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1496. La no violencia: un estilo de política para la paz

1. Al comienzo de este nuevo año formulo mis más sinceros deseos de paz para los pueblos y para las naciones del mundo, para los Jefes de Estado y de Gobierno, así como para los responsables de las comunidades religiosas y de los diversos sectores de la sociedad civil. Deseo la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad. Especialmente en las situaciones de conflicto, respetemos su «dignidad más profunda»[1] y hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida.
Este es el Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz. En el primero, el beato Papa Pablo VI se dirigió, no sólo a los católicos sino a todos los pueblos, con palabras inequívocas: «Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)». Advirtió del «peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas». Por el contrario, citando Pacem in terris de su predecesor san Juan XXIII, exaltaba «el sentido y el amor de la paz fundada sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor»[2]. Impresiona la actualidad de estas palabras, que hoy son igualmente importantes y urgentes como hace cincuenta años.
En esta ocasión deseo reflexionar sobre la no violencia como un estilo de política para la paz, y pido a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores personales más profundos. Que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz. Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas.
Un mundo fragmentado
2. El siglo pasado fue devastado por dos horribles guerras mundiales, conoció la amenaza de la guerra nuclear y un gran número de nuevos conflictos, pero hoy lamentablemente estamos ante una terrible guerra mundial por partes. No es fácil saber si el mundo actualmente es más o menos violento de lo que fue en el pasado, ni si los modernos medios de comunicación y la movilidad que caracteriza nuestra época nos hace más conscientes de la violencia o más habituados a ella.
En cualquier caso, esta violencia que se comete «por partes», en modos y niveles diversos, provoca un enorme sufrimiento que conocemos bien: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente. ¿Con qué fin? La violencia, ¿permite alcanzar objetivos de valor duradero? Todo lo que obtiene, ¿no se reduce a desencadenar represalias y espirales de conflicto letales que benefician sólo a algunos «señores de la guerra»?
La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos.
La Buena Noticia
3. También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21). Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf. Mt 5,44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39). Cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11) y cuando, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (cf. Mt 26,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones»[3].
Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia. Esta —como ha afirmado mi predecesor Benedicto XVI— «es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este “plus” viene de Dios»[4]. Y añadía con fuerza: «para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”»[5]. Precisamente, el evangelio del amad a vuestros enemigos (cf. Lc 6,27) es considerado como «la charta magna de la no violencia cristiana», que no se debe entender como un «rendirse ante el mal […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12,17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia»[6].
Más fuerte que la violencia
4. Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo»[7]. Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos»[8]. En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos»[9]. Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas.
La no violencia practicada con decisión y coherencia ha producido resultados impresionantes. No se olvidarán nunca los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta (pray-ins), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia. 
No podemos olvidar el decenio crucial que se concluyó con la caída de los regímenes comunistas en Europa. Las comunidades cristianas han contribuido con su oración insistente y su acción valiente. Ha tenido una influencia especial el ministerio y el magisterio de san Juan Pablo II. En la encíclica Centesimus annus (1991), mi predecesor, reflexionando sobre los sucesos de 1989, puso en evidencia que un cambio crucial en la vida de los pueblos, de las naciones y de los estados se realiza «a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia»[10]. Este itinerario de transición política hacia la paz ha sido posible, en parte, «por el compromiso no violento de hombres que, resistiéndose siempre a ceder al poder de la fuerza, han sabido encontrar, una y otra vez, formas eficaces para dar testimonio de la verdad». Y concluía: «Ojalá los hombres aprendan a luchar por la justicia sin violencia, renunciando a la lucha de clases en las controversias internas, así como a la guerra en las internacionales»[11].
La Iglesia se ha comprometido en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países, implicando incluso a los actores más violentos en un mayor esfuerzo para construir una paz justa y duradera.
Este compromiso en favor de las víctimas de la injusticia y de la violencia no es un patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, sino que es propio de muchas tradiciones religiosas, para las que «la compasión y la no violencia son esenciales e indican el camino de la vida»[12]. Lo reafirmo con fuerza: «Ninguna religión es terrorista»[13]. La violencia es una profanación del nombre de Dios[14]. No nos cansemos nunca de repetirlo: «Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra»[15].
La raíz doméstica de una política no violenta
5. Si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental recorrer el sendero de la no violencia en primer lugar en el seno de la familia. Es parte de aquella alegría que presenté, en marzo pasado, en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, como conclusión de los dos años de reflexión de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. La familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón[16]. Desde el seno de la familia, la alegría se propaga al mundo y se irradia a toda la sociedad[17]. Por otra parte, una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero. En este sentido, hago un llamamiento a favor del desarme, como también de la prohibición y abolición de las armas nucleares: la disuasión nuclear y la amenaza cierta de la destrucción recíproca, no pueden servir de base a este tipo de ética[18]. Con la misma urgencia suplico que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños.
El Jubileo de la Misericordia, concluido el pasado mes de noviembre, nos ha invitado a mirar dentro de nuestro corazón y a dejar que entre en él la misericordia de Dios. El año jubilar nos ha hecho tomar conciencia del gran número y variedad de personas y de grupos sociales que son tratados con indiferencia, que son víctimas de injusticia y sufren violencia. Ellos forman parte de nuestra «familia», son nuestros hermanos y hermanas. Por esto, las políticas de no violencia deben comenzar dentro de los muros de casa para después extenderse a toda la familia humana. «El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo»[19].
Mi llamamiento
6. La construcción de la paz mediante la no violencia activa es un elemento necesario y coherente del continuo esfuerzo de la Iglesia para limitar el uso de la fuerza por medio de las normas morales, a través de su participación en las instituciones internacionales y gracias también a la aportación competente de tantos cristianos en la elaboración de normativas a todos los niveles. Jesús mismo nos ofrece un «manual» de esta estrategia de construcción de la paz en el así llamado Discurso de la montaña. Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia.
Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades. Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio. Esto exige estar dispuestos a «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso»[20]. Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social. La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto. Todo en el mundo está íntimamente interconectado[21]. Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna»[22].
La Iglesia Católica acompañará todo tentativo de construcción de la paz también con la no violencia activa y creativa. El 1 de enero de 2017 comenzará su andadura el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que ayudará a la Iglesia a promover, con creciente eficacia, «los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación» y de la solicitud hacia los emigrantes, «los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura»[23]. 
En conclusión
7. Como es tradición, firmo este Mensaje el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. María es Reina de la Paz. En el Nacimiento de su Hijo, los ángeles glorificaban a Dios deseando paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad (cf. Lc 2,14). Pidamos a la Virgen que sea ella quien nos guíe.
«Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla»[24]. En el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. «Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz»[25].
Vaticano, 8 de diciembre de 2016
Francisco
Citas
[1] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.
[2] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1968.
[3] «Leyenda de los tres compañeros»: Fonti Francescane, n. 1469.
[4] Angelus (18 febrero 2007).
[5] Ibíd.
[6] Ibíd.
[7] Discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz (11 diciembre 1979).
[8] Homilía en Santa Marta, «El camino de la paz» (19 noviembre 2015).
[9] Homilía en la canonización de la beata Madre Teresa de Calcuta (4 septiembre 2016).
[10] N. 23.
[11] Ibíd.
[12] Discurso, Audiencia interreligiosa (3 noviembre 2016).
[13] Discurso a los participantes al tercer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares (5 noviembre 2016).
[14] Cf. Discurso en el Encuentro interreligioso con el Jeque de los musulmanes del Cáucaso y con representantes de las demás comunidades religiosas del país, Bakú (2 octubre 2016).
[15] Discurso, Asís (20 septiembre 2016).
[16] Cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 90-130.
[17] Ibíd., 133.194.234.
[18] Cf. Mensaje con ocasión de la Conferencia sobre el impacto humanitario de las armas atómicas (7 diciembre 2014).
[19] Carta Enc. Laudato si’, 230.
[20] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 227.
[21] Cf. Carta Enc. Laudato si’, 16.117.138.
[22] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.
[23] Carta apostólica en forma de «Motu Proprio» con la que se instituye el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (17 agosto 2016).
[24] Regina Coeli, Belén (25 mayo 2014).
[25] Llamamiento, Asís (20 septiembre 2016).
Mensaje de Francisco para la celebración de la 50 Jornada Munial de la Paz.
Vactican.va. 01/01/17

691. Un recluta se enfrenta de nuevo a la cárcel por negarse a actuar contra su conciencia

 
Haifa, Israel. Cada año, varios israelíes menores de 20 años van a la cárcel por negarse, por motivos de conciencia, a servir en el ejército de su país.
Natan Blanc, de 19 años, de Haifa, ha pasado por esto siete veces en cuatro meses.
Este joven asegura que no participará en violaciones de derechos humanos cometidas contra palestinos en los Territorios Ocupados. Su primer encarcelamiento por negarse a acatar la llamada a filas tuvo lugar el pasado noviembre.
Hasta el momento ha cumplido 116 días de prisión. Cada pocas semanas, sale en libertad, y luego es juzgado y encarcelado de nuevo tras repetir su negativa a unirse al ejército. Su liberación más reciente tuvo lugar el 19 de marzo, tras permanecer 20 días recluido en la Prisión Militar 6, en el norte de Israel.
El 21 de marzo compareció ante el Comité de “Evaluación de la Aptitud” de las Fuerzas de Defensa de Israel, que puede eximir a las personas del reclutamiento si las considera no aptas para el servicio.
Ayer, el Comité le comunicó que debe servir en el ejército, por lo que Natan Blanc parece predestinado a volver a prisión cuando concluya la festividad de la Pascua judía, el mes que viene.
Poco antes de empezar a cumplir su sexta pena de prisión, a principios de febrero, Natan Blanc habló con sobre su motivación para objetar al servicio militar.
“En el Israel actual existe el apartheid”, dijo.
“Nadie habla de conceder a los palestinos igualdad de derechos, ni siquiera el derecho al voto. No quiero formar parte de esta situación […]. Quiero poder defender mis actos y no hacer cosas contrarias a mi conciencia.”
Amnistía Internacional pide a las autoridades israelíes que acepten la objeción de conciencia de Natan Blanc y dejen de encarcelarlo por sus creencias.
Según afirma, Natan Blanc empezó a poner en duda el reclutamiento hace cuatro años, cuando tenía sólo 15, durante la invasión de Gaza por parte de Israel en la “Operación Plomo Fundido”.
“La oleada de militarismo agresivo que barrió el país en aquel entonces, las expresiones de odio mutuo y la vana retórica sobre erradicar el terror y crear un efecto disuasorio fueron los principales detonantes de mi negativa”, explicó.
Al concluir el conflicto de 2008-2009, cientos de palestinos y tres civiles israelíes habían muerto, y Gaza estaba en ruinas.
Tras la “Operación Plomo Fundido”, al menos nueve israelíes menores de 20 años fueron encarcelados en 2009 por ser objetores de conciencia: una cifra más alta de lo habitual.
Cuatro años después, Israel no ha llevado a cabo una investigación exhaustiva e independiente sobre los crímenes de guerra cometidos durante la “Operación Plomo Fundido”, y hasta el momento no hay nada que indique que las denuncias de violaciones del derecho internacional cometidas durante el conflicto de noviembre de 2012 con Gaza se investigarán de manera independiente e imparcial.
Natan Blanc cree que “al gobierno de Netanyahu […] no le interesa encontrar una solución a la situación actual”.
“Nosotros, como ciudadanos y seres humanos, tenemos el deber moral de negarnos a participar en este juego cínico.”
Muchos jóvenes israelíes evitan ser reclutados alegando motivos mentales o físicos, o motivos religiosos.
El octubre de 2012, Omar Sa’ad, de 17 años, druso de Galilea, se negó, en una carta abierta al primer ministro y al ministro de Defensa, a someterse a examen médico, el procedimiento habitual para ser considerado no apto para servir en el ejército israelí.
En la carta decía: “Me niego porque soy un hombre de paz y odio todas las formas de violencia, y la institución militar representa para mí el exponente máximo de violencia física y psicológica”.
Podría ser detenido en cualquier momento y ser conducido a la base de iniciación para ser sometido al examen médico.
Noam Gur fue encarcelada el pasado abril, a los 18 años, tras manifestar su negativa “[…] a unirme a un ejército que, desde que se estableció, se ha dedicado a dominar a otra nación, a saquear y aterrorizar a una población civil a la que tiene bajo su control”.
Esta joven cumplió dos penas de prisión antes de ser eximida del servicio militar.
A menos que el ejército acceda a licenciar a Natan Blanc, el número de veces que éste puede ser juzgado es técnicamente ilimitado.
“Creo que los juicios repetidos son una manera pésima de manejar la situación”, dijo a Amnistía Internacional.
En 2003, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria concluyó que, al condenar repetidamente a personas sobre la base de su objeción de conciencia, Israel estaba de hecho castigándolas por el mismo delito una y otra vez, y por tanto violando los derechos que amparan a estas personas en virtud de las normas internacionales de derechos humanos que prohíben procesar a una persona más de una vez por un mismo delito.
“Si alguien comete un crimen, sabe durante cuánto tiempo va a estar en la cárcel [...]. En una sociedad civilizada, sólo me habrían juzgado una vez y ya está, aunque me hubieran condenado a una pena de prisión más larga.”
Un “comité de conciencia” dirigido por el ejército decide las exenciones de los objetores de conciencia, pero normalmente esas objeciones sólo se admiten cuando son por motivos religiosos.
La ley israelí permite eximir a pacifistas, pero el comité de conciencia suele rechazar sus casos.
Amnistía Internacional considera que el gobierno israelí debe establecer un órgano totalmente independiente e imparcial para evaluar las objeciones de conciencia de manera justa y transparente.
Al fin y al cabo, el derecho a objetar al servicio militar por motivos de conciencia es un derecho protegido por el derecho internacional de los derechos humanos.
Amnistía Internacional. 25/03/13

679. Cultura de Paz y Derechos Humanos


La Paz requiere sociedades que vivan en Equidad, Libertad, Igualdad y Solidaridad.
Caracas, Venezuela. Naciones Unidas define la cultura de paz como "los valores, actitudes y comportamientos que reflejan e inspiran la interacción social y animan a compartir basándose en los principios de libertad, justicia y democracia". La cultura de paz busca superar la violencia e instaurar un modelo de convivencia basado en el respeto de la diversidad y resolución pacífica de conflictos.
Esta búsqueda de la paz debe operar tanto a nivel interno como en las relaciones entre Estados, pues es precisamente la falta de compromiso con la paz a nivel internacional lo que ha permitido grandes conflictos bélicos que han cegado la vida de millones de seres humanos a través de la historia.
Los principios rectores de la cultura de paz son fundamentales para instaurar un orden de justicia y bienestar, pero no bastan en sí mismos para lograr la paz social, pues hace falta compromiso y acciones concretas para darles vigencia. Cabe preguntarse, por lo tanto ¿de quién depende tal compromiso? Indudablemente, los estados deben fortalecer la cultura de paz, promoviendo la plena vigencia de los derechos humanos, utilizando la educación como una herramienta transformadora, trabajando para superar las desigualdades y fortaleciendo las instituciones democráticas, es decir, tomando las medidas necesarias para asegurar una convivencia pacífica. Sin embargo, la promoción de la paz no es una tarea exclusiva de los estados, ya que la sociedad civil también está llamada a contribuir activamente en el reto de neutralizar la violencia, de modo que se promueva y se practique la paz a nivel comunitario, vecinal, escolar, etcétera.
La cultura de paz guarda estrecha relación con los derechos humanos, pues al promover la comprensión, el respeto y la solidaridad, es posible lograr una convivencia más justa, libre y respetuosa de la dignidad humana. Claramente, se trata de una tarea compleja que requiere el compromiso de parte de las autoridades, pero que sobre todo necesita el apoyo de todas y todos para generar cambios estructurales que faciliten la convivencia en un contexto de plena vigencia de los derechos humanos.
Consolidar la cultura de paz es un trabajo arduo, que requiere de la intervención de diversos actores, tanto públicos como privados, que se esfuercen por el arreglo pacífico de los conflictos, el respeto y el entendimiento mutuos, la promoción de la democracia, la plena vigencia de los derechos humanos y las libertades, la construcción del diálogo, la negociación, la búsqueda de consenso, la promoción del desarrollo económico y social, la eliminación de toda forma de discriminación, entre otras muchas acciones.
La paz es mucho más que la ausencia de guerra, requiere sociedades que vivan en equidad, libertad, igualdad y solidaridad, entre otros valores; es por ello que la construcción de paz es un proceso que comienza con la promoción de la cultura de paz, para que a través de la educación se instauren todos esos valores asociados que permitan alcanzar la meta. Tal como dijo Eleonor Roosevelt "No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla".
Rafael Garrido Álvarez. Analítica.com. 19/02/13

522. 10 días por la Paz y los Derechos Humanos: Jornada Nacional e Internacional en México, del 12 al 21 de Septiembre 2012

México, Distrito Federal. El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) invita a organizaciones civiles, colectivos, movimientos sociales y ciudadanía en general, a sumarse a la jornada nacional e internacional “10 días por la paz y los Derechos Humanos” del 12 al 21 de septiembre de 2012.
Esta iniciativa pretende dar continuidad al esfuerzo de visibilización de las diferentes problemáticas en Derechos Humanos y paz que han hecho diversas organizaciones a lo largo del sexenio.
El gobierno de Felipe Calderón deja al país en una situación de emergencia nacional, en un contexto de graves violaciones a los Derechos Humanos, más de 70 mil muertos y cerca de 20 mil desaparecidos e importantes pendientes para la agenda ciudadana y de Derechos Humanos que no han contado con la voluntad política necesaria para ser atendidos.
Ante esto, creemos que la sociedad civil y la ciudadanía en general debemos responder con unidad desde la diversidad de esfuerzos y espacios. Por ello, les invitamos a sumarnos durante 10 días a esta iniciativa que pretende ser lo más amplia e incluyente posible, respetado el tono, discurso y carácter individual de las organizaciones que se integren.
Queremos reiterar que esta iniciativa no pretende obligar a las organizaciones participantes a sumarse a la agenda del MPJD, ni que ninguna organización o grupo de organizaciones capitalice los esfuerzos de la misma. Por el contrario, invita a sumar todos nuestros esfuerzos para visibilizar la grave situación por la que estamos atravesando antes de que concluya el presente sexenio, así como aprovechar y compartir la gran visibilidad que ha levantado la Caravana por la Paz en Estados Unidos, cuyos resultados esperamos que puedan impulsar diversos procesos para el avance de la lucha por mejores condiciones para la paz y los Derechos Humanos en nuestro país.
La Jornada iniciará el 12 de septiembre, día que la Caravana por la Paz, y concluirá su recorrido declarando —junto al resto de organizaciones que impulsaron este esfuerzo binacional— el Día Mundial por la Paz en México. Ese día invitamos a todas y todos a concentrarnos frente a la Embajada de Estados Unidos, donde realizaremos un acto simbólico para denunciar la corresponsabilidad del gobierno de dicho país con la situación de violencia y afectación de los Derechos Humanos en México. Así mismo, convocamos a que en otras ciudades de México y otros países, se realicen concentraciones frente a los consulados de Estados Unidos —y representaciones de México, en su caso— en apoyo a esta causa.
Durante estos diez días, realicemos en nuestros espacios y comunidades actividades políticas, académicas, artísticas y de cualquier índole, para reivindicar la unidad nacional por la paz y los Derechos Humanos. El 21 de septiembre, día en que se conmemora el Día Mundial por la Paz instaurado por la ONU, nos uniremos a las cientos de organizaciones que alrededor del mundo realizarán actos, en un evento artístico-cultural en el Zócalo de la Ciudad de México. Éste será organizado por el colectivo El Grito más Fuerte, con la participación de grupos de música, colectivos audiovisuales y será el primer acto público de las y los participantes de la Caravana por la Paz a su regreso en nuestro país.
Diez propuestas para participar:
1.            Organizar eventos sobre paz y Derechos Humanos; tales como: foros, conciertos, obras de teatro, esculturas, exposiciones, entre otros.
2.            Visita nuestro blog y página de Facebook, y difunde los materiales que puedes encontrar en éstos por redes sociales usando el hashtag #10xlapazyDDHH.
3.            Súmate a las actividades y organización de los 10 días por la paz y los Derechos Humanos.
4.            Pasa la voz nacional e internacionalmente, e invita a una organización.
5.            Construye tu propio comité, colectivo y brigada para organizar alguna actividad.
6.            Crea y comparte materiales que contribuyan a promover una cultura de paz, noviolencia y defensoría de los Derechos Humanos.
7.            Realiza intervenciones artísticas.
8.            Sube videos sobre la paz y los Derechos Humanos al blog.
9.            Enciende una vela, pon una bandera blanca, o crea tu símbolo y ponlo en tu casa, espacios de trabajo o coche.
10.         Discute con tus vecinos, amigos y familiares que son para ti la paz y los Derechos Humanos.
Para facilitar la organización acude a la reunión entre organizaciones y colectivos todos los viernes a las 4pm en la Casa de la Solidaridad ubicada en Patricio Sanz 449, entre Luz Saviñón y Romero de Terreros, Col. Del Valle. Para inscribir alguna actividad e integrarla al espacio de la Jornada 10 días por la paz y los Derechos Humanos escribe a: 10diasporlapaz@gmail.com
Esta Jornada la construimos todos; por ello esperamos contar con tu participación. Recuerda que todos los actos deben ser pacíficos, noviolentos y en pro de los Derechos Humanos.
Por la Paz y los Derechos Humanos. 28/08/12
http://porlapazyddhh.wordpress.com/2012/08/28/10-dias-paz-y-ddhh-convocatoria-sep-2012/

Revista Conexión Social

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