la erradicación de la injusticia social y económica del sistema de castas.
Luego de su continua lucha, la India alcanzó su independencia en 1947, separándose en dos países: India y Pakistán.
No obstante y a pesar de que Gandhi había abogado por una India unida, donde los hindúes y musulmanes pudieran vivir en paz, los enfrentamientos no se hicieron esperar. Un 13 de Enero de 1948, a la edad de 78 años, comenzó un ayuno con el propósito de detener el derramamiento de sangre. Tras 5 días, los líderes de ambas facciones se comprometieron a detener la lucha y Gandhi abandonó el ayuno. Doce días más tarde fue asesinado por un fanático hindú miembro de la "Organización para el Servicio de la Nación". Este movimiento reprochaba al líder espiritual el haber hecho demasiadas concesiones a los musulmanes y se oponía a su programa de tolerancia hacia todos los credos y religiones.
Fue asesinado a quema ropa y de cuatro balazos en Delhi, por Vinayak Nathura Godse, mientras se dirigía a su habitual rezo de la tarde.
En el lugar en que fue incinerado, se erigió un mausoleo en su honor, llamado Raj Ghat
La muerte de Gandhi fue considerada como una catástrofe internacional. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró un periodo de luto y todos los países expresaron sus condolencias.
El gran físico teórico Albert Einstein dijo de Gandhi: "Las generaciones del porvenir apenas creerán que un hombre como éste caminó la tierra en carne y hueso."
Eripere.com.

249. No violencia en la historia del pensamiento en Estados Unidos


Cuando un pueblo se dispone a hacer un cambio social, antes debe decidir si emplea o no la violencia para conseguir sus objetivos. Es posible que quienes opten por la no violencia no sean objetores de conciencia contra la violencia, sino que creen que la no violencia no les ayudará en lograr sus objetivos, o porque temen las lesiones, o son incapaces de persuadir a otros a que se les unan en la ejecución de acciones violentas. En este caso, la no violencia puede calificarse de conveniente o pragmática.
Sin embargo, a lo largo de los siglos hubo muchos que pudieron haber conseguido sus objetivos por medio de la violencia – porque disponían de los medios, el temple y la fuerza para cometer actos violentos — pero que libremente optaron por la no violencia sin importar las circunstancias. Se adhirieron al principio de la no violencia. Si bien muchos adoptaron este principio por razones afectivas o culturales, también influyó en ellos una rica tradición intelectual contenedora de unos argumentos lógicos a favor de la no violencia.
Esta tradición intelectual fluye a lo largo de la historia de Estados Unidos como una corriente subterránea, con sus raíces en el cristianismo anabautista de la Europa del siglo XVI, fecha a la que se remontan los orígenes del protestantismo. Los anabautistas rechazaban la violencia con su manifiesta consagración a una vida apartada de la sociedad moderna y de sus conflictos. Algunos de sus descendientes llegaron a Estados Unidos donde establecieron las históricas iglesias dedicadas a la paz.
La contribución particular de Estados Unidos a esta tradición intelectual surgió cuando otros cristianos, que sí estaban muy involucrados en los conflictos de la sociedad, decidieron adoptar el principio de no violencia como la única vía para lograr cambios sociales y políticos. El proceso dio comienzo en los tiempos de la colonia, antes de que Estados Unidos proclamara su independencia de Inglaterra, y entre los miembros de la Sociedad de Amigos, mejor conocidos como cuáqueros. Su estricta adhesión a la no violencia motivó que algunos se opusieran al pago de impuestos para el financiamiento de guerras, a la esclavitud de africanos traídos a América, y a la persecución y el desplazamiento de los pueblos indígenas nativos. Sin embargo, los cuáqueros eran, sobre todo, un grupo religioso cuyas creencias los obligaban a la no violencia.
En la trayectoria histórica del principio de no violencia, el momento decisivo se produjo en las décadas segunda y tercera del siglo XIX, cuando un grupo de personas de diferentes antecedentes religiosos comenzaron a exigir la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. Estos abolicionistas eran casi todos cristianos, pero no todos estaban comprometidos con el ideal de la no violencia para el logro de sus fines. Sin embargo, los que sí lo estaban se unieron para formar el primer grupo establecido en torno al ideal de efectuar un cambio político y social sin recurrir a medios violentos. Creían en Dios como rey supremo del universo y, por consiguiente, ningún ser humano podía ejercer su autoridad sobre otro ser humano. Su denuncia contra la esclavitud se fundamentaba en este principio. A esta concepción de la violencia como manera de ejercer autoridad, le sucedía lógicamente la renuncia a la misma.
La misma línea de pensamiento influyó sobre el gran ensayista Henry David Thoreau, quién fue encarcelado por no pagar al gobierno los impuestos que financiarían la guerra y la esclavitud. En su famoso ensayo de 1848 titulado “Desobediencia civil”, Thoreau explicó las razones por las que nunca acataría leyes injustas, sin importarle el castigo que le impusieran, ya que sus acciones debían seguir los dictados de su conciencia antes que responder pasivamente a las demandas del gobierno. El propósito de Thoreau era defender su propia virtud moral y su libertad de actuar conforme a su propia idea de la verdad. Además, señaló Thoreau, si muchas personas transgreden las leyes injustas, pueden “obstruir la maquinaria” del gobierno.
Tolstoy y Gandhi
Los escritos de los abolicionistas y de Thoreau fueron fuente de inspiración para el gran novelista ruso Leo Tolstoy, quien se convirtió en fiel partidario de la no violencia. Sus escritos fueron a su vez determinantes en el ideario de la figura más insigne del activismo no violento, Mohandas K. (Mahatma) Gandhi, líder del movimiento de independencia de la India. En el siglo XX, las ideas de Tolstoy y Gandhi retornaron a Estados Unidos donde entusiasmaron a muchos estadounidenses, quienes eran desconocedores de que gran parte de la teoría de la no violencia trazaba sus orígenes a su propio país.
Para Gandhi, la no violencia era una cuestión de intención, más que de comportamiento. Definió la “violencia” como la intención de ejercer coacción sobre una persona para que haga algo que esa persona no quiere hacer. Las acciones no violentas tales como boicots, bloqueos y desobediencia de la ley pueden parecer coactivas, pero si se hacen en el verdadero espíritu de la no violencia, son meramente formas de alinear su comportamiento a su idea personal de la verdad moral. Los demás son libres de responder de la manera que elijan. Un seguidor de la no violencia propugnada por Gandhi observó que, conforme al ideario de Thoreau, “yo hago lo que creo debo hacer. Usted haga lo que crea debe hacer. Puede encarcelarme, golpearme o hasta matarme, pero no podrá privarme de la libertad de ser fiel a mi conciencia”.
Gandhi aceptaba que sus llamamientos instaban a todos a actuar conforme a una visión subjetiva de la verdad. Nadie es poseedor de toda la verdad, señalaba Gandhi, y debemos ser receptivos a la posibilidad de más tarde tener que reconocer nuestro error. Es por ello que nunca debemos imponer nuestras ideas sobre los demás. Pero debemos afianzarnos, incluso hasta la muerte, en la verdad tal como la percibimos ahora. Sólo así podremos descubrir por nosotros mismos lo que es la verdad en una situación determinada.
Ya que la no violencia equivale a la no coacción, las personas que se adhieren a este principio creen que nunca deben intentar resolver una situación conforme a sus deseos. Su trabajo no obedece a fines egoístas, sino al bien de todo el mundo y consecuente con su propia visión. De hecho, según Gandhi, no debe preocuparles en absoluto el resultado de sus acciones. Sólo deben asegurarse de que sus acciones son en todo momento consonantes con lo que es moralmente correcto. Las acciones conjugadas con la verdad moral son tanto el fin como el medio de la no violencia, y su objetivo es un proceso justo. Por consiguiente, no hay que juzgar la no violencia por su capacidad de producir resultados.
El más famoso exponente de la no violencia en Estados Unidos es Martin Luther King Jr., gran portavoz de la demanda de derechos civiles de los afroestadounidenses en los años 50 y 60 del siglo pasado. King convenía con Gandhi en que las acciones no violentas debían emprenderse por el bien de todas las personas, aun por el de los injustos y los opresores. King afirmó que “somos cautivos de una inescapable red de mutualidad tejida en una única trama del destino. Todo lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente”.
A diferencia de Gandhi, King se preocupaba por los resultados de sus acciones. Juzgaba las estrategias del movimiento de derechos civiles no solo por su valor intrínseco moral, sino por su efectividad en la eliminación de la discriminación contra la población de raza negra. Le interesaba provocar el conflicto y ganar victorias políticas.
Sin embargo, King sostenía que siempre que se trabaje sin violencia por la justicia y la igualdad, el resultado del conflicto será una mayor justicia y paz para todos. De modo que, a su manera de ver, el éxito personal y el beneficio para la sociedad no son incongruentes. “Estamos en la posición afortunada de tener nuestro más profundo sentido de moralidad fusionado con nuestro propio interés”. Aun cuando nuestras acciones requieran la confrontación y la presión inflexibles, afirmó King, siempre que actuemos motivados por un amor desinteresado que ofrecemos por igual a ambas partes del conflicto, estaremos trabajando para armonizar las partes contrarias y para mejorar la vida de todos. Gandhi seguramente estaría de acuerdo con King.
Resultados de la no violencia
El movimiento de derechos civiles dejo demostrado que, si se opta medir con esta vara, la no violencia produce resultados. En los años 60 del siglo pasado, el movimiento no violento a favor del cese del conflicto en Vietnam, influido por el éxito de los activistas de derechos civiles, cumplió una importante función para persuadir al gobierno de Estados Unidos para que retirara sus tropas de Vietnam.
Hasta los años 60, la mayoría de los estadounidenses comprometidos con el principio de la no violencia emprendían acciones a partir de sus creencias religiosas cristianas. Sin embargo, el movimiento de protesta en contra de la guerra de Vietnam atrajo a muchos que no eran cristianos. La cantidad de miembros de la Asociación Judía por la Paz (fundada en 1941) aumentó significativamente. El incipiente movimiento budista a favor de la paz siguió las enseñanzas de Thich Nhat Hahn y, más tarde, del Dalai Lama.
El principio de no violencia captó la atención de muchos estadounidenses no afiliados a una religión. Muchos encontraron inspiración en los escritos de la activista feminista Barbara Deming. La no violencia es necesariamente coactiva, escribió ella. Sin embargo, sólo obliga a las personas a no emprender acciones que, moralmente, no son justificables. Deja intacta su libertad de obrar con justo derecho. De ahí que la no violencia sea la manera más eficaz de efectuar un cambio social y político duradero, porque es la manera que menos suscita el antagonismo de las personas afectadas por el cambio.
A partir de los años 60, se ha observado en Estados Unidos un gran interés en aplicar el principio de la no violencia a muchas cuestiones políticas, a pesar de que sus adeptos son todavía una pequeña minoría de la población.
Los movimientos de no violencia en Estados Unidos han contribuido a generar movimientos similares en todo el mundo. Estos movimientos son responsables de importantes mejoras en las condiciones de vida en otros países y, en particular, tras el derrocamiento de regímenes totalitarios en Europa Oriental y las Filipinas. Los activistas no violentos contribuyeron a resolver viejos y enconados conflictos en Irlanda del Norte, Guatemala y Timor Oriental, entre otros. Ahora dirigen su activismo a los muchos frentes en las zonas de conflicto en todo el mundo. En los anales de la historia, Estados Unidos figurará como partícipe central de un proceso global y constante para la consecución no violenta de cambios sociales y políticos.
Ira Chernus. Profesora de Estudios Religiosos en la Universidad de Colorado, Boulder y autora de American Nonviolence: The History of an Idea(La no violencia en Estados Unidos: la historia de una idea).
America.gov. 9/3/2009

Revista Conexión Social

Universidad Autónoma de Zacatecas presenta: Panel sobre el Día Internacional de la Paz

Consejo de Valores Nuevo León y Cultura de Paz y No Violencia Monterrey

Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda

Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda
Pídelo al 01 81 2115 0135

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey. Juntos, Podemos hacer la Paz, Podemos Ser la Paz. Creador/Coordinador: José Benito Pérez Sauceda; *Pintura de la cabecera: Pérez Ruiz.
Cultura de Paz y No Violencia Monterrey desde 2010.

Llamado

Llamado

Cultura de Paz Monterrey en tus redes sociales.

Cultura de Paz Monterrey en tus redes sociales.
Cultura de Paz Monterrey Twitter: https://twitter.com/CulturadePazMty y Cultura de Paz Monterrey Facebook: https://www.facebook.com/culturadepazmonterrey/

Participa en la sección "Opinión"

Cultura de Paz Monterrey

Cultura de Paz Monterrey