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1050. "Los poderosos del mundo pueden y deben actuar para garantizar la paz que el mundo necesita como nunca": José Mujica

Mujica hace un llamado urgente a la paz y contra el incremento de la tensión internacional
El Presidente de la República de Uruguay, José Mujica, lanzó un llamado urgente a los líderes de las principales potencias del mundo para que detengan la creciente ola de tensiones y amenazas a la paz mundial y dediquen sus esfuerzos a atender los dramáticos problemas que afligen al mundo.
“Es hora. Los poderosos del mundo pueden y deben actuar ya para detener el aumento de la tensión internacional, para garantizar la paz y una gobernanza global que el mundo necesita como nunca, para fortalecer los mecanismos de diálogo, cooperación y acción común, a todos los niveles”.
“Pueden hacer posible que el mundo se concentre en las tareas urgentes y esenciales que tiene por delante: proteger el ambiente y evitar que sigamos destruyéndolo en esta loca carrera al consumo; asegurar comida, salud y educación dignas para todos los habitantes del planeta; garantizar la autodeterminación de cada pueblo, y defender la libertad, la democracia y   los derechos humanos dentro de cada país; construir un mundo de paz para nuestros contemporáneos y para las generaciones que les seguirán”, añadió.
El mensaje del mandatario uruguayo está contenido en un artículo escrito para la revista “International Policy Journal”, de próxima aparición, y toma estado público a pocas horas del comienzo de las reuniones de alto nivel de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, en el año en el que se celebra el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial.
Mujica recuerda que quienes convivieron con la llamada Guerra Fría, se habituaron a vivir en ese clima de tensión, “y sabemos cuánto sufrió el mundo, y cuánto pagaron nuestros pueblos por esos enfrentamientos”.
Pero si antes quienes se enfrentaban eran dos grandes potencias, advierte, “ahora tenemos, en el frente de batalla o detrás de bambalinas, a un grupo grande de nuevos aspirantes a ocupar los primeros lugares del poder global, todos con enorme poder político y económico y aspiraciones de seguir creciendo, casi todos con armamento nuclear a disposición”.
Y pronostica que arriesgamos enfrentarnos a “una multiplicación de enfrentamientos sangrientos, de sanciones y de embargos, de limitación del comercio y de las políticas de desarrollo, de ulteriores retrasos en el cumplimiento de las metas básicas que garanticen una vida digna a todos los habitantes del planeta”.
Puede ser aún peor, siguió el Presidente, “si el clima se sigue enrareciendo y las tensiones aumentan, no habrá ya un teléfono rojo como el que vinculaba a las dos superpotencias del siglo XX, y las posibilidades de detener, aunque más no fuera in extremis, una hecatombe, se reducirán drásticamente”.
presidenciadeuruguay.com. 20/09/14
http://www.presidencia.gub.uy/comunicacion/comunicacionnoticias/mujica-paz

Un llamado urgente a la acción
Han pasado tres años desde Rio+20, nos acercamos a toda marcha a 2015, el año en el que los gobernantes de todos los países del mundo indicaron como límite para erradicar la pobreza extrema y el hambre, para asegurar educación y salud básica para todos, para garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, para fomentar una alianza global para el desarrollo, los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio.
En Rio+20 se aprobó un documento, titulado “El futuro que queremos”, en el que todos propusimos “un ambicioso marco de desarrollo sostenible para satisfacer las necesidades de las personas y del planeta, proporcionando la transformación económica y la oportunidad para ayudar a las personas a salir de la pobreza, la promoción de la justicia social y la protección del medio ambiente”.
Los organismos de Naciones Unidas están trabajando para lanzar en 2015 una agenda global de desarrollo sostenible para la siguiente década.
No pretendo minimizar los esfuerzos que muchos han hecho a todo nivel para avanzar en el cumplimiento de las metas, ni esconder que algunos logros de mucha importancia se han alcanzado.
En nuestra propia región, en la desigual e injusta América Latina, decenas de millones de personas han superado en estos años la pobreza, han accedido a la educación y a la salud, han alcanzado aquella utopía del Presidente brasileño Lula da Silva, cuando prometía que todos los brasileños comerían tres veces por día, algo quizás de poca importancia para muchos, pero que era una consigna revolucionaria para millones que en Brasil y fuera de él, esas tres comidas no las tenían garantizadas.
Y así fue para la educación, y la salud, y los derechos, para muchos millones, en nuestra región y en el mundo.
No olvido tampoco que según datos de Naciones Unidas, la esperanza de vida promedio mundial en los años ‘50 era de 47 años, mientras que en 2005-2010 fue de 65-68 años para los hombres y de 70 para las mujeres.
Pero sin menospreciar todo esto, si miramos al planeta en su conjunto, si miramos a nuestra especie ¿qué hemos logrado?, ¿en qué punto estamos? ¿Podemos decir que estamos mejor? No, definitivamente no. Los mismos acuciantes problemas que se denuncian desde la década del ’70 del siglo pasado siguen presentes y se han seguido agravando, alcanzando en muchos casos niveles de extrema alarma. Y otros muchos nuevos se han sumado a la lista.
No hemos hecho nada para frenar la alocada carrera del modelo de producción y consumo. Cada día es mayor la producción y la generación de riqueza, pero las injusticias aumentan. Cada día es mayor el gasto desenfrenado de los recursos finitos del planeta, y los daños al ambiente. Se están cumpliendo las peores previsiones científicas con relación al cambio climático y el calentamiento global. Cada día, la aceleración, y la cercanía del abismo, es mayor.
Y no hay que buscar mucho, ni inventar nada, para demostrarlo. Alcanza enumerar algunos datos que los expertos de los organismos internacionales han expuesto al mundo.
·         El daño causado por los efectos del clima podría ser de 1 a 2% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial para 2100 si las temperaturas registran un aumento de 2,5°C por encima de los niveles preindustriales. Esta estimación de los daños aumenta a 2-4% del PIB mundial para un aumento de 4°C.
·         Durante la última década, las emisiones de CO2 a partir del consumo de combustibles fósiles han seguido la más pesimista de las proyecciones ampliamente utilizadas en el Informe Especial sobre los Escenarios de Emisiones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC 2000).
·         La desertificación avanza a un ritmo de entre 50.000 y 70.000 kilómetros cuadrados al año y 38 millones de kilómetros cuadrados, o alrededor de una cuarta parte de las tierras del mundo, ya son desiertos. (IV Foro Internacional de Desiertos, Kubuqi, norte de China)
·         El nivel del mar promedio a nivel mundial, relativamente constante durante casi tres mil años, registró un aumento de aproximadamente 170 mm durante el siglo XX (IPCC 2007b), y se estima que se elevará por lo menos otros 400 mm (±200 mm) para el año 2100. (IPCC 2007a).
·         El mundo perdió más de 100 millones de hectáreas de bosques entre 2000 y 2005, y también ha perdido el 20% de los hábitats de praderas marinas y manglares desde 1970 y 1980, respectivamente. En algunas regiones se ha perdido hasta el 95% de los humedales. Los arrecifes coralinos se han degradado en un 38% a nivel mundial desde 1980.
·         Entre 1960 y la actualidad, se ha triplicado la cantidad de granos (trigo, arroz, soja, etc.) producidos en el mundo, mientras que la población mundial se ha multiplicado por 2, o sea que la cantidad de alimentos producidos per cápita ha aumentado un 50%.
·         Entre el 30% y el 50% de los 4.000 millones de toneladas de alimentos que se generan en el mundo son desechados o no se utilizan. Mientras, cerca de mil millones de seres humanos pasan hambre.
·         De los más de 800 millones de personas con hambre en el mundo, el 80% viven en zonas rurales. Según la FAO, el año 2008, año de la crisis alimentaria, fue año récord de producción de alimentos.
·         Ochenta y cinco personas acumulan más riqueza que más de 40 por ciento de la humanidad.
·         La tasa de mortalidad infantil en Europa y América del Norte es de 6 por cada mil nacidos vivos. En Africa llega a 74.
·         De los 925 millones de personas desnutridas en el mundo, 578 millones están según la FAO en las regiones de África y Asia y el Pacífico, y en el África subsahariana eran en 2010 el 30% de la población total.
·         Más del 95% de las muertes relacionadas con desastres naturales entre 1970 y 2008 ocurrieron en países en vías de desarrollo.((Los datos de los párrafos en los que no se especifica la fuente fueron extraídos del Geo-5, Informe ambiental global 2012 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente)).
El Informe ambiental global 2012 recuerda que hace ya muchos años, en la década del ’70, U Thant, por ese entonces Secretario General de la ONU, decía a la Asamblea General del organismo: “Al observar la puesta del sol, noche tras noche, a través de la niebla sobre las aguas envenenadas de nuestra tierra natal, debemos preguntarnos seriamente si realmente queremos que algún futuro historiador del universo, en otro planeta, diga sobre nosotros: «Con toda su inteligencia y toda su habilidad, se quedaron sin previsión, sin aire, ni alimentos, ni agua y sin ideas”.
Hoy podríamos coincidir plenamente con ese lúgubre pronóstico, agravado por los años de inacción y de agravamiento de la realidad. Pero hoy sabemos mucho más, podemos prever, tenemos más elementos culturales y de investigación, y como nunca antes el mundo dispone globalmente de una masa de recursos gigantesca, suficiente para enfrentar la emergencia.
¿Dónde está el problema? ¿Qué provoca la parálisis, la falta de respuesta?
Lo he repetido ya muchas veces. A mi juicio nuestro problema fundamental no es con el ambiente, aunque tengamos una crisis ambiental. La causa que explica que no podamos enfrentarla es política, tenemos un problema político, el problema del medioambiente es consecuencia de un problema de orden político.
Hemos entrado en una etapa de la humanidad en que tenemos necesidad de empezar a razonarcomo especie, no solo como país. Hay que defender la vida como especie. Necesitamos un pensamiento globalizado que cubra toda la tierra y no tenemos gobernanza, lo único que tenemos es una lucha despiadada de intereses económicos, y estamos sin brújula.
La economía globalizada no tiene otra conducción que el interés privado de muy pocos y cada Estado mira su propio interés. Nuestro sistema productivo está preso en la caja de los bancos, que son la verdadera cúspide del poder mundial.
Los gobiernos, aún los de las mayores potencias, miran con mirada de corto plazo, a los políticos les preocupa principalmente el resultado de las próximas elecciones. Mientras tanto, nadie se preocupa de mirar a la humanidad como un todo, nos cuesta mirar y pensar como especie.
Cuando un puñado de mujeres africanas camina cinco kilómetros para conseguir dos baldes de agua, no es un problema de África, es un problema de la humanidad entera.
¿Hasta cuándo deberemos aceptar que la economía mundial, que todo lo que producimos, sea regido por una moneda como el dólar, que es como un metro de goma, que se estira o se encoge por decisión de un grupo de señores banqueros?
El mundo reclama a gritos reglas globales. Se precisa hoy definir las horas de trabajo, la posible convergencia de las monedas, cómo se financia la lucha global por agua y contra la desertificación, cómo y qué se recicla y cómo se presiona contra el calentamiento global.
Hemos entrado aceleradamente en una nueva época, pero con políticos, atavíos culturales, partidos y jóvenes, todos viejos, inermes ante la pavorosa acumulación de cambios. No podemos manejar la globalización porque nuestro pensamiento no es global, no sabemos si por una limitante cultural o porque hemos llegado a límites biológicos. Estamos asistiendo a una expansión brutal de las fuerzas productivas, a una acumulación de capital y de conocimiento como nunca ha visto la historia de la humanidad, nunca hemos tenido las herramientas intelectuales que hoy tenemos.
No podemos tampoco decir que no hay dinero, gastamos en el mundo dos millones de dólares por minuto, cinco mil millones diarios, en presupuestos militares.
Tenemos dinero, el asunto es cómo y para qué lo estamos gastando. No sólo gastamos en armamento, hemos montado una civilización basada en el despilfarro, en usar y tirar, una civilización que exige gastar y usar e inventar cosas para tirarlas inmediatamente y comprar otras.
Y cuando me opongo a esa cultura del despilfarro, del producir para tirar, no estoy proponiendo que dejemos de crecer y de producir, no es que haya que paralizar la economía o nacionalizarlo todo: hay un mercado de carácter gigantesco esperando.
¿Qué pasaría si nos planteásemos eliminar la pobreza, y en primer término, la indigencia, pero no en un país, a escala universal? ¿Qué pasaría si millones de hambrientos de Africa tuvieran la posibilidad de alimentarse, de consumir? ¡Qué dinamismo le darían a la economía mundial!
Sería imperioso lograr grandes consensos para desatar solidaridad hacia los más oprimidos, castigar impositivamente el despilfarro y la especulación. Movilizar las grandes economías no para crear productos descartables sino bienes útiles, sin frivolidades ni obsolescencias calculadas, para ayudar al mundo pobre.
Mucho más redituable que hacer guerras es volcar un neo keynesianismo útil de escala planetaria para abolir las vergüenzas más flagrantes del mundo.
Nuestro mundo precisa menos organismos mundiales, que organizan foros y conferencias que sólo sirven a las cadenas hoteleras y a las compañías aéreas, y que en el mejor de los casos producen declaraciones que nadie recoge, ni actúa por sus decisiones.
Ni los grandes estados nacionales, ni las trasnacionales, y menos el sistema financiero, deberían gobernar el mundo. Necesitamos a la alta política entrelazada con la sabiduría científica en el poder, esa ciencia que no apetece el lucro, sino el porvenir. La inteligencia y no el interés en el mando.
Nuestra época es portentosamente revolucionaria, como no conoció otra la humanidad, pero falta en el mundo una conducción global consciente.
La codicia, que fue motor poderoso para empujar al progreso material, técnico y científico, nos está precipitando a un abismo brumoso. Es como si las cosas tomaran autonomía y sometieran a los hombres.
Estas contradicciones que se acumulan y agravan tienen lógicas e inevitables consecuencias en el mundo político, desde donde nos llegan nuevas y muy alarmantes señales de alerta.
Durante estos últimos meses se han ido acumulando en la política mundial tensiones crecientes, el clima político a nivel global y entre las principales potencias se ha enrarecido, los episodios de guerra o conflictos graves, o de desestabilización, que afectan a enteras regiones o a países, se han multiplicado: Ucrania, Siria, el Medio Oriente, Irak y Afganistán, Corea, el mar de China, Libia, Somalia, Sudán y Nigeria. Podríamos seguir, y la lista sería interminable.
Conflictos que estaban latentes explotan y se vuelven guerra declarada, otros, añosos, se gangrenan y agravan. En todos los casos, con miles de víctimas inocentes que llaman a nuestra conciencia y reclaman nuestra intervención.
Nos resistimos a verlo, parece que no somos capaces de reconocer la realidad, pero tiempos que parecían desaparecidos pujan por instalarse nuevamente en nuestras vidas, y lo hacen a una velocidad creciente. Se interrumpen negociaciones por el desarme, se habla nuevamente de planes de despliegue armamentístico, quienes hasta hace poco se miraban como socios, o al máximo como competidores, ahora se vuelven a considerar casi enemigos.
Quienes tenemos unos cuantos años, y convivimos con la llamada Guerra Fría, nos habituamos en el pasado a vivir en ese clima de tensión, y sabemos cuánto sufrió el mundo, y cuánto pagaron nuestros pueblos por esos enfrentamientos.
Más aún, si antes las que se enfrentaban eran dos grandes potencias, en un mundo perfectamente bipolar, ahora tenemos, en el frente de batalla o detrás de bambalinas, a un grupo grande de nuevos aspirantes a ocupar los primeros lugares del poder global, todos con enorme poder político y económico y aspiraciones de seguir creciendo, casi todos con armamento nuclear a disposición.
El panorama que probablemente tendremos delante en los próximos meses o años será el de una multiplicación de enfrentamientos sangrientos, de sanciones y de embargos, de limitación del comercio y de las políticas de desarrollo, de ulteriores retrasos en el cumplimiento de las metas básicas que garanticen una vida digna a todos los habitantes del planeta.
Pero puede ser aún peor. Si el clima se sigue enrareciendo y las tensiones aumentan, no habrá ya un teléfono rojo como el que vinculaba a las dos superpotencias del siglo XX, y las posibilidades de detener, aunque más no fuera in extremis, una hecatombe, se reducirán drásticamente.
Los líderes de todo el mundo renovaron, después de la Cumbre de Rio+20, sus compromisos de erradicar la miseria extrema y asegurar educación y salud, contenidos en los Objetivos de desarrollo del Milenio, y se preparan para aprobar en 2015 una agenda global de desarrollo sostenible para la siguiente década.
Pero ¿será posible en un escenario de tantas tensiones que los dirigentes de las naciones dediquen sus fuerzas a mejorar la vida de sus congéneres? Y aunque lo hagan, ¿de qué servirá disminuir la mortalidad infantil por hambre y enfermedades curables, si luego los niños, los mismos niños pobres de siempre, mueren por miles en los bombardeos de sus ciudades?
Este año se cumple el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial, y en pocos días la Asamblea General de Naciones Unidas se reunirá y analizará como todos los años el estado del mundo.
Es hora. Los poderosos del mundo pueden y deben actuar ya para detener el aumento de la tensión internacional, para garantizar la paz y una gobernanza global que el mundo necesita como nunca, para fortalecer los mecanismos de diálogo, cooperación y acción común, a todos los niveles.
Pueden hacer posible que el mundo se concentre en las tareas urgentes y esenciales que tiene por delante: proteger el ambiente y evitar que sigamos destruyéndolo en esta loca carrera al consumo; asegurar comida, salud y educación dignas para todos los habitantes del planeta; garantizar la autodeterminación de cada pueblo, y defender la libertad, la democracia y los derechos humanos dentro de cada país; construir un mundo de paz para nuestros contemporáneos y para las generaciones que les seguirán.
José Mujica

1016. "No puedo ni debo aceptar premios a la paz en las condiciones de este mundo": José Mujica

Desaira Mujica el premio Nobel a la Paz
El presidente de Uruguay explicó que no aceptaría un premio de este nivel cuando el mundo que tenemos hoy en día es un 'desastre' 
"Yo no puedo ni debo aceptar premios a la paz en las condiciones de este mundo", dijo, poco antes de terminar su mandato y con su nombre siempre revoloteando entre los candidatos al Nobel, el presidente de Uruguay, José "Pepe" Mujica, quien calificó de "desastre" al contexto internacional actual.
Consultado en una entrevista, sobre si se ve ganando el Premio Nobel de la Paz, Mujica contestó: "No, en absoluto. Yo no puedo ni debo aceptar premios a la paz en las condiciones de este mundo. Se criticó mucho la Guerra Fría y, obviamente, no fueron años dulces; pero fueron mucho más ordenados que el desastre que tenemos hoy en día".
"Por lo menos antes había teléfonos y los tipos se hablaban, había reglas del juego. Lo de hoy es una locura. Que no me vengan a decir ¡ay la Guerra Fría! porque esto es la guerra caliente. Conflictos en Ucrania, en Libia, en Irak, ni hablemos de Siria, Palestina o África...En esas condiciones el Nobel de la Paz no lo veo", completó Mujica, desde su chacra a las afueras de Montevideo.
Mujica, quien se ha convertido en un referente internacional por las políticas sociales y económicas que ha puesto en marcha en su país, se refirió a los conflictos en el mundo, entre ellos, el que se vive en el este de Ucrania entre el gobierno y los separatistas prorrusos.
"Ucrania es un territorio que debería ser puente y lo han querido transformar en una parte definida de Europa. Esto desató al oso de la estepa, que no puede permitirlo. No es que Rusia tenga derecho a apropiarse de Ucrania, es que Ucrania debe ser objetivamente mucho más neutral entre Rusia y Europa para que sea una tierra habitable", opinó.
Respecto a la ofensiva de Israel en la Franja de Gaza , apeló a la responsabilidad de la comunidad internacional. "En lugar de hacer muros, sería más inteligente permitir cascos azules y terminar con el infierno de la guerra y entrar a negociar las condiciones de paz y reconocimiento mutuo", aseguró.
"Esa espiral de unos tirando cohetes y otros bombas no crea más que odio. Estados Unidos podría ahí ser un poco más imperialista, meter a los rubios (soldados) entre medias y mandar parar. Ese sería un imperialismo bueno"", lanzó, en un cuestionamiento a Washington.
Al ser preguntado sobre Venezuela, Mujica opinó que "es un país riquísimo y esa es su mayor condena". "El petróleo es como una maldición, tiene una brecha agrícola enorme de importación de alimentos, el costo interno de la energía es increíble, pero pese a todo eso, tiene posibilidades gracias a su gente", agregó.
Sin embargo, arremetió contra las intervenciones del exterior en el país gobernado por Nicolás Maduro: "No hay derecho a meterse en las cosas de Venezuela. Siempre me preguntan: ¿qué piensa de Venezuela y de Cuba?, pero ¿por qué no me preguntan sobre China? No lo hacen porque es una potencia económica muy importante. Hay una tolerancia bárbara con China, pero no con Venezuela y Cuba", criticó.
Respaldo a Argentina
El presidente de Uruguay ofreció su respaldo a Argentina en medio de la actual crisis económica y ofreció su eventual asistencia. "Respaldamos a Argentina, y si tuviéramos que ayudarla en el marco de otros países de América Latina, lo haríamos. Es un país grande, rico, orgulloso, tiene pasado de potencia. Hay que pensar que los vecinos no se mudan y hay que aprender a vivir con esas contradicciones", dijo.
Balance
Respecto a su gobierno, a pocos meses de terminar la legislatura, Mujica destacó la bajada "sustantiva" de la pobreza en su país. "En estos nueve años bajó del 38 por ciento al 11 por ciento. Nuestro PBI ha aumentado y ha habido una mejora en la redistribución de la riqueza", subrayó.
El presidente uruguayo reconoció, por otro lado, que queda trabajo por hacer en materia de educación. "Pretender tener una mejor educación sin desarrollo económico es imposible (...) ¡Ojo!, no digo que esto sólo se arregle con dinero, lo que digo es que no se arregla sin él, que es diferente", matizó.
eluniversal.com.mx. 24/08/14
http://www.eluniversal.com.mx/el-mundo/2014/desaira-mujica-el-premio-nobel-a-la-paz-1032709.html

972. Proponen a José Mujica para el Nobel de la Paz

Alemanes proponen a José Mujica como Nobel de la Paz
Profesionales de la Universidad de Bremen enviaron la petición al comité de la organización en Noruega.
Montevideo, Uruguay. El estilo presidencial de José Mujica generó nuevamente un pedido de distinción. Un grupo de profesores de la Universidad de Bremen, de Alemania, envió una carta al comité de Noruega para pedir que el Nobel de la Paz 2014 pertenezca al mandatario de Uruguay.
Fueron 115 profesionales que ya estamparon su firma. Entre ellos, hay docentes, criminólogos y catedráticos de la Justicia penal de Alemania, que se reunieron con el parlamento de ese país para solicitar se tome el camino de Uruguay con la legalización de la marihuana.
Con cuatro puntos pilares para la solicitud, el primero resalta que "jugó un papel central para la transformación de los Tupamaros en un grupo político legal, su humilde estilo de vida ("más humilde líder del mundo"), que incluye su rechazo de la riqueza individual y el consumismo excesivo".
Los otros tres incluyen la legalización de la marihuana, su pasado privado de libertad y su política de ayuda con sus países vecinos.
Los doctores Lorenz Böllinger, Horst Bossong, Henner Hess, Stephan Quensel, Sebastian Scheerer, Henning Schmidt-Semisch, Heino Stöver, Gundula Barsch, y Johannes Feest son algunos de los firmantes. Activistas holandeses ya habían postulado a Mujica para el premio 2013.
Chilevision.cl. 30/01/2014

Alemanes proponen a Mujica como premio Nobel de la Paz
Un grupo de profesores de derecho penal de ese país envió la carta al comité de la organización en Noruega
Montevideo, Uruguay. Encandilados con el estilo del presidente José Mujica y la reciente aprobación de la ley que despenaliza el comercio de la marihuana, un grupo de profesores de derecho penal de la Universidad de Bremen de Alemania envió una carta al comité de Noruega para solicitar se postule al premio Nobel de la paz 2014 al mandatario uruguayo.
Los 115 profesionales que ya firmaron la misiva, entre docentes, criminólogos y catedráticos de la Justicia penal de Alemania, se reunieron con el Parlamento de ese país para solicitar se tome el camino de Uruguay con la legalización de la marihuana, informó Frans Bronkhorst a El Observador, director del organismo que agrupa a los docentes.“José Mujica debería ser galardonado con el premio por sus méritos en la consecución de los derechos humanos, la seguridad humana y el desarrollo sostenible en su país, así como en América del Sur en general”, dice la carta entregada al premio Nobel.
Activistas holandeses ya habían postulado a Mujica para el premio 2013.
A continuación, el texto de la carta:
El Comité Nobel de Noruega   
Estimados señoras y señores: Por la presente los abajo firmantes, profesores universitarios alemanes, les gustaría nombrar a José Alberto ("Pepe") Mujica Cordano (nacido el 20 de mayo de 1935 en Paso de la Arena, Montevideo, Uruguay), actualmente elegido Presidente de Uruguay (República Oriental del Uruguay), para el Premio Nobel de la Paz en 2014. 
José Mujica debería ser galardonado con el premio por sus méritos en la consecución de los derechos humanos, la seguridad humana y el desarrollo sostenible en su país, así como en América del Sur en general. 
En los últimos años, el Sr. Mujica se ha convertido en motivador y modelo a seguir no sólo para los jóvenes de este planeta, sino para todos nosotros. 
Existen al menos tres razones para ello:-Su auténtico y efectivo cambio de un miembro de la Guerrilla de los Tupamaros a un protagonista de la paz, la democracia, derechos humanos y el imperio de la ley; además, jugó un papel central para la transformación de los Tupamaros en un grupo político legal su humilde estilo de vida ("más humilde líder del mundo"), que incluye su rechazo de la riqueza individual y el consumismo excesivo, así como su profesión como criador de flores; es una contradicción agradable al estilo de vida libertino, tanto en términos de riqueza y poder, de otros líderes políticos y económicos-Su valiente abordaje de una política de drogas progresista y con base científica, que se encuentra en fuerte oposición al fallado régimen prohibicionista vigente mundialmente.-El Sr. Mujica pasó varios años en la cárcel, sufrió de aislamiento prolongado y fue amenazado con ejecución extralegal. 
En lugar de estar lleno de amargura o en busca de venganza violenta, se convirtió en un verdadero demócrata y el presidente electo de Uruguay. 
En 2013, José Mujica, firmó una ley que legaliza el comercio controlado y regulado de marihuana en Uruguay. Esta ley ha sido creada para reducir la delincuencia y la violencia en su país, por lo tanto apunta a una reducción de las amenazas a la población, la salud pública y el orden público. Su estrategia no es la de trocar la libertad por la seguridad, sino la de mejorar la seguridad por medio de la libertad. 
Esta estrategia incluye el reconocimiento y la aprobación de la libre determinación en contra de la criminalización y sus efectos secundarios, como la aparición de mercados negros, la formación de pandillas y los cárteles, el lavado de dinero, la corrupción, la violencia, el hacinamiento en las cárceles y otros problemas sociales. Al mismo tiempo esta ley mejora las posibilidades de un uso de drogas mas sensato, de una prevención y un tratamiento mejores. Esta es una insólita, pero valiente y enérgica estrategia que es probable que constituya un nuevo paradigma en la política de seguridad y salud pública, sobre todo en una región del mundo que sufre de efectos secundarios devastadores de la prohibición de las drogas, que incluyen decenas de miles de homicidios y secuestros violentos, así como la destrucción y contaminación de amplias zonas de la naturaleza. 
Este nuevo enfoque de la política de drogas es del más alto interés para otras naciones de América del Sur y del mundo entero y tiene el apoyo de antiguos y actuales líderes de varias naciones. Por lo tanto, el enfoque del Sr. Mujica está diseñado para ayudar a los gobiernos a romper el círculo vicioso de la violencia, la corrupción y la represión desproporcionada que se asocia con las formas tradicionales de la prohibición. 
En suma, estamos firmemente convencidos de que José Mujica es un excelente candidato para ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2014. 
Atentamente
Prof. Dr. Lorenz Böllinger (porta-voz) y:
Prof. Dr. Horst Bossong
Prof. Dr. Henner Hess
Prof. Dr. Stephan Quensel
Prof. Dr. Sebastian Scheerer
Prof. Dr. Henning Schmidt-Semisch
Prof. Dr. Heino Stöver y
Prof. Dr. Gundula Barsch
Prof. Dr. Johannes Feest
Elobservador.com.uy. 30/01/14
http://www.elobservador.com.uy/noticia/270505/alemanes-proponen-a-mujica-como-premio-nobel-de-la-paz/

Nobel de la Paz para “Pepe” Mujica
Cochabamba, Bolivia. Catedráticos de la justicia penal alemana proponen a José Mujica, presidente de Uruguay, para el Premio Nobel de la Paz 2014.
El  galardón, según el testamento de Alfred Nobel, está dirigido “a la persona que haya trabajado a favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz” en el mundo.
José o “Pepe” Mujica, como se lo conoce en al ámbito político, asumió la Presidencia el 1º de marzo de 2010,  habiendo ganado las elecciones con respaldo del Frente Amplio con el 52 por ciento de los votos escrutados, en contra de Luis Alberto Lacalle, del Partido Nacional, su contendor electoral.
El presidente uruguayo tiene un pasado de guerrillero Tupamaru. Por su consecuencia política, tuvo que soportar 15 años de su vida en prisión, fue apresado cuatro veces y se fugó de la cárcel en dos oportunidades. Mujica salió de la cárcel y participó en la recuperación de la democracia en Uruguay a partir del año 1985, gracias a un decreto de amnistía por delitos políticos, comunes y militares.
En su vida política, el año 2004 fue elegido como diputado, luego senador por el Frente Amplio, obteniendo la votación más amplia del país y consolidándose como primera fuerza política del país. El 2005 fue designado en el cargo de Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca en el Gobierno del presidente Tabaré Vásquez.
Diríamos que Pepe Mujica es un presidente singular y excepcional, porque vive en una chacra en las afueras de Montevideo, con un estilo de vida sencillo y humilde para su condición de mandatario del país, dedicado al cultivo de flores y hortalizas como actividad económica a lado de su esposa Lucía Topolansky, primera senadora de la nación, integrante del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaru y que fue también víctima de la prisión y de la tortura y que, además, comparte el estilo de vida de su esposo con sencillez.
El Presidente uruguayo, como característica personal, nunca utilizó corbata ni traje a medida —ni siquiera para cumplir el protocolo– y tiene preferencia por un atuendo informal. Su estilo de vida austero está reflejado en el uso de una peta Volkswagen tipo escarabajo, modelo 1987 como medio de transporte, no usa twitter ni correo electrónico, no tiene tarjeta de crédito ni cuentas bancarias. Mantiene como conducta el rechazo a la riqueza individual y al consumismo exagerado que incentiva la sociedad de mercado. Es el único Presidente de América Latina abiertamente ateo “No tengo religión, pero soy casi panteísta, admiro la naturaleza” asegura Mujica.
El sueldo que percibe Mujica es de 12 mil dólares al mes y señala que “gana más de lo que necesita”. Bajo esa lógica —como ningún otro mandatario en América Latina—,  dona el 90 por ciento de su salario para obras de caridad y la lucha contra la pobreza.  Es parte de su política de gobierno construir viviendas con el aporte de su salario mensual y la venta de propiedades del Estado que se encuentran en desuso.
Por estas circunstancias, se dice que Mujica es el Presidente más pobre del mundo y frente a esa percepción niega esa apreciación.  “Yo no soy pobre” señala, “pobres son los que precisan mucho para vivir, esos son los verdaderos pobres, yo tengo lo suficiente”. “Gano más de lo que necesito”, insiste.
Ésa es la imagen de un personaje público, de un hombre sencillo y austero que para los 115 docentes criminólogos, catedráticos de la justicia penal alemana debe ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz 2014. Hacemos votos para que sea así. 
Constantino Rojas Burgos. Periodista y docente universitario
Constantino Rojas Burgos. Lostiempos.com. 08/02/2014

El Pepe
Camagüey, Cuba. José Mujica no descarta volver a vender flores cuando concluya lo que él llama “la changuita de ser presidente”. Proyecta, además, instalar en su casa una escuela de oficios agrarios dirigida a formar a niños de familias humildes.
En marzo del 2015 entregará la banda presidencial a un sucesor y desde ya se ha elegido a sí mismo para adoptar, como un uruguayo corriente, a unos 30 o 40 “gurises pobres” que vivirían con él y aprenderían a entenderse con la tierra.
El plan es apenas una muestra del pensamiento de un político que desconcierta a quienes “descubrieron” —¡oh, raro hallazgo en estos tiempos!— al hombre de pueblo en el hombre de Estado. La gran prensa y las redes sociales le han colocado el rótulo de “el presidente más pobre del mundo” y hasta el de “el más excéntrico de América Latina”, porque en este planeta, desdichadamente, la modestia se ha vuelto medio exótica.
Mujica replica con su verdad: él no es pobre, porque no necesita mucho para vivir, prefiere andar ligero de equipaje, y la austeridad le ayuda a “mantenerse libre”. Tales argumentos, sin embargo, no hacen más que multiplicar el asombro de una humanidad más orientada a la golosina de la cebolla.
Oyéndole sus discursos improvisados uno aquilata la riqueza de este presidente que dona el 87 % de su salario para su partido y para programas sociales de construcción de viviendas y que nunca se ha mudado de su humildísima chacra (granja) de Rincón del Cerro, a unos 10 kilómetros de Montevideo, haciendo público desplante a la cómoda residencia presidencial.
Aunque siempre audaz, Mujica no siempre fue manso. Su cuerpo supo de seis balas y su expediente de guerrillero tupamaro le hizo pasar 14 años en prisión. En los peores tiempos, la cárcel era un agujero en el piso. Estuvo más de un año sin poder bañarse y siete sin leer nada; sus únicos amigos eran entonces unas ranas, unas ratas y las hormigas que se ponía en las orejas, para entretenerse. Con ellas compartía migas de pan.
Contrario a lo que suele ocurrir, la prisión le multiplicó la humildad, le enseñó a “galopar para adentro” y le armó la certeza de que el odio no sirve en la política. Miles de uruguayos lo esperaron en el otoño de 1984, a la salida de la cárcel; en el 2010, cuando asumió como presidente, pudo entenderse mejor qué habían visto en aquel recluso que recobraba la libertad.
Desde entonces se ha hecho evidente que sus maneras no cuadran en el molde. Aclaró bien temprano que la corbata no le hacía falta para trabajar. Vendió, en bien del país, la residencia de vacaciones presidencial de Punta del Este. Siguió en su casita gaucha con su mujer, la senadora Lucía Topolansky, usando, para ir al trabajo de jefe del país, un carro VW escarabajo del año 1987, todo una pieza museable en la almidonada etiqueta internacional. Mujica vive como un vecino más, hábito del cual muchos se autodespojan no más recibida la banda ejecutiva.
Todavía siembra flores, les regala sus mejores lechugas a los vecinos y se aparece fuera de agenda en un bar de personas sin nombre a medir cómo va el mundo a esa hora. Todavía invita al barbero a pelarlo en la casa y Manuela, su perra coja —tullida en un accidente con el presidente durante una de las jornadas de este como operario de tractor—, parece más agente de seguridad personal que los dos policías que, tras mucha resistencia del estadista, fueron apostados en una garita a velar aquella descorchada casa de tejas metálicas situada a la vera de una calle de tierra.
Pese a estos años en el cargo presidencial, los vecinos aún le llaman El Pepe. Y El Pepe tiene anécdotas dignas de incluirse entre las lecciones políticas que habrán de salvar el mundo. Cierta vez unos futbolistas de segunda división le hallaron junto con Manuela en una ferretería de barrio adonde fue a comprar la tapa de un inodoro, y acabaron reunidos en una animadísima charla deportiva con el presidente, flanqueado por la perra, asido al singular accesorio.
Otro día fueron a dar a su casa, sin previo aviso, unos ciudadanos argentinos que editan una revista comunal, y el Mandatario les dio la entrevista que le pidieron. Y en septiembre del año pasado se apareció en sandalias al juramento de su nuevo ministro de economía.
Hay más. No hace tanto, la seguridad paraguaya le impidió entrar al almuerzo que dio el entonces recién electo presidente Horacio Cartes. ¿La causa? Su atuendo. “Sabíamos que era austero, pero no tanto”, dijeron los guardianes que cuidan al vecino rico.
Como todos, El Pepe tiene detractores y simpatizantes. Entre los últimos se cuentan personas del mundo entero, y no han faltado quienes lo propongan para el Premio Nobel de la Paz. “Están locos —ha comentado Mujica—; un premio de esos podría arrimar unos pesos más pa’ hacer casitas pa’ las mujeres pobres. Pero la paz se lleva dentro”.
Él dirá lo que quiera, sin embargo hay actos suyos que parecen contradecirlo porque merecen el Nobel de la autenticidad. En 1994 José Mujica fue al Congreso a jurar como diputado. Llegó en su vieja moto Vespa vestido con ropa de gimnasia y el guardia que cuidaba el parqueo, temeroso de que arribaran los elegantes senadores, le preguntó:
—Señor, ¿se va a quedar mucho tiempo?
—Si no me echan antes... cuatro años—, fue lo único que El Pepe respondió.
Enrique Milanés León. Adelante.cu. 08/02/14
http://www.adelante.cu/index.php/opinion/3-opinion/6288-el-pepe.html
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