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Las Diablas de México: inspirando a mujeres y niñas en América Latina


Jugadoras de la Liga Mexicana de Softbol, pionera en América Latina, promueven valores de igualdad de género, salud y resiliencia.
Son los Diablos Rojos Femenil de la Ciudad de México, pero popularmente se les empieza a conocer como Las Diablas. Se trata de uno de los seis equipos de la nueva Liga Mexicana de Softbol (LMS), un logro histórico para las mujeres y las deportistas de esta disciplina conocida como la prima hermana del beisbol. De hecho, esta es la primera liga de su tipo en toda América Latina.
Tuvieron que pasar casi 100 años para que las mexicanas pudieran jugar en el “diamante” a nivel profesional. La idea de crear una liga surgió luego de la exitosa participación de la Selección Mexicana Femenil de Softbol en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde el equipo quedó a un paso de la presea de bronce, en un “muy digno” cuarto lugar, destacan las jugadoras, logrando emocionar a miles de personas en México.
De esta manera, el softbol sigue los pasos de la Liga MX Femenil de fútbol, iniciada en 2017, al romper techos de cristal en el deporte y abrir nuevos horizontes para mujeres y niñas.
En México, solo 35.6% de las mujeres mayores de 18 años practican algún deporte o realizan ejercicio físico en su tiempo libre, frente a 49,5% de los hombres de la misma edad, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre las Dinámicas de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2021).
El deporte como instrumento para promover sociedades pacíficas e inclusivas es el tema de este año por el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, el cual se celebra cada 6 de abril. El empoderamiento de las mujeres a través del deporte es una vía clave para la igualdad de género y la erradicación de la violencia por razón de género.
Rompiendo mitos y discriminación
Desde los 4 años, Stefania Aradillas incursionó en el deporte jugando beisbol. Le dedicó tanta pasión y disciplina que, a los 9 años, la invitaron a un Mundial. El equipo la aceptó, pero terminó cerrándole las puertas por ser mujer. Le dijeron que el beisbol era un deporte para hombres. Si bien la discriminación fue lo que la hizo mudarse al softbol, esta situación no le robó el sueño de convertirse en una profesional y hasta competir en unas Olimpiadas.
“Tuve la fortuna de representar a mi país (en Tokio 2020). Fue una experiencia inolvidable. Creo que para cualquier deportista el mayor sueño es estar en unos juegos olímpicos”, cuenta la hoy jardinera de los Diablos Rojos Femenil. “Es parte de lo que el deporte me ha enseñado: resiliencia, a seguir luchando”, agrega la también ganadora del Premio Nacional de Deporte 2020.
Este deporte no tiene género, destaca la manager de Las Diablas, la venezolana Denisse Fuenmayor, exjugadora profesional en Estados Unidos e Italia. “Las mujeres estamos capacitadas para realizar cualquier actividad. Tú ves un torneo de softbol femenino y ves un torneo de softbol masculino y no hay nada que envidiar pues tienen la misma capacidad de reacción. Batean, dan hon rones. Los hombres no son los únicos que tienen esa fuerza para dar hon rones. Las mujeres también lo hacemos”, añade la también “bateadora de poder”, quien considera que la LMS será clave para el empoderamiento de mujeres y niñas más allá de las fronteras mexicanas.
“Es un gran paso y un espejo para muchas mujeres y niñas en Latinoamérica, sobre todo las niñas que están empezando y quieran ser profesionales en este deporte. No dejen de soñarlo. Con mucha disciplina y esfuerzo van a lograrlo”, indicó la entrenadora.
Y así como la exatleta olímpica mexicana Ana Gabriela Guevara la inspiró en su infancia, a sus 29 años Aradillas ya se está convirtiendo en una referencia deportiva para las niñas que acuden a los partidos y los entrenamientos de Las Diablas. “Para mí, lo más importante es que las niñas chiquitas se me acercan queriendo ser parte de algo así algún día en sus vidas. Eso es algo que me llevo conmigo lejos de competencias, hits, carreras, partidos ganados”, destaca.
El deporte es inclusión, salud y más…
Desde el empoderamiento de las mujeres y las niñas, las juventudes, las personas con discapacidad y otros grupos marginados hasta la promoción de los objetivos de salud, sostenibilidad y educación, el deporte ofrece un enorme potencial para impulsar los Objetivos de Desarrollo Sostenibley promover la paz y los derechos humanos.
En ese sentido, Las Diablas destacan los valores aprendidos en el softbol y cómo éstos las han ayudado a enfrentar momentos difíciles no solo en el deporte sino en sus vidas, sobre todo en momentos clave como la pandemia por COVID-19, por lo que invitan a todas las personas, pero principalmente a infancias y juventudes, a practicar el deporte que más les guste para fortalecer sus capacidades físicas, psicológicas y emocionales.
“(Los valores aprendidos) te sirven para todo: en la escuela, en el respeto a tus compañeros, en el trabajo en equipo y en confiar en el otro”, destaca Yamilet Sandoval, jugadora de los Diablos Rojos Femenil. Yamilet estuvo a punto de abandonar su carrera como softbolista durante la pandemia, pero retomar la disciplina priorizando el gusto y la diversión por el juego fue lo que la ayudó a reconectar con el deporte que practica desde los 6 años.
“Ya no sabía qué estaba haciendo, ya no sabía si me gustaba o no me gustaba hasta que llegó un punto donde dije: ‘me voy a poner unas metas’. Y me puse metas poco a poco y las fui tomando y me ayudó bastante porque psicológicamente la pandemia yo creo que a todos nos afectó. Muchas cosas empezaron a pasar en mi mente hasta el punto donde ya empecé a jugar otra vez, a entrenar y meter el softbol en mi rutina, y me ayudó bastante en la salud mental”, cuenta Yamilet, de 22 años y oriunda de Tijuana. Para ella, la resiliencia es “adaptarte a las adversidades y tomar eso para avanzar y utilizarlo en tu vida diaria”.
Para Carmen Alanís, mamá de Aradillas y gerente deportiva de Las Diablas, el mayor valor del softbol también es que se puede disfrutar con la familia, la de sangre y la que vas formando con el equipo y la liga, comenta. Asimismo, destaca que el deporte es clave para desarrollar mejor el manejo de emociones, para enfrentar situaciones como la frustración, el enojo y la ira, y para alejarse de excesos o vicios como el alcohol y las drogas.
En esta primera temporada de la LMS que concluyó en marzo, el equipo de los Diablos Rojos Femenil quedó en tercer lugar. Los Charros de Jalisco femenil fueron las campeonas. La segunda temporada será en 2025 y se prevé una expansión en cuanto al número de equipos. Por mientras, en lo que resta de 2024, se planean algunos partidos de exhibición y la participación de jugadoras mexicanas en ligas internacionales. 
Centro de Noticias ONU. (6 Abril 2024) Las Diablas de México: inspirando a mujeres y niñas en América Latina. Centro de la ONU. Recuperado el 07 de Abril de 2024.
https://news.un.org/es/story/2024/04/1528846

Enfrentando el racismo en México: ‘Sí, soy negra. Con mucho orgullo’


Mujeres afrodescendientes enfrentan el racismo, la xenofobia y la discriminación que se vive en México a través de su trabajo comunitario: El racismo es algo que todos traemos en la cabeza nos guste o no. Nos metieron esas ideas y hay que empezar a deconstruir todo lo que pensábamos, aseguran.
La resiliencia de Joseline, Gladys y Kathleen, mujeres afrodescendientes que viven en la Ciudad de México, es única. Con orgullo, humor y mucho amor propio han aprendido a encarar el racismo y la discriminación que viven todos los días por el color de su piel, a lo que se suma el hecho de que son mujeres, su condición de migrantes o sus orígenes.
En México, el 2% de la población total, es decir unas 2.5 millones de personas, se reconoce como afrodescendiente. Guerrero, Estado de México, Veracruz, Oaxaca y la Ciudad de México son los estados con la mayor concentración de personas afromexicanas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Conoce las historias de Joseline, Gladys y Kathleen, quienes fueron entrevistadas por ONU México en el marco del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) y el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial (21 de marzo), cuyo lema de este año es Un decenio de reconocimiento, justicia y desarrollo: Aplicación del Decenio Internacional para los Afrodescendientes.
En el Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015 y 2024) la comunidad internacional reconoce que este sector de la población representa un grupo diferenciado, cuyos derechos humanos deben promoverse y protegerse ante las secuelas de la esclavitud y el colonialismo que siguen destruyendo vidas y mermando oportunidades.
Racismo en México, difícil de reconocer
Apenas tenía 3 años cuando Joseline Morales vivió por primera vez la violencia racista. Fue la mamá de una amiga de la escuela quien la interrogó sobre sus orígenes lo que la hizo sentirse diferente y ajena a su familia solo por el color de su piel.
Luego, en la secundaria, cuando denunció al profesor de civismo que la acosaba, éste empezó a decir que no se juntaran con ella porque “las negras olían horrible”.
“(Dicen que) olemos mal, somos flojos, no somos inteligentes. Te minimizan (…) Por verme piensan que no hablo español o dicen: ‘mira, esta gente ya nos está invadiendo’. O cosas de temas sexuales; la exotización hacia las cuerpos de las mujeres negras también es mucha. Piensan que las mujeres negras vienen a prostituirse o a hacer trabajo sexual (…) Hay mucha gente que no puede creer que yo sea abogada”, cuenta Joseline, quien se identifica como una mujer afromexicana y afrodiaspórica, hija de madre mexicana y padre beliceño.
Es difícil reconocer el racismo en este país, indica Joseline, porque mucha gente te dice que “en México somos bien llevados” o que “eres muy sensible”. Pero hasta en los insultos hay una connotación racista: “Siempre es un ‘maldita negra, siempre con ese adjetivo”, comenta.
“A mí me ha fortalecido decir: ‘Sí, soy negra. Con mucho orgullo’. Hago notar mi cabello, mis facciones”, destaca Joseline, quien trabaja activamente en su comunidad, en Iztapalapa, para visibilizar y dignificar a la población afrodescendiente a través de la cultura, la información y la educación, sobre todo ahora que han llegado más personas procedentes de Haití a la Ciudad de México.
“Se le tiene mucho miedo a la migración, pero, sobre todo, a la migración negra”, destaca.
Joseline, quien es madre de un joven de 16 años, sueña con un México libre de racismo y discriminación para su hijo y para toda la comunidad afromexicana del país.
Aceptación y amor propio contra el racismo
Gladys de León Trinidad es de República Dominicana y vive en México desde el año 2000. Aquí estudió Negocios Internacionales y actualmente trabaja como cantante, es mamá y paga impuestos como cualquier ciudadana responsable. En la calle, sin embargo, no deja de recibir insultos como: “Pinche negra. ¡Ya regrésate a tu país!”.
“Es humillante que te traten así”, dice Gladys, quien asegura tener un sinfín de anécdotas amargas durante estos 24 años viviendo en México por el hecho de ser una mujer afro. Muchas de esas experiencias han sido en la calle, otras en la escuela y el trabajo.
Durante la universidad, cuenta, un compañero la evadía o hasta limpiaba la silla donde ella se había sentado. “Me dolió mucho, fueron cuatro, cinco años de carrera que me la pasé sufriendo”. Después, en su trabajo, resintió los celos profesionales y las humillaciones. “Tipo de que te quieren hacer quedar mal con un jefe (...) Me ha costado mucho por lo cerrado que está el sistema”, comenta.
“México es un país encantador, lo amo (...) Pero hay cosas que están muy arraigadas todavía en cuanto a la cultura y la visión que tienen del extranjero, sea mujer, hombre o una persona de color como yo: afro”, asegura.
Si bien se trata de un problema estructural, Gladys comparte que ha salido adelante y hasta fortalecida a base de mucho orgullo y amor propio. “Es quererte primeramente tú, aceptarte como persona o como ser humano en la sociedad que vives. Ese amor que tú tienes lo vas a reflejar y esa seguridad también la vas a reflejar”.
Gladys también sueña con un mejor México para su hijo y todas las personas migrantes y afrodescendientes.
‘Mejor reírse a sentirse pequeñito’
Desde que sale de su casa, Kathleen Murrain sabe que vivirá algún comentario por el color de su piel: “No sabe una si la van a halagar, a tratar bonito o si te van a escupir. Pueden pasar las dos cosas al mismo tiempo. Con 15 minutos de distancia una persona te puede estar pidiendo matrimonio porque te ven la cosa más exótica del mundo y al rato una persona te está escupiendo y te está diciendo que te vayas de aquí ‘maldito negro’. (Pasa) todos los días”, comenta.
“Ser negra es como ganarse la lotería de la discriminación”, remata Kathleen, traductora, intérprete e integrantes del movimiento de los pueblos por la paz y la justicia, originaria de Bogotá, Colombia, con 2 años de residencia en México.
Por esa razón, y pensando principalmente en las futuras generaciones, Kathleen se dedica a visibilizar las historias de personas afrodescendientes alrededor del mundo. Pero lo hace hablando no solo de las malas experiencias sino también de los grandes aportes. “Somos gloriosos, somos varios pueblos llenos de historia: tenemos el tango, la cumbia, el rock, el blues, la música, enfermeras, doctores, de todo”, destaca.
“Me interesa que no nos sintamos solos. Es para mejorar las condiciones de uno (...) Que a los nietos de uno no les toque o que sepan responder cuando son escupidos en la calle, cuando los tratan mal, cuando reciben chistes en el colegio”, agrega.
“Ríanse mucho”, recomienda, ante las múltiples expresiones de racismo, discriminación o xenofobia. “La risa es un grandioso método para enfrentar este tipo de cosas. Aprendan a sacarle el humor. Yo sé que muchas veces es tremendamente difícil, pero hay cosas ridículas. Mejor reírse de eso o buscar ridiculizarlo a sentirse pequeñito”.
Eloísa Farrera. (21 Marzo 2024) Enfrentando el racismo en México: ‘Sí, soy negra. Con mucho orgullo’. Centro de la ONU. Recuperado el 07 de Abril de 2024.
https://news.un.org/es/story/2024/03/1528481

Apolonia Plácido: Defensora de los Derechos de las Mujeres Indígenas

Apolonia Plácido es defensora de los derechos de las mujeres indígenas en la región Costa Chica del estado de Guerrero. A través de su organización, la Casa de la Mujer Indígena Nellys Palomo Sánchez, se dedica a favorecer la promoción de la salud sexual y reproductiva, así como prevenir la violencia que sufren las mujeres indígenas en su región. Apolonia se encuentra bajo serias amenazas desde hace más de un año y es constantemente vigilada.
Soy de la comunidad de Buena Vista, municipio de San Luis Acatlán, Guerrero. Estoy en una organización de mujeres indígenas, donde estamos trabajando sobre el derecho a la salud sexual reproductiva, se llama Casa de la Mujer Indígena Nellys Palomo Sánchez. Ahí contamos con parteras, promotoras indígenas tlapanecas y mixtecas que hablan la lengua me’phaa y tun savi.
Las mujeres de las comunidades muchas veces no pueden expresarse en español, porque no fueron a la escuela, entonces se les acompaña para que tengan información. Ellas tienen miedo a estar cerca del hospital porque son analfabetas. En la organización hay una traductora que habla tun savi y las acompaña al hospital, gestiona cualquier cosa y también ayuda para que respeten la decisión de cómo atender el parto en el hospital: natural o con un doctor. La casa ha estado trabajando para que la mujer decida por sí misma, no que el doctor lo imponga, ni que la CAMI lo imponga, sino que tiene que ser decisión de ella. Estamos promoviendo también la medicina tradicional de la planta medicinal.
Desde el 2002 – 2003, empecé a apoyar a las mujeres desde que fui vocal de Oportunidades, ellas no se podían expresar cuando no les llegaba su apoyo completo o les llegaba incompleto, entonces iban conmigo, desde ahí empecé a hablar con la gente para explicarles. En 2005 pues me invitaron a un foro nacional que fue en San Luis Acatlán, en un municipio que era foco rojo porque había mucha muerte materna, entonces fue un encuentro nacional que fueron diputadas, diputados, desde nacional. Hicieron un foro y fue mucha gente de las secretarías de salud, desde nacional, estatal y local estuvieron y se discutió sobre ese tema.
Hay gente que ha intentado entrar a la casa, investigar quién es Apolonia… Las compañeras que se quedan de guardia siempre dicen “no sabemos de ella, ella está en su comunidad, allá no entra servicio, no hay teléfono, no hay comunicación”. Nunca le dicen que si me fui pa’ca, me fui pa’lla.
Todo lo que nos han amenazado, desde que empezó a operar la casa, no lo registramos; ése es un problema que tenemos y ese riesgo va para toda la organización porque han querido hacer levantón, no es mal sólo para mí, sino que va para todas. Tal vez porque estamos enfrentando problemas con los maridos, hemos acompañado mujeres también con demandas en el ministerio público, con el juzgado. Esto me ha afectado porque sentimos que no nos dejan avanzar mucho y no nos dejan estar organizadas y como que nos debilita una parte y nos afecta a la salud, porque a veces me preocupo y no puedo dormir de noche y el miedo…Entonces me digo “no va a pasar nada y no nos van a hacer nada, porque no estamos haciendo cosa mala, estamos haciendo el bien común para la sociedad”. También digo que si eso lo dejo y me voy porque me dio miedo y me amenazaron, pues no vamos a avanzar, es como un obstáculo que nos ponen.
Exigir un derecho de los pueblos originarios, cuando algo no está bien, cuando no es justo, uno tiene que hablar. Eso nos da ánimos. El estado tiene que dar la justicia equitativa y no las injusticias que pasan: que están matando a mujeres defensoras, a mujeres que hablan, a mujeres que luchan.
Nosotros como mujeres y hombres y niños y ancianos tenemos que estar unidos porque si el pueblo está dividido pues no vamos a hacer nada tampoco. Quienes estamos trabajando no somos pocas, somos muchísimas y si se une esa fuerza, es otra cosa.
Hazquesevean. 03/15


La lucha por ser dueñas de su cuerpo
Guerrero ocupa el primer lugar en muerte materna en México. También el segundo con mujeres al frente del hogar. Algunas de estas mujeres indígenas libran una batalla por el respeto al ejercicio pleno de su sexualidad. Comienza en territorio propio: su cuerpo. 
Ella posa sus manos sobre ese vientre voluptuoso y lo toca apenas. Palpa esa redondez y le traza una cruz que lo divide en cuatro, mientras murmura estas palabras: “Protégelos. Dales fuerza para su camino, que lleguen bien en su parto. Niño dame permiso de revisarte que todo esté bien".
Ella, Hermelinda Roque García, reza y posa sus manos como mariposas sobre el vientre de Sonia que espera a su segundo hijo. Sonia, acostada en una cama de la Casa de la Mujer Indígena Neli Palomo Sánchez, en San Luis Acatlán, en la costa chica de Guerrero, mira al techo y se deja tocar. Sus puños se aprietan a los lados. Este segundo embarazo inició con una amenaza de aborto y esta mañana de agosto, un dolor agudo en el abdomen la trajo aquí.
Aunque hay una clínica a pocas cuadras, Sonia prefiere estar con las suyas, se siente cómoda y cuidada.
Hermelinda Roque le toca el abdomen, hunde sus dedos, palpa al bebé y se da cuenta que lo tiene atravesado, casi en horizontal. Entonces hace un juego con sus manos como si fuera una maga y lo acuna en el vientre, mientras Inés Trinidad Rosario, su compañera, checa los signos vitales de Sonia.
Que Hermelinda  esté aquí atendiendo a otras mujeres no es casualidad. Se estrenó con su propio parto: una mañana estaba en casa cuando sintió unos dolores fuertes, se agarró de las cercas del corral y su hijo nació, lo envolvió en las enaguas, después recibió su placenta y así estuvo hasta que su cuñada llegó a auxiliarla. Con el cuarto le pasó lo mismo y para el quinto, pensó “es re fácil, yo puedo ser partera”.
Que Inés Trinidad esté aquí, tampoco es casualidad. Ella estuvo a punto de morir al final de su tercer embarazo porque en la sala de urgencias, la noche que llegó con dolores, los doctores le hicieron esperar más de tres horas. Quien no se salvó fue su tercer hijo, que murió en su vientre.
Desde la entraña
La Casa de la Mujer Indígena Neli Palomo Sánchez, donde trabajan Hermelinda Roque e Inés Trinidad, nació en el 2011 como una respuesta a la sentencia de muerte en que se convierte el embarazo para las indígenas de Guerrero. La entidad ocupa el primer lugar nacional con la mayor tasa de muerte materna, con 91.4 muertes por cada 100 mil nacidos vivos, cifra que duplica la tasa nacional, de 43.2, según datos del Observatorio de Mortalidad Maternal.
En este estado, el aumento en el acceso a servicios de salud en los últimos 10 años, al pasar de una cobertura del 21 a 54 por ciento de la población, según el Coneval, y por tanto, el aumento de partos atendidos por personal capacitado de 64 a 79 por ciento, no se tradujo en una disminución de la incidencia de muerte. Aumentó de 88.5 a 91.4, siendo uno de los siete estados con  incremento. El Observatorio de Mortalidad Materna contó desde el año 2002 al 2011, 716 mujeres muertas al dar a luz. Una de ellas pudo haber sido Inés Trinidad.
“A mí me pasó. Me llevaron a Urgencias, estaba embarazada de mi niño y murió. La de urgencias no me atendió, de luego los doctores se fueron a dormir, me dejaron solita y yo digo ¿por qué, si es urgencias?  Si es urgencia se supone que uno va porque urge que lo atiendan, que lo vean, que se salve la vida que tiene ahí adentro.
“Llegué con dolores y me dejaron dos horas esperando, yo le dije a la enfermera ‘oiga usted no sólo quiere matar a mi hijo, a mi también me quiere matar’ entonces fue a despertar a los doctores. En ese momento yo sentía la muerte para mi y para la criatura que llevaba a dentro. Reclamaba a Dios. Para mi fue mi hijo, a ellos no les interesó la vida humana que iba a perder porque no era su sangre, me dijeron que el niño nació enfermo. Por eso me decidí yo entrar aquí, porque a mi me trataron muy mal”.
La Casa de la Mujer es una construcción de tres cuartos para revisar a las embarazadas y atender el parto de manera tradicional: respetando la posición vertical, los tiempos de trabajo que pueden prolongarse por horas, los rituales que la familia quiera hacer con la placenta como enterrarla, dejarla ir en el río o colgarla en la cresta de un árbol para bendecir la vida del niño, a diferencia del hospital “donde la echan a la basura para burros o zopilotes”.
Coordinados por Apolonia Plácido, trabajan 15 personas entre promotores comunitarios y parteros —hay dos hombres— que, además de atender el nacimiento (desde 2011 han nacido alrededor de 180 niños), dan pláticas en escuelas y comunidades sobre la salud materna y los derechos sexuales de las mujeres. Por su trabajo, reciben un apoyo económico, simbólico, de 900 pesos al mes.
La casa funciona también como un espacio de reposo y cuidado cercano a la clínica de salud para aquellas que llevan un embarazo de alto riesgo y que son devueltas a sus casas, en las entrañas de la montaña, por la falta de espacios en el hospital.
Alrededor de la mesa de la Casa, Hermelinda Roque, Inés Trinidad y Apolonia Plácido tejen bordados para completar sus ingresos, mientras en la estufa burbujea el caldo de camarón que alimentará hoy a ellas y a quienes lleguen a revisión del embarazo. Sobre la mesa, junto a los hilos de colores, hay un periódico del día que publica palabras del secretario de Salud estatal: “En la primera mitad de año murieron 26 mujeres embarazadas”, dos más que el mismo periodo de 2013.
¿Por qué una mujer embarazada tiene tanto riesgo de morir en Guerrero? Una a una responde lo que, desde su experiencia, convierte en sentencia.
Hermelinda Roque: “A veces la mujer es necia y no quiere bajar al hospital
—¿Cómo que son necias? —le pregunto.
 —Ah, es que les da vergüenza que el doctor las abre mucho, a cada rato les revisan sus partes, las lastiman y no  quieren porque les meten dedo, tampoco les gusta que les quitan toda la ropa y las dejan así, de piernas abiertas, y todo mundo pasa. No gusta que obliguen a bañarse al llegar a consulta porque le dice que huelen feo; que les ponen anticonceptivos sin su permiso.
Inés Trinidad, añade: “Fuimos a atender a una mujer ardiendo de calentura y hombre se puso bien bravo, que si la veía el doctor, él ya no la iba a recibir, que se quedara con él. Celoso, pues. Hombres son bien opuestos, hay mucho machismo”.
Y Apolonia Plácido completa el panorama: “Porque no hay buenos caminos, porque el dinero para bajar a la clínica no alcanza, luego cuando baja las regresan a su comunidad porque se acabaron las fichas o tardan en atenderlas o no hay medicamento. Discriminan, no las ayudan, no les tienen paciencia porque no hablan español; médicos no son sensibles, les ponen el dispositivo a fuerza. Luego les dicen que se callen, ¿así gritaste cuando te agarraba tu marido? Y pues sí, uno grita, primero es gusto, luego susto (ahora las tres mujeres sueltan una carcajada cómplica ) Aunque uno sea triste y feo, no se vale que trate así. La muerte materna no es porque se le ocurrió morir, es una cadena de cosas: desnutrición, pobreza, la actitud de los médicos”.
Lina Rosa Berrio, integrante de Kinal Antzetik, organización no gubernamental que asesora a las mujeres de la casa, plantea un antecedente: primero hay que revisar cómo se producen los embarazos.
Suelen darse a muy temprana edad, consecutivos cada 1 o 2 años y con altos índices de desnutrición, que se traducirán en complicaciones para ellas y sus hijos, como bajo peso al nacer, anemia, menores condiciones para su desarrollo físico, motriz. La forma en que nazcan, dice, marcará la forma en que crezcan, y también, en que probablemente se convertirán en padres.
Por el  hecho de parir y nacer en Guerrero la esperanza de vida será 3 años menos que el resto del país y se desarrollará con múltiples carencias: el 70 por ciento en pobreza, el 40 por ciento sin recursos para comer, el 60 por ciento sin servicios básicos en su casa y el 46 por ciento sin acceso a servicios de salud, según Coneval.
Paradójicamente, agrega Lina Berrio, en esta falta de acceso a la salud se ha dado la hipermedicalización del parto que conlleva al abandono del conocimiento tradicional de las parteras, como Hermelinda e Inés, dejando a las mujeres entre dos fuegos.
¿Qué es ser mujer aquí? 
Además de ser el estado con el mayor índice de muerte materna en el país, Guerrero encabeza la tasa de letalidad por aborto, con 115 muertes por cada 100 mil egresos hospitalarios, una cifra dos veces y media mayor a la tasa nacional. Entre 2002 y 2010, en la entidad han muerto 43 mujeres por esta causa.
¿Qué nos dicen ambas cifras sobre la concepción que el Estado y la sociedad tienen de la mujer? Por un lado, no se respeta su derecho a decidir sobre su propio cuerpo, sobre querer o no querer tener hijos; por otro, cuando la mujer está embarazada no se le protege para ejercer su maternidad en condiciones de salud y respeto que le permitan tener un embarazo y un parto sano. Entonces,  ¿qué es ser mujer aquí?
Se trata, dice María Luisa Garfias, de un control del primer territorio de la mujer, su cuerpo. Ella pertenece al colectivo Nosotras y es miembro de la Red de Mujeres Indígenas que, como Inés, Hermelinda y Apolonia trabajan con sus propios medios por atender, ahí, donde el Estado no lo hace. Desde esas organizaciones se ha impulsado el derecho a una sexualidad sana.
“Para que las mujeres podamos ejercer nuestros derechos ciudadanos, lo primero que necesitamos es ser dueñas de nuestro cuerpo, nuestro territorio, nuestras decisiones. Si no defiendo mi cuerpo, mi territorio, ¿cómo puedo participar en salud, educación, política, economía?”, plantea Garfias.
Entonces trae a la memoria la historia de Adriana Manzanares Cayetano. La escena, según registraron los medios de comunicación, fue más o menos así: una mañana del 2006, en la comunidad El Camalote, Guerrero, las campanas del pueblo repiquetearon para llamar a los vecinos a juzgar a Adriana, acusada de aborto, producto de una infidelidad. Los 30 hombres miembros del comisariado ejidal, y otros vecinos, llegaron, rodearon a la mujer de 21 años a quien había acusado su propio padre, y a gritos y escupitajos le exigieron que revelara dónde enterró a su hijo y quién era el padre. En esta comunidad, tres décadas atrás, 14 indígenas fueron esterilizadas sin su consentimiento, por una brigada de salud estatal.
Primero en un juicio popular y después en uno judicial, Adriana fue acusada de infidelidad y de matar a su hijo. Fue sentenciada a 22 años de prisión. Organizaciones civiles tomaron su caso como bandera de la violencia estructural que opera alrededor de las mujeres, lo llevaron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y en enero de este 2014, luego de pasar 7 años presa, se ordenó su liberación. A todas luces la víctima había sido ella: se violaron sus derechos de defensa adecuada y debido proceso, al rendir declaración no hablaba español y fue presionada para auto incriminarse.
Alrededor de la vida de las mujeres operan muchas violencias que encasillan su vida, explica Lina Berrio: una violencia institucional, relacionada con la falta de garantía de sus derechos; violencia comunitaria, pues a diferencia de los hombres no tienen acceso a la tierra, ni a la toma de decisiones; violencia de inseguridad; violencia familiar que implica maltrato y un condicionamiento económico muy legitimado; violencia sexual, pues hay una vigilancia exagerada en torno a su cuerpo, hecha no sólo por hombres, también por otras mujeres como las suegras que se consideran con derecho para opinar sobre el embarazo o el uso de anticonceptivos.
Desde 2007 y hasta la fecha, las mujeres de Guerrero emprenden una batalla más: lograr la despenalización del aborto hasta la doceava semana de gestación, como ocurre en el Distrito Federal, además de garantizar la educación sexual en el nivel básico y el acceso a métodos anticonceptivos. Todo ello, explica María Luisa Garfias, como parte de un cobijo a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Dueñas de su cuerpo
Hermelinda Tiburcio, al igual que la partera Hermelinda Roque, está en esta lucha porque las mujeres sean dueñas de su cuerpo.
Lo primero que uno identifica en Hermelinda Tiburcio es esa forma agreste de ser, de pocos amigos, que repele a quien se le presenta. Ni se diga de sus ojos, oscuros y penetrantes, cual dos balazos. Cuando uno la trata un poco más y observa esa cercanía y complicidad con las mujeres, piensa entonces que quizá esa aspereza es un traje metido a la  fuerza para ganarse el respeto de los hombres de las comunidades, ante quienes se planta para decirles que dejen de maltratar a sus esposas, de obligarlas a tener relaciones sexuales, de descuidarlas en el embarazo. Y si eso no funciona, entonces esa rudeza le servirá para llevarlos a los tribunales y aún más, aguantar  amenazas de muerte que recibe por ello.
En una región donde el cuerpo se relaciona con objeto, la sexualidad es sinónimo de vulgaridad y la mujer de pertenencia, el trabajo de estas mujeres es más difícil que arar entre rocas.
Esta mañana de agosto, Hermelinda Tiburcio está en la azotea de un hotel de Ometepec dirigiendo el taller “Platícale a mi marido”, que se le ocurrió luego de escuchar el auxilio de mujeres para hacerles entender a sus esposos lo que su violencia, tan interiorizada, les afectaba, como aquella que le preguntó alguna vez mientras le enseñaba la entrepierna con moretones de tanto golpe: “¿cómo le hago para que mi marido no me esté violando cada que él quiere?”; o la otra mujer que llegó “chancleada” por servirle tortillas frías a su pareja; o las beneficiarias del programa — hasta hace unas semanas se llamaba Oportunidades— en que se ponen inyecciones anticonceptivas a escondidas, para no embarazarse, por necedad del hombre y falta de protección —o presión según denunciaron mujeres en Metlatónoc el pasado 4 de septiembre del 2014— del programa federal.
En la terraza aún en obra negra, entre las mujeres sentadas en el piso para amainar el calor y los niños que juguetean con botellas o papeles, hay un par de hombres acunando a sus hijos entre brazos.
Todos escuchan atentos al equipo en turno, tres maridos que escribieron en cartulinas qué pasa con la familia cuando el esposo es alcohólico, ausente o violento. En muchos casos hablan de sus propias historias.
“A pesar de estar físicamente en casa, estoy ausente porque no me estoy involucrando en la educación de mi hijo, todo se lo dejo a mi esposa”, dice el más joven de apariencia.
“Muchas veces el hombre es discriminado, la mujer lo hace a un lado, aparte, agarran la delantera y no lo involucran”, interviene un hombre mayor para defender a su compañero.
“Pero es nuestra culpa que nos hacemos aparte, yo tengo que reconocer que ni sé cuando nacieron mis hijos”, reconoce también.
Guerrero, de nuevo encabeza otro de los rankings nacionales, se mete al segundo lugar con los hogares comandados por mujeres.
“Este es como un semillero, ponemos semilla, no sabemos si va a florecer o no”, dice Hermelinda Tiburcio. Florecer significa que luego de estas charlas los hombres motiven a sus compañeros a cambiar el trato y respetar a las mujeres.
Hermelinda Tiburcio sabe que contra el machismo se juega el primer round para ganar el territorio de la mujer, y no sólo como un “problema cultural” —hoy el argumento favorito de quienes tienen en sus manos el manejo de la política pública—, sino como un mal que germinó en las fértiles tierras del régimen político.
“No hay un programa que le diga a los hombres alto. Oportunidades exige a las mujeres llevar a los niños a la escuela y asistir a todos los talleres, a los hombres nada. Luego Procampo sólo entrega el dinero al hombre sin responsabilidad. Como los hombres son el gobierno, no hay un programa que le diga ‘a ver tú, ven acá’. Hay un machismo de un gobierno, desde quien hace la política”. De nuevo los ojos de Hermelinda, esos balazos, penetran certeros.
Las consecuecias
La defensa de su primer territorio les ha costado seguridad. Todas ellas, mujeres que desde sus trincheras abrazan a otras mujeres, enfrentan amenazas, falta de apoyo del gobierno y rechazo de la sociedad.
Su hogar es el primer lugar donde las enfrentaron. A Inés Trinidad, su esposo le reclamó que lo dejara una semana al mes para irse a la Casa de la Mujer a trabajar:  “¿Por qué vas a perder tiempo ayudando a mujeres? Sufro yo por comer aquí, me dejas sin comer y tu allá perdiendo el tiempo”. Y así pasó los días reclamando, hasta que una madrugada agarró sus cosas y se fue, “dejándola sola” con los 4 hijos.
Apolonia Plácido, que coordina la Casa de la Mujer Indígena, refiere que en dos ocasiones han entrado al espacio  para intimidarlas y obligarlas a que la cierren.
Una vez entraron a todos los cuartos para hacer sentir su presencia, y en otra ocasión, de madrugada se subieron por los techos a patear y gritarles groserías. Seis mujeres abandonaron el barco y otras tuvieron que tomar talleres contra el miedo, “para no traerlo metido en la cabeza”. Apolonia presiente que es una afrenta personal, pues por su activismo en las comunidades la tachan de “mala mujer”.
“Hay amenaza y también hay crítica —relata Apolonia—, yo estudié hasta sexto de primaria y hombre  tu hablas mucho de derecho, pero ni siquiera sabes en qué artículo está. Es importante seguir defendiendo los derechos para que hijos, nietos, bisnietos,  no vivan como una lo vivió. No podemos cambiar la vida de todas, pero que conozcan sus derechos y tomen decisión, que ya no sean las de antes, de que todo lo decide el marido. Ya no”.
A Hermelinda Tiburcio las amenazas la persiguen los últimos 5 años. En el 2009 comenzaron con llamadas telefónicas donde le decían groserías, en el 2012 llegaron a su casa y mataron a su perro y sus gallos. En julio del 2013 le balearon la camioneta, en enero de este 2014 llegó una amenaza a su casa. El Mecanismo de Defensores de la Secretaría de Gobernación, poco ha servido pues de 4 policías que tenían que cuidarla, solo queda uno. Ella cree que las amenazas son por las denuncias que ha puesto contra hombres violentos en la Costa Chica de Guerrero.
“Para mí la satisfacción de las mujeres vale todo. Hemos encontrado muchas mujeres que no encuentran apoyo más que nosotros. En 2012 los del gobierno me dijeron que me fuera del estado por mi seguridad, pero al mes me regresé.
“Lo primero que hacen con defensores es  que los sacan del país para que no estorben, y yo dije no, me apoyan o no, yo me regreso a mi casa”. Y aquí sigue Hermelinda Tiburcio. Desde entonces, sin importarle las amenazas.
A María Luisa Garfias la campaña por la despenalización del aborto le valió amenazas. En el 2012 ella y su compañera Silvia Castillo tuvieron que cerrar la oficina donde asesoraban legalmente a mujeres, que esperan abrir en estos meses; incluso Silvia debió abandonar Guerrero porque no pudieron —o quisieron— garantizar su seguridad. El 20 de junio del 2014 unas personas pusieron dos cartulinas de colores en casa de María Luisa donde la acusaban de delincuencia organizada y le insultaban así:  “Puta, perra, sidosa tienes atole en las venas”.
“Detrás de las amenazas está el que dejemos de estar hablando sobre el aborto, nos quieren callar —dice María Luisa— Porque reconocer el derecho al aborto es reconocer que las mujeres somos dueñas de nuestro cuerpo y, por lo tanto, de nuestras decisiones”.
En común 
Hay algo que todas ellas comparten. El trabajo que realizan, además de permitirles tomar rumbo con su organización, les permite repensar sus propias experiencias: la muerte del hijo de Inés Trinidad por negligencia de los médicos, la muerte del hijo de Apolonia Plácido por su embarazo adolescente, y las muertes de mujeres de la familia de Hermelinda Tiburcio, por partos mal atendidos.
“Lo que las tiene aquí es una experiencia personal que ellas quieren transformar para las siguientes mujeres. El trabajo que hacen les ayuda a dar un nuevo significado a sus experiencias y a saber que no son ineludibles, que se pueden cambiar en ellas y en las mujeres a su cargo”, dice  la promotora Lina Berrio.
Este encuentro de complicidades posibilita que espacios como la Casa de la Mujer Indígena Neli Palomo Sánchez, en San Luis Acatlán, a cargo de Apolonia Plácido, el despacho de asesoría jurídica en Chilpancingo, bajo el mando de María Luisa Garfias y Silvia Castillo, y los talleres en distintas comunidades de la Costa Chica que comanda Hermelinda Tiburcio, defiendan los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, mientras el Estado sigue ausente, omiso.
“Mi abuela murió de parto, mi tía murió de parto. Me he enfocado en trabajar el tema porque es la esencia del ser humano. Si no hay existencia,  ¿de qué sirve tener alcantarillado, de que sirve tener carretera? Es la esencia del ser”, dice Hermelinda Tiburcio.
La batalla que estas mujeres emprendieron comenzó en su propio territorio, su cuerpo.
(Este trabajo se realizó con el apoyo de la Red de Periodistas de a Pie, en colaboración con la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derecho Humanos A.C. (CMDPDH), como parte del proyecto de protección de los defensores de derechos humanos financiado por la Comisión Europea. El contenido no refleja la posición de la UE.)
Daniela Rea. Reportera independiente. Obtuvo el premio de periodismo “Género y Justicia” 2013 que otorga la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por el reportaje “A Érika la mató la indiferencia”.
Daniela Rea. Domingoeluniversal.mx. Sab Acatlán, Guerrero. 05/ 10/14 
http://www.domingoeluniversal.mx/historias/detalle/La+lucha+por+ser+due%C3%B1as+de+su+cuerpo-2894

Diez mujeres que no se detienen ante nada

Siete de las 10 galardonadas con el Premio Internacional al Valor de las Mujeres (IWOC) 2015, del Departamento de Estado de Estados Unidos posan con Richard Stengel, subsecreatario para asuntos y diplomacia pública.
A la periodista Nadia Sharmeen le pidieron el 6 de abril de 2013 que cubriera una marcha organizada por Hefazat-e-Isla, una asociación de organizaciones islamistas de Bangladesh, entre cuyas demandas se destacaba revocar la Política Nacional para el Desarrollo de las Mujeres, y las cosas no salieron bien.
Cuando Sharmeen llegó al lugar le pidió a su camarógrafo que filmara la multitud y se dispuso a realizar entrevistas.
Pero “de repente, un hombre me preguntó por qué estaba ahí como mujer”, contó. “Le dije que no estaba como mujer, sino como periodista. Pero no lo aceptó y comenzó a gritarme”, continuó.
Las agresiones verbales del hombre rápidamente llamaron la atención de la gente y antes de que pudiera entender qué estaba pasando, fue atacada por entre 50 y 60 hombres.
“Me golpearon, me tiraron al piso cuatro o cinco veces. Trataron de romperme el vestido. Querían matarme, ese era su objetivo”, relató.
Sus compañeros lograron hacer frente a la multitud enardecida y lograron trasladarla hasta un hospital. Pero el daño estaba hecho. Debió permanecer cinco meses postrada y someterse a varias cirugías.
A pesar de ser abandonada por su empleador, quien se negó a cubrir el costo del tratamiento y terminó por obligarla a renunciar, Sharmeen logró superar el calvario gracias a su propia fortaleza y al infatigable apoyo de su familia.
Sharmeen está entre las 10 mujeres reconocidas por el Departamento de Estado de Estados Unidos por su valor excepcional en la búsqueda de la paz y la igualdad. Actualmente realiza una gira por este país como receptora del Premio Internacional a las Mujeres con Coraje 2015 (IWOG, en inglés).
Según ella, tuvo suerte, y seguramente tenga razón. En Bangladesh, miles de mujeres sufren la violencia que se manifiesta de diversas formas. En 2011, 330 de ellas fueron asesinadas por incidentes relacionados con la dote. Además, 66 por ciento de las bangladesíes se casan antes de los 18 años.
La tasa de empleo es de 57 por ciento para las mujeres, comparada con 88 por ciento para los hombres.
La discriminación comienza, según algunos datos, con el nacimiento. La mortalidad infantil femenina es de 20 fallecidas cada 1.000 nacidos vivos, muy por encima de los 16 varones que corren la misma suerte.
Una luz de esperanza en Asia
Este año, cinco de las 10 premiadas por IWOC proceden de Asia, donde las mujeres representan la mitad de los 4.000 millones de habitantes y están sujetas a fuertes leyes y arraigados comportamientos patriarcales.
Sayaka Osakabe, por ejemplo, se dedica desde unos años a luchar contra una forma de discriminación muy propagada en Japón, “matahara” o acoso maternal, la práctica de someter a las mujeres a una fuerte presión para que “elijan” entre tener hijos o una carrera.
Una de cuatro mujeres sufre acoso maternal, indicó Osakabe, mencionando datos de la Confederación de Sindicatos, mientras que 60 por ciento de las trabajadoras generalmente renuncia después de tener a su primer hijo.
Ella misma fue víctima de matahara en sus dos embarazos, que perdió porque se negaron a concederle licencia maternal.
Decidida a luchar contra esa forma de discriminación, fundó la organización Matahara Net, que en menos de un año llegó a más de 100 mujeres víctimas de acoso maternal.
Su lucha también llevó al gobierno a tomar medidas, e incluso la justicia dictaminó que las degradaciones o despidos por embarazo son, en principio, ilegales.
Fue una dura victoria porque se encontró con “tremendas reacciones” desde muchos ámbitos, incluso femeninos.
“Las amas de casa y las mujeres dedicadas a sus carreras, dos grupos obligados a elegir entre sus trabajos o sus hijos, son los que más me hicieron frente”, relató.
En un país en el que las mujeres representan una de cada tres personas pobres y 63 por ciento de quienes tienen empleos que pagan menos del 38 por ciento del salario de un trabajador de tiempo completo, matahara amenaza con ensanchar la brecha de género.
En 2060, se estima que la población de Japón disminuirá a dos tercios respecto de sus actuales 127 millones de habitantes. A las autoridades les preocupa el futuro de la población económicamente activa y, sin embargo, la sociedad sigue demonizando a las mujeres que quieren formar una familia y tener un sueldo, se lamentó Osakabe.
Opciones de vida o muerte
La activista birmana May Sabe Phyu trabaja mucho para lograr justicia y dignidad para las minorías étnicas y religiosas de su país, en especial para las personas desplazadas en su estado natal de Kachin, donde el conflicto civil obligó a unas 120.000 a abandonar sus hogares solo desde 2011.
En un país cada vez más intolerante con las minorías, Phyu trabaja en un contexto cruento. Hace dos meses, soldados birmanos violaron y mataron a dos mujeres kachin que trabajaban como maestras voluntarias en una aldea del vecino estado de Shan.
Ella misma recibe amenazas y sufre un constante acoso y acusación legales, pero sigue adelante.
Como fundadora de la Red para la Paz en Kachin y la Red de Mujeres Kachin para la Paz, aboga incansablemente por los derechos de las mujeres, niñas y niños desplazados, quienes más sufren la violencia en los campamentos provisorios.
Además, está al frente de Igualdad de Género Ya, una coalición de 90 organizaciones que defienden los derechos de las mujeres.
“Cuando me enteré que me habían elegido para el premio, me dije: ‘¿realmente lo merezco?’”, contó, porque hay tantas mujeres que han demostrado un gran valor en momentos difíciles.
Ella se refería a su amiga kachin, la primera que le abrió los ojos a la difícil situación de las personas desplazadas y a la discriminación de género.
“Es mi símbolo de valor, y cuando me siento decaída, la miro, la escucho y su voz y su fundamento me renuevan las fuerzas”, contó Phyu.
Entre las otras premiadas está Niloofar Rahmani, la primera mujer en convertirse en piloto de la Fuerza Aérea en la historia de Afganistán.
También está la pakistaní Tabassum Adnan, residente del valle de Swat, otrora bajo control del grupo extremista Talibán, y quien sobrevivió a 20 años de abusos físicos y mentales antes de encabezar el primer jirga (consejo) de mujeres dedicado a asuntos como los ataques con ácido, los asesinatos por honor y la “swara”, la práctica de intercambiar mujeres para resolver disputas o compensar un delito.
Afganistán y Pakistán son lugares sumamente peligrosos para las mujeres. La Comisión Independiente de Derechos Humanos afgana registró más de 3.000 casos de violencia contra la mujer en seis meses en 2012 y la policía pakistaní contabilizó 160 ataques con ácido en 2014, aunque organizaciones de la sociedad civil sostienen que el número real es mucho mayor.
En esos países, luchar contra la discriminación suele ser un asunto de vida o muerte, pero eso no disuadió a estas mujeres de optar por el camino de la libertad.
Las otras ganadoras son activistas y periodistas de Bolivia, Guinea, Kosovo, República Centroafricana y Siria.
Kanya D'Almeida. Ipsnoticias.net. 17/03/15

Cuatro argumentos para que las mujeres negocien la paz

Este año, la Plataforma de Acción de Beijing y la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad cumplen 20 y 15 años, respectivamente. Aunque ambas se comprometieron a aumentar la participación de las mujeres en la construcción de la paz, el avance en ese sentido ha sido escaso.
Las últimas estadísticas disponibles muestran que las mujeres representaron solo nueve por ciento de las personas negociadoras en los procesos de paz realizados entre 1992 y 2011. Que los datos más recientes sean de hace cuatro años revela que hace falta más trabajo, incluso en áreas básicas como la recopilación de datos y los informes de la participación femenina en la construcción de la paz.
A continuación, cuatro motivos para priorizar la participación femenina en la mesa de negociación, según los debates desarrollados en el 59 período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW, en inglés), que se celebra en Nueva York desde el 9 hasta el 20 de este mes.
Las mujeres traen compromiso y experiencia a las negociaciones de paz
A menudo los primeros invitados a las negociaciones formales son quienes tienen las armas y las últimas son las mujeres con experiencia en la construcción de una paz duradera.
“En República Centroafricana, la única comunidad donde no se matan unos a otros fue en una… donde las cristianas dijeron ‘estas mujeres musulmanas son nuestras hermanas’”, aseguró Zainab Bangura, representante especial del secretario general de Naciones Unidas sobre la violencia sexual en los conflictos, en una reunión paralela a la CSW.
“¿Por qué? Debido a que las mujeres de la comunidad dijeron ‘hemos vivido juntos durante los últimos 100 años’”, añadió.
En Filipinas, Irene Santiago fue convocada para integrar la comisión gubernamental que negoció la paz con el Frente Moro de Liberación Islámica, tras años de experiencia acumulada trabajando con mujeres dirigentes cristianas, musulmanas e indígenas.
En un encuentro paralelo celebrado en la sede en Nueva York del estadounidense Instituto Internacional de la Paz (IPI), Santiago dijo que sabía que estaba capacitada  para hacer una contribución significativa a las negociaciones formales de paz gracias a sus años de experiencia trabajando con la sociedad civil.
“Para las mujeres casi nunca se trata de sí mismas, sino que siempre se trata de nuestros hijos, nuestros maridos, pero también de nuestras comunidades”, comentó Santiago en entrevista con IPS.
En África, las mujeres luchan por ser incluidas en el proceso de paz, aunque sus aportes no siempre sean reconocidos.
Bineta Diop, enviada especial sobre Mujeres, Paz y Seguridad de la Unión Africana, dice que los mediadores deben responder por sus actos cuando solo invitan a la mesa de negociación a quienes están en poder de las armas e ignoran la contribución de las mujeres.
“Estuve en muchas crisis donde las mujeres llamaban a la puerta y decían que queremos estar en la mesa”, dijo Diop.
El embajador Anwarul Chowdhury dijo que la determinación de las mujeres africanas de participar en las negociaciones de paz debe ser una fuente de inspiración para otros países.
Chowdhury es conocido como el padre de la resolución 1325, el primer documento del Consejo de Seguridad que exige a las partes en conflicto que respeten los derechos de las mujeres y apoyen su participación en las negociaciones de paz y en la reconstrucción posterior a los conflictos,
La igualdad de género en tiempos de paz evita los conflictos armados
En la actividad del IPI, Valerie Hudson, coautora del libro Sex and World Peace (El sexo y la paz mundial), dijo que su investigación demuestra que la manera en que las mujeres son tratadas dentro de un país es uno de los indicadores más precisos de la calidad de las relaciones que ese país tendrá con otros.
Diop coincidió con Hudson y señaló que los países propensos a los conflictos armados tienen mayores niveles de discriminación y desigualdad.
“La discriminación contra la mujer, especialmente la no participación y la no inclusión de las mujeres en la democracia es… una de las causas fundamentales de los conflictos”, aseguró.
Choudhury está de acuerdo. “Creo que ningún país puede afirmar que su país no está en conflicto si se niegan los derechos de las mujeres, si la igualdad de la mujer no está garantizada, si la participación de las mujeres no existe en todos los niveles”, subrayó.
Youssef Mahmoud, asesor del IPI también habló en la actividad de su organización. “Un mundo en el que se ignora a 51 por ciento” de la población “es un mundo peligroso para todos. No puedo imaginar por qué algunos hombres serían indiferentes a esta situación”, cuestionó.
Las mujeres son activas en la sociedad civil
Varias discusiones en la CSW cuestionaron por qué los combatientes son los protagonistas en la construcción de la paz y no se convoca la experiencia de las organizaciones no gubernamentales (ONG) ni del resto de la sociedad civil.
Santiago dijo que la sociedad civil, especialmente las mujeres, tienen mucho que contribuir para humanizar y concretar las negociaciones de paz.
Winnie Kodi, de Sudán, planteó este lunes 16 a los medios de comunicación que la sociedad civil es vital para ayudar a las comunidades indígenas como la suya, afectadas por los conflictos. La principal manera que su pueblo tiene de hacer oír su voz es mediante el trabajo conjunto con las ONG, aseguró.
Chowdhury explicó que trabaja para que la ONU y los gobiernos celebren más consultas con la sociedad civil.
Santiago también pidió que se priorice la importancia del papel de las ONG en el ámbito de la mujer, la paz y la seguridad.
“¿Por qué nos centramos en la ONU como un centro de cambio? Para mí no lo es, es el medio, es un público importante, pero no es el centro de los cambios sociales”, opinó.
“Formemos las redes ciudadanas mundiales que necesitamos para lograr el cambio civil mundial y local que necesitamos”, exhortó.
Las mujeres desafían las causas del conflicto armado
El militarismo y la militarización fue otro de los temas discutidos durante la primera semana de la CSW, en particular por los grupos de la sociedad civil en el foro paralelo de las ONG.
“El aumento del militarismo y la militarización… afectan a las mujeres de una manera muy negativa. Esto es algo que las mujeres deben combatir, que todos deberíamos combatir”, sugirió Chowdhury.
La militarización también afecta a las mujeres y hombres indígenas. Maribeth Biano, de la Red de Mujeres Indígenas de Asia, dijo a los medios este lunes que las mujeres indígenas son enormemente afectadas por la militarización de sus territorios.
Lyndal Rowlands. Ipsnoticias.net.16/03/15

1086. Malala Yousafzai, Nobel de la Paz 2014

Malala, la niña que plantó cara a los talibanes para poder estudiar
Fue tiroteada en la cara por los islamistas cuando iba a la escuela
Se ha convertido en un icono de la lucha por la educación universal
Es la persona más joven galardonada con el premio Nobel de la Paz
Los talibanes paquistaníes intentaron acallarla a tiros a Malala Yousafzai hace un año, pero solo han conseguido hacerla mundialmente conocida y convertirla en un icono de la libertad, la igualdad de la mujer y el derecho a la Educación.
Su lucha incansable por el derecho de las niñas a estudiar le ha merecido los reconocimientos más importantes. Es la premiada más joven con el Nobel de la Paz y el Sájarov a la libertad de conciencia.
Malala ha recibido el Premio Sajarov con el que el Parlamento europeo destaca la lucha por la libertad de conciencia. Y es candidata al Nobel de la paz.
Diario de la discriminación
La historia de Malala comienza en 2009, cuando la niña tenía 12 años y los talibanes paquistaníes controlaban el  valle  del Swat, en el noreste de Pakistán, e imponían su versión rigorista del Islam. Una de sus medidas fue prohibir que las niñas acudieran a la escuela.
El 70% de sus compañeras había dejado de acudir a clase  por miedo o por indicación de sus familias, pero Malala acudía de manera casi clandestina, sin uniforme, escondiendo sus libros. Y comenzó a narrar sus experiencias en un blog diario en la página de la BBC en urdu (una de las lenguas que se hablan en Pakistán), bajo el seudonimo Gul Makay.
“En el mundo - escribía la joven - las chicas van a la escuela libremente y no hay miedo, pero  en Swat cuando vas a la escuela tienes mucho miedo de los talibanes. Ellos nos matarán. Nos lanzarán ácido a la cara. Pueden hacer cualquier cosa”.
“En mi camino a la escuela he escuchado a un hombre diciendo ‘Te  mataré’. Aligeré el paso y un momento después miré si estaba detrás de  mí pero para mi alivio estaba hablando por el móvil y debía estar  amenazando a otro”, decía en otra entrada, el 3 de enero.
La historia llamó la atención del periodista del New York Times, Adam B. Ellick, que entrevistó a Malala y le puso cara, para el mundo pero también para sus enemigos.
Al borde de la muerte
En 2010, el Ejército paquistaní expulsó finalmente a los talibanes del Swat y Malala volvió a su escuela, como ella misma se encargaba de contar contenta a la BBC.
El Gobierno, incluso, decidió convertirla en icono y darle un premio nacional a finales de 2011. Pero desde que su identidad había sido revelada, Malala y su familia sufrían amenazas contínuas.
El 6 de octubre de 2012, finalmente las amenazas se convirtieron en realidad. Un grupo de hombres armados llegó a la escuela. Preguntaron por ella y la esperaron a la salida. Después, subieron al autobús escolar y le dispararon a bocajarro en la cabeza y el  cuello, dejándola al borde de la muerte.
El portavoz de los talibanes paquistaníes, Ehsanullah Ehsan, confesaba que el grupo estaba tras el ataque. "Es pro-occidental, estaba hablando contra los talibanes y decía que  el presidente Obama era su ídolo. Era joven pero estaba promoviendo la  cultura occidental es las zonas pastunes", dijo.
La joven activista fue trasladada en un avión ambulancia desde Islamabad   al hospital Queen Elisabeth de Birmingham, en Reino Unido, donde  se sometió a dos intervenciones quirúrgicas.
En sus primeras declaraciones tras recuperar el habla, Malala reafirmó su compromiso con el derecho de la mujer a la Educación.
Influencia mundial
Desde entonces, Malala se ha convertido en una de 100 personalidades más influyentes del mundo, según la revista Time.
En noviembre de 2012, la ONU dedicó un día en su nombre al derecho universal a la Educación. Durante su discurso, la joven afirmó que no estaba en contra de nadie, ni siquiera de los  talibanes en su país, y aseguró que incluso si tuviera una pistola "no dispararía" a la persona que la atacó.
"Es  algo que aprendí de Mahoma, el patrimonio que recibí de Martin Luther  King y de Nelson Mandela, la filosofía de la no violencia que aprendí de  Gandhi y la madre Teresa, el perdón que aprendí de mi padre y de mi  madre", aseguró entre aplausos.
Quizá por ello ha pedido, recientemente, que se negocie con los talibanes, los mismos que intentaron matarla y le prohibieron ir a clase.
Sin embargo, el predicamento de Malala en el exterior no es correspondido en su país, donde la celebración de la ONU pasó desapercibida.
Los talibanes la han vuelto a acusar de abandonar el Islam y de "convertirse al laicismo", quizá para recordarle que su recién ganada fama internacional no es ningún seguro de vida en la convulsa sociedad paquistaní.
Rtve.es 10/10/14

El emotivo discurso que Malala Yousafzai dio frente a los líderes de la ONU en 2013
El 12 de julio de 2013, el día que cumplía 16 años, la joven Malala Yousafzai, se subió al estrado del auditorio de las Naciones Unidas en Nueva York y ofreció un emotivo discurso en favor de la educación infantil que hizo levantarse a los presentes en aplausos.
Malala Yousafzai, que se ha convertido este viernes en la ganadora más joven del Nobel de la Paz, ganó fama mundial en 2012 cuando milicianos talibán estuvieron a punto de acabar con su vida por su apasionada lucha en favor de la educación para las niñas.
"Los terroristas pensaron que cambiarían nuestros objetivos y frenarían nuestras ambiciones pero nada cambió en mi vida excepto esto: la debilidad, el miedo y la desesperanza murieron. La fuerza, el poder y el valor nacieron", declaró ante la ONU el año pasado.
Este es el discurso que Malala pronunció ante la ONU:
"En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso.
Honorable Secretario General, Sr. Ban Ki-moon; respetado presidente de la Asamblea General, Vuk Jeremic; Sr. Gordon Brown, honorable enviado de la ONU para la Educación Global, respetados ancianos, queridos hermanos y hermanas: Assalamu alaikum. Hoy es un honor para mí estar hablando otra vez después de mucho tiempo. Estar aquí con personas tan distinguidas es un gran momento en mi vida; y es un honor para mí que hoy lleve puesto este chal que perteneciera a la difunta Benazir Bhutto.
No sé por dónde empezar mi discurso. No sé lo que la gente se esperaba que dijera, pero en primer lugar le agradezco a Dios, para quien todos somos iguales, y a cada persona que ha orado por mi rápida recuperación y una nueva vida. No puedo creer el mucho amor que la gente me ha demostrado.
He recibido miles de tarjetas de buenos deseos y regalos de todo el mundo. ¡Gracias a todos ellos! Gracias a los niños cuyas palabras inocentes me han animado. Gracias a los ancianos cuyas oraciones me fortalecieron.
Me gustaría dar las gracias a las enfermeras, médicos y al personal de los hospitales de Pakistán y el Reino Unido y al Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos, porque me han ayudado a mejorar y recuperar mi fuerza. Apoyo plenamente al Secretario General de la ONU, Sr. Ban Ki-moon, en su Primera Iniciativa de Educación Global y el trabajo del enviado especial de la ONU para la Educación Global, Gordon Brown y al Honorable Presidente de la Asamblea General de la ONU, Vuk Jeremic.
Les doy las gracias por el liderazgo que siguen mostrando. Inspiran a todos a la acción. Queridos hermanos y hermanas, recuerden una cosa: el Día de Malala no es mi día. Hoy es el día de cada mujer, cada niño y cada niña que ha levantado la voz por sus derechos. Hay cientos de activistas de derechos humanos y de trabajadores sociales, que no sólo están hablando de sus derechos, sino que están luchando para lograr el objetivo de la paz, la educación y la igualdad.
Miles de personas han sido asesinadas por los terroristas y millones han resultado heridas. Yo sólo soy una de ellas: así que aquí estoy. Aquí estoy, una niña, entre muchas otras. No hablo por mí, sino por aquellos que no tienen voz se puedan hacer oír: aquellos que han luchado por sus derechos. Su derecho a vivir en paz. Su derecho a ser tratados con dignidad. Su derecho a la igualdad de oportunidades. Su derecho a la educación. Queridos amigos, el 9 de octubre de 2012, un talibán me disparó en el lado izquierdo de la cabeza; dispararon a mis amigos, también. Pensaban que las balas nos iban a callar, pero fracasaron.
Y de ese silencio surgieron miles de voces. Los terroristas pensaban que iban a cambiar mis objetivos y hacerme dejar mis ambiciones. Pero nada ha cambiado en mi vida, excepto esto: la debilidad, el miedo y la desesperanza murieron. Nació la Fuerza, el poder, el coraje. Yo soy la misma Malala: Mis ambiciones son las mismas, mis esperanzas son las mismas. Y mis sueños son los mismos. Queridos hermanos y hermanas: no estoy en contra de nadie.
Tampoco estoy aquí para hablar en términos de venganza personal contra los talibán o cualquier otro grupo terrorista. Estoy aquí para hablar en nombre del derecho a la educación de todos los niños. Quiero educación para los hijos e hijas de los talibán y los terroristas y extremistas. Ni siquiera odio al talibán que me disparó. Incluso si tuviera un arma en la mano y él estuviera de pie frente a mí, no le dispararía.
Esta es la compasión que he aprendido de Mahoma, el profeta de la misericordia, Jesucristo y Buda. Este es el legado de los cambios que he heredado de Martin Luther King, Nelson Mandela y Mohammed Ali Jinnah. Esta es la filosofía de la no violencia que he aprendido de Gandhi, Bacha Khan y la Madre Teresa. Y este es el perdón que he aprendido de mi padre y de mi madre.
Esto es lo que mi alma me dice: estar en paz y amor con todos. Queridos hermanos y hermanas, nos damos cuenta de la importancia de la luz cuando vemos oscuridad. Nos damos cuenta de la importancia de nuestra voz cuando somos silenciados. De la misma manera, cuando estábamos en Swat, al norte de Pakistán, nos dimos cuenta de la importancia de los lápices y libros cuando vimos las armas.
El sabio dijo: “La pluma es más poderosa que la espada.” Es cierto. Los extremistas tienen miedo a los libros y bolígrafos. El poder de la educación les da miedo. Tienen miedo de las mujeres. El poder de la voz de las mujeres les da miedo. Esto es por qué mataron a 14 estudiantes inocentes en el reciente ataque en Quetta. Y es por eso que matan a las maestras.
Es por eso que están destruyendo escuelas todos los días: porque tienen miedo al cambio y a la igualdad que llevaremos a nuestra sociedad. Recuerdo que un chico en la escuela, al que un periodista preguntó por qué los talibán estaban en contra de la educación, respondió muy simplemente apuntando hacia un libro: “un talibán no sabe lo que está escrito en el interior de este libro.”
Ellos piensan que Dios es un ser minúsculo y conservador que apuntaría un arma a la cabeza de la gente sólo porque van a la escuela. Estos terroristas están haciendo mal uso del nombre del Islam para su propio beneficio personal. Pakistán es un país amante de la paz y democracia. Pastunes quieren educación para sus hijas e hijos. El Islam es una religión de paz, humanidad y fraternidad. Es deber y responsabilidad de cada uno el conseguir educación para todos los niños, eso es lo que dice. La paz es una necesidad para la educación.
En muchas partes del mundo, especialmente en Pakistán y Afganistán, el terrorismo, la guerra y los conflictos impiden que los niños asistan a la escuela. Estamos muy cansados ??de estas guerras. Las mujeres y los niños sufren de muchas maneras en demasiadas partes del mundo. En India, niños inocentes y pobres son víctimas del trabajo infantil. Muchas escuelas han sido destruidas en Nigeria. Las gente en Afganistán se ha visto afectada por el extremismo.
Las niñas tienen que hacer el trabajo infantil doméstico y se ven obligadas a casarse a una edad temprana. La pobreza,la ignorancia, la injusticia, el racismo y la privación de sus derechos básicos son los principales problemas que enfrentan mujeres y hombres. Hoy me estoy centrando en los derechos de la mujer y la educación de las niñas, ya que ellas son las más afectadas. Hubo un tiempo en que las activistas pidieron a los hombres que lucharan por ellas. Pero esta vez vamos a hacerlo por nosotras mismas. No estoy diciendo que los hombres se aparten de hablar sobre los derechos de la mujer; me estoy enfocando en que las mujeres sean independientes y luchen por sí mismas.
Así que, queridos hermanos y hermanas, ahora es el momento de hablar. Hoy hacemos un llamado a los líderes mundiales para que cambien sus políticas estratégicas en favor de la paz y la prosperidad. Hacemos un llamado a los líderes mundiales para que todos estos acuerdos deban proteger a las mujeres y los derechos de los niños. Un acuerdo que va en contra de los derechos de las mujeres es inaceptable.
Hacemos un llamamiento a todos los gobiernos a garantizar la educación gratuita y obligatoria en todo el mundo, para todos los niños. Instamos a todos los gobiernos para luchar contra el terrorismo y la violencia, a proteger a los niños de la brutalidad y el daño. Hacemos un llamado a los países desarrollados para que apoyen la expansión de las oportunidades de educación para las niñas en el mundo en desarrollo. Hacemos un llamado a todas las comunidades a ser tolerantes, a rechazar los prejuicios por motivos de casta, credo, secta, color o religión asegurando la libertad y la igualdad para las mujeres, para que puedan prosperar.
No todos podremos tener éxito si la mitad de nosotros somos refrenados. Hacemos un llamado a nuestros hermanas de todo el mundo para ser valientes, para asumir la fuerza dentro de sí mismas y desarrollar todo su potencial. Queridos hermanos y hermanas, queremos escuelas y educación para un futuro brillante de todos los niños. Continuaremos el camino a nuestro destino de paz y educación. Nadie nos puede parar. Hablaremos a favor de nuestros derechos y vamos a traer el cambio con nuestra voz.
Creemos en el poder y la fuerza de nuestras palabras. Nuestras palabras pueden cambiar el mundo entero porque lo haremos todos juntos, unidos por la causa de la educación. Y si queremos lograr nuestro objetivo, entonces tenemos que empoderarnos a nosotros mismos con el arma del conocimiento y nos protegeremos con unidad y fraternidad.
Queridos hermanos y hermanas: no debemos olvidar que millones de personas sufren de pobreza, injusticia e ignorancia. No hay que olvidar que millones de niños están fuera de sus escuelas. No debemos olvidar que nuestros hermanos y hermanas están esperando por un futuro pacífico y luminoso. Libraremos una lucha gloriosa contra el analfabetismo, la pobreza y el terrorismo; tomaremos nuestros libros y lápices porque son armas más poderosas. Un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución. Educación primero. Gracias".
Europapress.es. 10/10/14

Las 17 frases de Malala Yousafzai, la nobel de 17 años
La paquistaní ha llevado su activismo por la educación infantil fuera de su país luego de sobrevivir a un atentado casi mortal
Durante años, luchó en un blog con un pseudónimo a favor de la educación de las niñas en el Pakistán dominado por los talibanes, pero luego de dos años que cambiaron radicalmente su vida hoy es la persona más joven en ganar el Premio Nobel de la Paz: Malala Yousafzai.
La paquistaní de 17 años se ha convertido en una de las voces más fuertes de la educación infantil, en especial de las mujeres en países donde el extremismo religioso las margina de esa oportunidad.
El atentado que sufrió en 2012, cuando miembros del Talibán en sus dominios del Valle del Swat (norte de Pakistán) le dispararon de muerte, le ayudó a pasar del anonimato en internet a una lucha frontal por la educación ante presidentes y foros mundiales como el de las Naciones Unidas.
Su mensaje ha resonado por todo el mundo, tanto en su libro Yo soy Malala, como en sus discursos, por ello te presentamos 17 frases destacadas:
1. “Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”. Discurso ante la Asamblea General de la ONU.
2. “Que las mujeres sean independientes y peleen por ellas. Es tiempo de pelear. Llamamos a los líderes mundiales a cambiar sus estrategias”. Declaración en la sede de las Naciones Unidas.
3. "Algunos niños no quieren consolas, quieren un libro y un bolígrafo para ir al colegio". Discurso ante el Parlamento Europeo.
4. “Vivimos como una familia de naciones, es necesario que cada miembro de esta familia reciba oportunidades iguales de crecimiento económico, social y especialmente educacional (…) Si un miembro se rezaga, el resto nunca podrá continuar hacia delante". Discurso ante los miembros de la Commonwealth.
5. “Mi meta no es obtener el Premio Nobel de la Paz. Mi meta es conseguir la paz y mi objetivo es ver la educación de todos los niños”. Entrevista a la BBC.
6. "Teníamos dos opciones, estar calladas y morir o hablar y morir, y decidimos hablar". Premios Convivencia de Valencia, España.
7. “La educación es un poder para las mujeres, y eso es por lo que los terroristas le tienen miedo a la educación. Ellos no quieren que una mujer se eduque porque entonces esa mujer será más poderosa”. Entrevista en The Daily Show.
8. “La educación no es oriental y occidental, la educación es educación y es el derecho de cada ser humano”. Discurso en la Biblioteca de Birmingham.
9. "Hubo un momento en que las mujeres activistas pidieron a los hombres que lucharan por sus derechos. Pero esta vez vamos a hacerlo por nuestra cuenta". Discurso ante la Asamblea General de ONU.
10. "Si se quiere acabar la guerra con otra guerra nunca se alcanzará la paz. El dinero gastado en tanques, en armas y soldados se debe gastar en libros, lápices, escuelas y profesores". Discruso ante el Banco Mundial.
11. "Sabía que me iban a disparar, pero no quise parar mi campaña (contra la influencia talibán y a favor de la educación). Estaba preparada para que me dispararan". Mensaje en la presentación de su libro, Yo soy Malala.
12. "La mejor forma de luchar contra el terrorismo y por la educación es a través de la política. Por eso lo elegí, porque un médico solo puede ayudar a una comunidad, pero un político puede ayudar a todo un país". Entrevista con la agencia EFE.
13. "La voz tiene poder, la gente escucha cuando hablamos; no se trata de combatir el terrorismo con la violencia sino con las palabras". Recibimiento del Premio Convivencia.
14. "No queremos políticos que tomen todas sus decisiones con el único objetivo de imponer sus ideologías, lo que queremos es que escuchen a la gente". Palabras ante el director del Banco Mundial.
15. "Muchas veces me pregunto: ¿hago los deberes o me concentro en el libro? ¿Hago los deberes o trabajo en la fundación Malala? Ambas cosas son importantes, pero entonces pienso, Malala, si pierdes 10 minutos viendo la tele o jugando al criquet está bien", entrevista con EFE.
16. “Los terroristas pensaban que podrían cambiar mis objetivos y frenar mis ambiciones, pero nada cambiará mi vida excepto esto: la debilidad, el miedo y la desesperanza. La fuerza, el poder y el valor nacieron”. Declaración tras recuperarse del atentado de 2012.
17. “Parte de la naturaleza humana es que no aprende la importancia de nada hasta que se nos arrebata algo de nuestras manos”. Entrevista en The Daily Show.
Cnn.com. 10/10/14

Malala Yousafzai llamó a los niños a "defender sus derechos"
La joven pakistaní Malala Yousafzai, quien recibió este viernes el Premio Nobel de la Paz 2014, junto al activista indio Kailash Satyarthi, instó a los niños a "defender sus derechos".
Dijo también que haber recibido el premio era un "honor" y que la hace sentir "más fuerte y corajuda".
En octubre de 2012 el Talibán atacó a Yousafzai, quien hoy tiene 17 años, y le disparó en la cabeza.
El ataque fue porque ella defendía el derecho de las niñas a ir a la escuela.
Es la persona más joven que jamás recibió el Nobel de la Paz.
Dijo en una conferencia en Birmingham, Reino Unido, donde ahora vive, que se enteró de la noticia cuando la sacaron de su clase de química en la escuela.
Por la tarde regresó a su clase de física e inglés.
Bbc.com.uk. 10/10/14

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