TE GUSTARÍA COLABORAR EN EL BLOG DE CULTURA DE PAZ COMO VOLUNTARIO?

TE GUSTARÍA COLABORAR EN EL BLOG DE CULTURA DE PAZ COMO VOLUNTARIO?
Correo electrónico de Cultura de Paz Monterrey: drjosebenitoperezsauceda@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Teoría de la Paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teoría de la Paz. Mostrar todas las entradas

1448. La justicia internacional es necesaria para la paz permanente

En 2014 hubo mucha reflexión sobre la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que en realidad fue en gran medida una guerra europea, aunque con profundas repercusiones para el siglo pasado.
La Liga de las Naciones del presidente estadounidense Woodrow Wilson (1913-1921) no pudo asegurar las condiciones para la paz duradera. Con la perspectiva del tiempo, el ensayo de John Maynard Keynes sobre las consecuencias económicas de la paz resultó notablemente premonitorio.
Este 2015, la atención se fijó en el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), hace siete décadas. La desaparición gradual de la mayoría de los imperios coloniales en las tres décadas posteriores al conflicto prometió una nueva era de justicia internacional.
Ahora que la comunidad internacional se esmera por poner en marcha la Agenda de Desarrollo Posterior a 2015 y celebrar en diciembre un nuevo tratado sobre cambio climático en París, es importante aprender rápidamente la lección del fracaso de la Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Addis Abeba en julio, para abordar la justicia fiscal.
Sin avances en materia fiscal o de ayuda, será casi imposible realizar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) deberá aprobar este mes, debido a la falta de financiamiento adecuado.
Del mismo modo, según señalaron varios líderes, como el papa Francisco y la expresidenta de Irlanda, Mary Robinson, no habrá avances significativos con respecto al cambio climático si el acuerdo de París no aborda la cuestión fundamental de la justicia fiscal.
El consenso de posguerra
El 10 de mayo de 1944, antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, la Organización Internacional del Trabajo adoptó la histórica Declaración de Filadelfia, que reconoció que "la paz permanente solo puede basarse en la justicia social”.
Una preocupación similar se expresó en la Conferencia de Bretton Woods, celebrada en julio de 1944, que se comprometió a generar las condiciones para la paz permanente mediante la reconstrucción de posguerra y el desarrollo poscolonial, con crecimiento sostenido, pleno empleo y la reducción de la desigualdad.
Bretton Woods creó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF).
El FMI ayudaría a los países a superar sus dificultades de balanza de pagos y a “dirigir las políticas económicas y financieras hacia el objetivo de fomentar el crecimiento económico ordenado con una razonable estabilidad de precios”.
El BIRF, más tarde conocido como el Banco Mundial, fue creado para apoyar la inversión y el desarrollo a largo plazo.
La participación de la mano de obra en la producción aumentó a medida que otras desigualdades disminuían. Esta Edad de Oro también tuvo una mayor inversión en salud, educación y demás servicios públicos, como la protección social. El consenso de posguerra perduró más de 25 años antes de colapsar en la década de 1970.
El mejor momento de Estados Unidos
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el secretario de Estado estadounidense, George Marshall, anunció el plan para reindustrializar a la Europa devastada por la guerra. Políticamente, el llamado Plan Marshall tenía la intención de crear un cordón sanitario para contener la propagación del comunismo en el inicio de la Guerra Fría.
Esta generosa infusión de ayuda de Estados Unidos y la aceptación favorable de las políticas nacionales de desarrollo aseguró el renacimiento de la Europa moderna. Muchos europeos siguen considerando que este fue el mejor momento de Washington.
En las décadas subsiguientes, el Plan Marshall se convirtió en lo que quizá sea el proyecto de asistencia para el desarrollo económico más exitoso de la historia.
Otras políticas de desarrollo económico similares se aplicaron en Japón, Taiwán y Corea del Sur tras la fundación de la República Popular de China y la guerra de Corea.
Esta experiencia ofrece lecciones valiosas hoy en día.
Europa y el nordeste de Asia se industrializaron con políticas que incluyen intervenciones económicas del Estado, como tasas elevadas, cuotas y otras barreras no arancelarias. El libre comercio solo sería justo después de haberse alcanzado la competitividad internacional.
Marshall sabía que el desarrollo económico compartido es el único camino hacia la paz permanente. También hizo hincapié en que la ayuda debe ser verdaderamente para el desarrollo, no fragmentada o paliativa. Las capacidades y aptitudes de las naciones en vías de desarrollo productivos deben sembrarse.
La contrarrevolución
Cada época, no importa su éxito, siembra las semillas de su propia destrucción.
A principios de la década de 1980, después de la mezcla de inflación y estancamiento económico de Occidente en los años 70, el neoliberal Consenso de Washington – la política económica que vincula al gobierno estadounidense con las instituciones de Bretton Woods, ubicadas en Washington – surgió para liderar la contrarrevolución contra la economía del desarrollo, la economía keynesiana y las intervenciones estatales progresistas.
Así avanzaron la desregulación, la privatización y la globalización económica. Se suponía que esas medidas impulsarían el crecimiento, que se derramaría hacia el resto de la población y reduciría la pobreza, y por lo tanto, no habría que preocuparse por la desigualdad.
Las políticas macroeconómicas se enfocaron casi exclusivamente en equilibrar el presupuesto anual y lograr una inflación de un solo dígito, en lugar del énfasis anterior puesto en el crecimiento sostenido y el pleno empleo con una estabilidad de precios razonable.
Pero las medidas “neoliberales” no lograron generar crecimiento sostenido. En cambio, las crisis financieras y bancarias se hicieron más frecuentes, con consecuencias más devastadoras, exacerbadas por una mayor tolerancia a la desigualdad y la miseria.
La experiencia y los análisis recientes refutaron la presunción anterior de que la redistribución progresiva retarda el crecimiento. La desigualdad y la exclusión social demostraron que son perjudiciales para la paz civil y social.
Las nuevas prioridades globales al final de la Segunda Guerra Mundial siguen siendo relevantes hoy en día.
Tras las últimas tres décadas de regresión, tenemos que volver a comprometernos con la ética más inclusiva e igualitaria de la Declaración de Filadelfia, la conferencia de Bretton Woods y el Plan Marshall, con un Nuevo Trato Mundial para nuestros tiempos.
Para que el sistema y las instituciones internacionales de la ONU sigan siendo pertinentes, deberán demostrarlo al reformarse a sí mismos a medida que las circunstancias cambian, con el fin de abordar mejor los desafíos globales contemporáneos y futuros.
Jomo Kwame Sundaram. Coordinador de Desarrollo Económico y Social de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación la Agricultura (FAO).
Jomo Kwame Sundaram. IPSNoticias.net, Italia, 22/05/15

1435. “Valores democráticos no garantizan la Paz”

Los valores democráticos compartidos por los Gobiernos no pueden garantizar la seguridad en el mundo porque la teoría de 'la paz democrática' es errónea, concluye un estudio de politólogos estadounidenses de la Universidad Estatal de Ohio.
La teoría de 'la paz democrática' sostiene que los países con Gobiernos democráticos tienen menos posibilidades de enfrentarse entre ellos en una guerra que los países con otras formas de Gobierno. Los politólogos y matemáticos de la Universidad Estatal de Ohio decidieron averiguar la certeza de esta teoría y determinar los factores principales que previenen las guerras.
Según el estudio publicado en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences', los tres factores principales que aumentan la seguridad global son los ideales democráticos, los lazos comerciales y la membresía en organizaciones internacionales intergubernamentales.
Sin embargo, un estudio histórico y politológico profundo de la segunda mitad del siglo XX mostró que las relaciones económicas comunes y la participación en los organismos internacionales intergubernamentales son más importantes para prevenir las guerras que los valores democráticos.
Los investigadores también han desarrollado una forma más precisa de predecir conflictos internacionales. El nuevo método es un 47% más eficaz que cualquier otro modelo politológico estándar y permite predecir la situación en cualquier región durante los siguientes 10 años.
Rt.com, 06/09/15

Víctimas y victimarios

El cese del conflicto, que no es precisamente la paz, obliga a reconocer las consecuencias de la violencia. Nunca la violencia es aséptica, genera victimas y constituye victimarios. La paz se construye -entre otros varios elementos- asumiendo la totalidad de las consecuencias y responsabilidades que produjo el conflicto, ya que se trata de un hecho presente  y no un acontecimiento desligado de la acción de la generación presente. Cuando la Carta de la Paz afirma, con toda la razón, que no somos responsables de lo acontecido en el pasado, y específicamente con el pasado que no involucra a los actores existentes, invita a una reconciliación con los hechos ocurridos, sin negar los agravios, pero no convirtiéndolos en armas presentes contra hombre y mujeres ajenos a dichos hechos. Pero cuando el conflicto es actual y se busca la paz, no es posible negar el dolor de las víctimas y sus familiares, y la responsabilidad de quienes ejercieron la violencia contra sus prójimos, sin importar motivos políticos, sociales o ideológicos.
La guerra -llamémosla por su nombre- no es un hecho adjunto a otros de una posible cotidianidad regular, de una moralidad humanamente aceptable. Levinas lo afirma con lucidez al indicar que “El estado de guerra suspende la moral; despoja a las instituciones y obligaciones eternas de su eternidad y, por ·lo tanto, anula, en lo provisorio, los imperativos incondicionales. Proyecta su sombra por anticipado sobre los actos de los hombres. La guerra no se sitúa solamente como la más grande entre las pruebas que vive la moral. La convierte en irrisoria”. Por tanto, terminar con la guerra, en sí mismo, sin pretender construir la paz, ya es un hecho titánico, no sólo en las crónicas de un pueblo, si no en la substancialidad misma de los individuos y su ser social. Pero la paz demanda mucho más que el cese de los disparos. La guerra, tal como indiqué al inicio, constituye a unos en víctimas y otros en victimarios, los cuales en tanto cuales, siguen referidos al hecho de la violencia y ameritan ser redimidos de esa condición, si aspiramos a la paz.
La violencia “no consiste tanto en herir y aniquilar como en interrumpir la continuidad de las personas, en hacerles desempeñar papeles en los que ya no se encuentran, en hacerles traicionar, no solo compromisos, si no su propia sustancia; en la obligación de llevar a cabo actos que destruirán toda posibilidad de acto. Como en la guerra moderna, en toda guerra las armas se vuelven contra quien las detenta. Es imposible alejarse del orden que ella instaura.” Una victoria militar o su enmascaramiento en conflicto político, es una prolongación de la violencia misma y la imposibilidad de la paz. “La paz de los imperios salidos de la guerra se funda en la guerra. No devuelve a los seres alienados su identidad perdida. Para ello es necesario una relación original y originaria con el ser.” El cese de la violencia, en su sentido más honesto, y no como farsa, es un paso que ha de conmover todo el orden social y la vida de los individuos, ya que debe redefinir a todos los involucrados y obliga a crear nuevas estructuras para que la paz florezca.
¿Cómo cambian victimas, victimarios y la sociedad camino de la paz?
Toda víctima, sin importar si participó directamente en el conflicto o recibió su daño ajeno a la participación, merece ser reconocido y en la medida de lo posible compensado por el daño recibido. Y víctima es todo el que murió, fue herido, desplazado, violado, aterrorizado, perseguido o económicamente dañado debido al conflicto. No existen víctimas más destacadas que otras, y ni siquiera la acción del Estado se legitima si dañó a otros. En torno a la víctima comienza la paz verdadera, en el presente y hacia el pasado. Son las victimas y su efectiva redención personal y social el mejor calibrador del desarrollo de la paz y la extinción de todo efecto perverso de la guerra. Olvidarnos de las víctimas es un acto de tanta violencia como la acción que les convirtió en tal y prolonga la guerra, aunque no se escuchen los disparos.
Todo victimario, en la medida de las posibilidades reales, debe ser identificado, invitado a pedir perdón por el daño infligido y purgar la pena que el orden legal le impone. Juicios justos y razonables son demandados en búsqueda de la paz. Muchos conflictos fueron cerrados con impunidades que siguen gravitando sobre las sociedades que lo padecieron, es una continuación de la violencia en el tiempo. Lamentablemente quienes tienen más poder buscan en acuerdos de cese de la violencia la impunidad como mecanismo de negociación. El victimario arrepentido y penalizado por su ofensa es necesario para que la paz se siembre en la sociedad.
La paz no es el cese del conflicto, si no la construcción de un modelo social donde la solidaridad y el reconocimiento de la igualdad existencial no genere más víctimas y victimarios, pero esa paz no es posible construirla si no se reconoce adecuadamente a quienes padecieron la violencia y quienes la ejercieron contra sus semejantes. Es precisamente ese hecho de reconocimiento que invalida las acciones violentas anteriores y extirpa su posible repetición en el tiempo. Participando en ese proceso de reconocimiento la sociedad en su conjunto.
La paz por tanto es un hecho democrático, que va más allá de los grupos y actores, incluso que el Estado, en la violencia padecida. Organizado en grupos y expresándose de manera directa, toda la sociedad debe validar los procesos del cese de la violencia y marcar las pautas para la reconciliación. Si la violencia fue un hecho que afectó a la sociedad, su cese debe ser socialmente validado y únicamente de esa forma es posible poder construir la paz. Democracia y paz están indisolublemente ligados, ya que la verdadera democracia es la experiencia de la paz políticamente hablando. No es posible la paz si una auténtica democracia.
La violencia es expresión directa de la falta de democracia y el uso de la fuerza para imponer proyectos políticos o ideológicos sin el consentimiento de la sociedad en su conjunto. Procurar la paz es el reconocimiento que toda la sociedad es depositaria de la voluntad para encauzar propuestas determinadas en el orden político, social o económico, siempre reconociendo la dignidad de todo ser humano. El legado histórico que arrastramos en la mayoría de nuestras sociedades, donde la violencia de grupos o del Estado han impuesto su voluntad es el síntoma inequívoco de la ausencia de la democracia y la negación de que la sociedad es la única soberana. Por tanto la democracia es el camino de la paz, desde el cese de la violencia, pasando por el reconocimiento de las víctimas y victimarios, hasta la construcción de nuevas estructuras -así lo reconoce la Carta de la Paz- que impidan el uso de la violencia como mecanismo de control social.
La democracia no es únicamente un hecho político, es además una estructura económica que garantice la equidad para todos y un ordenamiento social que promueva la dignidad de toda persona, sin importar sus condiciones particulares. Desde la auténtica democracia se construye la paz como forma de vida plena para todos los habitantes de una sociedad. No existe felicidad personal, sin la realización de la democracia en el orden social.
Otro factor clave de la paz es la educación, de extensión universal, para forjar en cada individuo las capacidades que le permitan aportar a la sociedad y recibir el fruto de su trabajo, y además cultivar la tolerancia y sentido de sociabilidad ciudadana, lo que muchos autores llaman la “amistad ciudadana”. Es ese sentido amical hacia todos sus semejantes lo que forjará nuevas generaciones dispuestas a conservar y ampliar la democracia y participar activamente en la solución de los conflictos que puedan surgir. Educar para la productividad y para la ciudadanía son dos aspectos integrados en todo modelo educativo que realmente busque construir la paz en cualquier sociedad.
Una apuesta por el diálogo
Por último quisiera destacar un aspecto complementario a todo lo expuesto y es la capacitación para el diálogo, que está en la base del modelo educativo propuesto y que debe permear todo modelo democrático. Dialogar no es algo genético, es una competencia que se enseña y se socializa en el proceso vital de toda persona. Desde el hogar hasta el Estado, los procesos de diálogo deben ser los mecanismos que medien las relaciones entre todos los seres humanos. Un diálogo en que nos reconocemos iguales y con derecho a expresar nuestras ideas y propuestas, a la vez que somos capaces de escuchar y entender las ideas y propuestas de los otros. Diálogo que extirpa todo acto de violencia porque no se busca imponer, si no proponer, no se procura obligar, si no convencer. Diálogo con el otro -y sigo el derrotero de Levinas-  porque no hay posibilidad de fundar un nuevo orden que supere el orden de la guerra, si no es en relación a la alteridad. De igual manera que la guerra surge para aniquilar al otro en cuanto otro, la paz surge cuando nos abrimos al otro, en su radical alteridad y contrario a Caín, nos convertimos en cuidadores del otro, especialmente de aquellos más vulnerables en la sociedad.
David Álvarez. Decano de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) de Santo Domingo, en República Dominicana
David Álvarez. CartadelaPaz.org. 25/02/15

1099. Por una Cultura de Paz

La filosofía moderna pudo consolidarse en el momento en el cual concibió la relación entre los hombres como una cruenta lucha por la conservación de la vida. De hecho, se trata de una interpretación que presupone la "natural" contraposición entre los individuos -comprendidos como átomos, separados los unos de los otros- y las estructuras políticas, en medio de la llamada concurrencia de los intereses. Semejante concepción atiende al nombre de "Iusnaturalismo". Diseño conceptual que terminó por convertirse, con el tiempo, en el fundamento mismo de las relaciones contractuales que sostienen la soberanía del Estado moderno.
Resultado del desgaste sufrido por el modelo filosófico y político precedente, que rigió las relaciones humanas durante la Antigüedad y buena parte de la Edad Media, la "lucha por la autoconservación" fue progresivamente ganando terreno, hasta convertirse en el indiscutible modelo "natural" que rige el comportamiento "racional" de las formas políticas, sociales y económicas. Y sin embargo, antes de su aparición -es decir, durante el extenso período que comienza con Aristóteles y termina con el Derecho Natural cristiano- los hombres habían sido considerados no como individuos aislados entre sí, sino como seres sociales, cabe decir, como 'Zoon Politikòn', según la definición hecha por el gran filósofo de la Antigüedad clásica. Sólo en la comunidad, dentro de la cual conviven los individuos conscientemente, y por medio de ella, los hombres son capaces de conquistar su pleno desarrollo, de realizar sus méritos y de consolidar sus virtudes, más allá de las relaciones basadas en el mezquino interés, en el egoísmo utilitario, que parte del juego de las relaciones estrictamente mercantiles y, en última instancia, lucrativas.
Cristalizada la nueva perspectiva conceptual en el crisol de las nuevas rutas comerciales, la manufactura, la imprenta y la progresiva acumulación de capital, hasta convertirse en una sólida ideología de vida, acompañada además por nuevos códigos e instituciones, que justifican la compatibilidad del nuevo esquema, poniéndolo "a derecho", y con la sucesiva consolidación de las ciudades comerciales, las instituciones públicas se vieron desbordadas, incapacitadas para proteger las "viejas" normas y costumbres. Las ahora vencidas 'virtudes republicanas' dieron paso al desnudo interés individual y al "frío calculo egoísta". Como señala Maquiavelo en El Príncipe: "los hombres, arrastrados por un deseo insaciable a nuevas estrategias de un comercio orientado al beneficio, recíprocamente conscientes del egoísmo de sus intereses, se enfrentan unos a otros, en una actitud ininterrumpida de atemorizada desconfianza".
Sólo cuenta el poder y la recíproca agresión que le es inmanente, como fundamento de la propia conservación, en esta "guerra de todos contra todos", que transforma al -según Hobbes- 'hombre en el lobo del hombre'. La desconfianza y el temor recíprocos como único modo de vida. La paz, bajo tales determinaciones, sólo puede mantenerse en la tranquilidad de los sepulcros: "Paz a su alma", rezan los obituarios. La paz detenida quimera y desiderato, mero "deber ser". Y el Estado, garante del "contrato", se convierte en el aparato que administra la violencia, como resultado del cálculo instrumental de los intereses particulares, sea del signo político que sea. De nuevo, y en este contexto, la paz se traduce por 'tregua'. El autoritarismo, en efecto, es la mordaza de la paz.
Superar la atomización social y vencer el egoísmo que sirve como 'caldo de cultivo' para la confrontación de intereses y la violencia, es, quizá, la tarea más importante de nuestro tiempo. Ello no es posible sin la urgente introducción de toda una reforma moral e intelectual, capaz de construir una formación cultural y un nuevo 'bloque histórico', una nueva "filosofía de la unidad" y del reconocimiento, vital para la concreción de una sociedad auténticamente pacífica, tolerante y democrática. En una expresión, se trata de la consolidación de la auténtica Cultura de Paz.
Por encima de las presuposiciones de toda "condición natural" y de la ficción de una "naturaleza humana" violenta y agresora, la mirada retrospectiva de la historia devela -la "cura" heideggeriana- el hecho de que la superación del modo de vida actual se basa en la "educación estética de la humanidad" y no en la simple instrucción y capacitación propias de la 'ratio técnica'. El compromiso consiste en crear una cultura para la civilidad y la paz.
José Rafael Herrera. Miamidiario.com 02/10/2014
http://www.miamidiario.com/opinion/paz/cultura/filosofia/jose-rafael-herrera/egoismo/329523

1079. Derechos Humanos, piedra angular de la Cultura de Paz

La paz no solo es ausencia de guerra. La concepción de la violencia tuvo una significativa evolución gracias a hechos históricos y a la contribución de estudiosos en la materia, que lograron superar la limitada posición que relacionaba la paz simplemente con la inexistencia de un estado de guerra.
Es indispensable partir de la importancia vital que tienen las relaciones humanas interpersonales e intergrupales, que pueden manifestarse en términos de atracción o antagonismo. Las relaciones atrayentes se construyen sobre la base del respeto hacia el diferente, aunando esfuerzos para lograr un bien común que establezca los fundamentos de una propuesta autocrítica y constructiva, sustentada por una política de justicia y equidad que coadyuve a proyectar una Cultura de Paz.
Por el contrario, las relaciones antagónicas se centran en una polarización en torno a las necesidades, intereses y valores de las partes involucradas, y no logran encontrar un marco de justicia que las regule, dando lugar a una internalización de sentimientos y expresiones incompatibles que incuban una cultura de violencia.
En el medio de estos enfoques de paz y violencia se manifiestan los conflictos —como una dinámica normal y continua en las relaciones humanas—, que ponen a prueba la capacidad de los sistemas políticos para responder a las necesidades fundamentales del ser humano como el bienestar, la libertad, la identidad y la justicia. Es decir, si logramos gestionar el conflicto con creatividad, empatía y no violencia, y los consideramos como energía social, pueden convertirse en una oportunidad de cambio que permita su transformación constructiva.
Para gestionar los conflictos, con el enfoque mencionado, existen mecanismos judiciales y extrajudiciales. El sistema judicial es fundamental para la democracia no solo porque puede gestionar pacíficamente los conflictos y establecer sanciones, reparaciones y protecciones, sino porque tiene un mandato de resguardo e interpretación de la Constitución Política del Estado y de la arquitectura normativa. En relación a mecanismos extra-judiciales, si bien existen normas que viabilizan esta posibilidad, es necesario darle una mayor importancia a la conciliación en sede judicial y a la mediación privada, que coadyuvarían a reducir la carga procesal de los órganos jurisdiccionales beneficiando a la ciudadanía que, confiando en esta posibilidad, resolvería de manera consensuada sus controversias.
El conflicto y su nexo con la paz y la violencia. Si al contrario, los actores de una disputa apuestan a la confrontación a ultranza, imponiendo sus puntos de vista y desconociendo los intereses y derechos de la otra parte, generan un escalamiento del conflicto forjando acciones violentas que acentúan el distanciamiento entre las partes y en muchos de los casos erosionan el tejido social, dando lugar a conflictos prolongados y profundamente arraigados que incluso pueden llegar a pretender la eliminación del oponente.
Los hechos de violencia apabullan a la humanidad y permean diferentes espacios territoriales e identidades culturales, económicas y políticas en nuestro país y en el mundo, logrando naturalizar y legitimar la cultura de la violencia.
Violencia. Según diversos estudios, la violencia se sustenta en los siguientes fundamentos históricos: el patriarcado y la mística de la masculinidad; el poder absoluto y autoritario; la incapacidad para resolver pacíficamente los conflictos; el economicismo como fin en sí mismo, que puede convertirse en generador de desintegración social; la carrera armamentista y los intereses de las grandes potencias; las ideologías fundamentalistas, el etnocentrismo y el desconocimiento sobre el otro distinto. A este panorama se suma la deshumanización y el mantenimiento de estructuras que perpetúan la injusticia, la falta de oportunidades, la discriminación de género y de sectores vulnerables en la toma de decisiones.
La paz no solo es ausencia de guerra. El proceso de concepción de la violencia tuvo una significativa evolución gracias a hechos históricos y a la contribución de estudiosos en la materia, que lograron superar la limitada posición que relacionaba la paz simplemente con la ausencia de guerra, y que expresaron que para que exista paz se tiene que atenuar diferentes tipos de violencia.
Así, la violencia estructural es fruto de un determinado modo injusto de organizar la sociedad, la insatisfacción de necesidades básicas —salud, educación, vivienda y servicios— y la inequitativa distribución de recursos y oportunidades. Según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) en Bolivia se observa una reducción de la extrema pobreza, evidenciándose que entre 1999 y 2011 ha disminuido en 19,83%; sin embargo, este descenso, que es significativo, se encuentra aún en la franja de vulnerabilidad, en la medida que si no se consolidan los avances socioeconómicos, se puede experimentar un retroceso en los logros alcanzados. En cuanto a la distribución del ingreso per cápita, de acuerdo con el Índice de Gini, se observa una mejora relativa entre 1999 y 2011, pero aún somos uno de los países con mayor inequidad en cuanto a distribución de la riqueza.
Un hecho preocupante es la alta informalidad del empleo: según el CEDLA (Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario), en 2011, 65% de los trabajadores realiza su actividad en condiciones precarias careciendo de seguro médico, jubilación y otros beneficios sociales. Asimismo, otro aspecto lacerante, de acuerdo con informes de la Defensoría del Pueblo y Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), en nuestro país, de cada 1000 niños 85 trabajan en situación de explotación laboral y se encuentran bajo riesgo social.
Otra expresión de este tipo de violencia estructural se manifiesta en las deficiencias del sistema educativo, identificado como un espacio donde se cultiva actitudes violentas, por sus características autoritarias y por el escaso esfuerzo de la comunidad educativa de posicionar los derechos humanos en la educación.
Desconfianza. Asimismo, la confianza de la población en las instituciones de garantía de los derechos humanos es baja; sólo la Defensoría del Pueblo supera la media, mientras que la institución policial es la de menor confiabilidad, no solo a nivel nacional, sino a escala latinoamericana. (Cultura política de la democracia en Bolivia 2014. Hacia una democracia de ciudadanos, Ciudadanía y Lapop, resumen)
En cuanto al sistema judicial, actualmente se encuentra en una crisis institucional, un factor a tomar en cuenta es la alta tasa de carga procesal en materia de instrucción penal cautelar; en las ciudades del eje, el promedio supera a 3.000 casos por juez en un solo año. (Henry Oporto, La justicia se nos muere, en Nueva Crónica #148 de agosto 2014, Instituto Prisma) Otro tema preocupante es que Bolivia es el país de América con mayor proporción de privados de libertad sin sentencia, 83,6% en 2013. (Oporto, La justicia se nos muere) En cuanto a la población involucrada en procesos judiciales, la proporción de causas resueltas en los últimos años fue irregular, sobresaliendo la existencia de procesos que superan los 21 años de duración. (Un ejemplo muy conocido es la retardación de justicia en el caso de violación a la niña Patricia Flores, 1999, que tardó 15 años en dictaminar sentencia condenatoria, en agosto de 2014) Estas condiciones de retardación afectan a los ciudadanos e impide una gestión oportuna y adecuada del conflicto entre partes.
La violencia directa es la más visible, que puede ser física, sexual o psicológica e impide el desarrollo pleno del ser humano, concentrándose en sectores vulnerables, como las mujeres, niñas y niños, la tercera edad o los grupos con opciones sexuales diferentes.
En Bolivia, la violencia contra la mujer ha llegado a niveles de máxima preocupación: en el primer semestre de 2014, según los datos del Observatorio “Manuela” (Iniciativa del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer, Cidem), se registraron 98 asesinatos de mujeres, de los cuales 59 fueron feminicidios (de éstos, 21 ocurrieron en Cochabamba, 16 en La Paz, 8 en Santa Cruz, 6 en Oruro, 4 en Potosí y 3 en Chuquisaca. Fuente: http://www.la-razon.com/ciudades/FELCV-atiende-casos-violencia-intrafamiliar_0_2124387589.html consultada el 17 de septiembre de 2014) y 39 muertes violentas por inseguridad ciudadana.
Los niveles de criminalidad son menores en comparación con otros países de América Latina; sin embargo, la sensación de inseguridad ciudadana es una de las más altas en la región, según el Latinobarómetro 2014. Por otro lado, los casos de delitos comunes de mayor incidencia se han incrementado en el 35%: de 33.813 el año 2000 pasaron a 45.590 el 2012 (http://www.ine.gob.bo/indice/estadisticasocial.aspx?codigo=30902, fuente consultada el 17 de septiembre de 2014).
Estructuras. La violencia cultural/simbólica es invisible y ejercida a través de la imposición de una visión del mundo, de roles sociales, de categorías cognitivas y de estructuras mentales que incitan a la violencia directa o a legitimar la violencia estructural. Un ejemplo de esto se expresa en que a pesar de existir normativa avanzada para la preservación de los ecosistemas, las condiciones medioambientales en el país están cada vez más deterioradas, afectando la calidad de vida de quienes cohabitan en esos territorios y, por tanto, perturban sus condiciones de paz individual y colectiva. Otra expresión de la violencia cultural es la discriminación por el origen étnico-cultural, también por procedencia regional y por la vigencia de brechas simbólicas entre los habitantes de áreas urbanas y rurales. (Fundación UNIR Bolivia, Representaciones sociales de la Paz y la Violencia en Bolivia, La Paz, 2013).
El camino es la Paz. Pese a las dificultades mencionadas, los seres humanos realizamos esfuerzos, en algunos casos notables, para atenuar la violencia en todas sus formas y lograr una convivencia pacífica. Por ejemplo, en el caso boliviano, Laymes y Qaqachacas —luego de décadas de enfrentamientos— lograron establecer relaciones convergentes. En otros países destacan casos como el de madres de Palestina e Israel que a pesar de perder a sus hijos en enfrentamientos armados conformaron un espacio de reflexión y acción por la paz (Parent Circle); en Nicaragua, indígenas de la costa del este y el gobierno sandinista (1981-1984) alcanzaron una reconciliación esgrimiendo como principios la verdad, la misericordia, la justicia y la paz; en Colombia se lleva a cabo —en octubre se cumplen dos años de esto— un diálogo lento, complejo y sostenido entre las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el Gobierno, que debe aún superar diversas pruebas de fuego y hacer frente a intereses de diferente índole. Así, podríamos citar muchos casos que transcurren incluso en el anonimato; lamentablemente, estas acciones pacíficas no son difundidas ni se les da la importancia que merecen, porque se tiende a privilegiar la noticia violenta.
Estos esfuerzos de la sociedad son respaldados por el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DDHH), que considera que el derecho humano a vivir en Paz constituye la piedra angular de todos los demás y de su interdependencia recíproca. Esto ha permitido su positivación jurídica y ha favorecido por esta misma razón que la paz represente la finalidad esencial del derecho a la educación y constituya la esencia del aprendizaje de la ciudadanía democrática.
Por su parte, la Constitución Política del Estado en Bolivia es muy explícita y categórica en expresar la defensa de los Derechos Humanos, tanto individuales como colectivos, además de que en sus artículos 8 parágrafo II, y 9 y 10, establece los principios y valores necesarios para la construcción de un Estado pacifista que promueve la Cultura de Paz.
Somos conscientes de que es difícil imaginar la paz cuando se convive cotidianamente con realidades violentas o cuando no se atiende las necesidades fundamentales. Pese a estas condiciones es imprescindible garantizar su construcción, que necesita de voluntad política, coherencia y compromiso, así como contar con un enfoque estratégico y con propuestas que la operativicen como la integralidad, la interdependencia, la sostenibilidad y una infraestructura que la mantenga.
Antonio Aramayo Tejada. La-razon.com. 28/09/2014

1030. Cultura de la Paz

Uno de los factores que más inciden en la descomposición de la sociedad actual, es el desinterés frente al fomento del desarrollo de los valores éticos y morales y la eliminación de antivalores como el desamor, la deshonestidad, la decidía, la corrupción, el egoísmo, la barbarie, la ambición, la avaricia e intolerancia humana, para que hechos como los robos, los asesinos, la injusticia, la irresponsabilidad, los secuestros, la intolerancia, la insolidaridad y el irrespeto a la vida, nos impida poder vivir en paz.
En el interés de lograr y mantener la paz, los Padres de familia, los adultos responsables de la educación y formación de los niños y los ciudadanos en general, debemos actuar con mayor responsabilidad, dar un Re-significado a los valores de la Solidaridad, la Responsabilidad, Libertad y Solución de Conflictos, entendiendo que la paz empieza por el rechazo de la violencia, como forma de solucionar los problemas.
Para que esto pueda ser posible el valor de la paz se debe interiorizar de manera individual y colectiva, lo que supone erradicar la cultura de la guerra y de la violencia, como forma preferencial de resolver las diferencias personales, de tal manera que la cultura de la violencia y las soluciones violentas, nunca están justificadas ni admitidas.
La construcción de una cultura de la paz, supone entonces un cambio de mentalidad, por lo que la educación que se brinde a los niños y jóvenes como futuro de nuestra sociedad juega un papel fundamental, dada la incidencia que sobre los valores y el pensamiento social tiene.
De otra parte generar procesos de reflexión sobre cómo se puede incidir en la construcción de la cultura de la paz desde los medios de comunicación, las familias, empresas, organizaciones no gubernamentales y asociaciones ciudadanas, genera una conciencia colectiva sobre la necesidad de la cultura de la paz. Tomar conciencia de la misma, permite identificar factores que condicionan situaciones de injusticia, desigualdad, discriminación o abusos al interior de las familias, las instituciones educativas y la sociedad.
Generar una mayor conciencia social, un cambio en los valores que inciden en la erradicación de factores estructurales y coyunturales que generan la violencia, genera una mayor conciencia individual y colectiva, de la mano con los cambios de estructuras sociales, económicos, políticos y culturales que se vienen gestando será posible sin duda alguna, poder avanzar en la construcción de la Cultura de la Paz.
Maritza Rocío López V. Lanacion.com.co. 09/09/14

817. ¿Hitler por la Paz?

Hitler ofreció la paz a Churchill en 1941
Madrid, España. En contra de la versión oficial, el vuelo secreto de Hess llevaba una oferta del «führer» para obtener vía libre para atacar Rusia a cambio de retirarse de Europa occidental
En la noche del 10 de mayo de 1941, se produjo uno de los episodios más sorprendentes y rocambolescos de la Segunda Guerra Mundial: el viaje secreto del lugarteniente de Hitler, Rudolf Hess, a Gran Bretaña. Un pasaje que ha estado siempre envuelto en el más absoluto misterio, bajo la versión oficial de que aquella no fue más que la misión solitaria de un loco desquiciado con afán de protagonismo.
Sin embargo, el historiador británico Peter Padfield revela en su último libro, «Hess, Hitler and Churchill: The Real Turning Point of the Second World War - A Secret History» (Hess, Hitler y Churchill: el verdadero momento crucial de la Segunda Guerra Mundial - una historia secreta), evidencias que demuestran que Hess llevaba un tratado de paz detallado de parte de Hitler, en el que ofrecía retirarse de Europa occidental, a cambio de que Gran Bretaña se declarase neutral ante el inminente ataque que tenía planeado realizar sobre Rusia.
De ser cierta, esta teoría desmonta la versión oficial de que Hess había organizado y realizado aquel viaje a espaldas de Hitler, en el más absoluto secreto para evitar que se filtrase hasta él.
Padfield, que ha publicado biografías de otros líderes nazis como el mismo Hess, Himmler y Karl Dönitz, revela un documento de la época en el que un informante asegura que él y otros germanoparlantes fueron llamados por los servicios de inteligencia británicos, para traducirle a Churchill el tratado de paz de Hitler que portaba su lugarteniente en el momento en que fue detenido. Según el historiador británico, que no especifica su nombre, el informante era un académico que trabajó para una de las universidades más importantes de Gran Bretaña y que, antes de morir, redactó dicho documento explicando cómo el grupo de traductores se reunió en la sede de la BBC de Londres, para llevar a cabo la tarea que se le había encomendado.
Un tratado para Churchill
El académico contaba en el documento revelado por Padfield que Hess traía en aquel vuelo «secreto» un tratado de paz compuesto por varias cláusulas escritas en papel de la cancillería alemana. Y que, aunque incluía una traducción al inglés, los británicos quisieron tener su propia traducción del original alemán.
Las dos primeras páginas de este tratado informaban con precisión de los planes de Hitler para invadir Rusia si Gran Bretaña juraba declararse neutral. El informante incluso aseguraba que la fecha del ataque había sido establecida. Y a cambio, los nazis se comprometían a retirarse de Europa occidental, manteniendo Churchill de esta forma su Imperio y sus fuerzas armadas intactas.
En definitiva, lo que aquel tratado proponía era un estado de «Wohlwollende Neutralitat», que se traducía como «neutralidad de buenos deseos» entre Gran Bretaña y Alemania.
«Este viaje no fue un complot de su lugarteniente. Hitler había enviado a Hess con un tratado de paz completamente desarrollado, según el cual Alemania evacuaría todos los países ocupados del oeste de Europa», asegura el historiador en «The Telegraph». En este sentido, Padfield cree que el tratado fue rechazado de inmediato por Churchill, porque tiraba por tierra sus esfuerzos de conseguir que Estados Unidos entrara en la guerra y destruyera la coalición formada entre los gobiernos europeos exiliados.
¿Quién va a creerme?
Cuando Hitler supo que su misión había fracasado, despidió inmediatamente a Hess, bajo el pretexto de que era un agente corrupto que le había traicionado realizando aquel vuelo sin su consentimiento. Según la versión oficial, y de acuerdo con la narración que hizo años después Albert Speer, al día siguiente de que Hess fuera capturado, el «führer» dijo: «¿Quién va a creerme de que Hess no ha actuado en mi nombre, que todo lo ocurrido no es algo concertado a espaldas de mis aliados?».
Por supuesto, no se hace mención alguna de este tratado en ninguno de los archivos oficiales que se han hecho públicos hasta el día de hoy, pero Padfield cree que se debe a que este hecho ha sido encubierto durante décadas para proteger la reputación de estas figuras históricas.
«Churchill podría haber aceptado la oferta, pero hizo una elección moral. Estaba convencido de que Hitler, en quien no se podía confiar, no se saldría con la suya. Quería que los Estados Unidos entraran en la guerra para derrotar a Hitler», explica el historiador británico.
Rudolf Hess fue encarcelado por los británicos hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, momento en el cual fue devuelto a Alemania para ser juzgado en el juicio de Nüremberg. De allí fue enviado a la prisión de Spandau , donde murió en 1987. Las autoridades dijeron que se había suicidado, aunque su hijo y algunos historiadores defienden que el Gobierno británico asesinó para proteger sus secretos.
Abc.es. 02/10/2013
http://www.abc.es/archivo/20131002/abci-hess-hitler-churchill-201310011514.html

741. La violenta paz


México, Distrito Federal. Desde hace mucho tiempo hablamos de paz, pedimos paz, exigimos paz. Una palabra hermosa que significa ausencia de conflictos, de violencia, un periodo de estabilidad. Sin embargo, esa palabra está curiosamente amasada con el fermento de la violencia: se habla de combate a la pobreza y al crimen, de campañas electorales y de vacunación, de lucha contra el hambre, de explotación de recursos, de guerra contra las drogas, en síntesis, de estrategias –en el sentido literal de “planes de guerra”– para la paz.
Las palabras no son inocentes. Son nuestro mundo y nuestra percepción, y tarde o temprano sus contenidos se vuelven, como hoy, una realidad atroz.
Sin embargo y, por lo mismo, en esta lengua llena de agresión es cada vez más importante recuperar un verdadero sentido de la paz.
Iván Illich decía, con justa razón, que “la paz tiene un sentido diferente en cada época y en cada atmósfera cultural”. Esa diversidad, que reviste un significado diferente entre el poder y la gente –el poder dice que hay que “mantener o crear la paz”, la gente pide que “la dejen en paz”–, se perdió desde que la idea de desarrollo y el ingrediente del dinero se convirtieron en un valor absoluto que se impuso como paz para todos.
Nuestra idea de paz es, en este sentido, tremendamente violenta. Hunde sus raíces en la pax romana, en una paz imperial. Cuando el gobernador romano –recuerda Illich– blandía las enseñas de sus legiones y las plantaba en un territorio ocupado, no miraba como el judío, por ejemplo –que al pronunciar shalom pedía las bendiciones de la justica que sólo Dios podía dar a las 12 tribus de pastores recién sedentarizadas–, hacia el cielo. Por el contrario, miraba hacia una ciudad lejana que imponía en ese territorio su ley y su orden. De hecho, la palabra pax era el resultado de un pacto y de un tributo –pago y pacto derivan de pax.
Ambos términos han decaído. Shalom, como otra infinidad de palabras que hablan de particulares formas de la paz, se retiraron al reino privado de la religión o al terreno de formas de vida –pienso en las comunidades indígenas– cada vez más acosadas por el desarrollo y el crimen. Pax, en cambio, invadió el mundo como paz, peace, paix, pace, etcétera, y, usada por las élites dirigentes, ha servido para todo tipo de violencias: desde Constantino, que la usó para transformar la cruz en ideología, hasta los últimos gobiernos estadunidenses para justificar su injerencia en Medio Oriente.
A partir de 1949, cuando Harry Truman –dos años después de arrojar la bomba atómica también en nombre de la paz– anunció su programa de ayuda técnica a los países subdesarrollados, llamado Punto Cuatro, el desarrollo económico se volvió también el centro de la paz. Desde entonces México –por no hablar de todos los países– ha estado azotado por constantes tsunamis de sacrificios en beneficio de una sucesión de programas dirigidos siempre a “elevar la ganancia por habitante” para alcanzar a los países desarrollados.
Sin embargo, tanto los expertos que promueven ese tipo de programas bajo la ideología del liberalismo económico, como los políticos que los contratan y apoyan, lo único que han hecho –a semejanza de la pax romana– es arrasar territorios y formas de vida, es decir, “tejido social”. Al someter a todos a la violencia de una producción y un aumento del consumo, han generado formas inéditas de despojo, miseria y violencia. La paz económica creó un medio en el que las condiciones en que las actividades de la subsistencia florecían se eliminaron para convertirse en empleo escaso y recursos explotables.
Hasta el siglo XII pax, en su sentido profundo, tenía que ver con la preservación de los pobres y sus medios de subsistencia de la violencia de la guerra. Por sanguinaria que fuese una guerra entre señores, la paz de la gente común preservaba la cosecha y el ganado. “La paz de la tierra” salvaguardaba también los valores de uso común contra las intrusiones armadas.
Con el nacimiento del Estado-nación y luego del desarrollo, la subsistencia y sus múltiples tejidos sociales no han dejado de ser víctimas de una agresión pretendidamente pacífica que, en nombre del mercado, las arrasa de formas cada vez más brutales. La paz del desarrollo no sólo transforma valores de uso en valores de cambio, sino que transforma a la gente en ejércitos de reserva para usos mercantiles y deja a poblaciones enteras a la deriva, sin oficio ni beneficio. Miserabilizadas, desposeídas, esas franjas marginales y cada vez mayores quedan abandonadas a las grupos criminales que les imponen la misma lógica económica de formas absolutamente totalitarias. La paz del desarrollo no es sólo violenta en su aparente pacifismo; genera también la violencia en la que vivimos, una violencia cuya suma es cero: la ganancia de unos a costa de la pérdida en sufrimiento, dolor y muerte de otros.
Retejer tejido, una expresión que, al igual que “paz”, carece de contornos precisos, implica salir de esa lógica económica que trajo el desarrollo y el dinero. Sin ese escape, “paz” y “tejido social” serán palabras sin significado, buenas para ganar elecciones y continuar el imperio de la violencia que se ahonda.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco, hacerle juicio político a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad y resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón.
Javier Sicilia. Proceso.com.mx. 31/07/13

692. Cultura de Paz y Desarrollo Socio-afectivo


Bogotá Colombia. Los psicólogos llevamos años encontrando evidencia del papel determinante que juegan las emociones en los procesos de pensamiento y de construcción de relaciones sociales, hoy tenemos suficientes datos que demuestran estas relaciones (Gottman, 1993; Damasio, 1994; Webster-Stratton & Reid, Eyberg y cols., 2008; Havighurst y cols., 2010) y sustentan cómo el desarrollo de competencias cognitivas, en el que los países invierten cuantiosos recursos con el propósito de asegurar el funcionamiento de las economías, no son suficientes para contar con sociedades sustentables y en paz.
Los trabajos del premio nobel de economía James Heckman y su equipo de investigación han confirmado -desde otras preocupaciones asociadas a la formación para el empleo- que además de hacer inversiones en aspectos como la nutrición y el desarrollo de competencias cognitivas en la niñez, es necesario invertir en el desarrollo socio afectivo. Las competencias cognitivas se expresan en temas básicos como: leer, escribir, hacer cálculos matemáticos y operar con ideas e información; esto permite vivir en lo que denomina Castell la sociedad de la información. Sin embargo, este sesgo cognitivo que exige el mundo en el que vivimos ha mostrado que no es suficiente para la convivencia y menos para desarrollar prácticas culturales pacíficas.
Las violencias se multiplican en sociedades en guerra y sus diversas expresiones agravan las dimensiones del conflicto, la incrementan y reproducen en diversos ámbitos de la vida destruyendo el tejido social; la encontramos en la familia, la escuela, la comunidad y el trabajo. Las violencias se convierten así, en práctica cotidiana que es generalizada; con frecuencia se despliegan contra las comunidades más vulnerables las mujeres, los niños, los ancianos y los jóvenes que están en condición de exclusión.
Es claro que en condiciones de exclusión y desprotección las comunidades y los individuos no siempre cuentan con recursos psicosociales que les permitan comunicarse con las habilidades emocionales y cognitivas para expresar en forma adecuada el desacuerdo, el disgusto, el sufrimiento, la compasión, la ira o la frustración, con sus seres cercanos, sus vecinos e incluso con quienes no se quiere convivir; lo que las investigaciones han mostrado es que estas condiciones no se heredan, es decir, no contamos con una determinación genética para la violencia, sino que estas se construyen y es la cultura la que las reproduce, sostiene y desarrolla.
Ahora bien, quienes son privilegiados con recursos y con poder reproducen en sus familias las estrategias de mantenimiento del mismo, incluso si implican un desprecio por la vida de los otros o las consideran como instrumentos para incrementar su poder o sus recursos, seguramente esto se copiará en otras esferas de sus vidas y sus hijos repetirán la falta de consideración y cuidado por los otros, así como las dificultades para aprender a percibir, valorar y expresar emociones de los que los rodean. Hoy tenemos múltiples casos registrados de problemas de manejo de las emociones en los estratos altos de la sociedad que se expresan en agresión y violencia contra sus seres queridos; imaginemos, lo que hacen los actores con poder si son capaces de usar la violencia contra los que dicen amar, qué podemos esperar que hagan con sus pares, subalternos o contra ciudadanos desconocidos?; por otro lado, no nos engañemos detrás de un aparentemente buen padre de familia, se pueden esconder asesinos, ya tenemos ejemplos de estos modelos, el tema, por tanto, es cómo construir relaciones de cuidado que puedan extenderse a toda la sociedad.
Los procesos de reparación de esa guerra deben incluir estrategias y acciones de intervención y acompañamiento psicosocial tanto a las víctimas como a los victimarios. Para reconstruir nuestro país necesitamos que todos los actores sociales participemos en procesos de aprendizaje socioemocional y aprendamos a recibir y dar afecto, a escuchar y considerar al otro, a incorporar el cuidado por nosotros y por los otros, a perdonar y a pedir perdón, a convivir con el principio básico de cuidar la vida de todos.
Los estudios explican que estas competencias psicosocioemocionales se aprenden y desaprenden, debemos desaprender la cultura de la violencia que hemos incorporado a nuestra vida, aprender, reaprender y seguramente rescatar las prácticas de nuestras culturas pacíficas.
Por ejemplo, aprender a ser padre implica identificar estilos de crianza, modificar lo que se evidencia es generador de agresión o incapacidad para afrontar la vida cuidando de los otros; investigaciones como las de Sanders (2012), Denham, Basset, Mincic, Kalb, Way, Wyatt y Segal, (2011); Wyatt-Kaminski, Valle, Filene & Boyle (2008) han mostrado que desarrollar programas para padres, en los que estos aprendan a ser comprensivos, expresar sus emociones y al mismo tiempo directivos (no autoritarios), resultan determinantes en la prevención del maltrato y la violencia en la familia. De igual forma, los programas de convivencia escolar que involucran intervenir en las relaciones maestros alumnos y entre pares, resultan críticos y necesarios para disminuir la violencia escolar. Trabajar en todos los niveles de la sociedad (desde los medios de comunicación, el mundo del trabajo, el de la política y en las comunidades) sobre cómo comunicarnos mejor, saber escuchar, expresar ideas y sentimientos sin dañar a los otros, respetar las ideas de los otros y saber controvertirlas, sin usar la amenaza o la agresión, serán recursos indispensables para una cultura de paz.
Transformar las espirales asociadas a la violencia y la inequidad (en sus dos caras la del abuso de poder y vulneración de los más débiles) que se reproducen por generaciones implica buscar cambiar las condiciones socioeconómicas, sociopolíticas, sociojurídicas y también las psicosociales; estas últimas, requieren invertir todos los esfuerzos en instaurar prácticas culturales de aprendizaje psico-socioemocional que permitan reconstruir los tejidos rotos y restablecer una cultura sustentable para la paz.
Wilson López López. Grupo Lazos sociales y Culturas de Paz. Profesor asociado Pontificia Universidad Javeriana. Editor Universitas Psychologica.
Semana.com. 19/03/13

621. De la Pos Negociación a la gestión pacífica de los conflictos


El conflicto no terminará, se transformará y la violencia tampoco desaparecerá tras la firma de los acuerdos.
Bogotá, Colombia. Innumerables trabajos realizados sobre la guerra y la paz en Colombia hablan de prepararnos para el posconflicto; aquí se está cometiendo un error conceptual que lo ha aclarado Galtung, (uno de los más importantes teóricos de la paz), quien afirma que el problema no es terminar el conflicto o tratarlo como un estado no deseable; el conflicto se refiere a la gestión de las diferencias entre individuos, al interior de un grupo o entre grupos; permite aprender de los otros, evidenciar diferencias e identificar formas o estilos de comunicación con las que construimos la realidad social en la que vivimos.
Comprender los conflictos posibilita demostrar las asimetrías (de información, habilidades de comunicación y de poder) en las relaciones entre quienes actúan en él; es en el contexto del conflicto en el que se evidencian los intereses, las intenciones, los recursos que están en juego entre los actores sociales.
Desafortunadamente contamos con numerosos ejemplos en los que las asimetrías de información, en competencias de comunicación o el uso del engaño, el encubrimiento o el poder ilimitado y sin controles de las partes, generan que se transite de la gestión no violenta de un conflicto al uso de la violencia como recurso de gestión del mismo, con la consecuente emergencia de los círculos y espirales de violencia que conocemos de sobra.
Por tanto, es necesario que asumamos que el problema no es el conflicto sino de lo que se trata es de la transformación de las prácticas de gestión de los mismos, de la incorporación cultural de prácticas pacíficas, es decir, hacer del diálogo simétrico y transparente el fundamento de todo proceso de gestión de las diferencias.
Por otro lado, debemos también diferenciar el denominado posconflicto y hablar de la posnegociación, pues es seguro que la misma no implique ni el fin del conflicto ni tampoco el fin del uso de prácticas violentas para buscar la resolución de los conflictos. Como ya lo he mencionado, seguramente esto implicará años de incorporación de prácticas pacíficas sobre la gestión de conflictos y seguramente los actores, que llevan años usufructuando de la violencia (explicita e implícitamente), no las dejaran rápidamente y solo con una combinación de complejas acciones de rediseño: socio económico, político, jurídico, cultural y psicosocial, sostenidas y de largo plazo se podrán transformar. Esto exige, además, no construir expectativas que sobredimensionen el escenario de posnegociación y cuidarnos de los múltiples discursos que buscaran mostrar el fracaso del mismo.
El conflicto no terminará, se transformará y la violencia tampoco desaparecerá al día siguiente de la firma de los acuerdos, esto solo será un comienzo de muchos y seguramente la firma será un ritual necesario para marcar un hito para hablar de un conjunto de actores que deciden hacer que las prácticas pacíficas sean la forma de gestionar diferencias.
En definitiva, en el proceso de paz debemos incorporar la palabra posnegociación e introducir la idea de transformación de prácticas violentas de la gestión de los conflictos más que hablar de posconflicto y menos del fin del conflicto.
Wilson López López. Profesor asociado Pontificia Universidad Javeriana. Editor Universitas Psychologica.
Wilson López López. Semana.com. 10/01/13
 
El Mediador no es un tercero
Barcelona, España. Por “Tercero" se entiende (técnicamente) las varias funciones que personas pueden ejercer como intermediarias en el proceso de resolución de un conflicto. Hasta el momento se han aceptado universalmente y por la mayoría de escuelas de gestión de conflictos, 13 funciones de intermediación
El globito de la Mediación, lanzado sobre en el actual proceso de paz la Habana, afortunadamente ha alcanzado difusión dentro de la llamada sociedad civil colombiana y por ende demanda una más amplia discusión; pero lo ha hecho, creo yo, sobre dos premisas que desde el punto de vista de la gestión de conflictos, resultan técnicamente inexactas : 1- La Medición no puede igualarse o reducirse a un “Tercero” , ya que bajo esta categoría se agrupan múltiples y diversas actividades técnicas en la gestión y resolución de conflictos , y 2- La Mediación necesita “obligatoriamente” de la aceptación de las dos partes enfrentadas en un proceso de resolución de un conflicto. Precisemos:
1-EXPLORADOR o tranquilizador, quien convence a las partes que ninguna está incondicionalmente comprometida con la victoria y plantea posibles alternativas a un impase.
2-CONVOCADOR o iniciador, quien hace posible que las partes inicien un proceso de paz.
3-DESACOPLAOR, quien ayuda a que los “apoyos” externos dados a las partes en conflicto se retiren o alejen del conflicto en el que se han involucrado.
4-AGLUTINADOR, quien ayuda a reparar las divisiones presentadas entre las partes y aglutinarlas en torno a soluciones aceptables para ellas.
5-HABILITADOR, también llamado en la literatura anglosajona el “empoderador” y quien desarrolla competencias o habilidades para que las partes lleguen a soluciones aceptables y sostenibles.
6. VISUALIZADOR, quien investiga y visualiza nueva información y nuevas opciones para que las partes tomen decisiones mutuamente favorables.
7-GARANTE, quien como su nombre lo dice “garantiza” o sirve de fiador de cualquier acuerdo alcanzado.
8-FACILITADOR, quien desarrolla diversas tareas técnicas del proceso como presidir reuniones, interpretar posiciones, y en general contribuir a su buena marcha.
9-LEGITIMADOR, quien con su prestigio ayuda a las partes a aceptar el proceso, su resultado y a legitimarlo.
10-POTENCIALIZADOR, quien proporciona y desarrolla recursos adicionales para ayudar a las partes a encontrar una solución positiva.
11-VERIFICADOR, quien monitorea el cumplimiento pleno del acuerdo por las partes.
12-IMPLEMENTADOR, quien vigila y hace cumplir plenamente los acuerdos alcanzados.
13-RECONCILIADOR, quien se encarga de las acciones de largo plazo para modificar y superar los estereotipos negativos ampliamente difundidos y que quedan, construyendo nuevas relaciones que trasciendan la inercia del conflicto.
Por Mediación se entiende (también técnicamente) un proceso de corto plazo, que una Persona Ideal y Externa (PIE) con la ayuda de las partes realiza para tratar de abstraer los problemas en disputa, encontrar opciones, considerar alternativas y llegar a un acuerdo positivo ajustado a sus intereses. La Mediación interviene sobre la conducta de las personas sentadas en la mesa de diálogos, ayudándoles a abordar de una manera más realista y objetiva el tratamiento estructural del conflicto, pero no tiene implicaciones sobre la “estructura misma del conflicto”, pues esto último depende de las modificaciones económicas, políticas, legales y sociales que se acuerden mutuamente, se realicen, y sobre todo perduren.
Esta persona ideal externa, o Mediador, introducido desde fuera en un proceso de resolución de un conflicto, debe tener una serie de pre-requisitos, o cualidades propias ya muy bien establecidas técnicamente en la teoría de la gestión y resolución de conflictos. He aquí algunas de ellas:
Debe contar con la confianza total de las partes. Ser imparcial es decir no representar o estar vinculado con ninguna de ellas. Debe ser lo suficientemente flexible. Objetivo. Creador. Paciente. Saber escuchar. Ser confidencial. Ser un diplomático. Visualizar los intereses ocultos de las partes que subyacen bajo las “posiciones, para sacarlos a flote. Conceder oportunidades a las dos partes por igual. Y sobre todo, debe ser un gran comunicador social.
Cuando hago estas pocas consideraciones, pienso en Diógenes con su linterna buscando al hombre justo que pueda mediar en la solución política del conflicto colombiano. ¿Quién podría ser y donde se encontrará?
Alberto Pinzón Sánchez. kaos en la red.net. 07/02/13

Revista Conexión Social

Universidad Autónoma de Zacatecas presenta: Panel sobre el Día Internacional de la Paz

Consejo de Valores Nuevo León y Cultura de Paz y No Violencia Monterrey

Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda

Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda
Pídelo al 01 81 2115 0135

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey

Cultura de Paz y No Violencia Monterrey. Juntos, Podemos hacer la Paz, Podemos Ser la Paz. Creador/Coordinador: José Benito Pérez Sauceda; *Pintura de la cabecera: Pérez Ruiz.
Cultura de Paz y No Violencia Monterrey desde 2010.

Llamado

Llamado

Cultura de Paz Monterrey en tus redes sociales.

Cultura de Paz Monterrey en tus redes sociales.
Cultura de Paz Monterrey Twitter: https://twitter.com/CulturadePazMty y Cultura de Paz Monterrey Facebook: https://www.facebook.com/culturadepazmonterrey/

Participa en la sección "Opinión"

Cultura de Paz Monterrey

Cultura de Paz Monterrey