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1166. La ley y el (des)orden en México

El Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, afirma que la PGR ha resuelto el crimen que mantiene en vilo al país hace un mes y medio: la desaparición de 43 normalistas a manos de policías en Iguala.
En su conferencia de prensa hace casi dos semanas, Murillo Karam anunció que tres miembros de la organización criminal Guerreros Unidos habían confesado que mataron a los estudiantes e incineraron sus cuerpos, dejando sólo cenizas y fragmentos óseos en la orilla de un río en las afueras de Cocula.
 Lo indicado por el Procurador General bien puede ser cierto, pero los padres de los estudiantes no le creen. Ellos no aceptan que sus hijos están muertos hasta que lo confirme una fuente independiente, a saber, el Equipo Argentino de Antropología Forense, que estudiará los rastros de ADN que puedan haber quedado luego de la incineración.
Su escepticismo es comprensible. En incontables ocasiones a lo largo de la última década, la policía, los militares y el sistema de justicia han demostrado que no son confiables, no rinden cuentas y no están preparados para lidiar con la catástrofe de seguridad pública que se ha llevado las vidas de más de 90.000 mexicanos.
En Iguala, las autoridades mostraron una notable indiferencia por la suerte de los estudiantes desde el momento en que comenzó su calvario el 26 de septiembre. El secuestro masivo se produjo a tan sólo 100 metros de una base militar. Sin embargo, la brigada del Ejército que estaba apostada allí —supuestamente para combatir la criminalidad y violencia en la zona— no intervino cuando los policías atacaron violentamente a los estudiantes, quienes estaban desarmados, disparándole a uno en la cabeza, quien quedó en estado vegetativo, y dejando a otros gravemente heridos, para luego secuestrar a decenas de ellos.
La primera reacción pública del Presidente Enrique Peña Nieto, ocurrida varios días después de los hechos, fue declarar que este no era un problema de su gobierno sino responsabilidad de las autoridades de Guerrero – aunque dias mas tarde corregiría su declaración. Por su parte, la PGR abrió su investigación recién a los 10 días de las desapariciones.
 Antes de la conferencia de prensa del Procurador General, fui a verlo con una delegación de Human Rights Watch. Cuando le preguntamos por qué se habían demorado tanto en intervenir en Iguala, nos dijo que, conforme al derecho mexicano, la PGR necesitaba autorización previa de las autoridades de Guerrero para investigar. Una vez que obtuvieron dicha autorización, insistió, iniciaron una de las investigaciones más ambiciosas de los últimos tiempos en México, desplegando a miles de agentes y deteniendo a decenas de  sospechosos.
Incluso si su explicación fuera técnicamente correcta, resulta muy difícil aceptar la impotencia de un gobierno federal incapaz de lograr que funcionarios estatales le permitieran investigar inmediatamente un crimen de esta envergadura. De hecho, la tardanza en intervenir es perfectamente consistente con la actitud pasiva que el gobierno federal ha mostrado frente a otras atrocidades en los últimos años.
Consideremos, por ejemplo, el caso del ahora ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, quien fue detenido recientemente y presentado como el  principal sospechoso de haber ordenado el ataque policial contra los  estudiantes. Abarca había sido anteriormente implicado en el secuestro y homicidio de un importante crítico de su gobierno y otros dos activistas políticos en mayo de 2013. La PGR recién comenzó a investigarlo en junio de este año, y los ministerios públicos solamente formularon cargos en su contra en octubre, luego de la desaparición de los 43 estudiantes. Si Abarca hubiera sido investigado y detenido a tiempo, tal vez el destino de los estudiantes habría sido otro.
 En otro caso reciente, la PGR tardó casi tres meses en iniciar una investigación sobre el  asesinato de 22 personas cometido por soldados en junio en Tlatlaya. Durante varias semanas las autoridades sostuvieron que los civiles habían muerto en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. En realidad, según un informe elaborado por la CNDH en octubre, al menos 12 personas fueron ejecutadas por el Ejército luego de que se hubieran rendido. Y no sólo los soldados cometieron violaciones de derechos humanos.  Según el mismo informe, funcionarios de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México presionaron a tres mujeres que presenciaron los hechos para que dieran declaraciones exonerando a los soldados de cualquier responsabilidad, golpeando a dos de ellas y amenazando a las tres con abusarlas sexualmente.
Desde un primer momento, hubo múltiples motivos para dudar de la versión oficial sobre los asesinatos en Tlatlaya. Sin embargo, la PGR recién inició una investigación luego de que la revista Esquire publicara en septiembre una entrevista a una de las testigos. Desde entonces, la PGR ha acusado a siete soldados, incluidos tres acusados de “homicidio calificado” y “alteración ilícita del lugar y vestigios del hecho delictivo”, y a un teniente por su participación en el encubrimiento del crimen.
Esto es un paso positivo para lograr el enjuiciamiento de los responsables.  Pero no es suficiente. Lo que la PGR no ha hecho es llevar a cabo una investigación para determinar la participación de otros funcionarios en el encubrimiento de Tlatlaya. Cuando pregunté por qué esto no había ocurrido, el Procurador General me respondió indignado. “¿Cuál encubrimiento?” Los altos funcionarios militares habían informado con precisión lo que les había dicho el teniente —señaló— y otros funcionarios gubernamentales habían reiterado esta versión. Remarcó asimismo que, como Procurador General,  estaba obligado a presumir la “buena fe” de otras instituciones públicas.
Murillo expresó una idea similar durante la conferencia de prensa que ofreció el viernes cuando se le preguntó por qué los militares no habían intervenido para salvar a los estudiantes de Iguala. “¿Qué hubiera pasado si el Ejército hubiera salido en ese momento?”, se preguntó. “¿A quién hubiera apoyado? Obviamente a la autoridad constituida”. Es decir, a la Policía que atacó y secuestró a los estudiantes.
Para ser justos, lo que Murillo sugiere es que la intervención del Ejército solamente habría empeorado las cosas. Pero en este arrebato de franqueza, trasmitió lo que muchos mexicanos consideran una verdad revelada que la tragedia de Iguala ha puesto de manifiesto: las instituciones de seguridad pública no funcionan como salvaguarda de la seguridad pública. Por el contrario, son un elemento central del problema, ya sea cuando policías actúan en connivencia con bandas asesinas, cuando soldados ejecutan a civiles, cuando servidores públicos torturan a testigos, o cuando altos funcionarios se escudan en la ley para justificar su inacción ante estas atrocidades.
Durante nuestra visita a México, también nos reunimos con los padres de tres de los estudiantes desaparecidos. Dos de ellos permanecieron sentados en silencio —uno temblaba sin control y el otro, totalmente inmóvil, parecía no estar consciente de las lágrimas que le corrían por el rostro— mientras que el tercero habló sobre la “impotencia” y la “rabia” que sentían  como consecuencia de un gobierno que no había protegido ni encontrado a sus hijos desaparecidos. “Estamos frente al monstruo más grande de todos”, dijo con un suspiro, desconsolado.
“¿Cuál monstruo?” le pregunté. Supuse que se refería a la violencia asociada con  el crimen organizado. Pero  su respuesta fue aún más perturbadora.
“La ley”.
Daniel Wilkinson. Director general de la División de las Américas de Human Rights Watch, es un experto en general en América Latina. Ha realizado trabajo de campo y la defensa en toda la región, y es autor de informes sobre cuestiones de derechos humanos en Brasil, Colombia, Cuba, México, Estados Unidos y Venezuela
Daniel Wilkinson. Hrw.org. 27/12/14

1106. “Tortura tras detenciones es común en México”: ONU

“La tortura y los malos tratos durante los momentos que siguen a la detención y antes de la puesta a disposición de la justicia son generalizados en México y ocurren en un contexto de impunidad”, aseguró la Organización de Naciones Unidas (ONU) en un reporte entregado al gobierno mexicano.
El organismo internacional entregó al Congreso de la Unión el “Informe del Relator Especial sobre tortura y otros trataros o penas crueles, inhumanos o degradantes”, donde resaltó que las autoridades son débiles para “detectar o impedir la tortura”.
“La finalidad es castigar o extraer confesiones o información” sostiene Juan E. Méndez, relator especial de la ONU, en el documento entregado de manera simultánea al jefe del Ejecutivo, Enrique Peña Nieto; al titular de la Secretaría de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y a los representantes del Congreso de la Unión.
En medio de la crisis por la infiltración de narcotráfico y de grupos criminales en el gobierno de Iguala, Guerrero, la ONU resalta sobre la tortura que “hay evidencia de la participación activa de las fuerzas policiales y ministeriales de casi todas las jurisdicciones y de las fuerzas armadas”.
“Pero también de tolerancia, indiferencia, o complicidad por parte de médicos, defensores públicos, fiscales y jueces, que no siempre cumplen con sus obligaciones bajo la prohibición absoluta de la tortura”, agregó.
El relator especial de la ONU realizó una visita en nuestro país entre abril y mayo pasados, donde sostuvo reuniones con funcionarios de las secretarías de Relaciones Exteriores; Gobernación; Defensa Nacional; Marina Armada de México, así como de la Suprema Corte de Justicia y el Consejo de la Judicatura
Así como autoridades y comisiones de Derechos Humanos de entidades como el Distrito Federal, Nuevo León, Chiapas, Baja California, entre otros, donde recabó constancia que no existe control adecuado sobre la legalidad de la detención ni del plazo para presentar al ministerio público a presuntos delincuentes.
“En la mayor parte de los casos no se accede a una defensa adecuada en forma inmediata; las declaraciones se presentan sin intervención judicial ni presencia de un abogado; no se inician investigaciones de oficio no se excluyen de oficio pruebas obtenidas bajo tortura”, añadió el relator.
Explicó que por estos motivos los casos de tortura son altos en nuestro país, “y las medidas no han logrado aún revertir la imperante impunidad ni han avanzado en la debida reparación integral”.
Ante este panorama, el mismo organismo internacional le recomienda al Estado mexicano “actuar de manera urgente para arbitrar medios para investigar, sancionar y castigar los actos de tortura.
“Tipificar, a nivel federal y estatal, en conformidad con el estándar más beneficioso de la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura y velar que las legislación federal y estatales, contemplen la prohibición absoluta de la tortura”, señaló.
Además, le solicita al Congreso de la Unión reformar el Código de Justicia Militar a fin de asegurar que los casos cometidos entre soldados sean competencia de las autoridades civiles y evitar que entre los superiores se solapen estas acciones.
Al tiempo de “legislar el uso de la fuerza en conformidad con principios internacionales, así como capacitar a los operadores de seguridad (policías) respecto a los estándares e investigar y sancionar las conductas de uso excesivo de la fuerza”.
La ONU también propuso que todas las denuncias en esta materia sean investigadas y velar porque se castigue, con sanciones acordes a la severidad del delito, tanto a los autores materiales como a “quienes ordenaron las acciones”.
Por último, Juan E. Méndez sugirió excluir automáticamente “cualquier prueba o declaración respecto de la cual existan razones para creer que ha sido obtenida bajo tortura, malos tratos o violación a las garantías individuales”.
José Víctor Rodríguez. Pridigy.com. 12/11/14
http://prodigy.msn.com/es-mx/noticias/mexico/tortura-tras-detenciones-es-com%C3%BAn-en-m%C3%A9xico-onu/ar-AA7IixL?ocid=mailsignout 

1104. "Son necesarias investigaciones rigurosas para resolver los casos y recuperar la credibilidad del sistema de justicia": Human Rights Watch

Demoras y encubrimiento en la reacción oficial a atrocidades 
"Estas son las peores atrocidades que hemos visto en México en años, pero no se trata de incidentes aislados. Por el contrario, estos homicidios y desapariciones forzadas reflejan un patrón más amplio de abusos y son en buena medida consecuencia del persistente fracaso de las autoridades mexicanas para abordar este problema".
-José Miguel Vivanco, director ejecutivo de HRW para las Américas
El gobierno mexicano llevó a cabo investigaciones tardías sobre las desapariciones forzadas de 43 estudiantes en Iguala, estado de Guerrero, y el asesinato de 22 personas en Tlatlaya, estado de México, señaló Human Rights Watch. En el caso de Tlatlaya, ministerios públicos estatales procuraron encubrir la actuación de militares obteniendo testimonios coaccionados de las testigos de los hechos.
El gobierno mexicano debería llevar a cabo investigaciones exhaustivas de ambos episodios, sostuvo Human Rights Watch. Los funcionarios públicos que no dieron una respuesta inmediata a estos incidentes o intentaron encubrirlos deben rendir cuentas por sus actos.
“Estas son las peores atrocidades que hemos visto en México en años, pero no se trata de incidentes aislados”, dijo José Miguel Vivanco, director ejecutivo para las Américas de Human Rights Watch. “Por el contrario, estos homicidios y desapariciones forzadas reflejan un patrón más amplio de abusos y son en buena medida consecuencia del persistente fracaso de las autoridades mexicanas para abordar este problema”.
Human Rights Watch visitó Guerrero y México, D.F. a partir del 3 de noviembre de 2014 para reunirse con los padres de los estudiantes desaparecidos, testigos de los dos incidentes, y altos funcionarios públicos en México, D.F., incluido el Procurador General de la República Jesús Murillo Karam.
Murillo Karam y otros miembros de la PGR expresaron su compromiso para encontrar a los estudiantes de Guerrero y para asegurar que los responsables rindan cuentas por sus actos. No obstante, la respuesta inicial de la Procuraduría General de la República (PGR) a estos casos ha estado marcada por demoras significativas. En el caso de Iguala, la oficina inició la investigación recién 10 días después de que los estudiantes desaparecieran. En el caso de Tlatlaya, la PGR tardó tres meses en intervenir.
Hrw.org. Nueva York, 07/11/14

1103. "Anuncio de Procurador General de la República demuestra fallas del gobierno mexicano para hacer frente a la crisis de Derechos Humanos" Amnistía Internacional

Anuncio de Procurador General de la República demuestra fallas del gobierno mexicano para hacer frente a la crisis de Derechos Humanos
El anuncio del Procurador General de la República Jesús Murillo Karam, de que los 43 estudiantes pudieron haber sido asesinados, quemados y arrojados a un río se da después de semanas de especulaciones sobre el destino de los estudiantes. Sin embargo, las líneas de investigación de la desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales han sido limitadas e incompletas, además de estar acompañadas de funcionarios que se rehúsan a cuestionar la colusión entre el Estado y el crimen organizado que subyace a estas graves violaciones de derechos humanos.
"Trágicamente, la desaparición forzada de los estudiantes es sólo el último de una larga serie de horrores que han sucedido en el estado de Guerrero y el resto del país. La corrupción y la violencia como señales de advertencia han estado allí para que todos las vean desde hace años y los que negligentemente las han ignorado son ellos mismos cómplices de esta tragedia ", dijo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.
En el recuento más reciente de las desapariciones de los estudiantes, el Procurador General Murillo Karam ha fallado en reconocer que se trata de un crimen de Estado y no de un hecho aislado. También, olvidó mencionar la negligencia y complicidad del Estado en la investigación de una serie de denuncias contra el alcalde de Iguala y el hecho de no llevar a la justicia a los integrantes de la policía federal y local involucrados en el asesinato y la tortura de otros estudiantes de Ayotzinapa en 2011.
El alcalde de Iguala, quien es el principal sospechoso de la desaparición forzada de los estudiantes, ha sido también sospechoso de corrupción y otros delitos graves. En junio de 2013, el sobreviviente de un ataque a ocho activistas locales, en el que tres personas murieron, informó que el alcalde había participado directamente en los asesinatos. El sobreviviente proporcionó una relación detallada que se le entregó a un notario público, debido a los temores sobre la connivencia de la policía. Sin embargo, el fiscal del Estado no llevó a cabo ninguna investigación sobre las reclamaciones.
A pesar de la evidencia que involucra al alcalde, la investigación fue presuntamente cerrada en mayo de 2014.
En diciembre de 2011 las autoridades fallaron en hacer rendir cuentas a los funcionarios policiales federales y estatales responsables de la muerte de dos estudiantes de Ayotzinapa y de la tortura y malos tratos de otras 20 personas.
"Cualquier investigación iniciada ahora por el Procurador General llegará demasiado tarde. Si se hubieran realizado investigaciones exhaustivas sobre las denuncias contra el alcalde de Iguala y la policía federal y local cuando se produjeron otras violaciones graves de los derechos humanos, tal vez estos terribles asesinatos y desapariciones forzadas no hubieran tenido lugar", dijo Erika Guevara.
Las familias de los estudiantes también han anunciado que no confían en las autoridades y la información presentada por el Procurador General hasta que no esté respaldada por evidencia científica de los expertos forenses argentinos y el reconocimiento de la responsabilidad del Estado. Así mismo, recordaron al Presidente Peña Nieto su compromiso con los padres y con la sociedad.
Amnistía Internacional lamenta que, a pesar de los compromisos expresados por el presidente Peña Nieto, sus acciones demuestran lo contrario. El gobierno mexicano no ha aceptado la asistencia técnica internacional ofrecida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Por otra parte, en medio de esta profunda crisis de derechos humanos, el Presidente iniciará una gira internacional al Foro de Cooperación Económica, demostrando poco interés en hacer frente a la grave situación de derechos humanos en México.
"Es obligación de las autoridades llevar ante la justicia a todos aquellos que trabajan a nivel estatal y federal que son cómplices de estas graves violaciones a los derechos humanos, así como aquellos que han descuidado sus deberes en la investigación de estos hechos y hacer frente a la grave crisis de derechos humanos", concluyó Guevara Rosas.
Información Adicional
En la búsqueda de los estudiantes desaparecidos, 19 fosas comunes se encontraron en y alrededor de Iguala.
74 personas han sido detenidas hasta el momento en un caso que comenzó cuando la policía local atacó a los estudiantes el 26 de septiembre, resultando en el asesinato de 6 personas y la desaparición de 43 estudiantes.
Amnistía.org.mx. 07/11/14 

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