Mérida, Yucatán. Toda crisis lleva consigo una oportunidad. Las crisis políticas, como las que estamos viviendo en todos los ámbitos, son consecuencia de las fallas recurrentes en el quehacer político.
La mayoría de los seres humanos estamos negados a ejercer la política que no es otra cosa que la capacidad que debemos tener para llegar a acuerdos vía diálogo y negociación. Para lo cual es necesario asumir valores como respeto, comprensión, tolerancia, etcétera.
En vez de política somos presa de la antipolítica que es la otra cara de la moneda, ya que en vez de la búsqueda de acuerdos las partes antagónicas se enfrascan en episodios de venganza, de rencores, de intolerancia, etcétera.
Y es que cada una de las partes cree tener la verdad total a su favor y quizá sea esa la causa por la cual no pueden ceder ni medio milímetro en sus posturas en pos de buscar el entendimiento y la armonía social.
El ejercicio de la política debe comenzar con el diálogo, que es la virtud que deben tener las personas para intercambiar impresiones sobre determinados asuntos. Así de simple: si no hay diálogo, no hay política.
Y si no hay diálogo mucho menos habrá posibilidad de negociar. La negociación viene a ser la esencia misma del quehacer político. Debe ser la virtud del ser humano para entender que no siempre puede y debe tener toda la razón en todo. Cuando una o ambas partes se niegan a negociar, se niegan a ceder, sólo hay desentendimiento.
Si no hay diálogo no pude haber negociación y si no hay negociación jamás podrá llegarse a consensos. Así de simple: cuando no hay negociación la política está ausente.
Otro de los factores de la política es la comunicación, misma que tiene que entenderse desde un doble ámbito: la que debe darse de modo directo y personal entre quienes forman parte de una misma organización y entre estos y la sociedad, y las posturas públicas que deben ser en función de lo que la sociedad aspira y desea. La falta de comunicación es detonante de malos entendidos y rumores.
El tercer factor que viene a ser el menos afortunado es el de la postura ética, que consiste en la capacidad de la persona humana de actuar con legitimidad sin simulaciones. Así de simple: si no hay legitimidad en la actuación, no hay política.
Entonces ¿por qué surge una crisis pública? Simplemente porque no hay entendimiento y hay más disensos que consensos.
La situación política es particularmente difícil porque se ha llegado al grado de que, en muchos casos si no es que en todos, ni siquiera se abre la posibilidad para entablar el diálogo como premisa necesaria para la negociación. ¿Qué resultado se puede esperar así?
Cuando no hay diálogo ni negociación o cuando éstos se dan sin una postura legítima, se generan o se profundizan los desacuerdos. Y a mayor cantidad de disensos, mayores son los niveles de crisis. Y la situación empeora aún más cuando las divergencias brincan a la esfera pública e involucran a otros agentes.
Ante una crisis cualquier organización cae en una situación de debilitamiento en su estructura, en su imagen y, por ende, en sus niveles de credibilidad. Lo que se pierde no es cualquier cosa: es el poder de sumar esfuerzos y voluntades, es decir, el poder político.
Precisamente cuando una organización padece de una crisis política la primera recomendación es recurrir a los valores que sustentan su existencia misma. Una crisis no se supera cuando los valores quedan como adornos en el papel o en las paredes. Aquí está la oportunidad: la de demostrar que se puede actuar con valores.
Si las crisis no son superadas obviamente la organización seguirá divida y por tanto seguirá siendo vulnerable. Aquí las únicas que salen ganando son las organizaciones contrarias, que en vez de coadyuvar al entendimiento social y supremo se aprovechan de las debilidades en detrimento de la sociedad.
Finalmente, las crisis políticas no se resuelven por sí solas, tienen que ser gestionadas. ¿Cómo? Sencillo: atendiendo las causas que les dieron origen, pero en vez de hacerlo seguimos sin ejercer la política es decir sin diálogo, sin negociación y sin acuerdos. Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia.
Daniel Jesús Carrillo Polanco es Maestro en Comunicación Política y Mercadotecnia
"Vargas Llosa y Liu Xiaobo, una lucha no violenta por la libertad y la democracia."
Ciudad Victoria, Tamaulipas. Mi primer encuentro con Vargas Llosa fue en “La Guerra del Fin del Mundo”, 1981, cuando apenas tenía unos veinte años. Lectura de difícil comprensión para un joven, mas sin embargo entre la religión y el mesianismo, el autoritarismo y la revuelta sebastianista y la narración de hechos históricos del Brasil del siglo XIX me cautivó su lectura y encontré a un escritor que invitaba a leer otros de sus libros, encuentro que continuó con “La Casa Verde” y “Conversaciones en la Catedral”.
Político y Autor de una vasta obra, que tras negársele por años finalmente se le reconoció con el Premio Nobel de Literatura 2010, a pesar de la evidente molestia de Alan García, presidente del Perú, ya que Mario Vargas Llosa es un crítico sistemático e incómodo del gobierno, hoy con el máximo galardón que la humanidad otorga a lo más selecto entra al exclusivo grupo de ilustrados de las letras.
Al igual que Vargas Llosa, Liu Xiaobo ,no tuvo del gobierno chino la aceptación de su premio Nobel de la Paz, sin embargo la humanidad reconoce su lucha pacífica por dos décadas en contra del autoritarismo del gobierno Chino, así como contra la falta de garantías básicas como el respeto a la libertad de expresión y elecciones libres y democráticas.
Ambos coinciden con su congruencia en el tiempo por demandar , a pesar de la represión sufrida, el respeto que se merece todo ciudadano o país para expresarse en libertad , así como el derecho a criticar , cuestionar , demandar y exigir a su gobierno condiciones democráticas y el respeto por los derechos humanos.
Haciendo memoria, Vargas Llosa a principios de los noventas, en una conferencia de prensa donde también lo acompañaba otro Nobel de Literatura, Octavio Paz, apunto lo siguiente; "México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México", dijo un Vargas Llosa que a estas alturas ya parecía de nuevo el político intenso de hace unos meses. México, siguió, "es la dictadura carnuflada". "Tiene las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido que es inarnovible", como lo atestigua El País en una nota del primero de septiembre de 1990.
Y continua,"Yo no creo", refiriéndose al PRI, "que haya en América Latina ningún caso de sistema de dictadura que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándole de una manera muy sutil".
“Los mazazos de Vargas Llosa parecían no terminar. Había asombro en la audiencia. Por un lado, es casi una regla no escrita del sistema político mexicano, léase el régimen priísta, que a los extranjeros les está vedado opinar en México sobre el país. Y peor de un latinoamericano, que por lo general, huyendo de exilios y persecuciones, acude a México, en busca de asilo”.
Tras estas contundentes palabras y el prurito que le causo a “El Innombrable” presidente en ese momento de México y de triste recuerdo para la mayoría y que el día de hoy es el mentor de Peña Nieto, lanzó toda la jauría de políticos, escribanos y medios cooptados por el sistema en contra del hoy laureado premio Nobel de Literatura, exiliándolo extraoficialmente.
La persistencia del pensamiento crítico y analítico del hacer del gobierno aún en varias entidades de nuestro país, tras 80 años de dictadura perfecta, genera persecución, asesinatos, marginación y amenazas a quienes cuestionan la falta de elecciones limpias, libertad de expresión, falta de transparencia y el respeto a los elementales derechos humanos, así como por señalar la corrupción, la demagogia y el mesianismo con el que se maneja el gobernador o rey en turno.
Así como Liu Xiaobo y Vargas Llosa han sufrido persecución de sus respectivos gobiernos, en México, en concreto en algunas entidades en donde el autoritarismo aún es evidente , hay decenas de ciudadanos que debieran recibir un reconocimiento por su pensamiento crítico y valor para expresar sus ideas , en las que en muchas ocasiones podremos no estar de acuerdo en ellas, pero como ciudadanos debemos defender su derecho a expresarlas, como lo menciono Voltaire durante La Ilustración en el Siglo XVIII.
Reconozcamos a quienes por nosotros alzan la voz, critican y proponen lo que posiblemente muchos no nos atrevamos a decir en voz alta.
Agradezcamos a quienes sin intereses de por medio defienden nuestros derechos a pesar de vivir en una sociedad codiciosa, avariciosa, egoísta y con mas miedos que nunca antes.
Pensado Robles, Jorge. "El PRI es la Dictadura Perfecta". La región de Tamaulipas. México. 10/Oct/2010
"La persistencia del pensamiento crítico y la novela"
México, Distrito Federal. Ahora que el PRI prepara su regreso a Los Pinos y el presidente Felipe Calderón asegura no tener problema en devolver a un miembro de ese partido la banda presidencial, convendría recordar la descripción que el ahora premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa hizo de ese partido en 1990. Y vale la pena porque justamente la Academia Sueca destacó que ese galardón le fue concedido por la cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo presentes en su obra.
Hace 20 años durante el encuentro El siglo XX: La experiencia de la libertad organizado por el poeta Octavio Paz, Mario Vargas Llosa hizo una dura crítica a las dictaduras latinoamericanas pues impedían construir por su propia naturaleza, sociedades abiertas, democráticas.
Luego de hacer un recuento de ellas aseguró que el sistema político mexicano encajaba en esa tradición dictatorial con un matiz que es más bien un agravante:
Recuerdo haber pensado muchas veces sobre el caso mexicano con ésta fórmula dijo entonces Vargas Llosa: México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo, no es la Unión Soviética. No es la Cuba de Fidel Castro: es México, porque es una dictadura de tal modo camuflada que llega a parecer lo que no es, pero que de hecho tiene, si uno le escarba, todas las características de una dictadura.
Y el autor de La fiesta del Chivo enumeró las características de lo que para él era una dictadura: En primer término, la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido; un partido que es inamovible, que concede espacio para la crítica en la medida en que esa crítica le sirve, es decir, que confirma que es un partido democrático; un partido que suprime por todos los medios, incluso los peores, aquella crítica que de alguna manera pone en peligro su permanencia. Una dictadura además, que ha creado una retórica que la justifica, una retórica de izquierda, y que para desarrollarla, a lo largo de su historia reclutó muy eficientemente a los intelectuales, a la inteligencia.
Según Vargas Llosa no existía ninguna dictadura que hubiera reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándolo de una manera muy sutil, a través de trabajos y nombramientos, a través de cargos públicos, y sin exigirle una adulación sistemática como hacen los dictadores vulgares, sino por el contrario, pidiéndole más bien una actitud crítica, porque esa es la mejor manera de garantizar la permanencia de ese partido en el poder.
Recordó entonces que el partido que se mantuvo 71 años en el poder se encargaba (incluso) de financiar a los partidos opositores. Otra muestra de ese carácter dictatorial del PRI fue para Vargas Llosa que había sido incapaz de traer a México justicia social. Las tremendas desigualdades existentes en nuestro país eran producto de esa injusticia social y la corrupción, consecuencias muy similares, según el escritor peruano, a las que han tenido los sistemas dictatoriales latinoamericanos.
En aras de la democratización en nuestro país de la que entonces se hablaba, el polémico Vargas Llosa quiso poner ese proceso a prueba al decir públicamente lo que pensaba sobre los usos y abusos del poder en México.
Años después, cuando el PRI había sido derrotado en las elecciones de 2000 el ahora Nobel de literatura aseguró que México vivía ya no una dictadura perfecta sino una democracia imperfecta y eso era un gran avance.
Por desgracia la injusticia social, la corrupción y la inequitativa distribución de la riqueza persisten y la actual clase política tan proclive a saltar de partido en partido parece que sólo busca permanecer en el poder en una especie de gatopardismo en el que todo cambia para que todo siga igual.
Los dueños de la verdad o la de aquellos que quieren imponer la suya a los demás; los que exterminan y persiguen a los opositores; la naturaleza del poder absoluto y sus mecanismos para perpetuarse se encuentran en libros como La guerra del fin del mundo, Conversación en la catedral y La fiesta del Chivo, novelas que aun retratan las estructuras del poder autoritario, sus costumbres y sus ondas expansivas que no se han podido erradicar de nuestras sociedades. La novedad de estas novelas es que esas estructuras siguen vivas con mecanismos más sutiles quizá y nos confirman que las prácticas democráticas son el único antídoto contra las tentaciones autoritarias.
Aranda Luna, Javier. "La persistencia del pensamiento crítico y la novela". La Jornada. México. 11/Oct/2010
Quito, Ecuador. A no pocos “intelectuales” les habrá contrariado el Nobel de literatura a Mario Vargas Llosa. Algunos estarán aún sumergidos en desconcierto, porque habituado como está la mayoría del gremio a hacer de las letras un folletín de propaganda en favor de utopías sanguinarias, la noticia no encaja en su vocación de servidumbre al poder, y Vargas es el más notable pensador liberal latinoamericano, crítico implacable de ese poder. El peruano fue el líder de la ruptura de los escritores de mayor prestigio del mundo con la dictadura cubana, en el ya lejano 1971, cuando el escándalo de la prisión del poeta Heberto Padilla, y su “confesión” obtenida en los calabozos de la dictadura, por los métodos más turbios del estalinismo tropical.
La obra de Vargas esperaba el reconocimiento del premio Nobel. Desde “La Ciudad y los perros”, hasta “La Fiesta del Chivo”, desde “La Casa Verde” hasta “Lituma en los Andes” o “La Conversación el la Catedral”, su obra es una meditación sobre el poder, un genial sarcasmo contra la soberbia, una exploración de la compleja sociedad latinoamericana, de sus secretos, angustias e hipocresías. En el ensayo y en la crónica, lo de Vargas Llosa es un infatigable alegato en favor de la libertad, y un duro y certero juicio sobre dictaduras y despotismos, que desde hace años cae como balde agua fría en un ambiente en que lo usual es la abdicación de las ideas en beneficio de caudillos y santones. Por eso, Vargas Llosa incomoda a muchos, pero, la tarea del escritor quizá sea esa: incomodar, romper los mitos, hacer cuestión de todo y poner de manifiesto la verdad. O la belleza, o la miseria, en todo caso, la dimensión concreta de la humanidad.
Zavalita, el personaje de “Conversación en la Catedral”, oscilando entre el cinismo y la frustración, se preguntaba “¿a qué horas se jodió el Perú?” Desde entonces, cuarenta años ya, el tema sigue pendiente, solo que ahora la pregunta es de todos y más acuciante y actual. Y la respuesta es, seguramente, la misma que se daba por entonces Zavalita “todos jodidos, no hay solución.” Cuando Vargas Llosa escribió ese diálogo, que puede discurrir, entre cervezas y cigarrillos, en cualquier picantería de Lima o de Quito, tocó las fibras de los países mestizos y, en esa frase sumaria y genial, encapsuló las historias, las visiones y las certezas de todos los Zavalitas que son los hombres comunes, los desempleados, los soñadores, los curiosos de la vida, los que, desde siempre, ven al poder como adversario.
Vargas Llosa hizo de la literatura un bastión de libertades, una herramienta, un arma contra los sables y las utopías. Las letras, en el más clásico sentido de la palabra, son su pasión. Su rigor, su constancia, la lealtad a una idea, su compromiso contra poderes y dictaduras son el mejor testimonio de un peruano universal.
Corral, Fabián. "Vargas Llosa, el liberal". El Comercio.com. Ecuador. 11/Oct/2010
Euskadi, España. Robert Putnam (New York, 1941) es uno de los pensadores más influyentes en el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y en su estrategia de superar las diferencias raciales y religiosas para fortalecer los valores comunitarios. También ha sido asesor de otros líderes internacionales, como el presidente francés Nicolas Sarkozy, los ex presidentes estadounidenses Bush y Clinton, los ex primeros ministros británicos Blair y Brown, y el ex primer ministro de Irlanda Bertie Ahern. Hoy mismo se traslada al número 10 de Downing Street donde se reunirá con David Cameron.
- ¿En qué medida puede ayudar la inversión que está realizando Gipuzkoa Aurrera para impulsar los valores sociales en este momento post violencia en el País Vasco?
- Es algo muy poco afortunado que la imagen del País Vasco en el exterior se haya vinculado tan estrechamente con la violencia de ETA; es por lo único que se conoce esta tierra desde el exterior. Pero una cosa es la visión que se tiene desde fuera y otra bien distinta cuando se conoce la realidad sobre el terreno. No soy un experto en el País Vasco ni en Gipuzkoa para poder valorar la situación política actual, pero mi experiencia en el periodo del plomo de la Italia de la década de los 60 me demuestra que si la sociedad reacciona a la violencia, tiene mayor solidaridad y eso aumenta el capital social. Debo admitir que me ha sorprendido gratamente el enorme interés que existe en Gipuzkoa por el capital social. En la práctica las sociedades funcionan mejor allá donde el capital social también es mejor. Apostar como ha hecho la Diputación conlleva beneficios a nivel educativo, sanitario, económico y social, en definitiva, para la prosperidad de la sociedad en general.
- ¿Cómo nos despojamos de ese vínculo País Vasco-violencia?
- Con un esfuerzo muy importante, con un rechazo contundente y sin titubeos de la violencia por parte de la clase política y social. No tengo ninguna receta mágica para solucionar conflictos. Sería ridículo que yo me atreviera a dar una opinión al respecto.
- El rechazo a la violencia es mayoritario por parte de la clase política de este país, sin embargo, sus diferentes mensajes en ocasiones confunden y quizás amplían esa brecha entre clase política y ciudadanos.
- La existencia de esta brecha hace que el reto al que se enfrenta la clase política sea todavía más difícil. Es innegable que el País Vasco está pagando un precio interno muy alto por la violencia y también externo. Hay ejemplos en Europa de cómo las instituciones han podido vencer a la violencia. Pienso en Irlanda del Norte, Alemania con las brigadas rojas, Italia... En todos estos casos se ha necesitado coraje por parte de la clase política para vencer a la violencia y de todos los movimientos sociales. Este problema más amplio de la brecha sólo se puede solucionar si desarrollamos una sociedad civil mucho más intensa con instituciones que unan la esfera público-privada como está haciendo la Diputación. Quizás puede ser una solución para superar el problema específico de la violencia en el País Vasco.
- ¿Y qué papel se les puede exigir a los líderes políticos?
- Es la gran pregunta que ellos mismos se hacen. Los líderes políticos tienen una responsabilidad muy importante de no anteponer sus intereses partidistas ante un debate cívico y político. Ni que decir cuando está la violencia de por medio. Es normal que existan desacuerdos; de hecho es bueno que existan, pero no hay que empeorar tanto la cultura política hasta el punto de que no pueda existir una conversación entre partidos. Obama ganó las elecciones en Estados Unidos porque prometió cultivar una nueva cultura política. Él razona y escucha, pero tanto él como los americanos han entendido en estos dos últimos años que una persona sola no puede dirigir un país. Debe existir una convicción mucho más amplia de que se está ante el camino correcto. En cualquier caso, es demasiado fácil culpar de todos los males a los políticos. Debemos tener muy presente que si determinados políticos adoptan una postura y un discurso es porque hay ciudadanos dispuestos a escucharles y a votarles.
- En su defensa del diálogo entre diferentes, ¿cree también en que se debe dialogar con los terroristas para superar situaciones como la que nos ocupa?
- (Hace una larga pausa). No es fácil dar una respuesta única. Muchas veces para poder llegar a un acuerdo, los líderes políticos deben traspasar fronteras que normalmente no rebasarían. Cuando el IRA inició el proceso de renuncia de la violencia, los unionistas empezaron a tener conversaciones con quienes antes eran considerados terroristas. Ese proceso sólo empezó en el momento en que el IRA renunció a la violencia. Lo mismo ocurre con Estados Unidos e Irán. El gobierno iraní no se ha tenido una actitud correcta con Estados Unidos a lo largo de la historia, pero aprueba los esfuerzos de Obama de intentar un diálogo. Por el momento no ha tenido resultado positivo, no ha cogido la mano que ha extendido Obama, pero hay que tener paciencia. Cada caso es un mundo y hay que analizarlo profundamente, pero si hay un proceso que puede llegar al fin de la violencia, entonces sí los políticos deben abrir un diálogo con los terroristas.
- Esta posibilidad está cerrada en el País Vasco por el momento.
- Necesitamos políticos adultos y no infantiles, aquellos que sean capaces de ir más allá de los juegos adolescentes, más allá del cruce de declaraciones por el que apuestan muchos políticos hoy en día. En el caso de Estados Unidos, es cierto que la popularidad de Obama se ve afectada por la crisis económica que él no causó, pero el don que tiene es que sabe escuchar. Es una habilidad que muchos no tienen. Recuerdo a un Obama muy joven, diez años antes de que llegara a la Casa Blanca, en el seminario sobre capital social que yo organizaba. Él se dedicaba a escuchar. No levantaba la voz y optaba por mantenerse en un segundo plano en ese gallinero en el que se convertían muchas veces el seminario. Después de muchas horas de discusión, él buscaba puntos de encuentro entre diferentes. Es una de las capacidades de Obama y un buen consejo para superar situaciones condicionadas por muchos años de violencia. Obama sabe escuchar y es una virtud muy rara dentro de la clase política.
Álvaro Vicente. "Para superar conflictos hay que escuchar entre diferentes". Diario Vasco.com. 15/Sept/2010.
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