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1709. "Nuestro mundo nunca ha estado más amenazado. O más dividido. Nos enfrentamos a la mayor cascada de crisis de nuestra vida": António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas


En su intervención ante los líderes mundiales, el titular de la ONU presenta un grave panorama de la situación en la que se encuentra el mundo que van desde el fracaso en la lucha contra la pandemia de COVID-19 y contra el cambio climático hasta el creciente el incumplimiento de los derechos humanos, la falta de respeto a la ciencia o el aumento de la división entre ricos y pobres y entre bloques geopolíticos.
“Estoy aquí para hacer sonar la alarma (…) Nuestro mundo nunca ha estado más amenazado. O más dividido. Nos enfrentamos a la mayor cascada de crisis de nuestra vida. La pandemia del COVID-19 ha sobredimensionado las flagrantes desigualdades. La crisis climática está golpeando el planeta. La agitación desde Afganistán hasta Etiopía, pasando por Yemen y más allá ha frustrado la paz. Un aumento de la desconfianza y la desinformación está polarizando a la gente y paralizando las sociedades. Los derechos humanos están bajo fuego. La ciencia está siendo atacada. Y los salvavidas económicos para los más vulnerables llegan demasiado poco y demasiado tarde... si es que llegan. La solidaridad está ausente, justo cuando más la necesitamos”.
Con estas palabras, el Secretario General de la ONU ha abierto el debate del 76 periodo de sesiones de la Asamblea General ante una sala en la que solo se sentaban unos pocos líderes mundiales debido a la pandemia de COVID-19, mientras que el resto de los mandatarios participarán de forma virtual en este foro que cada año expone la situación general de los problemas que carcomen el planeta y las soluciones que se ofrecen para atajarlos.
António Guterres quiso ser muy claro en su descripción de la grave situación que afronta el mundo y el momento actual para lo cual utilizó multitud de metáforas e imágenes, entre ellas una de la que afirmó tal vez explique la historia de nuestro tiempo: “La imagen que hemos visto en algunas partes del mundo de las vacunas COVID-19 en la basura. Caducadas y sin usar”.
Después añadió que esa fotografía muestra todo lo bueno y lo malo del ser humano ya que, “por un lado, vemos las vacunas desarrolladas en un tiempo récord, lo que es una victoria de la ciencia y el ingenio humano. Y, por otro lado, vemos ese triunfo deshecho por la tragedia de la falta de voluntad política, el egoísmo y la desconfianza”.
“Esto es una acusación moral del estado de nuestro mundo. Es una obscenidad. Hemos aprobado el examen en Ciencias, pero no el de Ética”, declaró.
Un infierno en la tierra
A la crisis provocada por la pandemia, se añade la del cambio climático y el reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático que indica que no estamos en camino de cumplir los objetivos del Acuerdo de París y mantener la temperatura media de la Tierra en 1,5 grados centígrados por encima de la era preindustrial “es un código rojo para la humanidad”.
“Necesitamos un recorte del 45% de las emisiones de gases de efector invernadero para 2030. Sin embargo, otro reciente informe de la ONU dejó claro que, con los actuales compromisos climáticos nacionales, las emisiones aumentarán un 16% para 2030. Eso nos condenaría a un infierno de aumentos de temperatura de al menos 2,7 grados por encima de los niveles preindustriales.
Guterres dijo que estamos a semanas de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima en Glasgow, pero aparentemente a años luz de alcanzar nuestros objetivos (…) debemos actuar rápido.
La enfermedad de la desconfianza
Al mismo tiempo, otra enfermedad se está extendiendo en nuestro mundo: un mal de desconfianza, según el titular de la ONU.
“Cuando la gente ve las promesas de progreso negadas por las realidades de su dura vida diaria... Cuando ven sus derechos y libertades fundamentales recortados... Cuando ven la pequeña y también la gran corrupción a su alrededor… Cuando ven a los multimillonarios viajando al espacio mientras millones pasan hambre en la tierra... Cuando los padres ven un futuro para sus hijos que parece aún más sombrío que las luchas de hoy... Y cuando los jóvenes no ven ningún futuro... La gente a la que servimos y representamos pierde la fe no sólo en sus gobiernos e instituciones, sino también en los valores que han animado el trabajo de las Naciones Unidas durante más de 75 años”, afirmó Guterres.
Y explicó que la ruptura de la confianza está llevando a la ruptura de valores fundamentales como la paz, los derechos humanos, la dignidad, la igualdad, la justicia y la solidaridad, que ahora están están en el punto de mira.
“Las promesas, después de todo, no tienen valor si la gente no ve resultados en su vida diaria. La falta de resultados crea un espacio para algunos de los impulsos más oscuros de la humanidad. Proporciona oxígeno para las soluciones fáciles, las pseudo-soluciones y las teorías de la conspiración. Es el combustible para avivar antiguos agravios, la supremacía cultural, la dominación ideológica, la misoginia violenta, la discriminación de los más vulnerables, incluidos los refugiados y migrantes.
Solo el multilateralismo nos salvará
Por todo ello, aseguro que “nos enfrentamos a la hora de la verdad. Ahora es el momento de cumplir. Ahora es el momento de restablecer la confianza. Ahora es el momento de inspirar esperanza. Y yo tengo esperanza. Los problemas que hemos creado son problemas que podemos resolver. La humanidad ha demostrado que somos capaces de grandes cosas cuando trabajamos juntos. Esa es la razón de ser de nuestras Naciones Unidas”.
Y añadió: “Pero seamos francos. El sistema multilateral actual es demasiado limitado en sus instrumentos y capacidades, en relación con lo que se necesita para una gobernanza eficaz de la gestión de los bienes públicos mundiales. Está demasiado fijado en el corto plazo. Tenemos que reforzar la gobernanza mundial. Tenemos que centrarnos en el futuro. Tenemos que renovar el contrato social. Tenemos que garantizar unas Naciones Unidas adecuadas para una para una nueva era”.
Recordó que con ese propósito presentó recientemente el documento Nuestra Agenda Común, que ofrece un análisis de 360 grados del estado de nuestro mundo, con 90 recomendaciones específicas recomendaciones específicas que abordan los retos de hoy y fortalecen el multilateralismo para el futuro.
Seis cuestiones dividen el mundo
A continuación, expuso lo que consideró son las seis brechas que deben superarse para lograr un mundo mejor y para las que ha hecho una serie de propuestas en su Agenda Común:
La división de la paz
La división del clima
La división entre ricos y pobres
La división de género
La división digital
La división generacional
Una nota de esperanza
Tras ese sombrio panorama, el Secretario General quiso terminar con una nota de esperanza al señala que “con un compromiso real, podemos cumplir la promesa de un mundo mejor y más pacífico” a través de su Agenda Común, ya que “la mejor manera de promover los intereses de los propios ciudadanos es promoviendo los intereses de nuestro futuro común”.
“La interdependencia es la lógica del siglo XXI. Y es el principio básico de las Naciones Unidas. Este es nuestro momento. Un momento de transformación. Una era para reavivar el multilateralismo. Una era de posibilidades. Restauremos la confianza. Inspiremos esperanza. Y empecemos ahora mismo”, concluyó.
Noticias ONU. Naciones Unidas. 21/09/2021
https://news.un.org/es/story/2021/09/1497032

1705. Vacunas contra la COVID-19: ¿Se puede conseguir la equidad en un contexto de desigualdad con millones de personas vulnerables?



Las máximas autoridades sanitarias coinciden en que acabar con el COVID-19 a nivel global no será posible hasta que todas las personas dispongan del mismo acceso a las vacunas. El coronavirus ya ha causado más de 4,6 millones de muertes desde principios de 2020 aunque se espera una disminución del número de fallecidos si se logra vacunar a más personas.
La probabilidad de que los países desarrollados vacunen a sus ciudadanos es mucho más alta que en los países en desarrollo, una situación que conlleva el riesgo de prolongar la pandemia y aumentar la desigualdad mundial. En paralelo a la celebración este lunes de un diálogo entre altos funcionarios de las Naciones Unidas, Noticias ONU explica la importancia de un acceso igualitario a las vacunas.
¿Qué es la distribución equitativa de vacunas?
En pocas palabras significa que todas las personas deben tener las mismas condiciones de acceso a una vacuna que ofrezca protección contra el coronavirus, independientemente de donde habiten.
La Organización Mundial de la Salud se ha fijado el objetivo de vacunar al 70% de la población mundial a mediados de 2022. Sin embargo, si se quiere alcanzar esta meta será necesario conseguir un acceso más equitativo a las vacunas
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, destaca que el acceso igualitario a las vacunas "no es ni ingeniería espacial, ni caridad. Se trata de salud pública inteligente y redunda en beneficio de todos".
¿Por qué es tan importante?
Aparte del argumento ético de que ningún país o ciudadano, por muy rico o pobre que sea, se merece la vacuna más que otro, una enfermedad infecciosa como el COVID-19 seguirá siendo una amenaza global, mientras exista en cualquier parte del mundo.
La distribución desigual de las vacunas no sólo deja a millones o miles de millones de personas en situación de vulnerabilidad frente a un virus letal, sino que también permite la aparición de variantes de la enfermedad todavía más mortíferas y que éstas se propaguen por todo el mundo.
Es más, una distribución desigual de las vacunas profundizará las desigualdades y aumentará la brecha entre ricos y pobres, y además revertirá décadas de progreso en materia de desarrollo humano que tanto ha costado conseguir.
La ONU indica que la desigualdad en el acceso a las vacunas tendrá un impacto duradero en la recuperación socioeconómica de los países de ingresos bajos y medios-bajos y que retrasará el progreso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización.
Por ejemplo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) prevé que ocho de cada diez personas que hayan caído en la pobreza durante la pandemia del coronavirus vivirán en los países más pobres del mundo en 2030.
Las previsiones también sugieren que en los países de bajos ingresos los impactos económicos de la COVID-19 pueden durar hasta 2024, mientras que en los países de altos ingresos se podrían alcanzar tasas de crecimiento del PIB anteriores a la aparición del coronavirus a finales de este año.
¿Funciona este enfoque de lucha contra la pandemia?
No, lo advertía el pasado mes de abril el doctor Tedros cuando declaró que "la equidad de las vacunas es el reto de nuestro tiempo... y estamos fracasando".
Aunque en 2021 se producirán suficientes vacunas para cubrir al 70% de la población mundial compuesta por 7800 millones de personas, la mayoría de las vacunas se reservan para los países ricos, mientras que otras naciones productoras de vacunas restringen su exportación priorizando la vacunación de sus ciudadanos, un enfoque que se ha denominado una “actitud nacionalista con respecto a las vacunas”.
Un claro ejemplo de esta tendencia se produce en los países donde los ciudadanos ya inoculados reciben una vacuna de refuerzo, en lugar de priorizar las dosis sobrantes para las personas no vacunadas en los países más pobres.
Aun así, la buena noticia es que hasta el 15 de septiembre se han administrado más de 5500 millones de dosis en todo el mundo, aunque dado que la mayoría de las vacunas disponibles requieren dos dosis, el número de personas protegidas es mucho menor.
¿Qué países están recibiendo las vacunas?
Mientras que los países ricos reciben la mayoría de las vacunas, muchas de las naciones más pobres tienen dificultades para vacunar incluso a un pequeño número de ciudadanos.
Según el Tablero Mundial para la Equidad de las Vacunas (establecido por el PNUD, la OMS y la Universidad de Oxford) el 15 de septiembre, sólo el 3,07% de los habitantes de los países de bajos ingresos habían recibido la primera dosis en comparación con el 60,18% de los países de altos ingresos.
Así, cerca del 70,92% de las personas que viven en el Reino Unido fueron inoculados con la primera dosis de la vacuna, mientras que en Estados Unidos la cifra es del 65,2%.
Sin embargo, otras naciones de ingresos altos y medios no se encuentran en una situación tan favorable. En Nueva Zelanda sólo se ha vacunado al 31,97% de una población compuesta por unos cinco millones de habitantes, aunque en Brasil la tasa de vacunación está ahora en el 63,31%.
Estas cifras contrastan con las estadísticas de algunos de los países más pobres del mundo. En la República Democrática del Congo, sólo el 0,09% de la población ha recibido una dosis de la vacuna; en tanto que, en Papúa Nueva Guinea y Venezuela, la tasa es del 1,15% y del 20,45% respectivamente.
¿Cuánto cuesta una vacuna?
Los datos de UNICEF muestran que el coste medio de una vacuna COVID-19 es de 2 a 37 dólares (con 24 vacunas aprobadas por al menos una autoridad reguladora nacional) y el coste de distribución estimado por persona es de 3,70 dólares. Esto representa una importante carga financiera para los países de bajos ingresos, donde, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el gasto sanitario medio anual per cápita asciende a 41 dólares.
El Tablero Mundial para la Equidad de las Vacunas muestra que, sin una ayuda financiera mundial inmediata, los países de bajos ingresos tendrían que aumentar su gasto sanitario a un 57% para cumplir el objetivo de vacunar al 70% de sus ciudadanos.
¿Qué ha hecho la ONU para promover un acceso más equitativo a las vacunas?
La Organización Mundial de la Salud y UNICEF han trabajado con otras organizaciones para establecer y gestionar el Mecanismo para un Acceso Mundial a las Vacunas COVID-19, conocido como COVAX. Lanzado en abril de 2020, la primera agencia de la ONU lo calificó como una "colaboración mundial innovadora para acelerar el desarrollo, la producción y el acceso equitativo a las pruebas, los tratamientos y las vacunas de COVID-19".
Su objetivo es garantizar un acceso justo y equitativo para todos los países del mundo en función de las necesidades y no del poder adquisitivo.
Según la Alianza Gavi, que cuenta con el apoyo de la ONU, COVAX cuenta actualmente con 141 participantes, pero esa no es la única forma en que los países pueden acceder a las vacunas ya que también pueden llegar a acuerdos bilaterales con los fabricantes.
¿Logrará la igualdad de acceso acabar con la pandemia?
Aunque obviamente es un paso crucial, y en muchos de los países más ricos la vida para muchas personas está volviendo a una especie de normalidad, la situación en los países menos desarrollados es más difícil.
Aunque la entrega de vacunas proporcionadas en el marco del Mecanismo COVAX está siendo bien recibida en todo el mundo, la debilidad de los sistemas sanitarios, que incluye la falta de personal sanitario, está contribuyendo a aumentar los problemas de acceso y distribución sobre el terreno.
Además, los problemas de equidad no desaparecen tras la entrega física de las vacunas en cada país; en algunas naciones, tanto en ricas como en pobres, pueden persistir las desigualdades en la distribución.
También vale la pena recordar que el requisito de facilitar un acceso equitativo a la atención sanitaria no es una cuestión nueva, sino que es fundamental en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En concreto, para el Objetivo número 3 sobre la salud y el bienestar, que busca la cobertura sanitaria universal y medicamentos esenciales y vacunas asequibles para todos.
El doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud; Achim Steiner, administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; y Vera Songwe, que dirige la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África participaron este lunes en la conversación sobre la equidad de las vacunas como parte de una serie de encuentros denominados “Momento para impulsar los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.
ONU Noticias. Naciones Unidas. 20/09/2021
https://news.un.org/es/story/2021/09/1497022?utm_source=Noticias+ONU+-+Bolet%C3%ADn&utm_campaign=31a9f85152-EMAIL_CAMPAIGN_2021_09_21_12_00&utm_medium=email&utm_term=0_e7f6cb3d3c-31a9f85152-106929537

1689. Diez países han acaparado el 75% de las vacunas COVID-19 administradas


En este momento, la distribución equitativa de las G20s es la mayor prueba moral que enfrenta la humanidad; sin embargo, la vacunación ha sido tremendamente injusta y desigual, dice el titular de la ONU. “Si se permite que el virus se propague como la pólvora en el Sur global, mutará una y otra vez”, advierte y llama al G20 a formar un grupo de trabajo que elabore un plan mundial de inmunización y movilice su financiamiento.
El Secretario General de las Naciones Unidas dijo este miércoles que más de 130 países no han recibido una sola dosis de las vacunas COVID-19 y denunció que el 75% de las inmunizaciones aplicadas hasta el momento se ha concentrado en tan sólo diez naciones, todas ellas desarrolladas.
En una sesión de alto nivel del Consejo de Seguridad de la ONU, António Guterres se refirió a la esperanza que ha suscitado el inicio de la vacunación para derrotar la pandemia del coronavirus y afirmó que esta capacidad científica debe utilizarse en beneficio de todos los habitantes del planeta, recordando que nadie estará a salvo hasta que todos estén a salvo.
“En este momento crítico, la mayor prueba moral que encara la comunidad global es la equidad en la distribución de vacunas. Debemos asegurarnos de que todo el mundo, en todas partes, pueda vacunarse lo antes posible”, apuntó.
Guterres lamentó que, pese a esto, el progreso en la vacunación haya sido “tremendamente desigual e injusto”.
En su intervención, el líder de la ONU también refrendó su llamado a un alto el fuego global “para aliviar el sufrimiento, crear un espacio para la diplomacia y permitir el acceso humanitario, incluida la entrega de vacunas en todo el mundo”.
Plan Mundial de Vacunación
Tras alertar sobre el riesgo de que las vacunas y diagnósticos actuales podrían perder efectividad si se permite la propagación del virus en el Sur global y los estragos aún mayores que esto provocaría en las esferas sanitaria y económica de todos los países, pugnó por el establecimiento de un Grupo de Trabajo de Emergencia que impulse y coordine la lucha contra la pandemia a nivel mundial.
El titular de la ONU consideró que el G20 podría encargarse de esta tarea que, además de la formación del Grupo, comprendería la elaboración de un Plan Mundial de Vacunación para reunir a todos los actores con poder, experiencia científica y capacidades financieras y de producción.
El Plan debería incluir a todos los países con capacidad de desarrollar o producir vacunas si se contara con las licencias para hacerlo, explicó.
Para orquestar la implementación y financiamiento del Plan, el Grupo de Trabajo actuaría en colaboración con la Organización Mundial de la Salud y otros organismos e instituciones relevantes.
Impulso a la movilización de recursos
“El grupo de trabajo tendría la capacidad de movilizar a las empresas farmacéuticas y a los actores clave de la industria y la logística. Estoy dispuesto a impulsar a todo el sistema de las Naciones Unidas en apoyo de este esfuerzo”, ofreció.
Según Guterres, la reunión del G7 a finales de esta semana “puede generar el empuje para movilizar los recursos financieros necesarios”.
Destacó el trabajo que se puede hacer cuando el mundo se une y citó como ejemplo el mecanismo COVAX, que busca garantizar la llegada de las vacunas a los países de renta baja y media. No obstante, enfatizó que el COVAX requiere recursos.
“Juntos, podemos garantizar un suministro suficiente, una distribución justa y confianza en las vacunas. Podemos vencer esta enfermedad. Y podemos hacer que nuestras economías vuelvan a funcionar”, concluyó el Secretario General.
La sesión ministerial del Consejo de Seguridad fue convocada por el Reino Unido, país que ostenta la presidencia mensual, y versó sobre la implementación de la resolución 2532 que, entre otras disposiciones, aboga por acelerar la respuesta a la pandemia, haciendo énfasis en los países necesitados o en situaciones de conflicto armado o crisis humanitaria.
No olvidar otras emergencias
En la discusión del Consejo de Seguridad participó también la directora ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), quien aunó su voz al Secretario General de la ONU al aseverar que la única forma de superar la emergencia global es garantizando que las vacunas estén disponibles para todos los habitantes del planeta.
“El acceso equitativo a las vacunas para todas las personas, incluidas las que viven en situaciones de conflicto, es fundamental. No sólo como una cuestión de justicia, sino como la única vía para poner fin a esta pandemia”, dijo Henrietta Fore.
Al margen de la contingencia sin precedentes que plantea el COVID-19, Fore se refirió con alarma a otras situaciones que requieren respuesta inmediata o que de alguna forma eran atendidas y que ahora han quedado en el aire por la complejidad que agrega la pandemia, sobre todo en los entornos más peligrosos.
La directora ejecutiva exhortó a no olvidar las situaciones apremiantes ante el surgimiento de las nuevas emergencias.
Falta de fondos e infraestructura
Por si fuera poco, la falta de recursos es un elemento más entre los que obstruyen la asistencia a las poblaciones más vulnerables, como la inseguridad y la destrucción de los sistemas de salud, agua y saneamiento.
“La entrega de vacunas también se ve obstaculizada por una brecha de financiamiento para el apoyo humanitario en general, y por la falta de transporte, cadenas de frío e infraestructura logística para apoyar el lanzamiento”, explicó Fore, recordando que, además de la vacuna COVID-19, es preciso por lo menos mantener la ayuda que ya se daba a las poblaciones necesitadas y que incluye otro tipo de inmunizaciones y atención sanitaria.
Informó que UNICEF está trabajando en las comunidades para generar confianza en la vacuna COVID-19 y capacitando a los trabajadores de salud para que la administren. Asimismo, se mantiene en contacto estrecho con los fabricantes de vacunas y los proveedores de transporte, logística y almacenamiento para adquirir a través del COVAX las inmunizaciones y luego distribuirlas a las poblaciones necesitadas.
“Nuestro objetivo es adquirir 2000 millones de dosis de vacunas COVID-19 para fines de este año. Esto se suma al igual número de dosis de otras vacunas que normalmente compramos cada año en nombre de cien países”, indicó Fore.
Para cerrar su intervención, la jefa de UNICEF conminó al Consejo de Seguridad a que apoye los esfuerzos de las agencias humanitarias asegurándose de que todos los Estados miembros incluyan en sus planes nacionales de vacunación a todas las personas, independientemente de su estatus legal, y garantizando el alto el fuego global.
Naciones Unidas. (2021, 17 de Febrero) Diez países han acaparado el 75% de las vacunas COVID-19 administradas. News.un.org/. Recuperado el 15 de marzo de 2021 en https://news.un.org/es/story/2021/02/1488202 

México urge a “revertir la injusticia” que se comete en la distribución de las vacunas COVID-19
El canciller de México, en nombre de América Latina y el Caribe, insta en una sesión de alto nivel del Consejo de Seguridad a evitar el acaparamiento de vacunas y a acelerar su entrega al mecanismo COVAX, la iniciativa mundial que garantiza el acceso rápido y equitativo de estas a todos los países independientemente de su nivel de ingresos.
“Instamos a los países a evitar el acaparamiento” de las vacunas COVID-19 Y “revertir la injusticia” que se está cometiendo en su distribución “porque de ello depende la seguridad de toda la humanidad, afirmó este miércoles el Secretario de Relaciones Exteriores de México, país que ocupa la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
En una sesión de alto nivel del Consejo de Seguridad de la ONU, Marcelo Ebrad Casaubon reiteró la necesidad apremiante de cumplir con la resolución 74/274 de la Asamblea General de la ONU, que llama a fortalecer las cadenas de suministro y a garantizar el acceso universal, justo, equitativo y oportuno a las vacunas COVID-19.
“Es cierto que el mecanismo multilateral COVAX (la iniciativa mundial que garantiza el acceso rápido y equitativo de estas a todos los países independientemente de su nivel de ingresos) es una herramienta fundamental, innovadora y extraordinaria. Pero también debemos reconocer que ha resultado insuficiente hasta ahora y que el escenario que queríamos evitar desgraciadamente se está confirmando”, lamentó Ebrard Casaubon.
Resaltó que a día de hoy todavía no se han distribuido vacunas por vía de este instrumento multilateral.
“En tal sentido, instamos a los países a evitar el acaparamiento de vacunas y a acelerar las primeras etapas de las entregas de COVAX, a privilegiar la distribución a los países de menores recursos”, puntualizó.
El diplomático prosiguió citando algunos estudios que señalan que estos países “no tendrán acceso generalizado [a las inmunizaciones COVID-19] hasta la mediados de 2023 si se mantiene la tendencia actual”.
Consideró alarmante que tres cuartas partes de las vacunas administradas en el mundo se concentren en apenas diez países que, además, representan el 60% del Producto Interno Bruto mundial.
División profunda
“Lo que está ocurriendo hoy abre una enorme brecha entre ese pequeño grupo de países y el resto de los países, el grueso de la comunidad internacional que no tiene acceso suficiente a las vacunas. Podríamos decir que nunca habíamos visto una división tan profunda que afectase a tantos en tan poco tiempo”, apuntó el canciller mexicano en nombre de la CELAC.
Informó que para poner al alcance de varios países de la región, México y Argentina acordaron con el laboratorio AztraZeneca la producción y envasado de esa vacuna en ambos países.
Ebrad dijo que México se cuenta entre los pocos países con acceso a las vacunas gracias al apoyo de muchas naciones, “pero tenemos que ver por todos los demás”.
“Los que tenemos posibilidades debemos ser solidarios con los que no las tienen”, enfatizó.
Para hacer realidad el acceso equitativo y oportuno de todos los países a las vacunas, dijo, “el Consejo puede y debe desempeñar un papel activo y decisivo”.
Finalmente, conminó a todos los países a adherirse a la resolución 74/274 de la Asamblea General. “Sin duda éste es el principal reto que enfrentamos y es también, de no resolverse, el principal riesgo para la seguridad de la humanidad”, advirtió.
En la sesión ministerial del Consejo de Seguridad sobre la distribución equitativa de las vacunas participaron el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken; el primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves; y los cancilleres de doce de los 15 integrantes del órgano resolutivo de la ONU.
La postura unísona fue, por un lado, respaldar el llamado del Secretario General a un alto el fuego global y, por otro, aceptar que la pandemia de COVID-19 tendrá fin cuando las vacunas estén al alcance de todos.
Estados Unidos: la OMS es “esencial” para la respuesta al COVID-19
El responsable de la diplomacia de Estados Unidos sostuvo que su país trabajará con sus socios en todo el mundo para expandir la fabricación y distribución, así como para ampliar el acceso generalizado a las inmunizaciones. En este punto acotó que este acceso debe incluir a las poblaciones marginadas.
Antony Blink aseveró que su país cree en el multilateralismo y reconoce que la ONU y la Organización Mundial de la Salud (OMS) son esenciales no sólo para responder con eficiencia a la crisis sanitaria y humanitaria que supone la pandemia, sino para construir sistemas globales de sanidad y seguridad reforzados que pueden actuar con eficiencia en el futuro.
“Nuestra visión debe ser firme. Debemos vencer el COVID-19 y evitar futuras pandemias. (…) Buscamos avanzar en la creación de un mecanismo de financiamiento sostenible, que se necesitaba desde hace mucho tiempo, para asegurar la salud de modo que podamos dejar al mundo más preparado para futuros brotes”, dijo.
El secretario de Estado también afirmó que Estados Unidos asignará fondos al COVAX a través de Gavi, la alianza para las vacunas, y que cooperará con otras iniciativas multilaterales que dan respuesta al COVID-19.
Anunció que su país tiene el propósito de ponerse al corriente en sus obligaciones con la OMS, que ascienden a 200 millones de dólares.
“Cada país tiene que hacer su parte y contribuir a la respuesta al COVID-19”, puntualizó.
China pide suspender sanciones para enfrentar la emergencia
El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, rechazó el nacionalismo en las vacunas y refrendó el compromiso de su país de hacer de las inmunizaciones un bien accesible y asequible para los países en desarrollo, además de informar que, para empezar, donará diez millones de dosis al COVAX.
Yi exhortó a oponer resistencia a los prejuicios, a respetar la ciencia y a rechazar la desinformación y los intentos de politizar la pandemia.
“Y en este sentido, los miembros del Consejo de Seguridad deben liderar con el ejemplo”, recalcó.”
Yi agregó que también es labor del Consejo crear un entorno propicio para la respuesta al COVID-19, señalando que los países con conflictos armados o crisis humanitarias se tambalean en la batalla contra la pandemia.
Indicó que China siempre ha respetado las resoluciones del Consejo de Seguridad referentes a sanciones a diferentes países.
“Pero en las actuales circunstancias, urgimos a los países relevantes a mostrar un espíritu humanitario y suspender las sanciones unilaterales y otras medidas forzadas sin base en el derecho internacional”.
Para concluir, el canciller chino insistió en que se debe reducir el déficit de vacunas y reforzar la asistencia a las naciones no industrializadas.
Naciones Unidas. (2021,17 de Febrero) México urge a “revertir la injusticia” que se comete en la distribución de las vacunas COVID-19. News.un.org/. Recuperado el 15 de marzo de 2021 en https://news.un.org/es/story/2021/02/1488222

La unión a la hora de compartir las vacunas también hace la fuerza
Lograr un acceso justo y equitativo a las vacunas de la COVID-19 en todo el mundo. Este es el principal y generoso objetivo de la nueva campaña #Solo Juntos que este jueves lanzan las Naciones Unidas.
La empresa se engloba dentro de la iniciativa Verified (Verificado) que busca actuar como contrapeso a las percepciones equivocadas sobre el coronavirus y brindar información precisa y confiable.
La campaña destaca la necesidad de llevar a cabo una acción global coordinada que sirva para garantizar el acceso a las vacunas en todos los países, empezando por los trabajadores sanitarios y las personas más vulnerables.
El Secretario General de la ONU dio el pistoletazo de salida a esta misión recordando que un pequeño número de países ricos está distribuyendo la mayoría de las dosis de la vacuna contra la enfermedad.
“Las vacunas contra el COVID-19 deben considerarse un bien público mundial.
Ningún país puede superar esta crisis de forma aislada. Los gobiernos y las empresas deben compartir las dosis y la tecnología para que el suministro llegue más lejos y la distribución sea más rápida”, destacó.
La vicesecretaria de la ONU, Amina J. Mohammed, recordó los grandes sacrificios a los que nos ha abocado la pandemia y apeló al espíritu de unidad para lograr esta distinguida finalidad.
"Millones de nosotros hemos perdido a un ser querido o nos han arrebatado nuestros medios de vida. Un esfuerzo científico mundial sin precedentes para las vacunas nos ha dado la esperanza de derrotar al virus - pero sólo si trabajamos juntos para asegurar que todos, en todas partes, tengan acceso a las vacunas contra el COVID-19. Sólo juntos podremos acabar con la pandemia y transformar una nueva era de esperanza".
La distribución las vacunas impedirá nuevas muertes, evitará la aparición de nuevas variantes y reactivará la actividad económica en el combate a una pandemia que ya ha causado más de 2,5 millones de muertes en todo el planeta, según los cálculos de la Organización Mundial de la Salud.
COVAX, una iniciativa pensada en el bien común
Un despliegue que ya está en marcha gracias al mecanismo COVAX*, que busca garantizar el acceso rápido y equitativo de todos los países a las vacunas contra la COVID-19 independientemente de su nivel de ingresos y comportará la entrega de millones de dosis en todo el mundo, incluso en algunos de los países más pobres.
Pero estas dosis sólo cubrirán inicialmente a un pequeño segmento de la población: los trabajadores sanitarios y los más vulnerables. Para finales de 2021, COVAX pretende ofrecer vacunas a casi el 30% de la población de cada país participante.
Sin embargo, ese progreso es insignificante en comparación con el 80% de todas las vacunas de COVID-19 que poseen los diez países más ricos del mundo y que entre sus previsiones figura la vacunación de toda su población durante los próximos meses.
Por ese motivo, es fundamental que se asignen nuevos fondos para COVAX, aunque no es la única solución. Un mayor acceso a las vacunas también es posible compartiendo el exceso de vacunas, mediante la transferencia de tecnología, ofreciendo licencias voluntarias o incluso renunciando a los derechos de propiedad intelectual.
El mecanismo cuenta con 190 participantes y necesita más de 2000 millones dólares para cumplir plenamente su objetivo de vacunar a los más necesitados para finales de año.
"Si los científicos han sido capaces de producir vacunas seguras y eficaces en tan solo siete meses, los objetivos de los líderes mundiales deben ser igual de rompedores: proporcionar la financiación suficiente y aumentar la fabricación para que todos los habitantes del planeta puedan ser vacunados", dijo la secretaria general adjunta de comunicaciones globales de la ONU, Melissa Fleming.
*COVAX es parte de un esfuerzo global sin precedentes para suministrar vacunas para al menos el 20% de la población de cada país participante durante 2021, con el fin de proteger a las personas en mayor riesgo de presentar formas graves de COVID-19 y salvar vidas. En las Américas, 36 países recibirán vacunas a través del Mecanismo COVAX, de los cuales 26 lo harán con financiamiento propio y diez lo harán sin costo.
El Fondo Rotatorio de la OPS es el mecanismo designado por COVAX para adquirir las vacunas en nombre de los países de la región.
COVAX está codirigido por Gavi, la Alianza para las Vacunas, OMS y la Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante las Epidemias (CEPI), y trabaja en asociación con UNICEF, el Fondo Rotatorio de la OPS, así como con el Banco Mundial, organizaciones de la sociedad civil, fabricantes y otros.
Naciones Unidas. (2021, 11 de Marzo). La unión a la hora de compartir las vacunas también hace la fuerza. News.un.org/. Recuperado el 11 de marzo de 2021 en 
https://news.un.org/es/story/2021/03/1489402

1685. Las agencias calificadoras de deuda exacerban las crisis, señala experta de la ONU sobre deuda y derechos humanos



Varias crisis en el pasado han dejado claro que las agencias de calificación no suelen alertar sobre escenarios de debacle económica cuando es pertinente hacerlo. Al contrario, han contribuido a exacerbar las crisis mundiales, con un impacto particularmente grave en las economías en desarrollo, dice la experta de la ONU en deuda y derechos humanos, urgiendo a reformar esas empresas financieras y suspender la emisión de calificaciones durante la crisis del COVID-19.
Las agencias de calificación crediticia “sufren de defectos de nacimiento, como el conflicto de intereses y la falta de rendición de cuentas o de transparencia en sus evaluaciones”, sostuvo la experta de la ONU sobre deuda y derechos humanos*.
En su primer informe al Consejo de Derechos Humanos, Yuefen Li, plantéo la falta de advertencias de parte de esos entes ante posibles crisis de deuda, incumpliendo así con el papel preventivo que deberían desempeñar y contribuyendo a agudizar las recesiones. “Han actuado para exacerbar las crisis”, aseguró.
Para apoyar este argumento, Li citó los casos de la crisis de las hipotecas subrime y las crisis financiera en Asia. “Estas crisis financieras y de deuda expusieron los problemas estructurales inherentes a las agencias de calificación crediticias”, explicó.
No toman en cuenta los derechos humanos
Li destacó, sobre todo, el impacto enorme que pueden tener las rebajas de calificación en las deudas soberanas de los países en desarrollo.
“Resulta aún más alarmante que las calificaciones no tengan en cuenta consideraciones de derechos humanos, con lo cual incrementan la volatilidad de los mercados financieros, reducen el espacio fiscal para invertir en servicios de salud, vacunas o protección social cuando más se necesitan y disminuyen la eficacia de los esfuerzos de los países para contener una crisis de deuda. Con ésto, aumentan el sufrimiento de la población”, apuntó.
En este contexto, aseveró que debería suspenderse “la emisión de calificaciones de crédito durante una crisis, como la causada por la pandemia de COVID-19”.
Limitar el control de las calificadoras
La experta consideró que, además, no hay una competencia justa puesto que las tres grandes calificadoras, Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch Ratings controlan más del 92% del mercado global.
Esto quiere decir, que esas agencias influyen de manera excesiva sobre las decisiones de préstamos, condiciones de los créditos e intereses a pagar de las deudas nacionales.
En opinión de Li, para limitar esta influencia que tanto daño puede hacer a los países, es imperativo transformar sin dilación la arquitectura internacional de los mercados de bonos.
“No puede posponerse más la reforma de la arquitectura internacional de la deuda, incluyendo el papel, los criterios y el funcionamiento de las agencias de calificación crediticia. La reforma es crucial de cara a la profunda recesión y a una inminente crisis de deuda en 2021 en varios países en desarrollo”, puntualizó Li.
* Los relatores especiales forman parte de lo que se conoce como Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos. Los Procedimientos Especiales, el mayor órgano de expertos independientes del sistema de derechos humanos de la ONU, es el nombre general de los mecanismos independientes de investigación y supervisión del Consejo que se ocupan de situaciones específicas de países o de cuestiones temáticas en todo el mundo. Los expertos de los Procedimientos Especiales trabajan de forma voluntaria; no son personal de la ONU y no reciben un salario por su trabajo. Son independientes de cualquier gobierno u organización y prestan sus servicios a título individual.
News.un.org. Naciones Unidas, 09/03/21
https://news.un.org/es/story/2021/03/1489002 

1675. Las buenas intenciones de Europa no bastan para eliminar la pobreza


El COVID-19 y sus consecuencias han empujado a millones de personas en todo el mundo a una pobreza más profunda.
Un relator de derechos humanos advierte a la Unión Europea que necesita reinventarse para ganar la lucha contra la pobreza dando prioridad a las inversiones en salud, educación y protección social, en lugar de imponer recortes presupuestarios en nombre de la rentabilidad.
La Unión Europea debe replantearse su modelo de gobernanza socioeconómica con valentía si quiere cumplir con su compromiso de erradicar la pobreza, dijo este viernes el relator especial de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos al término de una visita oficial a las instituciones de la UE.
"Aunque la UE ha hecho avances recientes en la erradicación de la pobreza, no debe caer en la autocomplacencia", dijo Olivier De Schutter. "Su compromiso de sacar a 20 millones de personas de la pobreza para 2020 se ha incumplido en gran medida”.
“Dado que la UE ha experimentado un crecimiento económico y de empleo constantes hasta muy recientemente, la única explicación de este fracaso es que los beneficios no se han distribuido de manera uniforme. Esto supone una derrota para los derechos sociales", añadió.
Una de cada cinco personas en la región, el 21,1% de la población, estaba en riesgo de pobreza o exclusión social en 2019, lo cual representa un total de 92,4 millones de personas.
Además, un total de 19,4 millones de niños, que representan el 23,1%, viven en la pobreza en toda la Unión, y 20,4 millones de trabajadores viven en riesgo de pobreza.
Las mujeres están desproporcionadamente representadas entre los pobres. El 85% de las familias monoparentales están encabezadas por mujeres, y el 40,3% de ellas están en riesgo de pobreza.
El COVID-19 deja nuevos pobres
La crisis provocada por el COVID-19 ha afectado a muchos europeos que jamás habían experimentado la pobreza anteriormente. "He hablado con personas que han pasado hambre por primera vez, que se han visto expuestas porque carecen de hogar, y que sufren maltrato y abuso a causa de la pobreza", dijo De Schutter.
"La UE puede desempeñar un papel importante para impulsar los esfuerzos de los Estados miembros en su lucha contra la pobreza, especialmente a través de las recomendaciones de país que emite de forma anual. Pero en lugar de dar prioridad a las inversiones en sanidad, educación y protección social, estas recomendaciones a menudo han impuesto recortes presupuestarios en nombre de la rentabilidad. Desde 2009, los Estados miembros no han hecho más que recortar sus inversiones en estas áreas que son críticas para la reducción de la pobreza", señaló el experto de la ONU.
El Pacto Verde Europeo fue presentado a finales de 2019 por la presidenta von der Leyen como la nueva estrategia de crecimiento de la UE.
"La lucha contra la pobreza es la pieza que falta en este Pacto Verde. En teoría el Pacto Verde combina objetivos medioambientales y sociales, pero mientras esta buena voluntad no se traduzca en acciones concretas, millones de personas seguirán luchando por un nivel de vida digno en una sociedad que les abandona."
Competencia para ver quién da menos
De Schutter destacó también que la incapacidad de la UE para hacer frente a "la carrera cuesta abajo" de los Estados miembros en materia de impuestos y de protección de los trabajadores socava sus esfuerzos para combatir la pobreza.
"Los Estados miembros compiten entre sí de forma inútil. Compiten en una carrera para bajar impuestos, salarios y protecciones para los trabajadores a niveles mínimos porque creen que así pueden atraer a los inversores y mejorar su competitividad en el mercado. Pero socavar los derechos sociales no sólo viola sus obligaciones internacionales, sino que además es malo tanto para empresas y trabajadores como para las arcas públicas. Cada año se pierden entre 160.000 y 190.000 millones de euros sólo por la competencia en materia impositiva. El resultado es que se desplaza la carga fiscal de las grandes empresas e individuos ricos hacia los trabajadores y los consumidores".
El experto de la ONU se reunió del 25 de noviembre al 28 de enero con representantes de instituciones como la Comisión Europea, el Consejo de la UE, el Parlamento Europeo, la Autoridad Laboral Europea, el Comité Económico y Social Europeo, la Agencia de Derechos Fundamentales, el Banco Central Europeo y el Banco Europeo de Inversiones, así como con representantes nacionales o locales de Francia, España, Italia y Rumanía.
También habló con numerosas organizaciones de la sociedad civil que representan a jóvenes y personas mayores, a la población gitana, a inmigrantes, a niños y a personas con discapacidad, así como con personas afectadas por la pobreza de todos estos grupos, y con trabajadores y agentes sociales.
Se necesita una estrategia audaz
"Quedé impresionado por la dedicación de las autoridades con las que me reuní", dijo De Schutter. "Pero la buena voluntad no es suficiente. Si Europa quiere ser pionera en el camino hacia una sociedad inclusiva, necesita una estrategia a nivel europeo de lucha contra la pobreza que sea audaz, comprometiéndose a reducir la pobreza en un 50% por igual en todos los Estados miembros de aquí a 2030".
"La crisis actual es la oportunidad para que Europa se reinvente situando la justicia social en el centro. El Plan de Acción para implementar el Pilar Europeo de Derechos Sociales, que debería incluir la Garantía Infantil y una propuesta para asegurar sistemas de ingresos mínimos adecuados en toda la UE, es una oportunidad que no debe ser desperdiciada."
El informe final de la visita del experto se presentará al Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra en junio de 2021.
Olivier De Schutter (Belgium) es el relator especial de Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos. Fue nombrado por el Consejo de Derechos Humanos el 1 de mayo de 2020. El Sr. De Schutter es profesor de derecho en UCLouvain y en SciencesPo (París). Fue el Relator Especial sobre el derecho a la alimentación de 2008 a 2014, y miembro del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales entre 2015 y 2020.
Los Relatores Especiales forman parte de lo que se conoce como los Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos. Los Procedimientos Especiales, el mayor órgano de expertos independientes del sistema de derechos humanos de la ONU, es el nombre general de los mecanismos independientes de investigación y supervisión del Consejo que se ocupan de situaciones de países específicos o de cuestiones temáticas en todas las partes del mundo. Los expertos de los Procedimientos Especiales trabajan de forma voluntaria; no son personal de la ONU y no reciben un salario por su trabajo. Son independientes de cualquier gobierno u organización y prestan servicios a título individual.
Noticias ONU org. Naciones Unidas. 29/01/2021
https://news.un.org/es/story/2021/01/1487302  

1674. El virus de la desigualdad


Cómo recomponer un mundo devastado por el coronavirus a través de una economía equitativa, justa y sostenible
La pandemia de coronavirus tiene el potencial de agravar la desigualdad en prácticamente todos los países del mundo al mismo tiempo, una situación sin precedentes desde que existen registros. El virus ha puesto al descubierto y ha exacerbado las desigualdades económicas, de género y raciales, a la vez que se ha alimentado de ellas.
Más de dos millones de personas han perdido la vida, y cientos de millones se están viendo arrastradas a la pobreza, mientras que la mayoría de las personas y empresas más ricas del mundo sigue enriqueciéndose. Las fortunas de los milmillonarios han recuperado el nivel previo a la pandemia en tan solo nueve meses, mientras que para las personas en mayor situación de pobreza del mundo esta recuperación podría tardar más de una década en llegar.
La actual crisis ha puesto al descubierto nuestra fragilidad colectiva, así como la incapacidad de nuestra economía, profundamente desigual, de beneficiar al conjunto de la sociedad. No obstante, también nos ha enseñado que la acción de los Gobiernos es vital para proteger nuestra salud y nuestros medios de vida.
De repente, se ha demostrado que es posible poner en marcha políticas transformadoras que antes de la crisis eran impensables. No hay vuelta atrás. No podemos volver a donde estábamos. En lugar de ello, la ciudadanía y los Gobiernos deben responder a la urgente necesidad de construir un mundo más justo y sostenible.
Oxfam org. El virus de la desigualdad. 25 Enero 2021
https://www.oxfam.org/es/informes/el-virus-de-la-desigualdad 


Menos milmillonarios y más enfermeras: cinco pasos para reconstruir un mundo más igualitario tras la COVID-19
Es muy probable que la pandemia pase a la historia como la primera vez en que la desigualdad se incrementó al mismo tiempo en prácticamente todos los países del mundo. Sin embargo, no todo el mundo se verá afectado de la misma forma.
La crisis del coronavirus ha afectado en mucha mayor medida a las personas en situación de pobreza que a los ricos. El virus ha exacerbado las desigualdades económicas, de género y raciales, a la vez que se ha alimentado de ellas, agravando la pobreza y la injusticia. Mientras muchas de las personas y empresas más ricas del mundo continúan prosperando, cientos de millones de personas se han visto sumidas en una situación de falta total de recursos.
La pandemia se ha cobrado casi dos millones de vidas en todo el mundo, pero la profunda brecha entre ricos y pobres ha demostrado ser tan letal como el propio virus.
El coronavirus ha golpeado un mundo que ya era profundamente desigual
La crisis de la COVID-19 se ha propagado por un mundo que ya era extremadamente desigual. Un mundo en el que, durante 40 años, el 1 % más rico de la población ha duplicado los ingresos de la mitad más pobre de la población mundial. Un mundo en el que una pequeña élite de poco más de 2000 milmillonarios poseía más riqueza de la que podrían gastar, aunque vivieran mil vidas. Un mundo en el que casi la mitad de la humanidad tiene que sobrevivir con menos de 5,50 dólares al día y en el que perder tan solo un ingreso supone caer en la miseria.
Esta desigualdad tan extrema se traduce en que, incluso antes de la pandemia, miles de millones de personas ya vivían en una situación límite, sin acceso a atención médica básica o mecanismos de protección social. Carecían de los recursos y el apoyo necesarios para hacer frente a la crisis económica y social generada por la COVID-19.
Desde la irrupción del virus, las personas ricas son más ricas y las pobres, más pobres
La crisis del coronavirus ha afectado a todas las economías del planeta y al empleo, los recursos y los ingresos de todas las personas. Sin embargo, la historia es muy distinta en función de si estás en lo más alto o lo más bajo de la pirámide económica.
Los súper ricos de todo el mundo han escapado a los peores efectos de la pandemia. Nuestro sistema económico profundamente injusto les ha permitido amasar enormes riquezas en medio de la peor recesión en 90 años, mientras cientos de millones de personas han perdido sus empleos y se enfrentan al hambre y a la pobreza extrema.
De hecho, se estima que el número total de personas en situación de pobreza podría haberse incrementado entre 200 y 500 millones de personas más en 2020
El virus de la desigualdad en cifras
Desde el inicio de la pandemia, los 10 hombres más ricos del mundo han ganado medio billón de dólares, una cifra que financiaría con creces una vacuna universal para la COVID-19 y que garantizaría que nadie cayese en la pobreza como resultado de esta crisis.
Si la presencia de hombres y mujeres en trabajos mal remunerados y precarios, que han sido los que más se han visto afectados por la crisis de COVID-19, fuese totalmente equitativa, 112 millones de mujeres dejarían de tener un riesgo elevado de perder sus ingresos o empleos.
La pandemia privó a los niños y niñas de los países más pobres de casi cuatro meses de escolarización, frente a las seis semanas en el caso de los niños y niñas de los países de renta alta.
Se estima que 9 de cada 10 personas en países pobres no podrá vacunarse este año contra la COVID-19, mientras los países más ricos han comprado tantas dosis como para vacunar a toda su población cerca de tres veces.
La desigualdad se está cobrando vidas. En los Estados Unidos, si la tasa de mortalidad de las personas de origen latino y afroamericano hubiese sido la misma que la de las personas blancas, aproximadamente 22 000 personas negras y latinas aún seguirían con vida.
La recesión ya ha acabado para los más ricos
Durante los primeros meses de la pandemia, el hundimiento de los mercados bursátiles de todo el mundo provocó que los milmillonarios sufriesen pérdidas considerables. No obstante, este revés fue transitorio. En tan solo nueve meses, las mil personas más ricas del mundo ya habían recuperado toda la riqueza que habían perdido debido a la COVID-19, mientras que las personas en mayor situación de pobreza podrían necesitar más de una década para recuperarse de los impactos económicos de la crisis.
La crisis afecta principalmente a las mujeres y a los grupos étnicos y racializados
Mientras los milmillonarios (en su mayoría hombres blancos) disfrutan de una vida de lujo durante la pandemia, son las mujeres, las personas negras y afrodescendientes, los Pueblos Indígenas, y las comunidades históricamente excluidas y oprimidas en todo el mundo quienes sufren las consecuencias más graves de esta crisis. Dado que un gran número de ellas no puede acceder a servicios de salud y protección social de calidad y suelen ocupar empleos precarios y mal remunerados, tienen más probabilidades de verse arrastradas a la pobreza, pasar hambre e infectarse y morir por el virus.
Millones más padecen hambre
Los catastróficos efectos del coronavirus en los empleos y medios de vida se han traducido en un enorme incremento del hambre. Las Naciones Unidas han estimado que el número de personas en situación de hambre extrema podría incrementarse hasta los 270 millones para finales de 2020 como consecuencia de la pandemia; un aumento del 82 % con respecto a 2019. Esto podría significar que, para finales de 2020, entre 6000 y 12 000 personas podrían morir de hambre cada día como consecuencia de la crisis.
No hay vuelta atrás. No podemos volver a donde estábamos.
Nos encontramos en un punto de inflexión para la humanidad, y cómo decidimos actuar en este momento crucial pasará a la historia. No podemos volver al mundo brutal, injusto e insostenible en el que vivíamos antes de la irrupción del virus.
Los Gobiernos de todo el mundo tienen una ventana de oportunidad cada vez más pequeña para construir una economía inclusiva tras la COVID-19: una economía más justa e inclusiva, que proteja al planeta y acabe con la pobreza. Una economía más humana y justa al servicio de todas las personas. Proponemos cinco medidas clave para construir un futuro mejor:
1. Reducir la desigualdad y valorar aquello que importa
2. Invertir en servicios públicos gratuitos y universales
3. Garantizar trabajos dignos y salarios justos para todas las personas
4. Hacer que los más ricos paguen los impuestos que les corresponden
5. Hacer frente a la crisis climática
Oxfam org. 25/01/2021
https://www.oxfam.org/es/menos-milmillonarios-y-mas-enfermeras-cinco-pasos-para-reconstruir-un-mundo-mas-igualitario-tras-la 

El virus de la desigualdad hace necesaria la colaboración y la cooperación 
  • Si se utilizara la riqueza que las 12 personas más ricas de México han acumulado durante la pandemia, se podría cubrir dos veces el gasto programado del IMSS 2021 en servicios de salud y alcanzaría para comprar las dosis suficientes para vacunar a toda la población. 
  • Desde el inició la emergencia sanitaria, la fortuna de las 10 personas más ricas del mundo ha aumentado en 500 mil millones de dólares. Esta cantidad sería suficiente para financiar una vacuna universal y garantizar que nadie caiga en la pobreza a causa de la pandemia. 
Recuperar el nivel de riqueza previo a la pandemia sólo les tomó 9 meses a las personas más ricas del mundo, para el resto de la humanidad, volver a las condiciones de antes de marzo del 2020, podría tardar más de 10 años en llegar, reveló el informe global de Oxfam “El Virus de la Desigualdad”, publicado hoy en el marco de los “Diálogos de Davos del Foro Económico Mundial”. 
El informe enfatiza que el COVID-19 está aumentando la desigualdad económica prácticamente en todos los países del mundo al mismo tiempo. Además, explica cómo las diversas intersecciones y desigualdades como el origen étnico, los contextos migratorios adversos, el acceso limitado a los servicios de salud, la discriminación por género, la orientación sexual, la identidad de género, o incluso el hambre, sólo por mencionar algunas, han contribuido a que millones de personas enfermen y mueran. Se estima que el 61% de la población activa mundial trabaja en empleos informales (venta ambulante, trabajo del hogar, reparto a domicilio o la construcción). Estas personas no tienen prestaciones justas, ni acceso a servicios de salud y viven día a día en la primera línea de exposición al virus por su interacción constante con más gente. A esto hay que sumarle que son las mujeres o personas racializadas quienes son las más afectadas. Según el informe de Oxfam, 112 millones de mujeres corren un riesgo elevado de perder sus ingresos o el empleo. 
“Estamos viviendo una crisis de cuidados muy profunda que nos corresponsabiliza a toda la humanidad pero que expone en mayor medida a quienes viven en peores condiciones de desigualdad. Hablo de las personas que no han tenido oportunidad de aislarse y protegerse; o quienes no tienen acceso a servicios de salud y no han podido detectar ni tratar este virus ni otras enfermedades asociadas a la pobreza; o quienes viven en hacinamiento o sin servicios básicos como agua potable y tienen que salir para poder sobrevivir”, dijo Alexandra Haas, directora ejecutiva de Oxfam México. 
“La pandemia ha evidenciado la urgente necesidad de cambiar la forma en la que vivimos. Sólo la cooperación y la colaboración nos podrán rescatar de sus efectos. Si se utilizara la riqueza acumulada durante la pandemia de las 12 personas más ricas de México, se podría cubrir dos veces el gasto programado del IMSS 2021 en servicios de salud y alcanzaría para comprar las dosis suficientes para vacunar a toda la población”, concluyó. 
“El Virus de la Desigualdad” busca mostrar un panorama global que vincula a todas las personas para tomar las medidas pertinentes en el presente y futuro. 
  • La recesión ya ha acabado para los más ricos. Desde el inicio de la pandemia, la fortuna de las 10 personas más ricas del mundo ha aumentado en 500 mil millones de dólares. Esta cantidad sería suficiente para financiar una vacuna universal y garantizar que nadie caiga en pobreza a causa de la emergencia sanitaria. El resto de la humanidad enfrenta la peor crisis laboral en más de 90 años y cientos de millones de personas están subempleadas o sin trabajo. 
  • De nuevo, las mujeres son las más afectadas. Las mujeres representan la mayor parte de la fuerza laboral a nivel mundial. Sin embargo sus trabajos son mal remunerados y precarios. Durante el COVID-19 esos empleos han sido los más afectados, pues se desarrollan en sectores como el de la salud, la protección social y los empleos esenciales. 
  • La clave para lograr una rápida recuperación es construir una economía más humana y justa. Es necesario implementar sistemas de seguridad social y construir una economía verde que evite una mayor degradación del planeta y lo preserve para las futuras generaciones. Un impuesto temporal sobre las ganancias de las 32 multinacionales que mayor riqueza han acumulado desde que comenzó la pandemia, permitiría recaudar 104 mil millones de dólares, sólo en el 2020. Esta cantidad sería suficiente para financiar las prestaciones sociales de personas de los países de renta media y baja.
Oxfam México org. Ciudad de México. 25/01/21 
https://www.oxfammexico.org/sites/default/files/BP-%20El%20virus%20de%20la%20desigualdad%20hace%20necesaria%20la%20colaboracio%CC%81n%20y%20la%20cooperacio%CC%81n.pdf 

1673. Por qué convirtieron la epidemia en una guerra


La actual pandemia ha conducido a buena parte de los gobiernos democráticos a declarar estados de emergencia, recurrir a poderes extraordinarios, legislar por decreto y suprimir ciertos derechos y libertades que, hasta hoy, parecían asentados. No sólo se ha restringido la libertad de movimiento; también, en ocasiones, la posibilidad de ganarse la vida, trabajar o gestionar el propio negocio. Algunos gobiernos han quebrado el derecho a la intimidad, imponiendo aplicaciones de vigilancia electrónica que controlan cada movimiento. Y se ha restringido la libertad de expresión, censurando las voces que expresan opiniones críticas con las medidas gubernamentales.
A pesar de su gravedad, estos hechos no parecen preocupar a parte de la ciudadanía que, atrapada en un aparente dilema entre libertad y seguridad, parece decantarse por las medidas que aplaquen sus miedos, pensando quizá que la renuncia a la libertad es pasajera, que las aguas regresarán a su cauce una vez superada la emergencia. Pero la experiencia histórica muestra que la vuelta atrás no siempre es completa, que las emergencias crean precedentes, abren brechas por las que el ejecutivo expande su poder a costa de la sociedad civil. Pasada la alarma, los gobernantes suelen retener algunas de las prerrogativas extraordinarias, convirtiéndolas en permanentes.
La degradación del Estado de derecho se ha acelerado en las últimas décadas pues los gobernantes descubrieron que las alarmas podían generarse a voluntad
Así, la sucesión de emergencias genera un mecanismo que, de forma lenta, paulatina y casi siempre desapercibida, va entregando al ejecutivo un poder creciente a costa de los derechos ciudadanos. Algunos han comparado este fenómeno al funcionamiento de un trinquete, esa pieza mecánica que solo puede girar en un sentido, sin posibilidad de retroceso.
La actual crisis constituye nuevo episodio, eso sí, especialmente severo, del proceso que va borrando lenta y silenciosamente esos límites que las constituciones clásicas establecieron para evitar un ejercicio despótico del poder. La degradación del Estado de derecho se ha acelerado en las últimas décadas pues los gobernantes descubrieron que las alarmas podían generarse a voluntad.
'Inter arma, silent leges'
Resulta llamativo que la Constitución de los Estados Unidos, la primera de la historia moderna, no contemple cláusula de excepcionalidad que permita limitar derechos fundamentales en caso de emergencia. Conscientes de que se trataba de un arma de doble filo, los padres fundadores descartaron incluirla, aun conscientes de que, en caso de guerra o disturbios graves, el presidente tendría que rebasar seguramente los límites de la Constitución. Inter arma, silent leges (el estruendo de las armas acalla las leyes), había sentenciado muchos siglos antes el pensador y jurista romano Cicerón.
Pero la gran preocupación de los constituyentes norteamericanos era la vuelta atrás una vez finalizada la guerra. ¿Qué fuerza sobre la tierra podría asegurar la devolución al pueblo de esos poderes extraordinarios? Especialmente pesimista se mostraba John Adams, quien no veía fácil reencarrilar el sistema político: “Una vez perdida la libertad, se pierde para siempre”.
La mayoría de constituciones contemplan explícitamente estados de emergencia, la posibilidad de restringir derechos, eso sí, de forma excepcional y provisional, no prolongada y permanente
Aberrante y peligroso, aunque a veces necesario, el estado de emergencia era un concepto difícil de encajar en un sistema constitucional que intentaba garantizar el equilibrio de poderes, los controles y contrapesos. Según Jules Lobel en “Emergency Powers and the Decline of Liberalism”, llevó siglo y medio, y la participación de los Estados Unidos en dos guerras mundiales, para que los poderes extraordinarios del presidente acabaran de asentarse legal y doctrinalmente. Aquella inicial desconfianza en el ejecutivo no se manifestó en otros países y, hoy día, la mayoría de constituciones contemplan explícitamente estados de emergencia, la posibilidad de restringir derechos, eso sí, de forma excepcional y provisional, no prolongada y permanente… al menos sobre el papel.
Sin embargo, en las últimas décadas se ha ido degradando el concepto de emergencia, aumentando notablemente los eventos clasificados como tales. Si no hay guerra… se inventa o, al menos, se recurre a símiles bélicos en un intento deque muchos problemas sociales sean percibidos simbólicamente como conflictos armados.
Así, la “guerra contra el terrorismo” permitió promulgar legislaciones lesivas para los derechos y libertades. Hay un antes y un después del 11-S en Estados Unidos. Igualmente, la guerra contra las drogas, la guerra contra el cambio climático, la guerra contra la violencia machista etc., aportaron excusas para promulgar leyes que difícilmente habrían encajado en un marco de normalidad. El repertorio de problemas que se travisten de conflicto bélico ha crecido de manera exponencial.
Una vez señalada una nueva “guerra”, los gobiernos tienden a reaccionar en exceso, a aplicar medidas que sobrepasan la dimensión del problema, vulnerando con demasiada frecuencia los derechos fundamentales. Finalizada la alarma, parte de la legislación excepcional permanecerá en la “nueva normalidad”, afianzando la preponderancia del ejecutivo. Y la constante sucesión y superposición de conflictos bélicos va contribuyendo a difuminar la frontera que antaño separaba nítidamente emergencia y normalidad, dando lugar a un permanente estado de semiemergencia y a nuevas normalidades.
¡Guerra al virus!
En este sentido, la covid-19 constituye una “nueva guerra”, la primera campaña militar contra un agente microscópico. No es casual, ni inocente, la retórica bélica con la que se abordó la pandemia. Algunos llegaron incluso a emular el famoso discurso de Winston Churchill en 1940 llamando a la resistencia a ultranza como si, en lugar de unos virus, fueran los Panzer del general Heinz Guderian los que aparecerían por la calle en cualquier momento. Naturalmente, el heroísmo no consistía en combatir bravamente en los mares, en las playas, en las trincheras, sino… quedarse en casa encerrado sin hacer nada.
No, no es una guerra, sino una enfermedad, una pandemia como las que han azotado periódicamente a la humanidad. Esas que en el siglo XX se atajaron a base de recomendaciones, sugerencias y acciones voluntarias tomadas responsablemente por los ciudadanos. Ninguna pandemia, hasta hoy, había conducido a semejante restricción de derechos y libertades, ni a tal concentración de poder arbitrario en manos de los gobernantes. Ni siquiera en casos más graves. Las restricciones coactivas pueden aliviar los miedos, conseguir adeptos, promover la demagogia, triturar al disidente… pero difícilmente afectar al curso de la enfermedad.
A finales de los años 80 del siglo XX, ante la enorme expansión del sida, el Gobierno de Cuba estableció análisis de sangre para los mayores de 15 años. Aquellos que mostraron resultado positivo en VIH fueron recluidos en centros especiales, que hacían las veces de sanatorio y prisión, aislados permanentemente del resto de la sociedad para evitar contagios. Por suerte, esta estrategia para contener la epidemia fue rechazada en los países democráticos ya que vulneraba la libertad, los derechos fundamentales. El fin no justificaba los medios.
Una miopía que otorga desmedido valor al alivio presente, minusvalorando los tremendos perjuicios políticos, sanitarios, psicológicos, económicos y sociales que deberemos afrontar en el futuro
Pero los tiempos han cambiado y el péndulo ha oscilado ampliamente hacia la seguridad aparente, alejándose de la libertad. Que gran parte del público acepte de buen grado las actuales restricciones no se debe solo al pánico, ni siquiera al atractivo que el dolce far niente ejerza sobre una minoría. Se debe, sobre todo, a una visión de corto plazo, a una miopía que otorga desmedido valor al alivio presente, a la engañosa tranquilidad de hoy, minusvalorando los tremendos perjuicios políticos, sanitarios, psicológicos, económicos y sociales que deberemos afrontar en el futuro.
Las violaciones de los derechos fundamentales parecen temporales, transitorias. Pero algunas se transformarán en permanentes por la fuerza del precedente, de la costumbre. Una vez aceptados hoy, parte de los abusos excepcionales pasarán a formar parte de la vida cotidiana sin que el público llegue a ser muy consciente de ello. Y serán utilizados como punto de arranque para una nueva vuelta de tuerca en la próxima eventualidad que se pregone como guerra. Lo señalo con especial crudeza Benjamin Franklin: “Aquellos que están dispuestos a renunciar a la libertad para obtener un poco de seguridad temporal, no merecen ni la libertad ni la seguridad”.
Juan M. Blanco. Voz populi. Madrid, España. 27/01/2021
https://www.vozpopuli.com/juan_m-_blanco/ 

1661. El Mantenimiento de la Paz durante las pandemias precisa respuestas coherentes y polifacéticas

La actual pandemia de coronavirus no solo representa una amenaza al desarrollo y a la consolidación de la paz, sino que también corremos el riesgo de agudizar los conflictos o propiciar otros nuevos, explicó este miércoles el titular de la ONU. 
En una sesión del Consejo de Seguridad sobre los desafíos para lograr una paz sostenible durante las pandemias, el Secretario General de las Naciones Unidas razonó que, durante esta época de incertezas aumentan las interrogantes sobre la eficiencia de los sistemas de salud, los servicios sociales y la confianza en las instituciones y sistemas de gobernanza. 
“Todo esto significa que nuestro compromiso de mantener la paz es más urgente que nunca. Los desafíos de esta pandemia ponen de relieve como nunca la necesidad de dar respuestas coherentes, multidimensionales y transversales según la lógica interna de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, destacó António Guterres. 
Sin embargo, y aunque sabemos que aplicar métodos de prevención coherentes y adaptados a los conflictos que contribuyan a afrontar las crisis sanitarias y humanas permitirán conseguir una paz sostenible, Guterres detalló tres grandes amenazas: la pérdida de confianza en las instituciones públicas y gobiernos, la inestabilidad del orden económico mundial y el deterioro del tejido social. 
Las desigualdades y la pobreza demandan una conducta coordinada 
En el primer supuesto explicó que cuando se produce la impresión de que las autoridades no manejan las crisis correctamente o hay una falta de transparencia, la población tiende a desilusionarse del gobierno y sus instituciones. 
Con relación a la desestabilización del sistema económico global advirtió que de no producirse una actuación coordinada, “las desigualdades, la pobreza mundial y el potencial de inestabilidad y violencia podrían aumentar durante años”. 
En tercer lugar, evidenció el desgaste del tejido social en el recorte del espacio cívico y el bloqueo para el ejercicio de la democracia y la manifestación legítima de agravios. 
“Hemos visto muchas protestas pacíficas, y en varios países, la COVID-19 se ha usado como excusa para tomar medidas severas y aumentar la represión estatal. Al menos 23 países han aplazado elecciones o referendos nacionales, y casi el doble han aplazado votaciones a niveles inferiores”, detalló. 
Efectos positivos durante la crisis de la COVID-19 
En el lado opuesto de la balanza, durante la pandemia y como hechos positivos, Guterres citó la atención prestada en muchos lugares a su llamado a un alto el fuego de alcance mundial; la aprobación en julio de la resolución 2532, “un paso en la dirección correcta”; no obstante, apuntó que “se necesita mucho más para traducir los primeros logros en medidas concretas sobre el terreno”. 
Junto a estas dos aportaciones resaltó también la influencia que pueda ejercer el máximo órgano de seguridad para realizar una mayor labor de prevención. 
En el actual contexto indicó que esto se traduciría en adecuar las respuestas a la pandemia “empezando por un análisis multidimensional que examine cómo esta afecta a los riesgos ocultos derivados de los conflictos”; la importancia de la inclusión, especialmente con comunidades marginadas, grupos de mujeres y jóvenes; y una estrecha colaboración entre los agentes humanitarios, de desarrollo y de paz. 
“Por ejemplo, para consolidar la paz, debemos garantizar que los problemas humanitarios se aborden completamente de manera integral. El Líbano es un ejemplo de ello”, manifestó. 
Igualmente subrayó la necesidad de crear alianzas robustas con los gobiernos, las organizaciones regionales y subregionales, el sector privado y los agentes de la sociedad civil; así como de garantizar que las Instituciones Financieras Internacionales, como el Banco Mundial y el FMI- incluyan el mantenimiento de la paz como una prioridad. 
Por último, calificó de “esencial” la actual colaboración del Consejo de Seguridad con la Comisión de Consolidación de la Paz, aunque su demanda siga superando a la oferta. “Esperamos aprobar 210 millones de dólares en proyectos este año, pero eso todavía está muy lejos del ‘gran salto‘que he pedido en este Consejo y en otros lugares”, aclaró. 
Noticias ONU. Naciones Unidas 12/08/2020 
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