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933. EZLN: 20 años después. "La apuesta de Salinas era acabar con la guerrilla": Manuel Camacho Solís

México, Distrito Federal. Veinte años después del levantamiento del EZLN, el ahora senador del PRD cuenta que el 10 de enero de 1994 tuvo una conversación "muy a fondo" con el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, a quien convenció de evitar una acción militar a gran escala
Su cabello es blanco y su rostro ajado. Han pasado dos décadas desde aquella noticia que sacudió al régimen de Carlos Salinas de Gortari y que puso los ojos de la comunidad internacional en un puñado de indígenas que desafiaron al Ejército mexicano. Manuel Camacho hace un ejercicio de memoria, pero aprovecha para restregarle al gobierno federal que nunca quiso reconocer el problema que vivía Chiapas. Pero, quizá lo más grave, un jefe del Ejecutivo con un gabinete “duro” que buscaba una salida militar.
Camacho vivía una situación particular: no fue ungido como candidato del PRI a la Presidencia y había aceptado la cartera de canciller. Desde ese puesto, se colocó como mediador entre el gobierno salinista y el EZLN. Acaparó la atención de los medios y los recelos. A 20 años, dice ser un sobreviviente de la política. Pero, ¿cómo se enteró del levantamiento armado en cuatro municipios chiapanecos la madrugada del 1 de enero de 1994?
“Mi suegro, el doctor Manuel Velasco Suárez, era chiapaneco y estaba en su casa en San Cristóbal. Entonces me llamó muy preocupado, diciendo estoy aquí con mis nietos, acaban de tomar la ciudad… unos cuantos minutos después me llamó el Presidente para informarme de lo mismo. Entonces ahí empezó mi involucramiento con el tema”.
Han pasado 20 años. Ahora es senador por el PRD y usa corbatas amarillas. Camacho Solís deja clara su ruptura con Salinas de Gortari, quien estaba dispuesto a someter a los zapatistas.
—¿Qué le dijo a su suegro?
—No, pues le dije estese ahí, no se mueva, vamos a ver de qué se trata. Me habló el Presidente y le propuse que fuera muy cuidadoso con el uso de la fuerza porque había turistas en San Cristóbal; se podía armar un escándalo internacional y le sugerí que estableciéramos contacto con el obispo Samuel Ruiz. Le ofrecí que yo iría directamente, volaría de Cancún, en donde estaba, al estado de Chiapas para tener una versión directa de los hechos. El Presidente me dijo que no lo hiciera que porque la situación era muy peligrosa y me citó para una reunión del Consejo de Seguridad, Gabinete de Seguridad Nacional, por la tarde, reunión a la que asistí el mismo día, uno de enero.
El escenario, prosigue, era el de entrar a una guerra civil. Su instinto político le decía que una salida represiva era muy peligrosa, “porque el tema no eran las armas, el tema era todo lo que había detrás”.
—¿El Presidente qué le dice, siente alguna receptividad de él?
—No, el Presidente estaba muy preocupado. Realmente era un asunto gravísimo. La primera apuesta del gobierno fue a que podían someter a la guerrilla en unos cuantos días, nada más que para eso había que escalar el uso de la fuerza y eso estaba provocando reacciones internacionales, porque esto no estaba ocurriendo en un ambiente aislado, sino en un mundo globalizado. Lo que se hacía en Chiapas se transmitía de inmediato al resto del mundo. Entonces cuando los zapatistas tratan de tomar el cuartel de Rancho Nuevo, están a punto de tomarlo, se tiene que escalar el uso de la fuerza, entra la Fuerza Aérea y ahí empiezan las críticas de las organizaciones de derechos humanos, diciendo que están matando a los indígenas.
“Entonces era un asunto que no se podía resolver con los viejos patrones de conducta del Estado mexicano, como habían resuelto los problemas de otras guerrillas en el pasado. Entonces, bueno, lo primero es que traté de comprender por qué, quiénes, qué era lo que explicaba esto y a partir de ello pues ver cuál pudiera ser una fórmula de solución que no fuera nada más policiaca o militar”, recuerda.
—Usted tenía muy pocos días al frente de la cancillería, ¿cómo le plantea al presidente Salinas su incorporación como mediador?
—Los primeros días el gobierno del Presidente no tenía interés en oír ninguna otra opinión. Estaba en una crisis, estaban atacando al Ejército, tenía la obligación como jefe de Estado de defender a la institución, de tratar de reestablecer el orden y entonces estaba cerrado a cualquier tipo de reflexión. Estaba en la urgencia de contener la bronca. Entonces, para el día 10 que hablo con él ya muy a fondo, pues le planteo los dilemas éticos, los dilemas de estrategia política que había en el tema de Chiapas y se da cuenta de que yo tenía razón, que el asunto ya había escalado a niveles mucho más graves y que no se iba a resolver nada más con una acción militar. Lo convenzo y es a partir de ahí que se dan cambios en el gabinete; cambia el secretario de Gobernación, al Procurador y se consolida la posición de Jefe del Departamento del Distrito Federal, a las tres posiciones entran personas con las que yo tenía una relación cercana, el doctor (Jorge) Carpizo, el doctor Diego Valadés, y Manuel Aguilera. Entonces sí había por parte del Presidente una reacción de ver esto como tema del Estado y no nada más de ver cómo ganaba una batalla militar. Y creo que eso es lo que abrió el espacio para poder frenar la guerra.
“A los dos días me fui a Chiapas con un mensaje de paz, pero no un rollo de paz, sino con la decisión del gobierno mexicano de cesar toda iniciativa de fuego: se decreta en la mañana el alto del fuego y así me voy yo a San Cristóbal de las Casas con el doctor González Casanova, con Pablo y con el obispo Samuel Ruiz, entonces ya era otro ambiente. Tuvimos que invertir rápidamente el estado de opinión que estaba siendo cada día más desfavorable al gobierno mexicano y generar una opción distinta”.
—¿Había dentro del gabinete alguna posición dura?
—Todas, todas, el gabinete estaba con una línea dura, yo era la voz que estaba en una posición distinta y pues una voz aislada, ¿no?
—¿Quiénes eran los más duros, los militares?
—Los militares estaban en los suyo, estaban siendo atacados, se estaban defendiendo. Los miembros del gabinete, todos estaban, los que tenían más influencia, por la idea de frenar al EZLN, acabar con él.
—Antes de esto, ¿qué ocurrió en el entorno de la inteligencia del gobierno? Se ha dicho que no se sabía, se ha dicho que sí se sabía pero no se actuó.
—Eso lo platiqué con el secretario de Gobernación (Patrocinio González), que además había sido gobernador en Chiapas. Él no le dio importancia, pensaba que él tenía controlado el estado. Creo que nunca se imaginó que esto iba a ocurrir, sabía que había estos grupos, pero no les dio ninguna importancia.
“La otra información era la que tenía el Ejército, tenía fotos y manuales. Yo la vi en la mesa del secretario de la Defensa (Antonio Riviello Bazán), pero el Ejército lo que estaba buscando era lo que le importa a los ejércitos, que son las armas, ¿verdad?”
—¿Cómo hace contacto con el subcomandante Marcos?
—En la desesperación. Los zapatistas no tenían ningún interés de llegar a un acuerdo, un diálogo ni mucho menos, seguían sumamente radicales. Entonces es ahí donde yo intento ir a la selva a ver qué pasa, ¿no? Me voy a jugar el todo por el todo, fui y es ahí donde…
—Y es cuando deciden comenzar las conversaciones de catedral.
—Es cuando primero se acepta la liberación del general Absalón Castellanos, y también es a partir de ahí que se acepta preparar los diálogos de San Cristóbal. Samuel Ruiz fue el mediador de todo. Todas las cosas que ellos mandaban me las entregaba, las cosas que yo quería se las mandaba a través de él.
—¿Ahí cuál fue el momento más complicado?
—Todo, todo, es un momento difícil. Simplemente lograr llegar ahí fue dificilísimo. Ellos estaban convencidos de que iba a haber una traición. Va a pasar lo de Zapata, va a haber un asesinato tipo Chinameca. La única manera de resolverlo fue que me puse como escudo. Entonces si pasa algo, vamos los dos, en el caso del subcomandante Marcos, y así lo hicimos con gente de toda mi confianza, que era un grupo muy reducido de personas, fuimos por los comandantes del EZLN sin ninguna protección y siendo nosotros rehenes de ellos entramos a la catedral con ellos armados y nosotros desarmados. Pero eso mismo fue lo que nos ganó legitimidad frente a ellos porque se veía que estábamos totalmente convencidos de la causa que defendíamos y que era una acción valiente, otra cosa que ellos respetaban. Eso fue lo que permitió que nos sentáramos, pero la negociación fue totalmente difícil; ellos habían perdido la confianza en las instituciones, lo que querían era que cayera el gobierno, querían una insurrección armada.
“Él mantuvo comunicación cotidiana con Salinas, a través de un teléfono encriptado. Llamaba desde las oficinas del obispado de San Cristóbal de las Casas”.
—¿Qué tanta confianza se estableció entre usted y Marcos?
—Pues creo que nunca puede haber una gran confianza entre dos personas que representamos posiciones tan diferentes; pero cuando se despide, Marcos hace un gran reconocimiento al papel que nosotros jugamos. Cuando nos sentamos en San Cristóbal, cuando termina el primer diálogo, Marcos reconoce el papel del mediador, del obispo Samuel Ruiz, con muchos elogios, y luego reconoce el papel mío con un nivel de aprobación que hubiera parecido impensable cuando empezamos.
—Mucho se decía que usted estaba tomando un protagonismo excesivo, que estaba opacando la campaña presidencial del candidato pripriísta Luis Donaldo Colosio.
—Lo que pasa es que nosotros estábamos situados donde estaba la noticia. ¿O a poco el New York Times sacaba una declaración de tu servidor en primera plana porque yo indujera la noticia? La sacaba porque yo le pedía perdón a los indígenas en el momento que estaba viviendo en ese lugar del país en una noticia que para ellos era importante, pues era un mensaje que les llamaba la atención.
“Entonces, lo único que estaba haciendo era actuar con absoluta determinación a favor de la paz, sí me creí mi misión”.
—Viene marzo y un avance importante en las negociaciones, la consulta zapatista, usted en Chiapas, otra vez, ¿cómo sentía ese momento antes del asesinato de Colosio?
—Mira cuando nos levantamos de los diálogos, cuando fui a dejar a Marcos, yo estaba absolutamente convencido de que íbamos a firmar la paz y creo que ellos también estaban convencidos, ya estábamos revisando el primer plan de paz… Y ahí matan a Colosio.
—Esa noche del 23 ¿qué pasa?, ¿qué siente usted?
—Como que había caído un meteorito al suelo, ¿no? Yo estaba en mi oficina, estábamos hablando, estábamos terminando la conversación, cuando nos anuncian adentro de la oficina del obispado que había pasado eso. Entonces suspendimos todo, salimos para regresar rápidamente a México.
—¿Y en la parte política cómo se sintió Manuel Camacho? Se dijo que la bala que había matado a Colosio lo había herido a usted.
—La parte política quizá era lo que menos me importaba. Me importaban dos cosas: las consecuencias que yo veía que iban a venir con todo esto, que me parecían gravísimas para México y la seguridad de mi familia. Era un asunto de tal gravedad que qué te importan los puestos. Si de por sí, eso yo lo había dejado ya muy atrás, fue mi última plática con Colosio, él me había ofrecido ser senador, me ofreció ser miembro de su gabinete, tenía la mejor opinión sobre mi persona. La última declaración que hizo Colosio que nunca quisieron sacar los medios durante todo el sexenio de Zedillo fue la más favorable que alguien ha hecho sobre mi persona.
—¿Cómo cierra el capítulo con el Ejército Zapatista?
—Con una última declaración en la que pedí una serie de cosas para garantizar la seguridad en Chiapas, una tregua. ‘Que quede claro que si ustedes no se mueven de estos lugares, el Ejército no va a actuar’, es decir, todo lo que se necesitaba para que después no hubiera más violencia, así me fui. Fue una declaración producto de una conversación que tuve con ellos.
—¿Y con el presidente Salinas?
—Le llevé un informe de cómo estaba la situación del país y en Chiapas, se lo entregué en mano el último día, precisamente para que no fuéramos a cometer como gobierno una equivocación en lo que faltaba del sexenio y para alertar al país de lo que podía venir si no atendíamos esos temas de injusticias, de desigualdades extremas, de ingobernabilidad que estaban presentes en Chiapas, que pensaba podían extenderse a otras partes.
—¿A 20 años, cómo ve las cosas?
—Creo que desaprovechamos la oportunidad, qué bueno que se paró la guerra, si no hubiera sido muy grave, pero creo que se desaprovechó la oportunidad, se pudo haber hecho una reforma constitucional que protegiera a las comunidades. Pudo haber habido una reconsideración de la política social, seguimos con la política clientelar, populista, electorera, el dinero se usa para ganar las elecciones.
—¿Qué le hizo sentir satisfecho y qué le causó frustración?
—He vivido muchas cosas en la política, pero ésta para mí es la más importante, porque no hay nada como los temas de paz y guerra, cuando tú evitas que haya muertes a través de la acción política creo que ese es el punto más alto que puede tener un político. Me siento muy orgulloso de ese papel.
Camacho dice que luchó por lo que creía y eso le produjo enfrentarse a dos presidentes. Pagó los costos y se le cerraron las puertas, las oportunidades en cargos públicos. Se levanta de la mesa. Se lleva la mano a la cabeza. Han pasado 20 años y los recuerdos están vivos.
David Aponte. El Universal.com.mx. 02/01/14
http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2014/impreso/entrevista-la-apuesta-de-salinas-era-acabar-con-la-guerrilla-211991.html

678. Concluye ONU programa por una Cultura de Paz en Chiapas


Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) cerró en Chiapas el programa conjunto por una Cultura de Paz, luego de tres años y cuatro meses de labor para prevenir los conflictos y mejorar la calidad de vida de las comunidades desplazadas.
En el marco de la visita de la coordinadora residente del Sistema de las Naciones Unidas en México, Marcia De Castro, el organismo internacional dio a conocer que tras lograr sus objetivos, el programa en el que participaron cuatro agencias del sistema de Naciones Unidas –PNUD, UNESCO, UNICEF y UNODC–, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) a través del Fondo para el Logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (F-ODM), llegó a su fin.
Según lo establecido originalmente, el objetivo del Programa Conjunto por una Cultura de Paz, fue mejorar las capacidades locales para prevenir conflictos violentos y construir una cultura de paz en las comunidades donde habita población desplazada.
El citado programa enfocó sus esfuerzos en 25 comunidades de cuatro municipios chiapanecos (Ocosingo, Salto de Agua, Tila y Tumbalá) donde habitan personas desplazadas que se han reubicado o que han retornado a sus comunidades de origen.
Sin embargo, el trabajo local involucró no solamente a las personas desplazadas, sino también a la población receptora y de comunidades circundantes, para promover el diálogo y la colaboración, así como un enfoque territorial de desarrollo”, explicó el organismo en un comunicado.
Indicó que el Programa Conjunto por una Cultura de Paz trabajó estrechamente con organizaciones civiles locales y nacionales, y con instancias y representantes de los tres poderes del gobierno estatal, buscando fomentar un entorno de legalidad que permita la resolución de conflictos y un mejor acceso a la justicia; una educación incluyente y de calidad, la expresión de grupos excluidos como mujeres, niños, niñas y adolescentes; así como un entorno de participación en el cual se dé lugar al diálogo plural y a la corresponsabilidad a favor del desarrollo humano.
Para lograr estos resultados, el diseño del programa estableció tres ejes de intervención, abarcando los temas como acceso a la justicia para la población desplazada; la construcción de una cultura de paz; y la mejora de las condiciones de vida e ingreso.
Oscar Torrens, el responsable del PNUD en Chiapas, recordó que todas las acciones realizadas por el Programa Conjunto por una Cultura de Paz fueron aprobadas y consensuadas por cada una de las comunidades y por las instituciones con las cuales trabajó de forma coordinada, fomentando la planeación conjunta, el diálogo y la participación.
El cierre del programa se anunció en el marco de la visita de la coordinadora residente de la ONU en México a Chiapas, Marcia De Castro, quien se reunió con el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, y con la presidenta del Sistema DIF Chiapas, Leticia Coello de Velasco.
En su reunión con el Ejecutivo estatal se discutieron los retos y expectativas del trabajo conjunto entre el gobierno del estado y la Coordinación de las Naciones Unidas en México.
Como parte de su programa de actividades, la coordinadora residente tuvo una reunión de trabajo con los representantes del Congreso del estado donde, entre otros temas, se discutieron las reformas realizadas a la Constitución chiapaneca que incluye los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Isaín Mandujano. Proceso.com.mx. 21/02/13  

628. 11 mil mexicanos murieron por desnutrición en 2012


México, Distrito Federal. Durante el pasado año, 11 mil mexicanos murieron de desnutrición, declaró el presidente Enrique Peña Nieto al exponer los argumentos de la Cruzada contra el Hambre que promueve su gobierno.
El mandatario calificó la cifra como alarmante y reveladora de la lacerante situación en que viven muchos mexicanos y en particular las siete millones 400 mil personas que sufren la doble condición de hambre y pobreza extrema y hacia quienes va dirigida la Cruzada en una primera etapa, dijo.
Esta iniciativa no constituye una convocatoria para que la sociedad aporte alimentos y víveres, aclaro Peña Nieto, y explicó que el objetivo es hacer converger las acciones y proyectos de todas las dependencias de los gobiernos de la República y enfocar las acciones hacia los municipios y zonas de mayor pobreza y carencia alimentaria.
En tal sentido este viernes el titular del Ejecutivo mexicano dejó constituida en el Salón Tesorería del Palacio Nacional la Comisión Intersecretarial para instrumentar la Cruzada contra el Hambre.
Instruyó al titular de Hacienda y Crédito Público asegurarse de que el gasto requerido se apegue a los objetivos delineados y exigió a los miembros de su Gabinete esfuerzos para combatir la pobreza en la nación.
Cero hambre, eliminar la desnutrición y mejorar los indicadores de crecimiento de niños y niñas; aumentar la producción e ingreso a los campesinos y pequeños productores agrícolas; evitar las pérdidas de alimentos, y promover la participación comunitaria y la movilización popular, constituyen los cinco puntos esenciales de la ofensiva contra ese flagelo trazados por el gobierno.
Granma.cubaweb.cu. 15/02/13

Acosa desnutrición al país: mueren 23 mexicanos cada día por hambre
Los más afectados son los adultos y los niños; han fallecido más de 100 mil entre el 2000 y 2011: Inegi
México, Distrito Federal. Todos los días, 23 mexicanos mueren a causa del hambre y la desnutrición... casi uno por hora. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), entre 2000 y 2011, más de 102 mil 568 personas perdieron la vida por deficiencias nutricionales, un promedio de 8 mil 547 al año.
Desde 2004, la desnutrición representa la décimotercera causa de muerte en México. Los más afectados, según el Inegi, son los adultos mayores y los niños: el 75 por ciento de las defunciones se concentran entre personas de 65 años y más, mientras que el 7 por ciento ocurren en menores de un año.
Ésta es la peor consecuencia del hambre que padecen más de 21 millones de mexicanos que viven en pobreza alimentaria, según el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social.
Definida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura como el resultado de "una prolongada ingestión alimentaria reducida y/o absorción deficiente de los nutrientes consumidos", la desnutrición afecta a entidades con altos niveles de marginación, como Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Puebla y Veracruz.
Pero también golpea a estados con mayor desarrollo, como Jalisco, el DF y el Edomex. Según la organización Un Kilo de Ayuda, la prevalencia de desnutrición crónica en la población infantil es del 12.5 por ciento, pero se eleva al 37.4 cuando se calcula entre población infantil indígena.
Las consecuencias, según la misma asociación, pueden ser retardo en el crecimiento y desarrollo psicomotor, disminución en capacidad de trabajo y en el desempeño intelectual en edad escolar y la propensión a enfermedades como obesidad, diabetes e hipertensión.
A pesar de estas estadísticas, el presupuesto para los programas destinados a revertir esta situación registraron incrementos mínimos en los últimos años.
Actualmente, existen seis estrategias gubernamentales destinadas a combatir, de manera específica, el hambre y la desnutrición: Abasto Social de Leche, Abasto Rural, Desayunos Escolares, Atención a Jornaleros Agrícolas, Oportunidades --en sus componentes Salud y Desarrollo Social-- y Apoyo Alimentario.
En el sexenio anterior, el presupuesto para dichas acciones pasó de 24 mil 404 millones de pesos en 2007 a 27 mil 129 millones en 2012, un aumento de 11 por ciento
Agencia Reforma. El Mañana.com.mx. 20/01/13

El hambre de cada día
Monterrey, Nuevo León. Unos 1.3 millones de mexicanos se sumaron a la pobreza extrema del 2010 al 2012; la cifra pasó en ese lapso de 11.7 millones a 13 millones de pobres extremos, reveló Javier Guerrero, Subsecretario de Desarrollo Social (Sedesol). Las grandes inversiones que se han hecho en el combate a la pobreza no sólo no la han reducido, sino que parecería que han agregado gasolina a la lumbre. Y esa lumbre es letal: 23 mexicanos mueren diariamente por hambre y desnutrición.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reveló que, entre el 2000 y el 2011, más de 102 mil 568 mexicanos perdieron la vida por deficiencias nutricionales. Los más afectados, según el INEGI, son los adultos mayores y los niños: el 75 por ciento de las defunciones se concentra entre personas de 65 años y más, mientras que el 7 por ciento ocurre en menores de un año. Más de 21 millones de mexicanos viven en pobreza alimentaria, según el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social.
Había seis estrategias gubernamentales destinadas a combatir, de manera específica, el hambre y la desnutrición, entre ellas Oportunidades y Desayunos Escolares. En el sexenio anterior, el presupuesto aplicado pasó de 24 mil 404 millones de pesos en el 2007 a 27 mil 129 millones en el 2012, un aumento del 11 por ciento. A estos programas, que hasta el momento no han logrado abatir el problema, se ha sumado, englobándolos, la Cruzada Nacional contra el Hambre, que el Presidente Peña Nieto arrancó la semana antepasada.
Lo que hasta aquí le refiero es el retrato pálido de una crisis que vive hoy nuestro País. Si no se resuelve, generará el fin de la agonía o una explosión final, ambas terminales. Es fundamental que nos solidaricemos con nuestros hermanos, no sólo cruzando los dedos para que la cruzada de Peña Nieto funcione, sino más bien ideando usted y yo la forma de participar productivamente en el salvamento de los millones de hambrientos que, de otro modo, morirán sin remedio o vivirán sin remedio. Hay que hacerlo, si no por justicia social, por instinto de conservación.
Pero todos debemos emprender personalmente acciones efectivas, entre ellas vigilar mejor al Gobierno para que esta vez sí cumpla su palabra con honestidad y sin desvíos. Eso no quiere decir que el Gobierno es el único responsable y que sobre sus líderes, Peña Nieto ahora, debe caer todo el peso del problema. El problema es de todos, cuando menos de todos los que comemos balanceadamente tres o más veces al día. Y también es problema de los que tienen para alimentarse y alimentar y nutrir a cinco o seis o más generaciones de los suyos y se niegan a sí mismos el privilegio de la solidaridad.
En este contexto no se entiende la proposición del empresario panadero Daniel Servitje, director general de Grupo Bimbo, una de las empresas mexicanas trasnacionales más prósperas, quien hace pocos días se pronunció a favor de la aplicación del IVA entre 2 y 4 por ciento a alimentos y medicinas, actualmente exentos de impuestos. Servitje planteó que eso "permitiría que gran parte de la población que hoy no paga impuestos lo hiciera en la medida de su consumo. Quien consume más, pagará más".
Quizás en otras condiciones la propuesta impositiva del empresario sería discutible, no así en medio de la profunda crisis alimentaria que vivimos, que amenaza nuestra paz y nuestro futuro. La proposición de Servitje es traducible a "quien gane más, pagará más". Los pobres, la mayoría de este país, no pueden pagar más. Si pudieran hacerlo, comerían, se nutrirían y serían productivos para ellos, para sus familias y para su país.
Y este hombre, miembro de una de las familias más ricas de México, quiere que los miembros de las familias más pobres de México paguen impuestos por consumo de comida y medicinas que ya hoy no pueden consumir porque no tienen con qué pagarlas. Adaptemos a la crisis el apotegma servitjiano y que pague más el que gane más o, lo que es lo mismo, la trasnacional Bimbo. Él dijo. Legislemos en su honor y a su cargo fiscal y al de todos sus pares. Eso antes de que este país se desmaye de hambre.
Se nos olvida, se le olvida a Daniel Servitje, que si los pobres están bien comidos y fuertes, trabajan mejor y a todos nos va bien, hasta a los panaderos.
Felipe Díaz Garza. El Norte.com. 04/02/ 13
http://www.elnorte.com/editoriales/nacional/728/1455704/
Mitontic, Chiapas, uno de los lugares más pobres de México

"Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos/ donde la vida habita siniestramente sola./ Reaparece la fiera, recobra sus instintos,/ sus patas erizadas, sus rencores, su cola. Ayudadme a ser hombre, no me dejéis ser fiera/ hambrienta, sitiada eternamente".
                                                                                               -"El hambre", Miguel Hernández

Mitontic, Chiapas.  Enclavado en el Chiapas profundo, ese que no está incluido en las guías de las ONG ni del turismo revolucionario; menos aún en los circuitos del viajero tradicional, este municipio no sólo se encuentra entre los cinco ayuntamientos más pobres de la entidad sino también entre los diez más marginados de todo el país. Hoy es una de las 400 alcaldías que deberá ser atendida por la Cruzada Nacional contra el Hambre.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en este ayuntamiento de indígenas tzotziles de sólo 13,364 habitantes, 95.9% de la población se encuentra en situación de pobreza (12,817 habitantes); 71.8% en pobreza extrema (9,549 personas), y 55.5% tiene problemas de carencias de acceso a la alimentación (7,416 habitantes).
Por su parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indica que Mitontic -enclavada en la región de Los Altos- presenta un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de sólo 0.4843; es decir, similar al de del África Subsahariana, cuyo promedio es de 0.4630.
Sólo a manera de comparación: Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado, tiene un IDH de 0.8159 o Las Margaritas -donde el presidente Enrique Peña Nieto anunció el pasado 21 de enero su Cruzada contra el Hambre-: 0.5975. Otro dato: Benito Juárez, el municipio más rico de México, tiene un IDH de 0.9136.
"Gobierno de progreso"
Es mediodía y aquí, en Los Altos chiapanecos, cae una ligera llovizna helada que empapa la ropa y hace tiritar de frío. Hace ya media hora que reportero y fotógrafo se apearon del taxi colectivo tomado en la cabecera municipal, y a la altura de Cuchumtón comenzaron una caminata a lo largo de una brecha lodosa, que en las cuestas es tan resbaladiza que pone en peligro la vertical en más de una ocasión. Las botas, la parte baja de los pantalones e incluso la libreta de apuntes se encuentran ya llenas de barro.
Vicente Rodríguez -nuestro guía e intérprete, quien es además agente municipal de Cuchumtón- tiene que esperarnos en más de una ocasión y, más divertido que irritado, sólo mueve la cabeza de un lado a otro ante los continuos retrasos y nuestro accidentado andar por estos abruptos senderos.
Durante las pausas que hacemos para descansar, Vicente -de 44 años- nos pone al tanto: Cuchumtón, una de las localidades más dispersas de Mitontic, cuenta con 104 viviendas y una población de 704 habitantes. Más de 450 son menores de edad; es decir, sólo hay 254 adultos, de los cuales 29 tienen más de 60 años.
Los indicadores oficiales del gobierno estatal completan la información: de la población a partir de los 15 años, 170 no tienen ninguna escolaridad, 90 tienen una escolaridad incompleta, cinco tienen una escolaridad básica y ningún habitante cuenta con una educación posbásica.
"El número de los que sólo hablan un idioma indígena (en este caso, tzotzil), pero no hablan español, es de 358; son bilingües 297", completa el informe estatal.
Sin embargo, el propósito es ir más allá de las estadísticas y darles nombre, rostro y voz a esos mexicanos que habitan en uno de los lugares más precarios y recónditos de la geografía nacional.
Habla Vicente Rodríguez Ortiz: "En Cuchumtón ya hay preescolar, primaria y telesecundaria, pero es una comunidad tan dispersa que en las mañanas muchos niños tienen que caminar hasta tres o cuatro kilómetros -alrededor de hora u hora y media a pie- entre estos senderos para poder llegar a la escuela. Hay niños que se cansan de hacer eso a diario y dejan la escuela, cuando apenas van en segundo o tercer año.
"En eso se parecen todas las comunidades que hay en Mitontic (diez). Ha habido mejoras, pero todavía faltan muchos caminos, agua, escuelas, doctores, clínicas, o hay clínicas pero no hay doctores o medicinas."
-¿Qué pasa cuando un anciano se enferma, el médico va a su casa?
-No, qué va. Cuando un viejo se enferma en una de estas comunidades lejanas hay que buscar la manera cómo llevarlo. A veces no hay de otra más que cargarlo en una silla o de plano en la espalda y llevarlo hasta el doctor, pero a veces se caminan hasta cuatro kilómetros en puras subidas y bajadas... hay veces en que los enfermos se mueren en el camino.
"Mire -tercia Marcelo Gómez, un campesino que desde hace algunos minutos se ha unido al grupo-, en Cuchumtón ya tenemos clínica, pero está prohibido enfermarse sábados y domingos porque el doctor no viene esos días."
-¿Qué hacen cuando alguien se enferma sábado o domingo?
-Pues ir a la cabecera municipal (Mitontic), a unos 15 kilómetros, o de plano hasta Chenalhó, que está como a 25 kilómetros. Llegando a la carretera se hacen como 35 o 40 minutos; pero si la cosa no es grave, 4 mejor nos aguantamos porque para ir a esos lugares primero hay que caminar hasta la carretera y luego los taxis nos cobran entre 15 y 25 pesos sólo de ida. Nosotros no tenemos dinero para eso.
-¿A usted, don Vicente, no le pagan un salario como agente municipal?
-No. Yo ya le dije al presidente municipal, que es mi primo, que me pague; pero dice que no hay dinero. Llevo varios meses así (fue electo por la comunidad y asumió el cargo en agosto pasado).
-Entonces, ¿de dónde provienen sus ingresos? -preguntamos a ambos.
-Pues del campo. Pero nosotros no tenemos tierras, jornaleamos pa' otros; pero hay trabajo sólo dos o tres veces por semana. Nos pagan máximo 50 pesos diarios. Eso no alcanza para nada.
La casa que Vicente Rodríguez, su esposa María y 6 de sus 8 hijos habitan (2 ya se casaron) es un espacio de unos 20 metros cuadrados, donde 4 viejos colchones, una destartalada mesa de comedor, una pequeña estufa ecológica -de las que distribuyó la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en épocas de Vicente Fox-, un estéreo y una pequeña televisión de máximo 15 pulgadas son los únicos bienes.
Al fondo de la vivienda, sin ventanas -por ello, muy oscura- y con piso de tierra se observan varias cajas de cartón por donde se asoma la ropa de los 8 integrantes que habitan esta casita, una de las pocas de Cuchumtón que están construidas con tabicón rústico y techo de concreto.
"Aprendí el oficio de chalán (albañil) en México (DF) y en Xalapa, por eso ya le pude poner a mi casita tabique y colado", dice con orgullo Vicente, mientras María López y los 6 muchachos -12, 10, 8, 6, 5 y 3 años de edad- agachan la cabeza y responden con monosílabos a cada pregunta de los reporteros, quizá tratando de esconder la ropa deshilachada o las manchas de anemia y los granos, algunos infectados, que invaden sus brazos, sus piernas y sus caras.
Manolo Rodríguez, el muchacho más grande, es medido por los enviados de este diario. Tiene 12 años y asiste a primer año de telesecundaria, pero su talla apenas rebasa el metro 15 centímetros, la altura promedio de un niño de entre 6 y 7 años. Su estatura ideal tendría que andar entre el 1.40 y el 1.43 cm.
Incómodo por primera vez desde que el taxista nos lo presentó en la carretera más de una hora antes, Vicente ríe nervioso; se quita la cachucha, se rasca la cabeza. En ese momento es que leemos la leyenda que trae inscrita su gorra: "Gobierno de progreso".
Ironías
"Mantén limpia tu casa. No tires basura"
Redactado muy probablemente por algún burócrata del centro, el autoadhesivo de IMSS-Oportunidades pegado en el marco de la puerta de la humilde choza de lámina parece más bien un sarcasmo.
Afuera de la vivienda que don Domingo López Méndez, 65 años, su esposa y sus 9 hijos (19, 18, 14, 12, 10, 9, 6, 4 y 3 años) habitan, hay agua de lluvia estancada y se ha formado un lodazal. Guía, reporteros y los propios integrantes de la familia traen los pies llenos de tortas de lodo imposibles de quitar, pues no hay un espacio libre de barro. Adentro, en la habitación de 5 x 3, el piso de tierra también se ve todo fangoso.
A la vivienda de don Domingo y familia no han llegado el tabicón ni el colado de concreto; tampoco la estufa ecológica, ni siquiera las cajas de madera para guardar la ropa.
Construida totalmente con láminas de zinc, en esta choza no hay ni siquiera una mesa para comer y el único mobiliario está conformado por 4 sillas de plástico y una mesita, donde se encuentra colocada un pequeño televisor. Al fondo pueden observarse 3 colchones desvencijados. La ropa -prácticamente hecha jirones- de los 11 integrantes de la familia se encuentra colgada en un alambre a un costado de la habitación.
Pese a que se cuenta con luz eléctrica, la vivienda -sin ventanas al igual que la de Vicente Rodríguez- se encuentra a oscuras. La única luz que hay es la que se cuela por las paredes y el techo -los cuales están repletos de orificios-, así como la del fogón, encendido a esa hora (2 de la tarde).
Cuando llueve -explica trabajosamente don Domingo en su escaso español- la lluvia se cuela por esos mismos orificios. Y cuando hace frío, es el viento helado el que lo hace.
En el centro de la casa se encuentran colocadas 4 grandes piedras en medio de las cuales se hace el fogón para cocinar (se emplea leña del bosque). Sobre éstas hay una gran olla donde se está preparando la comida de éste y de todos los días: verduras, frijoles y tortillas.
-¿Cuántas veces comen al día?
-Dos, señor -dice Margarita, la esposa-. Por la mañana pozol (una bebida de maíz), tortillas y chile; en el día, lo que usted ve: verduras, frijoles y tortillas.
-¿En la noche no comen algo, una cena?
-No, no hay más, no alcanza -interviene Domingo.
-¿Dónde compran las verduras, los frijoles?
-Es de lo poquito que da la tierrita... No hay más...
Ante el cuadro de miseria extrema, de tristeza, de desamparo, se impone el silencio. Durante varios segundos que se hacen eternos, lo único que se escucha son los clics de la cámara de Pepe Camas, quien de pronto se acerca y me susurra casi al oído:Cuánto olvido, carajo, cuánto olvido...!".
Metas incumplidas
Colocado en la carretera que va de la cabecera municipal a Chalam, un gigantesco espectacular -suscrito por la Sedesol federal y el gobierno estatal- presume que en la comunidad de Cuchumtón todas las viviendas cuentan ya con piso firme: "Éstos son hechos, no palabras", rubrica en grandes caracteres la propaganda oficial que remite a los recientes tiempos de Felipe Calderón y Juan Sabines.
En busca de certezas, no de promesas, este diario visitó durante dos días al menos 30 viviendas de Cuchumtón -casi el 30 por ciento de las 104 que hay en la comunidad-, y halló que de esa cifra únicamente cuatro casas tienen piso firme: sólo dos colocados por las autoridades federales y estatales y dos por los propios habitantes de las viviendas.
Sebastián Rodríguez Velázquez, investigador de la Universidad Intercultural de Chiapas -institución que tiene unidades en San Cristóbal de las Casas, Las Margaritas y Yajalón, entre otros municipios- explica la importancia de tener un piso firme:
"Tener un piso de cemento o de tierra puede ser la diferencia entre vivir sano y enfermar o, incluso, morir. El cemento repele la suciedad, mientras que el piso de tierra genera condiciones insalubres. Quienes duermen o comen donde hay pisos de tierra son más propensos a padecer enfermedades infecciosas, parasitarias y respiratorias", dice el académico, quien subraya que las dos primeras constituyen la cuarta causa de muerte en niños menores de un año.
En 2006, al inicio de su gestión, el entonces presidente Felipe Calderón prometió que al término de su sexenio ningún mexicano viviría en hogares con pisos de tierra; sin embargo, se trató de otra meta incumplida, pues actualmente todavía hay cerca de un millón 700 mil viviendas contabilizadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) que tienen piso de tierra, lo que representa 5.8 por ciento de los hogares en el territorio nacional, muchas de éstas ubicadas en Chiapas.
La de los pisos firmes no es la única promesa fallida. Apolinar Castillo Ruiz y Evaristo López, habitantes de la localidad, indicaron que hace cuatro años trabajadores del gobierno estatal instalaron en Cuchumtón miles de metros de tubería para abastecer de agua potable a la comunidad; sin embargo, se les olvidó lo básico: instalar una bomba, por lo que el vital líquido sigue sin llegar a las viviendas. "Ahí está el agua en los tubos, pero igual tenemos que ir hasta las mangueras y acarrearla hasta nuestras casas", señalan con hastío.
En efecto, kilómetros y kilómetros de tuberías serpentean entre las precarias viviendas de la comunidad como mudos testigos de la improvisación y la demagogia.
Sólo palabras
Habituados a la indiferencia de los tres órdenes de gobierno, los habitantes de Cuchumtón se muestran escépticos ante el anuncio presidencial de una Cruzada contra el Hambre que, entre 400 municipios, incluye a Mitontic.
"Bah", suelta parco Erasto Domínguez López, el peluquero de la comunidad, cuando le pedimos su opinión sobre la cruzada. Y agrega: "Yo no creo en nada ni en nadie, sólo en Diosito. Lo demás son puras palabras huecas de políticos. Aquí ha venido Solidaridad, Progresa, Oportunidades y muchos programas más que ya ni recuerdo y seguimos igual de jodidos".
Erasto revela que la de Peña Nieto no es la primera cruzada: "Hace más de dos años (Juan) Sabines (gobernador de Chiapas entre 2006 y 2012) vino a la cabecera de Mitontic con una (gran) cruzada para erradicar la pobreza, y ya ve no pasó nada".
-¿Los inscribieron en algún programa? ¿Les regalaron dinero u artículos?
-Vino Sabines con su mujer y nos dieron puras cosas que ni necesitamos, como balones de basquetbol, sarapes, botellas de agua. Creo que fue la única vez que Sabines se paró por Mitontic (la cabecera municipal).
-¿Hay algún político que haya visitado Cuchumtón?
-Aquí no vienen ni en campaña... jamás hemos visto ni a Sabines ni a Pablo Salazar; tampoco a Fox, a Calderón, a Peña, a López Obrador o a Marcos... nadien (sic) ha llegado hasta aquí. Y es que a ningún político le gusta ensuciarse los zapatos.
Para el investigador Rodríguez Velázquez, Mitontic no es atractivo electoralmente pues sus habitantes sólo representan el 0.19% de la población del estado: "Bueno, el municipio ni siquiera es fashion para los radicales chic que prefieren lugares como San Cristóbal de las Casas, San Andrés Larráinzar y Las Margaritas para supuestamente ir a empaparse de indígenas y zapatismo".
Intrigado por la gran cruzada para erradicar la pobreza, de Sabines, encuentro en Internet un discurso del exgobernador que data de finales de 2009:
"La idea es llegar a cada comunidad a ver cómo viven sus habitantes, saber si hay violencia familiar, conocer las condiciones de la vivienda, ver si se cocina con leña, de dónde toman el agua, si ésta es potable, si hay drenaje, conocer qué tipo de alimentación tienen, cuál es su ingreso, entre otros.
"Queremos saber muchas cosas para así poder llevar beneficios, es decir, cuántos pisos firmes hay que hacer en una localidad, cuántas estufas ecológicas se deben hacer, cómo mejorar la escuela, rehabilitar la clínica si es que ésta existe, saber si tiene doctor, si cuentan con medicamentos... el compromiso es contar con los resultados de este estudio antes de terminar el año."
José Antonio Gurrea. El Financiero.com.mx. 11/Febrero/2013

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