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La vida en Israel: Guerra y Paz

A seis meses de la sangrienta incursión de Hamas, que dejó cientos de muertos israelíes, y en medio de la ofensiva del Ejército de Israel en Gaza, con saldo de miles de víctimas palestinas y que ha levantado protestas en todo el mundo, la vida en las calles de Tel Aviv transcurre entre la calma, la tensión y la esperanza de que sean liberados los rehenes.
Es 22 de abril y en Israel es día feriado, arranca la Pascua judía, conocida como el Pesaj, una de las tres festividades más importantes en el judaísmo, además de Jánuca y el Sucot. Hace más de 6 meses se encontraban celebrando esta última cuando Hamas cometió el atentado terrorista más mortífero y sangriento en la historia de Israel. Desde entonces, a este país le faltan 133 personas que permanecen como rehenes en la Franja de Gaza, y se sabe que al menos 97 de ellos siguen con vida.
Es día soleado en Tel Aviv, la capital, y el clima es cálido: 23 grados Celsius. A 90 kilómetros de esta ciudad, el Ejército israelí libra una feroz guerra contra Hamas en la Franja de Gaza que, según cifras del Ministerio de Salud del enclave palestino, controlado por dicha organización calificada como terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, entre otros países, ha dejado más de 34 mil muertos, el 70 por ciento de ellos mujeres y niños. Una guerra que ha devastado al pequeño territorio palestino de 365 kilómetros cuadrados y por la que universitarios de Estados Unidos -algunos incluso judíos- realizan históricas protestas en las que exigen un cese al fuego y que se le retire el apoyo a Israel.
Mientras tanto, en Tel Aviv, la vida parece transcurrir de manera normal en esta jornada de festividad. Las cafeterías y los bares en la calle Dizengoff están llenos. La gente, que viste lentes de sol, shorts, blusas cortas y tenis, camina tranquilamente, conversando, riendo. Parejas pasean a sus bebés en carriolas, mujeres y hombres compran en las tiendas los insumos para la cena del Pesaj que reúne a amigos y familia. Pero en los aparadores de muchas de estas tiendas, destacan unas letras en color amarillo que recuerdan que la vida no es normal: "Bring them home" (Tráiganlos a casa). Por toda la calle, en los postes y las paredes están pegados los rostros de los 133 rehenes que quedan en Gaza, y de los que no se tiene información.
Una mujer con trozos de papel aluminio en la cabeza espera en una banca afuera de la estética a que el tinte que le pusieron penetre en su cabello. Habla por celular, y a un lado de ella hay un enorme oso de peluche ensangrentado con un parche en el ojo. Es uno de los muchos osos que uno encuentra conforme avanza por esta calle en dirección a la famosa plaza pública Dizengoff. Fueron colocados para representar a los 30 menores tomados como rehenes por Hamas el pasado 7 de octubre. El más joven, Kfir Bibas, sustraído del kibutz Nir Oz, tenía apenas nueve meses. Ahora debe tener un año y 3 meses, y se cree que sigue con vida.
En medio de esta guerra, que pasará a la historia como una de las que ha dejado la mayor cantidad de muertos en el menor periodo de tiempo, a Israel le duele el 7 de octubre, le duelen las personas aún cautivas y le duelen los muertos. Ese sábado, cientos de combatientes de Hamas irrumpieron en territorio israelí por tierra, mar y aire, matando a 364 personas en el Festival Nova al sur del país, a cientos más en los llamados kibutz, y violando a mujeres. La fuente de la plaza pública Dizengoff se convirtió en un memorial para estas mil 200 víctimas. Están sus fotografías y sus nombres, acompañados de velas, flores, peluches o demás muestras de cariño, una especie de ofrenda. En las jardineras alrededor de la fuente, jóvenes hacen picnic, toman el sol o conversan en este día festivo. El rostro del secuestrado y del muerto, de aquel que extrañan en la cena del Pesaj y en la cena del Sabbath cada viernes, les acompaña.
El sangriento terrorismo de Hamas llevó al Gobierno del Primer Ministro, Benjamin Netanyahu, a lanzar una guerra en la empobrecida Gaza con el objetivo número uno de aniquilar a Hamas, y, objetivo número dos, rescatar a los rehenes. Empezó por el norte y siguió hasta el sur. El Ejército se dispone a invadir Rafah, el último rincón a donde se desplazaron un millón 400 mil palestinos, lo que ha levantado alarma en la comunidad internacional. El Ejército justifica sus operaciones en zonas civiles de Gaza porque Hamas opera en dicha infraestructura. "Utiliza a mujeres y niños como escudos humanos", argumenta. Las Fuerzas de Defensa israelíes señalan que es necesario entrar a Rafah porque ahí quedan aún cuatro batallones de Hamas. Mientras tanto, levanta un campamento en la ya destruida ciudad de Khan Yunis para que ahí se desplacen los civiles.
Muchos israelíes respaldan el objetivo de eliminar a Hamas o, de lo contrario, dicen, nunca se sentirán seguros. Los kibutz atacados por los terroristas, a pocos kilómetros de la frontera con la Franja de Gaza, están desolados. En hoteles de Tel Aviv viven los desplazados de esos lugares y de la ciudad de Sderot, también atacada el 7 de octubre. A casi 7 meses de lo ocurrido, no se atreven a regresar, el miedo permanece.
Poco se habla en Tel Aviv de lo que ocurre en Gaza.
El consenso reposa en la necesidad de eliminar a Hamas y en traer a los rehenes de vuelta. Algunos distinguen entre terroristas y palestinos, otros no. Algunos señalan que las acusaciones de que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza son una campaña de desprestigio contra el país, otros prefieren no opinar.
La que era la explanada del Museo de Arte es ahora la Plaza de los Secuestrados. Ahí hay un enorme reloj que marca los días, horas, minutos y segundos que han transcurrido desde que Hamas se llevó a 240 personas. En la explanada hay distintas muestras artísticas por los rehenes, una de ellas un largo comedor con 240 lugares.
Los familiares de los rehenes eligieron dicha plaza como punto de reunión por estar próxima al Ministerio de Defensa. Ahí tienen lugar las protestas que exigen al Gobierno y al Ejército traer de vuelta a sus seres queridos.
Marisa Broitman es voluntaria y da recorridos por la plaza. Viste una playera con la leyenda "Los queremos de regreso a casa ahora", y un gafete que dice: guía de turistas.
"Es el mensaje de las familias de hacer todo lo posible por regresarlos", explica.
"Sabemos que no tienen tiempo. Hoy ya casi a 200 días del secuestro no perdemos las esperanzas, pero sabemos que las condiciones físicas, las alimentarias, las espirituales y demás psicológicas no son de lo mejor, por lo tanto cada día que pasa es un poquito menos de esperanza".
Un día, una eternidad 
Maia Chmiel, de 30 años, espera el regreso de sus dos primos Iair (45 años) y Eitan (37 años), secuestrados del kibutz Nir Oz.
No hay día que no piense en ellos.
"¿Cómo se sienten Iair y Eitan después de 200 días, si los liberados después de 52 días decían que cada día se sentía una eternidad?", se pregunta, sentada en la Plaza de los Secuestrados mientras sujeta un cartel con el rostro de ambos argentinos.
Maia no logra entender todavía el secuestro de sus primos. Los describe como grandes personas, amantes del futbol y de los Rolling Stones. Nacieron y crecieron en Argentina, pero se mudaron a Israel en el 2000.
"Iair y Eitan viven alejados de temas militares y de la política. Nada justifica el momento por el que están pasando", lamenta.
"El hecho de no saber dónde están y qué les pasó me rompe por dentro".
Desde el 7 de octubre, Maia no deja de consultar canales de Telegram -donde frecuentemente Hamas publica videos y mensajes- en busca de información sobre sus familiares.
"El 25 de noviembre (con la liberación de un grupo de rehenes) recibimos la primera señal de vida, pero desde entonces no sabemos más", dice.
"Tengo mucho miedo de todo, de que me avisen cosas que no quiero escuchar, miedo a que todo vuelva a pasar", agrega.
Maia tiene miedo también de que todo sea olvidado y de que sus dos primos se queden en Gaza.
"Son nuestra luz y nuestra fuerza, no podemos dejarlos en Gaza", señala.
La joven teme que sus primos no sean considerados en un posible canje de rehenes. Hace un mes, Hamas propuso entregar a mujeres, niños y personas de la tercera edad a cambio de mil prisioneros palestinos.
"Ser hombres adultos no los hace menos importantes que otras personas", sostiene Maia.
Errores Israelies 
La operación militar israelí en Gaza no ha estado exenta de errores -adicional a las víctimas civiles palestinas que ha causado-.
El 15 de diciembre, las Fuerzas de Defensa mataron a tres rehenes. De acuerdo con los reportes, uno de los hombres alzaba una bandera blanca.
"Ellos (los rehenes) hicieron todo bien. Aun así el Ejército disparó", indica Marisa Broitman al ser cuestionada sobre este hecho.
"Fueron días de una pena, de un dolor y de un duelo profundo. Pensábamos: ¿cómo salimos de este fango?".
"¿Hubo reclamo al Ejército?", se le pregunta.
Sí, responde, al menos de una de las familias que exige conocer exactamente qué fue lo que sucedió. Pero otra ha dicho que no puede culpar a los militares, e incluso ha pedido encontrarse con los soldados que dispararon para decirles que están perdonados. La tercera familia es árabe, la víctima era árabe musulmán.
"No es unísono, no es que todas las familias hablen el mismo discurso", precisa Marisa.
Los que no han vuelto. 
Entre los 133 rehenes que siguen en Gaza hay nueve argentinos -entre ellos Iair y Eitan-, un colombiano, un brasileño y un mexicano: Orión Hernández Radoux, plagiado el 7 de octubre de 2023 cuando se encontraba en el Festival Nova de música electrónica. Estaba con su novia Shani Louk y un grupo de amigos. Su rostro aparece en los carteles del aeropuerto de Tel Aviv y también en el memorial que fue instalado en el sitio del festival, a unos 5 kilómetros de la frontera con la Franja de Gaza.
En el memorial por las víctimas están los rostros de los rehenes y de los fallecidos: 364 en total. La foto de cada persona está colocada sobre un poste clavado al piso del que también ondean banderas, la mayoría israelíes, y la mexicana en el caso de Orión. "Bring him home now" (Tráiganlo a casa ya), dice el cartel.
El sitio del memorial no tiene más que eso. Lo recorren jóvenes y algunos turistas. Lo custodian reservistas de 20 años de edad.
Es frecuentemente visitado, no sólo por familiares de las víctimas, sino por los mismos sobrevivientes de la masacre. Una joven coloca una silla frente al cartel de una persona y se suelta a llorar.
Llora frente a su familiar o su amigo, llora fuerte, con las manos en el rostro. El sonido de su llanto acongoja, pero hay otro aún más estremecedor y que sacude a la primera escucha: el estruendo de los bombardeos del Ejército israelí en Gaza.
En Israel
El saldo del 7 de octubre
1,200 muertos
364 fueron asesiandos en el Festival Nova
253 secuestrados
133 permanecen en Gaza
36 está muertos
120 liberados o asesinados (sus cuerpos ya están en Israel)
200.000 desplazados
En Gaza
Saldo de la ofensiva israelí en este territorio palestino.
34,356 muertos*
24,049 mujeres y niños ( 70%)
· 13,000 combatientes de Hamas abatidos, según las Fuerzas de Defensa de Israe
· 1.6 civiles muertos por cada combatiente
· 1.4 millones Saldo de la ofensiva israelí en este territorio palestino.
- En la explanada del Museo de Arte hay muestras artísticas por los rehenes. Una de ellas es de un comedor con 240 lugares vacíos.
Martínez, E. "La vida en Israel: Guerra y Paz". "El Norte.com". 28/04/2024: Recuperado el 01/05/2024
https://www.elnorte.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?__rval=1&urlredirect=https://busquedas.gruporeforma.com/elnortev2/Documento/Impresa.aspx?id=6s8413486d&url=https://hemerotecalibre.elnorte.com/20240428/interactiva/NNAC20240428-010.JPG&text=la+vida+en+isreal

1202. Educación en Afganistán: una fuente de Conflicto y posibilidad para la Paz

Es un tema disputado por las partes del conflicto afgano, pero la educación puede tener un rol clave en la reconstrucción del país. En debates locales muchos han expresado que la violencia todavía constituye un obstáculo a la educación en Afganistán, especialmente para las niñas, que muchas veces se ven amenazadas por asistir al colegio.
La educación afgana es un asunto polémico, el derecho a la educación para las mujeres todavía es algo disputado, mayormente en las regiones rurales. Durante el régimen de los talibanes, las niñas estaban privadas de asistir al colegio, y muchas de ellas que se han atrevido volver a las salas, han sufrido violentas agresiones, como por ejemplo ataques con ácido.
En varias reuniones organizadas por el Instituto para el reporteo de la Guerra y la Paz (IWPR) cientos de personas tuvieron la posibilidad de expresar sus opiniones sobre el sistema de educación afgano. La organización realizó debates en las regiones afganas de Nangarhar, Khost y Kandahar, donde los pueblos expresaron preocupación por la situación de seguridad y el futuro de la educación afgana.
Ustad Zia Gul, un activista de la sociedad civil, expresó que las niñas se ven especialmente afectadas de manera negativa por la violencia y el conflicto sobre la educación en Afganistán.
“Ya no nos sentimos seguros en el pueblo. Cada mañana cuando nuestras hermanas salen de la casa para ir al colegio sus madres rezan para que vuelvan a salvo,” señaló Zia Gul, según IWPR. El activista agregó que en la provincia oriental de Nangarhar, se han quemado colegios, varios estudiantes han fallecido y han resultado heridos.
La violencia ha causado a varias familias negar a las niñas el derecho de ir al colegio, debido a las amenazas de grupos armados en la localidad. Algunos también señalaron que la calidad de educación es muy mala, que muchos estudiantes salen del colegio sin saber leer.
Durante los últimos años, la tasa de niños y niñas que asisten al colegio ha aumentado. Durante el año escolar 2011/2012, unos 7,5 millones de niños estaban en el colegio, al año siguiente la cifra había aumentado en 8,5 millones. De estos niños, un 39% eran niñas.
“Hace diez años yo trabajaba en Afganistán, estableciendo programas de ayuda. Desde entonces se han hecho grandes avances. En 2002, se estima que unos 900,000 niños estaban en el colegio, mientras que las mujeres y niñas estaban casi completamente excluidas de las oportunidades educativas,” expresó el presidente ejecutivo de la organización CARE International UK, Laurie Lee, en un artículo publicado el mes pasado.
En el año 2013, su ONG realizó un sondeo de opinión con más de 2,000 mujeres en tres provincias de Afganistán, según sus resultados, las mujeres encontraron que existe una necesidad de involucrar a niños y hombres de sus comunidades para que las mujeres puedan realizarse en términos de educación.
“Esto es esencial para evitar el contragolpe y mitigar las preocupaciones de los hombres de que las agencias externas están trabajando para socavar su autoridad. Cuando trabajamos para conseguir el apoyo de toda la comunidad, hemos visto a hombres que rompen el molde y se convierten en campeones del apoyo a la educación de las niñas,” destacó Lee.
La educación está relacionada a todas las esferas societales de una comunidad. En zonas de conflicto, el acceso a la educación muchas veces se ve privado. Sin embargo, la educación es vital en el proceso de paz y la reconstrucción de un país, parcialmente debido al hecho de que es una de las piedras claves para la reconciliación de las partes de un conflicto. El fin de un conflicto y el proceso de paz, muchas veces abren la posibilidad de lanzar proyectos para reformas educacionales. Sin embargo, la educación también tiene una enorme responsabilidad en la reconciliación de las comunidades, porque ahí es donde se produce la política de memoria, mediante la historia de la guerra que ha vivido el país.
Sandra Segall. ElCiudadano. cl. Santiago, Chile. 28/01/15

621. De la Pos Negociación a la gestión pacífica de los conflictos


El conflicto no terminará, se transformará y la violencia tampoco desaparecerá tras la firma de los acuerdos.
Bogotá, Colombia. Innumerables trabajos realizados sobre la guerra y la paz en Colombia hablan de prepararnos para el posconflicto; aquí se está cometiendo un error conceptual que lo ha aclarado Galtung, (uno de los más importantes teóricos de la paz), quien afirma que el problema no es terminar el conflicto o tratarlo como un estado no deseable; el conflicto se refiere a la gestión de las diferencias entre individuos, al interior de un grupo o entre grupos; permite aprender de los otros, evidenciar diferencias e identificar formas o estilos de comunicación con las que construimos la realidad social en la que vivimos.
Comprender los conflictos posibilita demostrar las asimetrías (de información, habilidades de comunicación y de poder) en las relaciones entre quienes actúan en él; es en el contexto del conflicto en el que se evidencian los intereses, las intenciones, los recursos que están en juego entre los actores sociales.
Desafortunadamente contamos con numerosos ejemplos en los que las asimetrías de información, en competencias de comunicación o el uso del engaño, el encubrimiento o el poder ilimitado y sin controles de las partes, generan que se transite de la gestión no violenta de un conflicto al uso de la violencia como recurso de gestión del mismo, con la consecuente emergencia de los círculos y espirales de violencia que conocemos de sobra.
Por tanto, es necesario que asumamos que el problema no es el conflicto sino de lo que se trata es de la transformación de las prácticas de gestión de los mismos, de la incorporación cultural de prácticas pacíficas, es decir, hacer del diálogo simétrico y transparente el fundamento de todo proceso de gestión de las diferencias.
Por otro lado, debemos también diferenciar el denominado posconflicto y hablar de la posnegociación, pues es seguro que la misma no implique ni el fin del conflicto ni tampoco el fin del uso de prácticas violentas para buscar la resolución de los conflictos. Como ya lo he mencionado, seguramente esto implicará años de incorporación de prácticas pacíficas sobre la gestión de conflictos y seguramente los actores, que llevan años usufructuando de la violencia (explicita e implícitamente), no las dejaran rápidamente y solo con una combinación de complejas acciones de rediseño: socio económico, político, jurídico, cultural y psicosocial, sostenidas y de largo plazo se podrán transformar. Esto exige, además, no construir expectativas que sobredimensionen el escenario de posnegociación y cuidarnos de los múltiples discursos que buscaran mostrar el fracaso del mismo.
El conflicto no terminará, se transformará y la violencia tampoco desaparecerá al día siguiente de la firma de los acuerdos, esto solo será un comienzo de muchos y seguramente la firma será un ritual necesario para marcar un hito para hablar de un conjunto de actores que deciden hacer que las prácticas pacíficas sean la forma de gestionar diferencias.
En definitiva, en el proceso de paz debemos incorporar la palabra posnegociación e introducir la idea de transformación de prácticas violentas de la gestión de los conflictos más que hablar de posconflicto y menos del fin del conflicto.
Wilson López López. Profesor asociado Pontificia Universidad Javeriana. Editor Universitas Psychologica.
Wilson López López. Semana.com. 10/01/13
 
El Mediador no es un tercero
Barcelona, España. Por “Tercero" se entiende (técnicamente) las varias funciones que personas pueden ejercer como intermediarias en el proceso de resolución de un conflicto. Hasta el momento se han aceptado universalmente y por la mayoría de escuelas de gestión de conflictos, 13 funciones de intermediación
El globito de la Mediación, lanzado sobre en el actual proceso de paz la Habana, afortunadamente ha alcanzado difusión dentro de la llamada sociedad civil colombiana y por ende demanda una más amplia discusión; pero lo ha hecho, creo yo, sobre dos premisas que desde el punto de vista de la gestión de conflictos, resultan técnicamente inexactas : 1- La Medición no puede igualarse o reducirse a un “Tercero” , ya que bajo esta categoría se agrupan múltiples y diversas actividades técnicas en la gestión y resolución de conflictos , y 2- La Mediación necesita “obligatoriamente” de la aceptación de las dos partes enfrentadas en un proceso de resolución de un conflicto. Precisemos:
1-EXPLORADOR o tranquilizador, quien convence a las partes que ninguna está incondicionalmente comprometida con la victoria y plantea posibles alternativas a un impase.
2-CONVOCADOR o iniciador, quien hace posible que las partes inicien un proceso de paz.
3-DESACOPLAOR, quien ayuda a que los “apoyos” externos dados a las partes en conflicto se retiren o alejen del conflicto en el que se han involucrado.
4-AGLUTINADOR, quien ayuda a reparar las divisiones presentadas entre las partes y aglutinarlas en torno a soluciones aceptables para ellas.
5-HABILITADOR, también llamado en la literatura anglosajona el “empoderador” y quien desarrolla competencias o habilidades para que las partes lleguen a soluciones aceptables y sostenibles.
6. VISUALIZADOR, quien investiga y visualiza nueva información y nuevas opciones para que las partes tomen decisiones mutuamente favorables.
7-GARANTE, quien como su nombre lo dice “garantiza” o sirve de fiador de cualquier acuerdo alcanzado.
8-FACILITADOR, quien desarrolla diversas tareas técnicas del proceso como presidir reuniones, interpretar posiciones, y en general contribuir a su buena marcha.
9-LEGITIMADOR, quien con su prestigio ayuda a las partes a aceptar el proceso, su resultado y a legitimarlo.
10-POTENCIALIZADOR, quien proporciona y desarrolla recursos adicionales para ayudar a las partes a encontrar una solución positiva.
11-VERIFICADOR, quien monitorea el cumplimiento pleno del acuerdo por las partes.
12-IMPLEMENTADOR, quien vigila y hace cumplir plenamente los acuerdos alcanzados.
13-RECONCILIADOR, quien se encarga de las acciones de largo plazo para modificar y superar los estereotipos negativos ampliamente difundidos y que quedan, construyendo nuevas relaciones que trasciendan la inercia del conflicto.
Por Mediación se entiende (también técnicamente) un proceso de corto plazo, que una Persona Ideal y Externa (PIE) con la ayuda de las partes realiza para tratar de abstraer los problemas en disputa, encontrar opciones, considerar alternativas y llegar a un acuerdo positivo ajustado a sus intereses. La Mediación interviene sobre la conducta de las personas sentadas en la mesa de diálogos, ayudándoles a abordar de una manera más realista y objetiva el tratamiento estructural del conflicto, pero no tiene implicaciones sobre la “estructura misma del conflicto”, pues esto último depende de las modificaciones económicas, políticas, legales y sociales que se acuerden mutuamente, se realicen, y sobre todo perduren.
Esta persona ideal externa, o Mediador, introducido desde fuera en un proceso de resolución de un conflicto, debe tener una serie de pre-requisitos, o cualidades propias ya muy bien establecidas técnicamente en la teoría de la gestión y resolución de conflictos. He aquí algunas de ellas:
Debe contar con la confianza total de las partes. Ser imparcial es decir no representar o estar vinculado con ninguna de ellas. Debe ser lo suficientemente flexible. Objetivo. Creador. Paciente. Saber escuchar. Ser confidencial. Ser un diplomático. Visualizar los intereses ocultos de las partes que subyacen bajo las “posiciones, para sacarlos a flote. Conceder oportunidades a las dos partes por igual. Y sobre todo, debe ser un gran comunicador social.
Cuando hago estas pocas consideraciones, pienso en Diógenes con su linterna buscando al hombre justo que pueda mediar en la solución política del conflicto colombiano. ¿Quién podría ser y donde se encontrará?
Alberto Pinzón Sánchez. kaos en la red.net. 07/02/13

604. Tolstói, el maestro de Gandhi


Madrid, España. Apunten esta fecha: 7 de septiembre de 1910. Pocas semanas antes de morir en la estación de tren de Astapovo, Lev Tolstói escribe la última de sus cartas a Mahatma Gandhi. El futuro padre de la independencia de la India vivía entonces en Sudáfrica, controlada por las metrópolis europeas, donde luchaba por los derechos de los indios que trabajaban en ese país.
"Requerir que cese toda aplicación obligatoria de impuestos, así como la abolición de todas las instituciones legales y de la policía y, por encima de todo, de las instituciones militares". Esas eran algunas de las recetas del escritor ruso, pero no sólo para ese país africano, sino para todo el mundo. Para entendernos: Tolstói estaba echado al monte.
El autor de Guerra y paz se había radicalizado en los últimos años de su vida, como demuestra la lectura de El reino de Dios está en vosotros (1890-1893), ensayo casi inédito en España (la anterior traducción se hizo en 1902) que la editorial Kairos publica ahora. "Su lectura me abrumó. Me marcó para siempre", admitió Gandhi, cuya primera carta a Tolstói, recogida en la nueva edición del ensayo, data de 1901.
De la nobleza a la barricada
Lo curioso es que nada hacía presagiar que el novelista, descendiente de la más antigua nobleza rusa (su padre era conde y su madre princesa), pudiera acabar influyendo decisivamente en el pensamiento del célebre revolucionario indio.
Tras pasar por el Ejército y dedicarse con tremendo éxito a la literatura, Tolstói sufrió una "terrible crisis existencial y espiritual que lo sume en una profunda depresión, y que lo lleva al borde del suicidio", recuerda Joaquín Fernández-Valdés, traductor de El reino de Dios está en vosotros. "Siente un abismo y necesita encontrar un sentido a la vida. Busca frenéticamente respuestas en la ciencia y en la filosofía primero, y en la Iglesia ortodoxa después. Muy decepcionado por lo que halla en todas ellas, investiga entonces en la fuente original del cristianismo: las sagradas escrituras", apunta Fernández-Valdés.
Ahí surgió el chispazo en la cabeza del escritor. El autor de La muerte de Iván Ilich concluyó que las enseñanzas pacifistas que Cristo impartió en el Sermón de la Montaña fueron traicionadas por la Iglesia. Preso de ira, abandonó progresivamente la ficción y se centró en la publicación de panfletos de agitación político-religiosa. Su descomunal fama no evitó que El reino de Dios está en vosotros fuera censurado en Rusia "aunque corrió de mano en mano clandestinamente", apunta su traductor- y que se publicara con éxito en países como Inglaterra, Francia, Alemania y EEUU.
Tolstói arremetió en el libro contra la Iglesia, por conciliar violencia y religión, y el Estado, que sólo sirve para oprimir a la población en beneficio de unos pocos. "Ni la banda del malhechores más despiadada es tan terrible como una organización estatal", escribió sin tapujos.
Influido por el ensayo Henry David Thoreau La desobediencia civil, plasmó también su particular visión sobre la doctrina de la no violencia, convirtiéndose en una mezcla de filósofo anarcopacifista e ideólogo cristiano libertario. "El auténtico cristianismo la doctrina de la resignación, del perdón a las ofensas y el amor y el Estado con toda su pompa, su violencia, sus ejecuciones y sus guerras son dos conceptos irreconciliables. La profesión del auténtico cristianismo no sólo excluye la posibilidad de reconocer el Estado, sino que destruye sus cimientos", bramó el novelista ruso.
La lectura del libro inflamó el pensamiento de Gandhi. La correspondencia entre ambos se inició el 10 de noviembre de 1901. Gandhi le escribe desde Londres para hablarle sobre la lucha de los indios en la provincia sudafricana de Transvaal, donde ya se estaba cocinando el experimento sudafricano conocido posteriormente como Apartheid.
Y ya puestos pidió a Tolstói que utilizara "su influencia" para popularizar el movimiento de resistencia. "De tener éxito no sólo sería un triunfo de la religión, el amor y la verdad sobre la irreligión, el odio y la falsedad, sino que muy probablemente sirviera como ejemplo para los millones de seres que viven en la India, o para gentes en otras partes del mundo que pudieran estar oprimidas, y que ciertamente significaría un avance de cara a acabar con la violencia, al menos en la India. Si aguantáramos hasta el final, como creo que seremos capaces de hacer, tengo pocas dudas acerca del éxito final", escribe Gandhi sobre una lucha sin cuartel que desafiaba abiertamente las leyes racistas con actos de desobediencia pacífica reprimidos a lo bestia por las autoridades coloniales.
Vía revolucionaria
Lev Tolstói, que a lo largo de su vida escribió nada menos que 10.000 cartas a personajes tan variopintos como el zar Nicolás II, el poeta Rainer Maria Rilke y al escritor George Bernard Shaw, no tardó en responder a Gandhi. "¡Que Dios ayude a nuestros queridos hermanos y colegas del Transvaal! También entre nosotros se deja sentir intensamente esa lucha entre gentileza y brutalidad, entre humildad y amor, orgullo y violencia, sobre todo en el choque entre deber religioso y las leyes del Estado, expresado en la negación a prestar el servicio militar. Esas negaciones se producen cada vez con mayor asiduidad", escribió aludiendo a los rusos que se negaban a servir en el Ejército de su país.
En la larguísima carta que puso fin en septiembre de 1910 a la correspondencia entre los dos hombres, Lev Tolstói disertó a fondo sobre la táctica que popularizaría Gandhi años después en la India ocupada: la resistencia no violenta. "La vida de las naciones cristianas presenta una contradicción entre el amar, que debería prescribir la ley de conducta, y el uso de la fuerza, que puede reconocerse bajo diversas formas, como gobiernos, tribunales y ejércitos, que se aceptan como necesarios y apreciados", escribe. ¿Y contra las porras y la represión? Una buena dosis de amor, concluyó enfebrecido el novelista ruso: "Lo que denominamos la renuncia a toda oposición mediante la fuerza, simplemente implica la doctrina de la ley del amor no pervertida por sofismas la ley del amor deja de ser válida si se defiende por la fuerza".
Tolstói zanjó su incendiaria misiva profetizando que la no violencia acabará convirtiéndose en el arma revolucionaria que haría tambalear a los poderosos: "Los gobiernos saben de dónde procede la mayor de sus amenazas y permanecen en guardia y ojo avizor, no sólo para preservar sus intereses, sino también para proteger su propia existencia". Lo que sonaba a bravata y a idealización ingenua del amor y la resistencia pasiva, acabaría transformándose en un movimiento de masas que, liderado por Mahatma Gandhi, se llevaría por delante al todopoderoso Ejército británico que ocupaba la India. Quizás las autoridades británicas se arrepintieran a posteriori de no haber controlado la correspondencia de Gandhi.
Carlos Prieto. Público.es. 06/02/12

Para saber más:
Lev Tolstói. El reino de dios está en vosotros. Editorial Kairós. Barcelona. 2010
Contiene la correspondencia completa en español entre Tolstói y Gandhi

Leon Tolstoi, un hombre santo a más de 100 años de su muerte
Lima, Perú. Presentamos una breve lectura de la vida y obra del novelista y moralista ruso, Leon Tolstoi (1828-1910) a más de 100 años de su muerte. El libro "Todos los Santos" de Robert Elisberg nos muestra a Tolstoi, en su aspecto positivo, y donde enseña un cristianismo depurado basado en la creencia en un Dios interior "muy activo en el corazón de nuestro corazón", Dios interior que se manifiesta como espíritu de amor y que, como tal, está presente en el espíritu de cada ser humano.
El conde Leon Tolstoi nació en el año 1828 en el seno de una familia adinerada y aristocrática. A los dieciséis años abandonó su fe ortodoxa de la niñez. Según lo narró él mismo, pasó gran parte de su juventud en persecución del placer, la gratificación sensual y vanas distracciones. Luego de servir como oficial militar en la guerra de Crimea, y de viajar al extranjero, se estableció con su esposa, Sonia, en la propiedad de su familia, Yasnaya Polyana. Allí se dedicó a la escritura que habría de traerle tanta fama y aún mayor riqueza. Sus “La guerra y la paz” y “Ana Karenina” fueron aclamadas de inmediato como obras de un genio, entre las más grandes novelas escritas.
Y, sin embargo, a pesar de su éxito, Tolstoi estaba obsesionado por una enfermedad subyacente: el ansia por encontrar un sentido más profundo de la vida. Se hallaba afectado por la vieja sospecha de que estos sentimientos de vacío eran desconocidos entre los campesinos. Emulando sus vidas de pobreza, trabajo y simple fe, esperaba hallar el secreto de la felicidad que de otra manera parecía eludir a los miembros de la clase privilegiada.
Así, Tolstoi profesó en forma pública su retorno a la fe ortodoxa. Éste se reflejó de inmediato en la naturaleza de sus escritos. No sintió que fuese apropiado, ya, escribir novelas "vanas". Sus escritos futuros debían servir a sus convicciones religiosas. Pero se vio envuelto asimismo en tensiones personales y públicas y controversias, comenzado por su vida familiar, Sonia, la madre de sus trece hijos, que había servido fielmente como asistente literaria tanto como esposa devota, halló imposible simpatizar con sus obsesiones religiosas. Encontraba que Tolstoi estaba desatendiendo de manera imprudente el bienestar y los intereses de su propia familia.
Esta discordia era sólo un íntimo reflejo de la lucha interna del propio Tolstoi. Esta lucha por obtener coherencia entre sus ideales y su vida continuó sin disminución por el resto de sus días. Su estudio de los Evangelios lo llevó de manera creciente a la convicción de que la verdadera esencia del cristianismo se hallaba recubierta por una costra debido al dogmatismo, al ritual y la subordinación a la autoridad secular. El corazón del Evangelio, en su opinión, había que hallarlo en el Sermón de la Montaña, con temas tales como el de la presencia del Reino de Dios dentro de cada alma, el consejo de la pobreza voluntaria y la no resistencia al mal, y la "ley del amor". Atacó a la Iglesia ortodoxa por desatender estos principios y, como represalia, fue excomulgado en el año 1901.
Tolstoi donó su propiedad a sus hijos, renunció a los derechos de sus escritos religiosos, se vistió como un campesino y se dedicó a trabajar varias horas por día en el campo. En su obra ¿Qué debe hacerse? había enunciado en forma clara su filosofía de que era necesario ganarse la vida por medio del trabajo, la convicción de que cada persona debía llevar a cabo alguna labor física para mantener su existencia. La filantropía no era suficiente. Ésta podía compararse, dijo, a un hombre montado sobre un caballo sobrecargado, que intenta aligerar el peso del animal, sacando unas pocas monedas de su bolsa cuando lo esencial seria desmontar.
Tolstoi escribió de forma extensa sobre la filosofía de la no violencia y la desobediencia civil. Entre sus ávidos lectores se encontraba un joven abogado indio de Sudáfrica, Mohandas Gandhi, que se volvería, indiscutiblemente, su discípulo e intérprete más efectivo. En cuanto a sí mismo, Tolstoi permaneció obsesionado por la noción de que él estaba meramente actuando su papel como cristiano.
El 28 de octubre de 1910, a los ochenta y dos años, Tolstoi escapó de su hogar, acompañado sólo por el médico de la familia. En una nota a Sonia escribió: "Hago lo que la gente de mi edad hace a menudo: abandonar el mundo para pasar mis últimos días sólo y en silencio." Esta extraña huida hacia la soledad no lo condujo lejos. El 10 de noviembre cayó enfermo mientras viajaba en tren. Se detuvo en Astapova y fue llevado a la casa del jefe de estación. Allí se descubrió su identidad rápidamente. En pocos días una muchedumbre de discípulos, curiosos, periodistas y miembros de la familia habían convergido en este oscuro pueblo para estar presente a lado del lecho de muerte de un gran hombre. Sus últimas palabras fueron: "Buscar, siempre buscar." Murió el 20 de noviembre de 1910.
Blogpucp.edu. 19/11/10

La autoridad moral de Tolstói
Madrid, España. Las epopeyas y la literatura de nuestro mundo clásico fueron obras de auténticos maestros: hombres que poseían una «autoridad moral». No escribían para entretener a un pueblo ocioso y aburrido, sino para comunicar a sus lectores una experiencia de la vida.
Presentar un debate sobre el Escritor como Autoridad Moral sería un acontecimiento en este centenario de Tolstói, porque nadie parece saber ya lo que eso significa. Ahí estamos los escritores, orgullosos de nuestros premios o nuestras cifras de venta. ¿Qué significamos para la fe de los hombres? ¿Qué valores proponemos a la sociedad? ¿Qué somos más que vendedores de historias de papel?
El mundo occidental, falto de fe y de autoridad moral, va dejando inmensos desiertos de ideas y valores en el alma de los hombres. Y esas landas áridas de desengaño y aburrimiento son claramente visibles por cualquier enemigo que tenga un mínimo de inteligencia y de fuerza. Los desiertos morales son siempre «espacios conquistables». No es extraño que los fanáticos redoblen sus golpes y sus asaltos en esos vacíos donde ven la flaqueza de su enemigo. Hace muchos años, un camellero del Sahara me enseñó que los hombres del desierto transmiten a sus hijos una sabia y prudente cautela: si el jeque no construye una ciudadela en la roca más alta, la comarca será invadida, tarde o temprano, por una tribu de bandidos.
La no violencia
Cuando Gandhi inició la lucha por la independencia de la India y la fundamentó en la no violencia, eligió la vía de la «autoridad moral». Y Churchill y Mountbatten –sus adversarios políticos– se dieron cuenta pronto de que estaban perdidos ante aquel profeta que vestía como un paria pero que sabía ocupar las alturas de la ciudadela… Y así ocurrió que los propios británicos fueron conquistados por la autoridad moral de Gandhi. He tenido en mis manos los libros que Gandhi enviaba a su maestro Tolstói y que se conservan en la biblioteca de Iásnaia Poliana.
Los británicos perdieron el Imperio en esa batalla intelectual porque son un pueblo que entiende –o entendió siempre– el lenguaje de la «autoridad moral». Y no habrían perdido jamás la batalla en una guerra convencional. Hitler fue ajusticiado en una guerra con Inglaterra y Estados Unidos, pero Gandhi no perdió la suya.
Gandhi fue asesinado, sin embargo, por un fanático musulmán. Y hoy reaparece ese problema que nos afecta tanto a nosotros como a los propios musulmanes liberales. Hay unos fanáticos que se disfrazan de «autoridad moral» y seducen a las masas. ¿Qué tenemos nosotros para oponerles?
El materialismo nos destruye y nos arrastra en su caída por falta de valores. Y, al otro lado, en nuestro desierto moral sin ciudadelas, el fanatismo siempre encontrará supersticiones para exaltar a terroristas y kamikazes. No nos servirán las bonitas razones del «sereno ateísmo racionalista» para luchar contra esa barbarie.
Tolstói fue ya un precursor en esta batalla, cuando se rebeló contra la frialdad racionalista y la tibieza del relativismo moderno. Tenemos que responder con nuestro corazón y nuestra fe. Este es un reto que, en estas fechas del centenario de Tolstói, se plantea claramente a los jóvenes.
No sé si un contemporáneo puede presumir de conocer mejor a un maestro por haberlo tratado personalmente. Yo tuve que conformarme con leer pacientemente obras, biografías y cartas de Tolstói, buscando a sus amigos y discípulos, recorriendo su mundo y visitando muchas veces sus casas en Rusia.
La oscuridad de los siglos
Me dolía en el alma comprobar que mis coetáneos hablaban de Tolstói como si fuese un resto arqueológico perdido en la oscuridad de los siglos. Me apenaba ver cómo inculcaban a los jóvenes una imagen lejana y empolvada del maestro, creando una falsa distancia que los expertos del oscurantismo iban ahumando intencionadamente para crear un efecto tenebroso. Me daba cuenta de que, en el escaparate del mundo materialista moderno, hay expertos en ensombrecer y ocultar, igual que hay especialistas en iluminar. Es muy fácil dirigir un foco a un escenario para dar fuerza a un figurante y, por el contrario, oscurecer a una primera figura apagándole las luces. Ni comunistas ni capitalistas, ni piadosos ni ateos amaban la figura de Tolstói, el viejo profeta ruso que, leyendo el Evangelio de San Mateo, había fundamentado una filosofía de la no violencia. Y, al final de su vida, muchos le consideraban un viejo loco, más que un maestro; sobre todo desde que –a causa de sus ideas místicas pero rebeldes– había sido excomulgado por la Iglesia rusa.
Pero, a pesar de que el burdo materialismo del siglo XX quería apartarnos del pasado espiritual de Europa y pretendía entretenernos con fuegos artificiales, algunos nos dábamos cuenta de que Tolstói no estaba tan lejos y que sus diatribas contra la caída de los valores y la falta de fe eran apasionantes. Porque la «autoridad moral» no sólo es el fundamento de la política sino también la base conmovedora de la gran Literatura.
No todo el pasado se había hundido en las tinieblas y en la lejanía, como querían hacernos creer los vendedores de «novedades». Alexandra Lvovna Tolstaia –la hija de Tolstói– vivía en Valley Cottage en 1972, cuando pude conocer a esta fiel compañera de su última y desesperada fuga. Era ya casi nonagenaria, pero aún se ocupaba de los huérfanos y de los emigrantes y, en la Tolstoy Foundation, mantenía vivos los ideales pedagógicos, humanistas y morales de su padre. Fue ella quien ayudó a Nabokov y a Rachmaninoff a huir de los bolcheviques.
Me conmovió la presencia del «pensamiento» de Tolstói in partibus infidelium, porque allí, en Estados Unidos, estaban también los más fuertes y optimistas promotores de la nueva revolución capitalista y los apóstoles del olvido de los valores del Viejo Mundo. Occidente ha producido buena parte de la propaganda materialista e inmoral que hemos consumido con avidez; sobre todo desde que los títeres del Telón de Acero dejaron de representarse cuando se les derrumbó el teatro.
Los muertos están muy vivos
Y, sin embargo, los norteamericanos no han perdido sus símbolos de identidad cultural ni sus valores. Creen en sus precursores y en sus pioneros, mantienen su fe y defienden hasta el heroísmo a un país gobernado democráticamente para que la política no corrompa los ideales de la cultura…
«Grave and hesitating, grave y titubeando –leemos en Whitman– escribo estas palabras: Los muertos están vivos. Quizá son los únicos vivos, los únicos reales, y yo el aparecido, yo el fantasma.»
¿Sentiremos esa vergüenza los europeos al conmemorar el centenario de Tolstói? ¿Tendremos la valentía de proclamar que nuestros muertos también están vivos?
Quizá ya es tarde para Tolstói e, incluso, para Nietzsche, que sería más duro con ciertos filántropos de la política (ahora les llaman «buenistas»). Hemos perdido la idea del bien común que fue tan importante para el cristianismo y para Tolstói: «El reino de Dios está en vosotros». Pero el bien común implicaba deberes y derechos, mientras que el «buenismo filantrópico» consistió siempre en dar lo que nos pidan, sin responsabilidad ni criterio, para que nos dejen tranquilos…
No nos respetamos a nosotros mismos –diría Tolstói– y por eso no sabemos amar… Hemos creado un mundo capaz de globalizar una enorme riqueza material, pero somos incapaces de globalizar la infinita riqueza moral y espiritual que tenemos en nuestra ciencia y en nuestra cultura…
¿Esperamos acaso que la felicidad universal se parezca a la posesión espasmódica de la riqueza material?… ¿Nadie lee ya el Evangelio de San Juan?: «El conocimiento de la verdad es lo que os hará libres»… Medio mundo cree en verdades fanáticas sin libertad. Y el otro medio busca una experiencia de la libertad sin verdad.
No son los políticos los que pueden recuperar los valores de nuestra cultura, sino que se necesitan «autoridades morales»…
Mauricio Wiesenthal. Autor del libro: “El viejo León Tolstói. Un retrato literario”.
Mauricio Wiesenthal. abc.es. 19/11/10

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